Diego de Ospina y Medinilla

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Diego de Ospina y Medinilla
DiegoDeHozpinaYMedinilla.jpg
Retrato del Capitán Don Diego de Ospina y Medinilla
Nombre Diego Martínez de Ospina y Medinilla Acosta
Nacimiento 1567
Remedios, Colombia
Fallecimiento 1630, 63 años
Neiva, Colombia
Padres Marquesa de Acosta
Francisco Martínez de Ospina y Medinilla
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El Capitán Don Diego Martínez de Ospina y Medinilla Acosta, conocido como El Rey Chico, nació en 1567 en Remedios, Antioquia y murió en 1630 en Neiva, Huila. Su padre se llamaba Francisco Martínez de Ospina y Medinilla y su madre fue doña Marquesa de Acosta - Home. Sus abuelos paternos fueron Juan (El Bueno) Martínez de Ospina y Doña Catalina Medinilla; sus abuelos maternos fueron Antonio Acosta - Home e Isabel Cardozo. Tenía dos hermanas llamadas Isabel y Casilda. El Rey Chico fue encargado de la Justicia Mayor, Gobernador de Cimitarra, Timaná y Neiva; Capitán General, Alguacil, Alcalde de la Real Audiencia de Santa Fé, Canciller del Nuevo Reino de Granada y encomendero de Calamoima. Fundó Neiva el 24 de mayo de 1612.[1]

Genealogía[editar]

Hijo del también conquistador y colonizador Francisco Martinez de Ospina y Medinilla quien fue conquistador del Valle de Upar y del Norte de Antioquia, nacido en Salinas de Añana, España. Pacificador de la Provincia de Mariquita, fundador de la ciudad de Remedios en 1560 donde nació El Rey Chico, apelativo que adquirió Don Diego de Ospina y Medinilla por ser hijo de la noble Doña Marquesa de Acosta - Home de España.

Fundación de Neiva[editar]

Es erigida la Gobernación de Neiva, bajo la Presidencia de Borja y la Real Audiencia, encargó de ella a don Diego de Ospina y Medinilla, antioqueño nacido en Remedios (Antioquia). La formaban las providencias de Timaná, Neiva y Saldaña. Pero no se materializó jurídicamente hasta dos años después, años que dedicó su fundador a la exploración de un sitio ideal, el fomento de su amistad con los nativos y el desarrollo de su empresa agrícola y ganadera.

Diego de Ospina y Medinilla, Capitán General y Alguacil mayor, seleccionó la margen derecha del Río Magdalena, entre el Río Las Ceibas, la quebrada del Curíbano o La Toma y el Río del Oro para establecer sus cuarteles permanentes y desde allí seguir esparciendo las semillas agrícolas y ganaderas que había llevado consigo, y le dio al sitio el nombre de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Valle de Neiva (hoy Neiva).

La constancia en diligencia auténtica dice:

"En 2 días del mes de junio de dicho año, el dicho Gobernador Diego de Ospina, Justicia Mayor, salió del dicho Real de las Fortalecillas y fue al sitio donde tiene fundada la dicha ciudad Nuestra Señora de la Concepción para dar la forma y orden y traza de la poblazón de la y con una cabuya que hizo ir midiendo y cuadrando la plaza que ha de tener la dicha ciudad y a la cual dio 10 cabuyas que son 330 pies por cada frente y lienzo de la dicha planta quebrada; y luego por cada lado añadió 35 pies para las calles y de ésta forma quedó cuadrada la dicha plaza y mandó que cada cuadra de las que fueren dando y poblando sean de la misma medida de a 330 pies quedando además de ésto el hueco de las calles de 35 pies de forma que cada cuadra ha de tener cuatro solares cuadrados y cada solar ha de ser de 81.5 pies conforme a la medida de la dicha cabuya y esto ha de ser en cuadrado; y este orden se ha de tener en el ir poblando y fundando la dicha ciudad y en el tamaño y media de los solares que se fueren dando a los vecinos..."

Don Roberto Falla en la Revista Cabildo narra así su fundación:

"Todos los que han de poblar la ciudad y acompañan al fundador tienen ya su solar, pero en este día la tarea ha sido dura y larga desde la mañana hasta ahora que ya cayendo el sol. Don Diego, ensimismado, quiere estar íngrimo en este atardecer.

Despacha con un gesto, a señores e indios, escribano y curas, parientes y allegados, y trepa lentamente a la cúspide del Cerro de los Chaparros que a la fundación vigila, contempla desde allí las estacas que distribuyen los solares, la plaza, la parcela de la iglesia. Una nueva ciudad ha dado al Rey Felipe. Mira sus dominios de Gobernador, que se extienden desde el lejano Páramo de las Papas al sur, hasta Saldaña al Norte. Los Pijaos ya no son el problema y ha asegurado un franco camino de vinculación con Popayán y Quito, y dado seguridad a los territorios de la Corona apoyando los fuertes de Timaná y La Plata.

Las Provincias de la Nueva Granada en 1810

La ciudad será grande, próspera y católica; centro promisorio de desarrollos económicos. Con la ciudad nueva la extensión comarcana se poblará, cimentará el imperio colonial, habrá frutos en sus campos y ganados en las dehesas y se tornarán mansas y salvarán su alma; y el Rey tendrá más reales, quintos y patrimonio, sobre todo ahora que el sol amenaza ponerse en Flandes. Don Diego programa en detalle el futuro de su ciudad. Mañana edificará su mansión en aquel costado de la plaza, cerca de la iglesia y frente al árbol de la justicia. Como hay caña de azúcar habrá aguardiente y estancos, porque necesita rentas. Los alcaldes, cabildos y regidores serán leales y justos.
Levántase el chambergo para alargar la visión. Al sur divisa el Cerro de la Curinga donde los indios bravos enterraron las campanas de la primera Neiva que soñó Don Juan de Cabrera en 1539, luego al norte columbran los restos de la otra Neiva, la del capitán Juan de Alonso, incendiada. No, su obra será definitiva; sin asaltos, incendios ni traslados. ¿Y para qué meditar más?. Los mostachos le huelen nuevamente a gloria y mientras lo envuelve la penumbra crepuscular, se santigua y desciende del Cerro al trote de su alazán que alazán tuvo que serlo emocionado, orgulloso y fuerte como corresponde a un Capitán que le ha ganado una batalla a la Historia. Y masculla:

Desde el 24 de mayo de este año de 1612 y en todo tiempo, mi ciudad, ha de llamarse "NEIVA" que fue así y será. Don Diego.[2]
Actual centro de Neiva.

Muerte[editar]

Murió a la edad de 63 años en 1630 en Neiva. Fue enterrado en la capilla que había ayudado a construir y que aún no se había terminado.

Sus restos reposan en la iglesia del convento de Santo Domingo, en Bogotá, y se cumple así la memoria y exigencia testamentaria.

Referencias[editar]