Democracia deliberativa

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La noción prima de democracia deliberativa fue acuñada por Joseph M. Bessette en 1980, que la reelaboró y argumentó de nuevo en 1994. Desde entonces, numerosos filósofos y politólogos han contribuido a desarrollar la concepción deliberativa de la democracia, entre otros: Jürgen Habermas, Jon Elster, Joshua Cohen, John A. Dryzek, Carlos Santiago Nino, John Rawls, Amy Gutmann, James Fishkin, Dennis Thompson, Seyla Benhabib o José Luis Martí.

El término democracia deliberativa "designa un modelo normativo – un ideal regulativo – que busca complementar la noción de democracia representativa al uso mediante la adopción de un procedimiento colectivo de toma de decisiones políticas que incluya la participación activa de todos los potencialmente afectados por tales decisiones, y que estaría basado en el principio de la deliberación, que implica la argumentación y discusión pública de las diversas propuestas".[1]

Democracia deliberativa y teoría de la democracia[editar]

Democracia deliberativa es un término utilizado para referirse a un modelo político que pretende equilibrar la democracia representativa con un proceso de toma de decisiones regido por los principios de imparcialidad y racionalidad. Contrasta abiertamente con las concepciones dominantes de la democracia y, en especial, con la teoría de la elección racional proveniente de la economía, que enfatiza el acto de votar como institución central de la democracia, los teóricos de la democracia deliberativa argumentan que las decisiones sólo pueden ser legítimas si llegan como consencuencia de una deliberación pública por parte de la ciudadanía. En particular, Habermas, uno de los principales inspiradores de este modelo político, concibe la democracia deliberativa como extensión de la acción comunicativa tanto en plano de la esfera pública informal como en el de la esfera pública institucional. Esta forma de democracia es dependiente de procedimientos y presupuestos comunicativos que institucionalizan el discurso público. La opinión pública viene a complementar dos esferas de la política que había destacado Weber: la política carismática y la política tecnocrática. Así, políticos, técnicos y opinión pública deliberan entre sí en un circuito democrático. A través de la deliberación se intentará conseguir, que la mayoría de las personas estén de acuerdo con la solución que se va a tomar o el camino que van a seguir ya que, después de un proceso de participación de los afectados, la decisión tomada es la que representa a una mayor parte de la población relacionada con el problema tratado. Habermas a lo largo de su obra Tres modelos de democracia nos plantea las ventajas e inconvenientes de las dos corrientes, mostrando predilección por la concepción republicana ya que entronca directamente con su idea de participación, de acción comunicativa y de desarrollo de una democracia deliberativa en la que todas las personas se ven involucradas en el proceso, intentando encontrar una igualdad entre todas ellas que entronca con las ideas marxistas de unión ante una misma situación, haciendo desaparecer las diferencias de clase creadas principalmente por el capitalismo, movimiento económico seguido por la concepción liberal. De esta manera encontramos que la “auto organización de la sociedad por ciudadanos unidos comunicativamente” es demasiado idealista y que para ello hay que conseguir que todas las personas que se encuentran dentro de esta organización tengan una identidad común y quieran resolver por la misma vía los problemas surgidos entre ellos. Habermas propone leyes o normas a seguir, para que todas las personas se sientan de acuerdo con el modelo de decisión a través de la comunicación, unos principios morales y éticos que todas las personas con cierta educación tienen que aceptar como válidos y que respetan al resto de personas. En el caso de la concepción liberal su primer objetivo es la economía y la consecución de intereses personales y una relación del mundo a partir del desarrollo de la economía capitalista; en cambio, la otra corriente nos dice que se tiene que establecer un equilibrio de intereses entre todas las partes para evitar el enfrentamiento, dentro de una comunidad igualitaria sin aspiraciones de superioridad por parte de los individuos. La democracia es por tanto sinónimo de auto organización y autodeterminación política de la sociedad en contra del privatismo ciudadano y de la separación del individuo de la política, centrado nada más en intereses económicos de superioridad ante sus iguales, intentando conseguir, por medio del capitalismo y por tanto, a partir de la riqueza, mayores bienes para situarse en un escalafón superior de la sociedad. Según la concepción liberal, no se puede separar el Estado de la sociedad, haciendo de ello dos entes divididos, en contra de la concepción republicana en la que el Estado es la sociedad, un único ente auto organizado que tiene en cuenta los intereses sociales de sus iguales y es capaz de ceder en algunos aspectos para conseguir el bienestar de toda la población. Por último, Habermas enlaza la exposición anterior de su teoría con la teoría del discurso, dice que “asocia al proceso democrático connotaciones normativas más fuertes que el modelo liberal, pero más débiles que el modelo republicano”. Digamos que la teoría del discurso es la parte teórica de la democracia deliberativa a partir de la cual se establecen los procedimientos correspondientes para llevar a cabo la toma de decisiones de manera colectiva y que la concepción republicana va más allá, concediendo mayor importancia a la solidaridad y la integración del conjunto de ciudadanos frente a la distinción, más encaminada a la concepción liberal, de una distinción de la administración pública y la sociedad civil. Entendemos por tanto que a partir de una concepción neomarxista y en contra del desarrollo liberal-capitalista, que opta por el individualismo, quiere conseguir la puesta en marcha de una democracia en la que todas las personas se involucren en las decisiones políticas y sociales que les rodean, sin tener que delegar en unas figuras sus problemas, sino conseguir solucionarlos ellos mismos a partir de la solidaridad y los valores morales, consiguiendo lo mejor para la mayoría a través de la acción comunicativa del discurso, utilizando el lenguaje y exponiendo diferentes opiniones para intentar llegar a un consenso común que favorezca a la mayoría de la población, consiguiendo así una igualdad entre todos y una participación al mismo nivel de cada uno de ellos. La democracia deliberativa intenta crear una auto organización de la sociedad como un colectivo y no como acciones individuales que buscan sus propios intereses.

  • Concepción liberal: La concepción liberal está relacionada con el liberalismo creado en el siglo XIX que venía a desarrollar una acción individual de actuación. Trata de dar respuesta a todos los problemas esenciales de la vida de las personas que tienen como objetivo lograr una mayor libertad entre los individuos, en la que la verdad se logra a través del diálogo entre verdades individuales. Sus grandes aspiraciones en ese momento estuvieron encaminadas a la libertad individual, la integridad personal. La protección de la propiedad y el éxito individual a partir del desarrollo individual del capitalismo. (Las claves de la restauración y el liberalismo, 1990). La política tiene la función de unir y hacer valer los intereses sociales privados (individualismo-liberalismo) frente al Estado que se especializa en el empleo administrativo del poder político para conseguir fines políticos. Cada elector expresa su decisión mediante votos que son iguales para todos, a través de la idea de sufragio universal, y esto hace que la mayoría elegida represente a los votantes que participan en las decisiones, delegando en ellos la responsabilidad. En la concepción liberal se busca lo mejor para uno mismo, intentando que mucha gente, de manera individual esté de acuerdo porque también les favorece, no existe comunicación interpersonal entre los miembros.
  • Concepción republicana: la concepción republicana en cambio está relacionada con el utilitarismo, lo mejor para la mayoría, en la que las personas involucradas en una misma causa intentan, a través de la acción comunicativa y del lenguaje conseguir llegar a un consenso, exponiendo cada uno sus preferencias y entablando una discusión que, como dice Habermas, es parte de la esencia del ser humano.

El proceso de deliberación, según otros teóricos, se caracteriza por los esfuerzos para incluir en el mismo a grupos marginales que suelen ser ignorados en otros procesos de decisión (procesos meramente representativos o meritocráticos). Para auxiliar a los participantes que deliberan y que no son especialistas, es importante dotarlos de información relevante (como ocurre en los sondeos deliberativos de Fishkin -ver más adelante-). Deben registrarse no sólo de los puntos de consenso sino también los puntos de desacuerdo.

Mientras que los autores liberales suelen mostrar su satisfacción con la democracia representativa, porque respeta la decisión de quienes prefieren dedicar la mayor parte de su tiempo a los asuntos privados, los republicanos suelen apelar también a la democracia deliberativa a pesar de que ésta exija del ciudadano cultivar virtudes cívicas y donar tiempo al bien común.

Antecedentes históricos[editar]

Democracias deliberativas - o, al menos, sistemas políticos que incluían entre sus prácticas ingredientes de naturaleza deliberativa - han sido la de la antigua Grecia, la de las asambleas cantonales suizas que inspiraron a Rousseau, la que practican a través de “La Palabra” algunas comunidades africanas e indígenas, la que prevalece en los órganos colegiados de las grandes universidades, la que resurge ocasionalmente en los Estados democráticos cuando un debate nacional permite la discusión entre representantes populares, expertos y opinión pública. No se trata de un procedimiento de decisión basado necesariamente en el consenso, pero sí de un prerrequisito de la votación mayoritaria, bajo la premisa de que votar sin discutir no es democrático.

James Fishkin ha propuesto los “sondeos deliberativos” que son pequeños foros de ciudadanos elegidos al azar que discuten, se informan y, sólo al final, toman posición acerca de algún asunto. En algunos parlamentos –especialmente en Escandinavia--, los sondeos deliberativos son una herramienta de los legisladores para consultar a la ciudadanía, siendo más confiables que los sondeos clásicos.

Ventajas[editar]

La deliberación pública obliga a tomar en consideración los intereses ajenos. La mayoría no puede simplemente ignorar las visiones de las minorías, argumentando que son intereses minoritarios. Esa actitud es tan irrespetuosa de la dignidad de los otros, que resulta poco defendible públicamente en una democracia. De esta manera, a la hora de tomar una decisión política, se tendrá como objetivo buscar un consenso entre todas las partes para definir la mejor opción en vez de someter el tema a votación, lo cual permite la posibilidad de la tiranía de la mayoría. Del mismo modo, la deliberación - sometida al principio de publicidad - obliga a presentar abiertamente las razones que sustentan la decisión adoptada, con lo cual ciertas motivaciones manifiestamente injustas quedan excluidas del debate político, precisamente por ser socialmente inaceptables. Por uno y otro motivo, la discusión pública estimula el desarrollo de cualidades democráticas importantes en los ciudadanos y en los líderes políticos, en especial la virtud de la imparcialidad, en la medida en que los obliga a ir más allá de sus intereses puramente personales.

Críticas[editar]

Se suele considerar a la democracia deliberativa como elitista, pues no todas las personas tienen el capital cultural suficiente para ganar una discusión, aunque tengan preferencias políticas legítimas. Lo que se intenta realizar con los participantes es un exhausto proceso de información acerca del problema para conseguir que todos estén informados sobre el problema que se está debatiendo. Algunas intelectuales feministas son críticas de la democracia deliberativa, bajo el argumento de que en la mayoría de las sociedades (incluida la muy prestigiosa democracia suiza) la deliberación ha sido históricamente posible porque los hombres discuten mientras las mujeres cuidan a los niños, preparan la cena y lavan la ropa. Pero la democracia deliberativa actual trata de igual manera tanto a hombres como a mujeres, pudiendo participar todos en las asambleas y en las deliberaciones porque uno de los principales objetivos de este tipo de democracia es la igualdad de las personas, intentando hacer desaparecer las diferencias económicas, sociales o culturales. Una de las críticas que algunos autores hacen es al principio de pluralismo (Elster, 2001), los ciudadanos tienen que llegar a un acuerdo a partir de discutir las diferentes opiniones de los participantes y elegir lo que va a ser mejor para la mayoría o para el problema David Estlund (1997: 185) “las opiniones de otros con las cuales estamos en desacuerdo deben ser sopesadas por cada uno de acuerdo con los principios de reciprocidad, publicidad y responsabilidad”.; pero la mayoría de los seres humanos piensan de manera individual por tanto quizás la acción colectiva no sea realizada de forma correcta por todos los participantes. Tal como se ha encontrado en el artículo seguido para buscar algunas de las críticas, encontramos que Susan C. Stokes, en su obra Patologías de la deliberación, expuso diferentes ejemplos en los que la deliberación no ha dado resultados, debido principalmente a que, las personas han sido manipuladas, es decir, que personas ajenas a la deliberación con intereses individuales propios han intentado convencer a estas de elegir o presentar una idea que no era del todo válida para conseguir el bien común, sino que principalmente estaba dirigida para satisfacer las necesidades de una sola persona o de un pequeño grupo. Una de las propuestas de los profesionales dedicados al estudio de la democracia deliberativa como James Johnson (2001) o Iris Young (1997) es, intentar utilizarla dentro de una democracia representativa en el voto, es decir intentar justificar un voto partiendo de lo que es mejor para la mayoría, debatiendo y discutiéndolo. Otros autores como Przeworski han afirmado que, debido a las estructuras de los Estados modernos como puede ser su extensión o el número de ciudadanos, es imposible este tipo de actos. Habermas, al aparecer estas teorías, dijo que la democracia deliberativa es un proyecto diseñado para realizarse en ámbitos pequeños que afectan a un número determinado de personas, y no es tampoco útil para resolver todo tipo de problemas. Cohen (1986) en la línea de Habermas aseguró que se debería intentar integrar esta teoría en distritos con características más o menos similares y para ello hacer reformas en el sistema democrático. Otra de las críticas que han aparecido es que no todos los ciudadanos están preparados de la misma manera para afrontar la política ni las decisiones públicas, no han sido preparados para ello y por tanto no saben realmente qué es lo que se debe hacer o qué puede ser lo mejor para todos. Mucha gente no está interesada en la política y prefiere no intervenir en la situación. Otro de los problemas que encuentran los críticos es que, aunque la propuesta elegida sea mayoría, puede ser extremista o ir en contra de otros colectivos; lógicamente en estos casos se deben seguir unas normas y pautas para impedir este tipo de situaciones.

Referencias[editar]

  1. Juan Carlos Velasco: Democracia y deliberación pública", en Confluencia XXI, nº 6 (2009), pág. 75.

Bibliografía[editar]

  • Bessette, Joseph (1980) "Deliberative Democracy: The Majority Principle in Republican Government," en How Democractic is the Constitution?, Washington, D.C., AEI Press. pp. 102–116.
  • Bessette, Joseph, (1994) The Mild Voice of Reason: Deliberative Democracy & American National Government Chicago: University of Chicago Press.
  • Blattberg, C., (2003) "Patriotic, Not Deliberative, Democracy," Critical Review of International Social and Political Philosophy 6, no. 1, pp. 155-74. Versión disponible en línea.
  • Cohen, J. (1989) "Deliberative Democracy and Democratic Legitimacy," en Hamlin, A. y Pettit, P. (eds), The Good Polity. Oxford: Blackwell. pp. 17–34
  • Elster, Jon (comp.). (2001) La democracia deliberativa [1998], Barcelona: Gedisa. Indice
  • Habermas, Jürgen (1998): "Política deliberativa: un concepto procedimental de democracia", cap. VII de Facticidad y validez, Madrid: Trotta, 363-406.
  • Habermas, Jürgen (1999):"Tres modelos de democracia. Sobre el concepto de una política deliberativa", en La inclusión del otro, Barcelona: Paidos, pp.231-246.
  • Martí, J. Luis (2006): La república deliberativa. Una teoría de la democracia, Madrid: Marcial Pons. [ISBN 84-9768-383-8]
  • Nino, Carlos S. (1997): La constitución de la democracia deliberativa [1996], Barcelona: Gedisa.
  • Segovia, Juan Fernando (2008): Habermas y la democracia deliberativa, Madrid: Marcial Pons. [ISBN 978-84-9768-608-2]
  • Steenhuis, Quinten. (2004) "The Deliberative Opinion Poll: Promises and Challenges". Carnegie Mellon University. Tesis no publicada disponible Online
  • Talisse, Robert, (2004) Democracy after Liberalism Publisher: Routledge [ISBN 0-415-95019-8]
  • Uhr, J. (1998) Deliberative Democracy in Australia: The Changing Place of Parliament, Cambridge: Cambridge University Press [ISBN 0-521-62465-7]
  • Velasco, Juan Carlos (2009): "Democracia y deliberación pública", en 'Confluencia XXI. Revista de Pensamiento Político', nº 6, pp. 70-79.
  • Velasco, Juan Carlos (2011): “La fuerza pública de la razón. El papel de la deliberación en los procesos democráticos”, en G. Hoyos & E.A. Rueda (eds.), Filosofía política: entre la religión y la democracia, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, pp. 55-96. [ISBN 978-958-716-505-0]

Enlaces externos[editar]

Véase también[editar]