Esfera pública
La consolidación de una esfera pública frente a otra privada en la vida de las personas, su clara diferenciación pero mutua dependencia, fue una de las principales conquistas de la civilización moderna. Creó un ámbito de intereses comunes, autoridades compartidas y poderes legítimos, junto a sus espacios, frente a otro perteneciente a cada cual, inviolable, en el que no cabía inmiscuirse. Los orígenes remotos de esa dicotomía se encuentran con diáfana claridad en ese período de borrosas fronteras –y con diversas intensidades según el país– que cubre el final de la era feudal y todo el Renacimiento. La distinción alcanza su plenitud con una doble revolución: la política, en su expresión liberal, y la económica en su expresión capitalista.[1]
En el pensamiento contemporáneo, uno de los desarrollos más influyentes de esta noción es el efectuado por Jürgen Habermas. La esfera pública (Öffentlichkeit, en el original alemán) estaría "configurada por aquellos espacios de espontaneidad social libres tanto de las interferencias estatales como de las regulaciones del mercado y de los poderosos medios de comunicación. En estos espacios de discusión y deliberación se hace uso público de la razón; de ahí surge la opinión pública en su fase informal, así como las organizaciones cívicas y, en general, todo aquello que desde fuera cuestiona, evalúa críticamente e influye en la política. En términos normativos, la publicidad puede entenderse como aquel espacio de encuentro entre sujetos libres e iguales que argumentan y razonan en un proceso discursivo abierto dirigido al mutuo entendimiento".[2]
En su libro "Historia y crítica de la opinión pública" (1962), Habermas presenta una indagación histórica exhaustiva y sumamente sugerente de la génesis de la «esfera pública» en la sociedad burguesa europea de los siglos XVIII y XIX y su posterior evolución y deformación en el siglo XX bajo la égida de los medios de comunicación de masas. El objeto central de esta obra es mostrar cómo la inicial esfera de debate y discusión se va transformando y reestructurando con fines puramente demostrativos y manipulativos, hasta el punto de que la ausencia de una genuina participación de los ciudadanos se torne no sólo deseable para quienes ejercen el poder político sino incluso aceptable para los propios ciudadanos.
Referencias[editar]
- ↑ Richard Sennett: El declive del hombre público, Anagrama, Barcelona, 2011, pág. 1.
- ↑ Juan Carlos Velasco: Para leer a Habermas, Alianza, Madrid, 2003, pág. 170.
Bibliografía[editar]
- Habermas, Jürgen: Historia y crítica de la opinión pública, Gustavo Gili, Barcelona, 1982.
- Sennett, Richard: El declive del hombre público, Anagrama, Barcelona, 2011.
- Velasco, Juan Carlos: Para leer a Habermas, Alianza, Madrid, 2003.