Cultura talayótica

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Entrada y muralla del poblado talayótico de Ses paisses, Mallorca.

La Cultura Talayótica es el nombre de la sociedad correspondiente, aproximadamente, a la Edad del Hierro en las islas Gimnesias (Mallorca y Menorca en el archipiélago Balear). Sus orígenes datan de finales del II milenio a. C., cuando la mal llamada Cultura Pretalayótica entró en crisis y vivió su consiguiente evolución. Su nombre procede de los talayotes , que son las construcciones más emblemáticas y abundantes de la prehistoria balear.

Procedencia[editar]

Hasta finales del siglo XX se consideraba que esta sociedad había surgido de la interacción de nuevas gentes procedentes del Mediterráneo oriental con los pobladores originales de las islas, bien como invasión, o como integración pacífica de las dos poblaciones. Las fechas coincidían con lo que se ha denominado la crisis de los Pueblos del Mar, que revolucionó las sociedades de ese extremo del mar hacia el siglo XIII a. C. Basándose principalmente en los restos arquitectónicos que abundan en Mallorca y Menorca, se estimó que los talayóticos eran más belicosos que los antiguos pobladores, pues abundaban las «torres defensivas» (talayotes) y los poblados amurallados. Además, los talayotes presentan muchas similitudes con los nuragas de la isla de Cerdeña, lo que reforzaba la teoría de su posible procedencia sarda.

Pero las excavaciones arqueológicas de entre finales del siglo XX y principios del XXI han recortado la cronología de los talayotes, trayéndola a los inicios del primer milenio a. C., lo que desvincula su construcción de los acontecimientos de la crisis de los Pueblos del Mar y de las construcciones sardas. Además, cada vez hay más pruebas de que el paso de la Cultura Pretalayótica (Bronce final) a la talayótica fue más bien una evolución ocurrida a lo largo de varios siglos, y como consecuencia de una crisis interna. Aun así, no debemos menospreciar la posible influencia de factores externos, pues la existencia de la aleación del Bronce (que requiere Estaño, inexistente en las islas) indica que nunca dejaron de existir contactos relativamente frecuentes con el mundo exterior.

Historia[editar]

Talayote circular de Mallorca.

Los primeros indicios de la "futura" Cultura Talayótica se presentan a finales del segundo milenio a. C., cuando la sociedad anterior se encuentra comprometida entre el crecimiento de la población, la ineficiencia de sus recursos productivos, y lo limitado del territorio isleño. En esencia, los conocimientos de agricultura que habían traído consigo los primeros pobladores, más de un milenio antes (Edad del Cobre), se limitaban al "cultivo de rozas": quemar terrenos silvestres y sembrar sobre las cenizas. Esta técnica provocó un deteriroro rápido de la tierra fértil, y pudo ser la causa principal por la que, hacia el Bronce final, la dieta de los pobladores de las islas fuese casi exclusivamente cárnica. La capacidad de producción de alimentos de un determinado territorio es menor si se dedica a pastos que si se dedica al cultivo, lo que pudo ser un factor fundamental de la crisis del modelo socioeconómico existente que, tras varios siglos, desembocó en la Cultura Talayótica. Uno de los principales factores que apuntan a la evolución interna, en lugar de la repoblación desde el exterior, es la continuidad evolutiva de las formas cerámicas a lo largo de la transición entre las dos épocas.

Los rasgos más visibles de esta nueva formación social son los arquitectónicos: a finales del segundo milenio, empiezan a aparecer grandes construcciones de piedra, algunas de ellas aprovechando y amortizando construcciones anteriores (las llamadas habitaciones naviformes). Estas construcciones monumentales sólo se pudieron hacer bajo una nueva organización social, fuertemente jerarquizada y ordenada en torno a jefaturas. La familia como unidad productiva, propia de la Edad del Bronce balear, había dado paso a la estructuración de la producción basada en poblados, y la aparición de clases sociales.

La situación de crisis en el seno de la sociedad isleña, y la falta de una solución real, al menos hasta que reapareciese el protagonismo de la agricultura, llevó a una radicalización de la sociedad que provocó un crecimiento exagerado de las construcciones de carácter ritual y de ostentación. La mayoría de los arqueólogos consideran que, tanto los talayotes como las murallas de los poblados, si bien pueden cumplir una función defensiva primaria, no son eficaces realmente, y su construcción responde, más bien, al hecho de demostrar la capacidad de levantar grandes construcciones. Además, la subsistencia de la especie en una isla del tamaño de Mallorca o Menorca, conlleva la necesidad de que se mantengan relaciones fluidas entre poblados, para que pueda haber intercambio sanguíneo, y esto viene demostrado sobradamente por la uniformidad de las modas en la forma de hacer la cerámica. La factura de las vasijas cerámicas y otros utensilios caía en manos de las mujeres, y estas eran las que, al emparejarse y verse obligadas a instalarse en el poblado de su pareja, transmitían las técnicas y las modas entre los distintos poblados.

Túmulo en los alrededores del Parque arqueológico Puig de sa Morisca en la urbanización Son Ferrer, Calviá, Mallorca.

Las investigaciones apuntan a que se habían construido todos los talayotes de las islas antes del siglo VIII a. C. En cambio, los pocos datos relativos a las murallas que rodean a casi todos los poblados de Mallorca y algunos de los de Menorca, apuntan a que éstas aparecen a partir de ese mismo siglo. Tanto si su función real es defensiva como ostentatoria, su aparición delata que la crisis que había desembocado en la formación de la sociedad talayótica se había cerrado en falso con el cambio de modelo social. De hecho, uno de sus factores primordiales, que fue la dependencia casi exclusiva en la ganadería, seguía sin resolver y, mientras no ocurriese, la sociedad se vería sometida a fuertes tensiones entre el crecimiento de la población y su escasa capacidad para explotar con eficiencia los limitados recursos naturales.

A pesar de que la sociedad de la Edad del Hierro en Mallorca y Menorca se ha venido denominando de la misma forma en ambas islas ("Cultura Talayótica"), las similitudes entre ellas no son tan profundas. Estos monumentos presentan las similitudes suficientes como para demostrar que nunca dejó de haber contactos entre las dos islas, pero sus diferencias apuntan a que en cada isla hicieron frente a la crisis a su manera. Lo que sigue es una descripción de los grandes rasgos definitorios de la Cultura Talayótica en Mallorca y Menorca, basados principalmente en sus características arquitectónicas, que son las que mejor se han conservado:

El Talayótico en Mallorca[editar]

Columna central y lajas del techo de un talayote de Mallorca.

Los primeros grandes monumentos son los Túmulos Escalonados, de carácter funerario. La fecha de su construcción suele rondar el cambio de milenio, entre finales del 2º milenio a. C. y principios del primer milenio a. C., y muchos de ellos están asociados a hipogeos (cuevas artificiales de carácter funerario) de cualquier etapa del Bronce. A grandes rasgos, a la sociedad de esta época se la denomina "Prototalayótica", pues empiezan a aparecer muchos de los rasgos de la futura organización social, como el agrupamiento, cada vez más generalizado, en poblados. En algunos de estos poblados se ha constatado también el "desmonte" de habitaciones naviformes para reaprovechar sus piedras y construir habitaciones en los poblados talayóticos.

Al inicio del primer milenio a. C., empiezan a proliferar los talayotes en la isla, unas veces aislados, formando hitos territoriales, otras veces en los poblados y, sobre todo, agrupados formando centros ceremoniales. En Mallorca los centros ceremoniales son tan abundantes como los poblados. Algunos de ellos consisten en grupos pequeños de turriformes (talayotes, túmulos…), esparcidos por el territorio, y frecuentemente delimitando las fronteras entre poblados. También existen varios centros ceremoniales que consisten en alineaciones de hasta siete turriformes a lo largo de más de medio kilómetro. La abundancia de estos centros resalta su importancia: era en ellos donde seguramente se resolvían disputas, se celebraban las fechas significativas del ciclo económico (siembras, colectas, cacerías, etc.), y se organizasen ritos de paso y otras actividades, para que pudieran conocerse jóvenes de ambos sexos, fomentando así los matrimonios entre gente de distintos poblados y, por tanto, la variedad sanguínea.

Interior de hipogeo talayótico de Mallorca, con una columna excavada a expensas de la roca.

También existen los santuarios, reconocibles porque sus dos esquinas traseras están redondeadas. Los del interior de los poblados son pequeños, y en su interior sólo existe una columna, más o menos centrada. Los de fuera de los poblados son mucho mayores (10-15 m.) y pueden tener varios pares de columnas.

Los monumentos funerarios de Mallorca son variados, al igual que en la etapa anterior: se hacen enterramientos en cuevas naturales y necrópolis de hipogeos. Los hipogeos talayóticos son mucho más grandes que los del Bronce, a veces con columnas talladas a expensas de la misma roca, y frecuentemente se realizan a base de agrandar estos. También se construyó un gran cementerio, la Necrópolis de Son Real, único en las dos islas, que se trata de un cementerio cuyas tumbas se asemejan a pequeños talayotes, tanto circulares como cuadrados, y pequeñas navetas. A pesar de la predilección por los enterramientos en hipogeos, durante la Cultura talayótica se introdujo una novedad: el enterramiento con cal.

El Talayótico en Menorca[editar]

Naveta funeraria de Es Tudons, Menorca.
Taula de Talatí de Dalt, cerca de Mahón, Menorca.

La reorganización de la sociedad en Menorca en torno a jefaturas y poblados es similar a la de Mallorca y, de hecho, algunos de los poblados menorquines son mucho más extensos que los mallorquines. Esto delata que pudo haber algunos estamentos sociales más poderosos, reflejando, quizás, unas tensiones sociales más intensas que en la isla vecina, o algo anteriores en el tiempo. La variedad de monumentos (además de los talayotes) construidos desde finales del Bronce final, y a lo largo de la Edad del Hierro supera, con creces, a la de Mallorca.

A finales del segundo milenio, aparecen las navetas funerarias, construidas con técnicas talayóticas, pero herederas de una larguísima tradición, que les proporciona muchas similitudes con los dólmenes (o sepulcros megalíticos), casi un milenio más antiguos.

La Taula es, por excelencia el monumento ceremonial más emblemático de Menorca. Se trata de un santuario cuyo recinto tiene forma de herradura, parecido a los de Mallorca pero que, a diferencia de estos, tiene un gran monumento central que se asemeja a una mesa, lo que le da el nombre (taula es "mesa" en catalán). Se desconoce la cronología de estos santuarios pues, aunque los recintos pudieron existir a lo largo de todo el Talayótico, sus monumentos centrales pueden pertenecer a cualquier fecha a lo largo del primer milenio.

El final del talayótico[editar]

Hacia mediados del milenio, la crisis que nunca terminó de resolver los factores que la habían originado, acabó también con la Cultura talayótica. Dejaron de construirse talayotes, y muchos de ellos fueron destruidos o reutilizados con fines diferentes a los originales. La vecina ciudad púnica de Ebussus, hoy Ibiza, ampliaba su influencia, y acabó por entrar en contacto con las Gimnesias, comerciando con ellas en unas condiciones que, con frecuencia, se han calificado como colonización. El último cuarto del milenio está marcado por el dominio, en competencia, del Mediterráneo por parte de Cartago y Roma, así como de las Guerras Púnicas que ocurrieron entre las dos potencias. Las sociedades de Mallorca y Menorca se vieron involucradas en ellas, ya en plena Protohistoria, y sus manifestaciones sociales se llaman Cultura postalayótica o Cultura baleárica, en alusión al nombre que les dieron los historiadores clásicos.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]