Conocimiento situado

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Conocimiento situado es un concepto que hace referencia a la postura epistemológica, acuñado por Donna Haraway en su obra Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza (1991) dentro de la epistemología postmoderna, que nace de una crítica a la epistemología feminista del punto de vista feminista. Con él propone hablar de los objetos de estudio poniendo en evidencia el lugar desde el cual se parte, puesto que todo el mundo (independientemente del tipo de método empleado) parte de su subjetividad propia y de su contexto cultural, así como de un punto de vista a la hora de hablar o hacer una investigación (sea o no consciente de ello).

Haraway propone especificar desde qué punto de vista se parte y por qué es ese y no otro. De esta manera una también se posiciona políticamente –a que los puntos de vista no son nunca neutros– de la manera más ética (explicando cual es el enfoque sin esconder nada, ni dar lugar a ambigüedades).

Hay muchos lugares desde donde mirar la realidad y hay que mostrar cuál es la perspectiva desde la que miramos, por eso el conocimiento siempre será parcial y situado. Y de la suma de todas las visiones nos podremos acercar más a la realidad.

Habla de la objetividad radical que trata de asumir la parcialidad, a la vez que la validez de ese conocimiento en tanto es real desde el punto de vista de quien lo genera.

Esta postura trata de romper la desigualdad que se genera a la hora de generar conocimiento entre qué sujeto puede conocer y qué sujeto no puede conocer.

Una investigación es una forma de difracción (producir y complejizar la teoría) en lugar de la reflexión (representación de la realidad)‏

Precedentes[editar]

Teoría del punto de vista feminista[editar]

Sandra Harding, con la obra Ciencia y Feminismo (1986) con una crítica al conocimiento científico empirista y positivista (es decir, con pretensiones esencialistas y de encontrar verdades absolutas) y partiendo del materialismo histórico, nos dice que existen diversidad de puntos de vista según su estratificación social y su pertenencia a grupos.

También nos dice que las mujeres, por ocupar una posición de subordinación (a lo largo de la historia occidental) tendrán un punto de vista diferente a la hora de generar conocimiento, el cual será menos interesado, y por tanto, más explicativo. Así, habla de un sujeto epistémico privilegiado, que es aquel que, por su condición de sujeto oprimido, podrá conocer desde un punto de vista menos interesado que el de los sujetos opresores (aplíquese en este caso de mujeres creadoras de conocimiento frente a un mundo científico de hombres con pretensiones de verdad, así como también ese sujeto epistémico privilegiado puede pensarse desde el obrero frente su patrón, el judío frente al nazi, o los pacientes frente sus psiquiatras). Las epistemologías feministas del punto de vista, "herederas de Hegel, Marx, Engels y Lukács, defienden la superioridad del conocimiento de los subyugados sobre el conocimiento del «amo», siempre parcial y perverso."[1]

Contribuyendo a esta visión, Nancy Harstock en 1983 nos dice que la mirada de las mujeres siempre queda fuera de la perspectiva dominante. Partiendo también del materialismo histórico habla de que esos valores de uso nunca tenidos en cuenta que culturalmente han estado ligados al rol tradicional de la mujer (cuidar hijos, cuidar los ancianos, tratar con el entendimiento y la empatía con otras personas...), hacen desarrollar en las mujeres habilidades que ayudarán a que su conexión con el objeto de estudio sea otra diferente que la dada desde las relaciones de poder; permiten más reflexividad con el objeto de estudio, ya que la mujer es extraña a los poderes dominantes.

Haraway dirá que esto pasa con todos los grupos oprimidos, pero que la diferencia de género está más fundamentada puesto que la tenemos todos interiorizada, y propone que cada minoría mire y analice su realidad, para luego articular esas minorías. Hay que estudiar las interacciones entre los ejes de desigualdad (género, clase, raza,...).

Como precedente directo del Conocimiento situado, Harding, en su artículo ¿Existe un método feminista? (1987) donde examina las cualidades de los mejores estudios feministas, nos habla de que estos estudios "insisten en que la investigadora o el investigador se coloque en el mismo plano crítico que el objeto explícito de estudio, recuperando de esta manera el proceso entero de investigación para analizarlo junto con los resultados de la misma. En otras palabras, la clase, la raza, la cultura, las presuposiciones en torno al género, las creencias y los comportamientos de la investigadora, o del investigador mismo, deben ser colocados dentro del marco de la pintura que ella o él desean pintar. (...) Significa (...) explicitar el género, la raza, la clase y los rasgos culturales del investigador y, si es posible, la manera como ella o él sospechan que todo eso haya influido en el proyecto de investigación. (...) Así, la investigadora o el investigador se nos presentan no como la voz invisible y anónima de la autoridad, sino como la de un individuo real, histórico, con deseos e intereses particulares y específicos."[2] Contrariando la posición "objetivista" nos dice que añadir a la investigación ese punto de vista del sujeto investigador no es ingenuidad sino "una respuesta al reconocimiento de que las creencias y comportamientos culturales de las investigadoras feministas moldean los resultados de sus análisis tanto como lo hacen los de los investigadores sexistas y androcéntricos".[3]

Lo que critica Haraway al Punto de vista feminista es cierto esencialismo, ya que hablan de las "experiencias de mujeres" como si fuera algo unívoco y el dualismo que provoca contraponiendo las "experiencias de mujeres" a las "experiencias de hombres". Existen unos ejes de desigualdad, así como muchos tipos de mujeres. Así la investigadora o investigador tendrá que tener en cuenta esa fragmentación de las subjetividades que genera un conocimiento distinto acerca de la desigualdad y que hará, por tanto, que el conocimiento siempre tenga que ser parcial y situado.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Casado, E., "Ciencia y Feminismo" en revista Polítca y Sociedad de la UCM en formato pdf en: http://revistas.ucm.es/cps/11308001/articulos/POSO9797330179A.PDF
  2. Harding, S. (1987), "Is There a Feminist Method?", Feminism and Methodology, Bloomington/Indianapolis. Indiana University Press (traducido al castellano por Gloria Elena Bernal)
  3. Harding (1987), op. cit.

Bibliografía[editar]

Adán, C., (2006) Feminismo y Conocimiento. De la experiencia de las mujeres al ciborg. La Coruña: Ed. Espiral Maior (Spiralia Ensayo; 1) ISBN 84-96475-30-1.

Cook, I., Positionality/Situated Knowledge for David Sibley et al. (eds) Critical Concepts in Cultural Geography. London, IB: Taurus http://www.gees.bham.ac.uk/downloads/gesdraftpapers/iancook-situatedknowledge.pdf

Gil, E.P.; Náñez,A. y Pujal,M. (2005) ¿Por qué la ciencia postmoderna sigue siendo masculina? Un análisis de la relación entre saber y subjetividad. Psicología Social y problemas Sociales. Madrid. Biblioteca Nueva. pp. 58-65.

Haraway, D., (1991), Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Ediciones Cátedra, Madrid, 1995.

Harding, S. (1987), "Is There a Feminist Method?", Feminism and Methodology, Bloomington/Indianapolis. Indiana University Press.

Montenegro, M., Pujol, J. (2003), Conocimiento Situado: Un forcejeo entre el relativismo construccionista y la necesidad de fundamentar la acción, Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona, España, publicado en Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology - 2003, Vol. 37, Núm. 2 pp. 295-307. Véase en: http://www.psicorip.org/Resumos/PerP/RIP/RIP036a0/RIP03722.pdf

Pujal, M., (2000) Reproducción y cambio psicosociales: interconexiones entre lenguaje, deseo y subjetividad en torno al discurso crítico. Congreso Nacional de Psicología Social de Oviedo, España.