Autoerotismo

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El autoerotismo es la práctica de auto-estimularse sexualmente. El término fue popularizado a finales del siglo XIX por el sexólogo británico Havelock Ellis, quien definió el autoerotismo como "el fenómeno de espontánea emoción sexual generado en ausencia de un estímulo externo procediendo, directa o indirectamente, de otra persona." La más común práctica autoerótica es la masturbación, y los dos términos son muchas veces usados como sinónimos.

El uso popular de consoladores (dildos), vibradores, máquinas Sybian, y otros juguetes sexuales se refieren al mismo término. La autofelación, el acto de practicar sobre uno mismo sexo oral, lo lleva a cabo menos del 1% de la población masculina. El autocunnilingus es el acto equivalente con la vulva femenina, y al igual que el autocoitus, es aún más minoritario. Las conductas autoeróticas están consideradas muchas veces dentro del normal desarrollo sexual humano. Por autoerotismo se entiende generalmente la búsqueda en la propia persona de sensaciones o emociones claramente sexuales o que pueden reducirse a un significado sexual. En sentido más específico, es la provocación mecánica de excitaciones sexuales que realiza el individuo solo, de manera consciente y más o menos deliberada, ordinariamente en un contexto de fantasías y deseos eróticos.

También se usa el término «masturbación» para subrayar el aspecto material de la actuación sexual autoerótica, llevada a cabo generalmente con maniobras manuales.

El autoerotismo es un fenómeno complejo: afecta a la persona tanto en el plano físico como en el psico-existencial; puede darse tanto en hombres como en mujeres: puede manifestarse en las diversas edades y guardar relación con estados patológicos: finalmente puede tener lugar con fines diagnósticos y procreativos.

Es sabido que el autoerotismo está muy difundido, especialmente entre los adolescentes. Hay causas biológicas, psicológicas y socioculturales que pueden repercutir en este comportamiento. El autoerotismo de los adolescentes puede tener un significado evolutivo, como paso a una sexualidad más madura, pero puede tener también el peligro de fijar en niveles narcisistas el desarrollo psico-sexual. El autoerotismo puede revestir además del significado sexual, otros significados y ser síntoma de situaciones existenciáles diversas (ansia, frustración, soledad afectiva, complejo de inferioridad, etc.).

Por lo que se refiere a la valoración ética, se trata de formular un juicio sobre la base de una serie de consideraciones de los valores en relación con la situación concreta en que vive la persona. Respecto a ciertas formulaciones tradicionales, la valoración ética debe enriquecerse con nuevas motivaciones y consideraciones.

Algunas motivaciones del pasado, como la frustración del semen humano, el placer desordenado, los efectos patológicos, no parece que puedan sostenerse en la actualidad.

La reformulación del juicio sobre el autoerotismo se hace hoy en una perspectiva personalista. El autoerotismo es juzgado por el Magisterio eclesial como un «acto intrínseca y gravemente desordenado», ya que, "sea cual fuere el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice esencialmente a su finalidad». En efecto, en un uso semejante falta la relación sexual que requiere el orden moral, esto es, la que realiza, dentro de un contexto de amor verdadero, el sentido íntegro de la entrega mutua y de la procreación humana. Todo ejercicio deliberado de la sexualidad tiene que reservarse tan sólo a esta relación regular.

En esta línea, la reflexión teológica, poniendo de manifiesto el poder de oblatividad y de diálogo interpersonal y social propio de la sexualidad, tiende hoy a fundamentar cada vez más la negatividad moral del autoerotismo en su separación estructural del amor, como comportamiento narcisista en contradicción con la lógica interna de la sexualidad misma. Visto en la dinámica personal real, el autoerotismo se juzga de diversas maneras según se presente como síntoma de un crecimiento en acto, o bien como un comportamiento bastante arraigado (hábito), o bien como una actitud mental profundamente negativa (mentalidad autoerótica).

La estrategia educativa, sin dramatizar pero también sin minimizar las cosas, tiene que estimular a un compromiso gradual, pero exigente. Sin fijar la atención en el hecho masturbatorio, tiene que inducir a revisar el estilo de vida, las situaciones de tensión o de depresión, a salir del propio mundo fantástico, a tener confianza en uno mismo y en caso de los creyentes,en Dios.

Algunas personas, por razones personales o religiosas, consideran el autoerotismo como algo pernicioso. Por ejemplo, la masturbación es considerada pecado por la Iglesia Católica,[1] [2] por no estar destinada a la reproducción.

Un buen número de prácticas autoeróticas están consideradas prácticas de riesgo,[3] incluyendo la autoasfixia y el auto-bondage.

Referencias[editar]

  1. Pautas de educación sexual, La Santa Sede
  2. Vocación a la castidad (no. 2352)
  3. Un estudio objetivo de fatalidades relacionadas al autoeroticismo

Véase también[editar]