Anjana

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Lamia de John William Waterhouse, 1909.
Lamia de Herbert James Draper, 1909.

La anjana (de jana, antiguo nombre con que se designaba a las hechiceras durante la Edad Media) es un personaje fantástico, referido por el costumbrista Manuel Llano en el primer tercio del s XX como parte de la mitología cántabra. Este autor recoge en su obra cuentos que dice haber oído a pastores y gente del campo (transcritos en dialecto montañés) relativos a la anjana en los valles de Santillana, Valdáliga, Rionansa, Lamasón, Polaciones, Cabuérniga, Aras, y Meruelo.

En los relatos de Llano se representa a esta con largas trenzas adornadas con lazos y cintas de seda, ceñida la cabeza con hermosas coronas de flores silvestres. Visten una fina y larga túnica blanca que cubren con una capa azul, y en sus manos llevan una vara de fresno, espino, o una pica dorada, con la que golpean la tierra, el agua, u otros objetos para hacer sus encantamientos. Tienen una piel blanquísima y una mirada amorosa y serena, pero pueden convertirse en personas, árboles, animales u objetos inanimados. Generalmente son seres bondadosos que amparan y ayudan a la gente necesitada o afligida, y poseen grandes palacios subterráneos, ocultos en torcas y cuevas -frecuentemente en fuentes y ríos-, en donde guardan magníficos tesoros que a menudo usan para tentar y castigar a los codiciosos y soberbios, o para favorecer a los más humildes o desfavorecidos de buen corazón. Llano pone en boca de un vecino de Viaña que algunas anjanas llevan ropa y calzado a los menesterosos cada cuatro años en el día de Reyes. Pero también hay anjanas malvadas, si bien su poder suele ser neutralizado por las bondadosas.[1] Estos seres feéricos son los antagonistas de los crueles y despiadados ojáncanos y ojáncana.

A las anjanas se las ve paseando por las sendas de los bosques, descansando en las orillas de los veneros y en los márgenes de los arroyos que parecen que cobran vida. Conversan con las aguas que manan de las fuentes y manantiales que es donde viven. Ayudan a los animales heridos, a los árboles partidos por las tormentas o los ojáncanos, a los enamorados, a aquellos que se extravían en la frondosidad del bosque o en el rigor de la nevada, a los pobres y a los que sufren. Cuando pasean por los pueblos dejan regalos en las puertas de los que se lo han merecido y si se las invoca pidiendo ayuda, ellas la prestarán, si quien la pide es buena persona, pero también castigan a quien obra mal.

La anjana está íntimamente relacionada con seres mitológicos como las xanas (mitología asturiana), las lamias,[2] las mouras (mitología gallega),[3] Mari y Mairu (mitología vasca) y las encantadas,[4] de hecho una y otras, en esencia, son versiones diferentes de la misma narración pero adaptadas a entornos culturales particulares.[4]

Referencias[editar]

  1. Llano Merino, Manuel (1931). «Las Anjanas». Boletín de la biblioteca Menéndez Pelayo (edición extraordinaria vol 1): 177. 
  2. CIRLOT LAPORTA, J.E. (2003). Diccionario de símbolos (10ª Ed.). Madrid, Siruela. ISBN 84-7844-352-5. 
  3. ÁLVAREZ, J.M. & MENÉNDEZ, E. (2002). Leyendas de España. Madrid, Editorial SM. ISBN 84-348-8663-4. 
  4. a b SELVA INIESTA, A. (1993). «La Encantada de la Camareta: antología e interpretación (revisión del tema)». Antigüedad y Cristianismo X. ISSN 0214-7165, 479-488. 

Obras literarias[editar]

  • COTERA, Gustavo. Mitología de Cantabria. Ed. Tantin Santander 1998
  • GARCÍA-LOMAS, Adriano. Mitología y supersticiones de Cantabria. Ed. ESTVDIO. Colección biblioteca Cantabria. Volumen 8. 1ª edición Santander, abril de 2000
  • GÓNZALEZ, Enrique. Mitos de Cantabria. Ed. Estvdio. Santander 1999
  • CABRIA GUTIÉRREZ, Juan Carlos. Dioses, mitos, héroes y leyendas de Cantabria. Ed. Cantabria Tradicional. Torrelavega. Noviembre de 2004

Enlaces externos[editar]