Andrés Bobola

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San Andrés Bobola
Bobola.jpg
San Andrés Bobola, jesuita polaco, patrono de Polonia.
Presbítero Mártir
Nacimiento 1591
Strachocina, Polonia
Fallecimiento 16 de mayo de 1657
Pinsk, Bielorrusia
Venerado en Iglesia Católica Romana
Beatificación 30 de octubre de 1853 por Pio IX
Canonización 17 de abril de 1938 por Pio XI
Festividad 16 de mayo
Patronazgo Polonia

San Andrés Bobola (1591- 16 de mayo de 1657). Clérigo Jesuita polaco, martirizado por unos cosacos durante la Rebelión de Jmelnytsky.

Vida[editar]

Andrés Bobola nació en el condado de Sandomir, allí donde el caudaloso Vístula tuerce su rumbo nordeste y enfila directamente hacia el norte antes de llegar a Varsovia. Su familia procedía de Bohemia, aunque llevaba ya tres siglos afincada en Polonia. Durante los primeros decenios de la Compañía de Jesús la había ayudado para la fundación de los colegios de Varsovia, Cracovia y Vilna. No es extraño, por lo mismo, que Andrés, nacido en 1591, fuera confiado a aquellos padres para su formación científica y religiosa en el colegio de Sandomir. Allí brotó la semilla de su vocación al apostolado. El 31 de julio, día del entonces Beato Ignacio de Loyola, entraba en el noviciado de Vilna, ciudad tan disputada siempre entre lituanos, rusos y polacos, y que en el gran reino polaco de aquellos tiempos constituía la capital de Lituania, inmenso territorio extendido desde el Báltico hasta los cosacos saporogas, aunque compuesto por pueblos no lituanos en su mayoría. Sólo su unión con Polonia había podido dar estabilidad a aquel conglomerado, introduciendo la preponderancia polaca, al fin y al cabo eslava, y de población más numerosa, entre los rusos blancos y los ucranianos. Pio XII, en reciente encíclica, supone que debió luchar duramente en su imitación de Cristo, debido a su ánimo elevado y un tanto pertinaz. Para ello oró con fervor y constantemente. Llamaron la atención su amor a Dios y al prójimo, sus largas oraciones ante el sagrario, sus auxilios a los necesitados. Pronto pudo tomar parte en el apostolado aun antes de su sacerdocio, especialmente durante su magisterio en los colegios de Bromberg y de Pultusk, consagrándose a la defensa y dilatación de la fe católica en aquellas encrucijadas de cismas y herejías. En sus concurridos catecismos inculcaba, sobre todo, la devoción a la Eucaristía y a la Virgen Santísima. Llegó el año 1622, y pronto corrió entre los jesuitas la fausta noticia de la próxima canonización del fundador, Ignacio, en compañía del más insigne de sus hijos, Javier, el 12 de marzo. Fecha tan memorable fue elegida para la ordenación de los nuevos sacerdotes. Bobola, que ya había vuelto al colegio de Vilna para estudiar teología, tuvo la suerte de recibir las órdenes sagradas ese día. A fines de aquel mismo año, 1622, comenzó su tercera probación en la casa de Nieswiez. Se han conservado providencialmente las relaciones de sus superiores de ese año. Por ellas podemos saber que hizo el mes entero de ejercicios, "poniendo en ellos toda su voluntad". Realizó también las demás pruebas de ejercicios humildes en la cocina y en la casa con edificación, hizo su peregrinación pidiendo limosna "con prontitud de espíritu, vigor del cuerpo y satisfacción de todos", enseñó el catecismo a los niños y dio una misión "con aplauso de todos". Sin embargo, se hizo notar aún más el generoso esfuerzo y el ardiente empeño en extirpar sus defectos, procurando llegar a un equilibrio conveniente, moderando su carácter impulsivo, temperamentalmente fogoso, inclinado a defender con firmeza sus puntos de vista personales. Por todo ello se ve que no era su camino el de los mediocres o contentadizos, sino el de los generosos, que, cuando van bien guiados, escalan con más rapidez y seguridad las cimas de la perfección. De este modo su carrera de formación religiosa, comenzada bajo la dirección del padre Lorenzo Bartyliusz, de gran fama de santidad, y terminada con una tercera probación sólidamente fecunda, facultaron a Bobola para un inmediato y fructífero apostolado. Bobola podía ser destinado a las regiones propiamente polacas, donde la unidad de la fe católica era más completa que en los bordes fronterizos del gran Estado polaco del seiscientos. Pero su misión miró siempre hacia las regiones orientales del país en uno de sus momentos más decisivos, tanto desde el punto de vista político como religioso. Comenzó por una nueva estancia de seis años (1624-1630) en Vilna, la ciudad de toda su formación religiosa, teniendo, sobre todo, el cargo de la iglesia en su colegio. Baste notar que una estadística de 1624-25 habla de miles de confesiones, de la conversión de 10 herejes, de 34 cismáticos y 20 ateos, además de otros frutos espirituales de alguna importancia "entre usureros, ladrones y condenados". Bobola se hallaba asistido en esta labor por dos compañeros. Fue director de la congregación mariana del colegio. Estimado predicador, conocido por la intrepidez de su fervor cristiano, era reclamado en otras ciudades al tener noticias de su apostolado. Consiguió vocaciones sacerdotales, dirigió conciencias, dio misiones populares, asistía a los enfermos y moribundos, y se distinguió durante dos pestes notables, la primera en Vilna (1625) y la segunda en Bobruisk, en 1633. De 1630 a 1633 le vemos en esta pequeña ciudad asentada junto al luego famoso río Beresina, muchas veces citada en las diferentes guerras que han asolado aquella región. Era una tierra extrapolaca, habitada por rusos blancos, con pocos polacos entre ellos, en gran peligro de defección religiosa al no contar con sacerdotes propios. Los últimos veinticuatro años (1633-1657) es ya el misionero constante, que va de una a otra zona del país oriental, apareciendo en primera fila entre los vanguardistas de la fe católica por aquellos territorios tan disputados entre el cisma y la Iglesia católica. Unas palabras sobre esta dolorosa situación: Los habitantes de las regiones orientales de Polonia, tanto del antiguo Estado como del moderno hasta 1945, han sido en su mayoría cismáticos orientales, de rito bizantino-eslavo y de raza ucraniana. Estos territorios quedan comprendidos en la actualidad en su mayor parte en las repúblicas soviéticas de Ucrania y Rusia Blanca. Polonia llegaba en tiempo de Bobola hasta el Dniéper, rebasándolo en algunas partes. El cisma no se había producido por separación directa y formal de estos pueblos de Roma, sino por su unión con el patriarcado de Constantinopla, que les había dado generalmente su fe y su rito. Al separarse la Iglesia griega de Roma] ellos se vieron arrastrados al cisma casi sin notarlo. Mas luego sobrevino el odio, una vez que los polacos católicos tuvieron ocasión de avanzar hacia el Oriente y encontrarse con las pretensiones rusas de convertir a Moscú en el centro de reagrupación política y religiosa de todos los eslavos. A pesar de estas dificultades se logró la unión de Brestlitowsk (1596), por la que la mayoría de los obispos cismáticos de los territorios polacos se unieron a la Iglesia romana conservando su rito propio. Costó, sin embargo, mucho en algunas partes el llevar a cabo de hecho la unión, especialmente en las fronteras con Rusia, que ya había empezado su marcha hacia Polonia, y perseguía a sangre y fuego todo vestigio unionista en las tierras que reconquistaba. Contra estos enemigos luchó Bobola de 1630 a 1657. Era tiempo de martirios. En 1623 fue martirizado San Josafat Kuricewicz. De 1648 a 1655 los cosacos destruyeron unos treinta conventos o residencias de dominicos, asesinando a noventa y cinco de sus religiosos. Fueron también varias las casas de jesuitas que corrieron la misma suerte, con muerte de cuatro en Nowgorod y otros varios en otras partes. En este tiempo la ciudad de Pinsk, en la comarca conocida por las marismas del Pripet, residencia del padre Andrés durante largas temporadas, fue ocupada y perdida varias veces con las consiguientes devastaciones. De todo ello se verá el temple de ánimo que se necesitaba en aquellas regiones para hacer frente a las irrupciones, animando a los católicos y tratando de conservar o ganar ora vez a los uniatos vacilantes en medio de la tormenta. Fue la época más larga y más efectiva para este apostolado de Bobola. Los historiadores o comentaristas de la época hacen resaltar la importancia de los éxitos obtenidos. Era natural que un apóstol de este temple fuera una víctima de predilección de las hordas cosacas en sus incursiones ofensivas hacia el interior de Polonia. Y así fue. Era el mes de mayo de 1657, cuando la naturaleza, casi muerta durante los largos meses invernales rusopolacos, intentaba recobrarse de su letargo y anunciar después de los deshielos una fecunda estación estival. Los cosacos aprovecharon la ocasión para dominar otra vez a Pinsk. Los padres del colegio se refugiaron en diversas partes. Bobola se dirigió a Janow, dijo allí su misa la madrugada del 16 de mayo y proseguía su marcha cuando se vio sorprendido por sus enemigos. "¡Señor! ¡Hágase tu voluntad!", exclamó. Trataron al principio de ganarle para el cisma; pero, ante su rotunda negativa, las halagadoras palabras dieron lugar a uno de los martirios más cruentos que se conozcan. Le ataron allí mismo a un árbol y le azotaron despiadadamente, mientras le apretaban una corona de ramas en la cabeza. Atado, fue arrastrado por los caballos de sus verdugos hacia Janow, donde se le invitó otra vez al cisma: "Soy un sacerdote católico. He nacido en la fe católica y quiero morir en ella. Mi fe es buena, es verdadera, es la que lleva a la salvación." A esta profesión siguió el ataque del cabecilla mismo, blandiendo su espada, que cortó tres dedos del Santo, al llevar éste su mano a la cabeza para detener el golpe. Volvió a profesar su fe, por la que daba gustoso la vida. Un puñal le arrancó un ojo. Le condujeron a un matadero, le quemaron el pecho y la espalda, mientras insistían en sus intentos de apostasía. Ante su negativa, le arrancaron parte de la piel de la cabeza, le produjeron diversas heridas y mutilaciones sin cuento, mientras el mártir exclamaba únicamente: "¡Jesús, María, ayudadme! Iluminad a estos ciegos con vuestra luz. Convertidles y arrancadlos del error. ¡Señor! ¡Hágase tu voluntad! ¡Jesús, María, en vuestras manos encomiendo mi espíritu!" Para no oír sus palabras le arrancaron la lengua y luego le atravesaron el corazón por el lado izquierdo. Enterrado en Pinsk, sus restos fueron más tarde trasladados a Polock, cayeron dos veces en manos de los cismáticos y por fin, de los bolcheviques, hasta que en 1923 se consiguió traerlos a Roma, donde reposaron hasta su canonización. Entonces fueron llevados a Varsovia. En 1819 el padre dominico Korzeniescki, abrumado por las desgracias de su patria, invocó a Bobola y vio al Santo, quien le mostró en las llanuras polacas ejércitos de rusos, turcos, franceses. ingleses, austríacos, prusianos y otros que no distinguió. Bobola le prometió que al acabar aquella guerra Polonia sería independiente y él sería su principal Patrón.

Beato Pio IX quien beatificaríaa Andres Bobola en 1853.

Esta famosa profecía se publicó muchas veces. La Civiltá Cattolica la reimprimió en 1854, al año siguiente de la beatificación de Bobola, cuando su cumplimiento parecía muy remoto. Pero todo el mundo la recordó entre 1914-1918, especialmente al terminar la guerra. Aun, ahora Polonia es la nación que mejor resiste a los intentos comunistas desde el poder, obtenido por las bayonetas moscovitas y las falsías de sus jefes. ¿Sería mucho atribuirlo en parte a la protección del Santo, y esperar que completará su obra dando la libertad que merece a aquella tan desgraciada como católica y heroica nación? Bobola fue beatificado por Pío IX en 1853 y canonizado por Pío XI en 1938. Pío XII ha escrito una conmovedora encíclica al mundo católico con ocasión del tercer centenario de su martirio, 16 de mayo de 1957.

Festividad y patronazgo[editar]

Pio XI quien Canonizaría a Bobola en 1938 en los Estados Pontificios .

Su festividad se celebra el 16 de mayo. Declarado beato por Pío IX el 30 de octubre de 1853, fue canonizado por Pío XI el 17 de abril de 1938. El día de su festividad de 1957 (16 de mayo), con motivo del 300 aniversario de su martiro, Pío XII promulgó la encíclica Invicti Athletae[1] dedicada a su gesta.

Desde el 16 de mayo de 2002, San Andrés Bobola es el celestial patrono de Polonia y de la diócesis de Varsovia

Cuerpo incorrupto[2] [editar]

El rector del colegio de Pinsk, Padre Martin Godebski en 1701 ordenó buscar la sepultura de Andrés Bobola y apareció totalmente incorrupto, lo que fue considerado como prueba de santidad. En 1719, un equipo médico igualmente declaró que el cuerpo estaba incomprensiblemente incorrupto. Dos siglos después, los bolcheviques, trasladaron el cuerpo en 1922 a Moscú como curiosidad para ser expuesto en el Museo de Higiene Popular de Moscú. Actualmente, después de diversas vicisitudes el cuerpo incorrupto de San Andrés Bobola está enterrado en el santuario elevado para su veneración en Varsovia, en la calle Rakowiecka.

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Encíclica Invicti Athletae Christi en inglés : [1]
  2. Recuerdo personal del cuerpo incorrupto relatado por León Lopetegui, S.J.; en Mercabá [2]