Tamar (Génesis)

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Tamar (en hebreo: תָּמָרpalmera)?, en la Biblia fue dos veces la nuera de Judá, así como la madre de dos de sus hijos, los gemelos Farés y Zara.

Representación romántica del arreglo de Tamar y Judá; por Horace Vernet, Wallace Collection, Londres

El Génesis[1] relata el episodio de Judá, el hijo de Jacob, con su nuera Tamar. Judá se casó con la hija de un cananeo llamado Súa, la cual le dio tres hijos en este orden: Er, Onán y Selá. Er desposó a Tamar, pero murió sin tener heredero. Onán se casó después de su muerte con la viuda Tamar según la Ley del levirato. Más sabiendo que, debido a esa ley sus hijos no serían suyos, evitó consumar su relación. La conducta de Onán motivó su muerte. Judá pidió a Tamar que se quedara en la casa de su padre, hasta la mayoría de edad del tercer hijo, Selá, que la desposaría.

La velada Tamar engaña a Judá para quedar embarazada. Representación barroca de un pintor anónimo holandés del S. XVII. Residenz Galerie, Salzburgo.

Tamar, pasando el tiempo y pensando que Judá nunca le daría a su último hijo por esposo, se disfrazó de prostituta y tuvo relaciones carnales con su suegro, que había quedado viudo. Tamar quedó embarazada. Aún sin que Judá la reconociera, logró que le entregara su sello y su bastón como prenda hasta que le pagara un cabrito prometido por prestarse a la relación. A los tres meses, dijeron a Judá que Tamar estaba embarazada, por lo que ordenó que la ajusticiasen como castigo por su adulterio. No obstante, Tamar probó gracias al sello y el bastón de su suegro que era él quien la había embarazado. Judá la perdonó, ya que se sentía culpable por no haberle dado a su hijo Selá. Tamar alumbró dos gemelos: Farés y Zara.

En Farés siguió la genealogía de Jesús, como relatan los Evangelios de Mateo (Capítulo I) y Lucas (Capítulo III-33). Siendo esta relación conflictiva, y sin embargo es la genealogía de Jesús, los autores[2] subrayan que Tamar, consigue con engaño una descendencia que Judá le negaba y también el derecho que nace del perdón, después de una conducta taimada.


Notas[editar]

  1. Capítulo 38
  2. Véase Joseph Ratzinger, La Bendición de la Navidad, Editorial Herder, 2007. Pág 39 y 40