San Antonio del Norte

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San Antonio del Norte
Municipio
San Antonio del Norte ubicada en Honduras
San Antonio del Norte
San Antonio del Norte

Coordenadas 13°53′00″N 87°42′00″O / 13.88333, -87.7Coordenadas: 13°53′00″N 87°42′00″O / 13.88333, -87.7
Capital San Antonio del Norte
Entidad Municipio
 • País Honduras
 • Departamento La Paz
Subdivisiones 6 aldeas y 45 caseríos
Superficie  
 • Total 77,6 km²
Altitud  
 • Media 270 m s. n. m.
Población (2015)  
 • Total 2,784[1]​ hab.
 • Densidad 35 87 hab/km²
Huso horario -6 (UTC)
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San Antonio del Norte es una municipalidad en el departamento de La Paz, en Honduras.

Fotografia del Centro de la Población
La imagen data de inicio de la década de los 80´s tomada de la portada de la Biografía de San Antonio del Norte, realizada por el Prof. Rafael Antonio Castillo Lizardo

Localización[editar]

El municipio colinda al norte con el municipio de San Juán, al sur con el municipio de Caridad, al este con los municipios de Lauterique y Aguanqueterique y al oeste con el municipio de Mercedes de Oriente y con la República de El Salvador.[2]​ La cabecera municipal está asentada en una pequeña sabana rodeada de cerros.

Datos históricos[editar]

Sólo se ha encontrado el título del terreno de este municipio, que antes se llamaba "San Antonio de Padua" y sin duda por el fuerte viento que azota ese lugar le dieron el nombre de San Antonio del Norte; en 1739 el terreno fue vendido al convento de Nuestra Señora de La Merced, de la Provincia de Comayagua, en 1857 fue adquirido por compra de la diócesis de Comayagua, después lo vendieron a esa municipalidad; en la División Política Territorial de 1889, era cabecera de Distrito.[3]

Como se Originó el Nombre de San Antonio del Norte[editar]

Cuenta la tradición, que en la altiplanicie que se yergue majestuosa y altanera en las alturas del imponente Cerro Zapigre, situado al Suroeste de la población y con una altura de 797 metros sobre el nivel del mar, tuvo su primitivo asiento un pueblo laborioso y tranquilo que consagraba sus quehaceres a los nobles afanes de la agricultura, fuente de bienestar y de riqueza, que constituye el primer renglón en el progreso económico de los pueblos de este sector.

Con su fornida contextura y su piel curtida por el sol, vivía aquí don Plutarco, rico hacendado que frisaba en los 45 años, acompañado de su mujer doña Felipa, altiva y despierta campesina de 40 años y de SU única hija Cordelia, dulce y angelical doncella, con quienes se dedicaba a la crianza de animales, contando en su haber con un seleccionado conjunto de ganado vacuno, caballar, porcino y cabrío, además de una variada cantidad de aves de corral que les proporcionaba los productos necesarios para su alimentación diaria.

Desde aquellos remotos tiempos y como es del conocimiento de los nativos de esta zona, las personas, que por SU edad y por los méritos que les abonan, son tratadas, respetadas y distinguidas con el nominativo de "Tio Fulano" y "Tia Zutana", por lo que no es extraño, que en el ambiente familiar y con el cariño

a que se han hecho acreedores, al referirnos a algunos

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sujetos de nuestra predi1ección, los nombremos por "Tío Macario" "Tío Bocho", 'Tío Ruperto", Tío Perucho" "Tio Santiago", "Tío Miguel", Tia Challa", "Tio Catocha", "Tia Delfina'', ' Tía Marcos' , etc., es el caso que los personajes que motivan esta historia eran conocidos en su lugar de origen y alrededores; por "Tío Plutarco" y "Tía Felipa ', quienes acostumbraban hacer sus temporadas en el sitio en donde hoy está ubicada la cabecera municipio, que, en aquel entonces, se distinguía por la frondosidad de sus exuberantes pastos que en la época del invierno semejaban una prolongada alfombra cuajada de verdes gramales, que daban un aspecto fantástico de sugestiones atrayentes.

En un predio piano y emotivo, tenía "Tío Plu tarco" su casita, construida de bahareque y con techo cubierto de hojas de chaparro, contando con un tapesco grande, que constituía su cama matrimonial y con otro pequeño, que servía de dormitorio a su hija Cordelia, contando además con una hermosa canoa, donde cuajaba la leche que recogía en el ordeño y con un cacaste de grandes dimensiones, donde conservaba los quesos y la mantequilla colada, que guardaba en vejigas especiales y cuyos productos eran tan preferidos, que para su expendio, no tenía que moverse a otros lugares, porque tanto en los pueblos circunvecinos, como en los de El Salvador tenían una demanda extraordinaria debido a su excelente calidad y a su exquisito sabor, por lo que tanto "Tío Plutarco" como "Tía Felipa:', se habían hecho tan populares, que su hija Cordelia, en la fragante plenitud de sus veinte años, con su carita de ángel, su sedosa cabellera negra, sus manos mórbidas y sus f acciones blancas y fascinantes, constituía el encanto y el centro de atracción de los apuestos jóvenes, que ávidos de conquistarla, ofrecían hasta su Vida por hacerla dueña de sus más caros amores. Pero un día inesperado, se esfumaron las ilusiones de sus pretendientes, que frecuentemente la visitaban, porque Tío Plutarco dispuso poner pie en tierra para largarse nuevamente al lugar de su procedencia con todos sus haberes, semovientes y en compañía de su mujer y de su hija. Como su regreso lo efectuara a hurtadillas de Ios pretendientes de Cordelia en horas avanzadas de la tarde y precisamente en el mes de noviembre, que es la época en que los vientos del Norte soplan con violencia, sucedió que cuando iban ascendiendo las alturas de "EL MOGOTE", fueron sorprendidos por la oscuridad de la noche, acompañada por las ráfagas de un viento estrepitoso y ensordecedor, que producía un frío penetrante que calaba hasta los huesos. ·

La lobreguez de una noche que no se miraban ni las manos y las olas de un viento tempestuoso que les azotaba el rostro y les propinaba tremendos aletazos, hicieron que los tres viajeros, asidos de las manos, para no desviarse del rumbo que llevaban y no perder el equilibrio, emprendieron su marcha con paso macerado y vacilante, al extremo que "Tío Plutarco", compungido por la desesperación y el desaliento, se vio precisado a elevar sus férvidas plegarias al Santo Patrón, para que con la ayuda de Dios, lo sacara con bien en tan abatido trance, por lo que continuamente repetía:  !San Antonio, líbranos del Norte!  !San Antonio, líbranos del Norte!, pero como el viento seguía impertérrito ante los ruegos del creyente, al avanzar la noche se ponía mas fuerte haciendo que los caminantes chocaran con los troncos de los árboles y aumentara la inquietud y el desespero, por lo que repitiendo las plegarias de "Tío Plutarco", a una sola voz exclamaban:  !San Antonio, líbranos del Norte! !San Antonio, líbranos del Norte! y como vagando impelidos por un horrido huracán de inquietante pesadilla,

en vez de decir: !San Antonio, líbranos del Norte!, fuera de juicio ya, solamente se concretaban a excla mar:  !San Antonioooo, del Norte!,, San Antoniooooo, del Norte!, iSan Antoniooooó, del Norte!, exclamación que al reducirse trajo como consecuencia la designación del nombre del pueblo de "SAN ANTONIO DEL. NORTE".

Al amanecer, cuando ya el viento se había calmado y los viajeros habían recobrado la razón, llegaron al lugar de su destino en donde recibieron de inmediato la visita de cortesía de sus conterráneos, a quienes no podían narrar sus aventuras y las horas monstruosas que habían vivido en el trayecto, por lo que Cordería, con su faz color de lirio, sonrosada por los resquemo res del viento y del roció de la noche y con su mirada diáfana y profunda, a instancias de sus padres, relató a los visitantes la agonizante tragedia que en altas horas de la noche habían sufrido en medio de los matorrales y el ascenso de los barrancos, a la vez que, con un tono sarcástico, les manifestaba que en su abatimiento en vez de exclamar:  !San Antonio, líbranos del Norte!, solo decían:  !San Antonioooo, del Norte!, !San Antoniooooo del Norte!, de aquí, que todos los vecinos del poblado, al narrarles "Tío Plutarco" las ventajas que ofrecían para la crianza de animales aquellos llanos verdegueantés donde había convivido con su mujer y con su hija, dispusieron trasladarse todos juntos al lugar en donde hoy se encuentra ubicada la población, a la que en recuerdo a la exclamación de "Tio Plutarco" y en homenaje a su Santo Patrón San Antonio, la designaron con el atinado nombre de "San Antonio del Norte" y a sus habitantes se les denomina "norteños".

Esta información es recopilada de la Biógrafia de este municipio realizada por el Prof. Rafael Antonio Castillo.

Aldeas[editar]

El término municipal tiene las siguientes cinco aldeas:[4]

  • San Antonio del Norte
  • Hato Viejo
  • Las Cañas
  • Matapalo
  • Pitahayas

Referencias[editar]

  1. http://www.ine.gob.hn/index.php/component/content/article?id=103
  2. http://www.ordenamientoterritorial.hn/images/creacion_municipios/la_paz/san%20antonio%20del%20norte.pdf Datos de organización territorial de Honduras
  3. Fiallos, Carmen. 1989. "Los Municipios de Honduras".
  4. Instituto Nacional de Estadísticas, Honduras. (Censo 2001)