Junta Tuitiva

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Se denomina Junta Tuitiva de los Derechos del Rey y del Pueblo al gobierno local formado en La Paz.

La Junta Tuitiva de La Paz se formó tras el levantamiento de la ciudad el 16 de julio de 1809.

Antecedentes[editar]

El 16 de julio de 1809 fue el hito más importante de la primera etapa de una revolución que hizo temblar las estructuras de la Colonia.

La revolución de julio fue el resultado de una acción decidida y comprometida de mestizos y criollos. Hombres y mujeres se movilizaron como parte del pueblo que se impuso al régimen colonial.

Sobre la participación del pueblo Aymara, o "los indios" (como despectivamente se llama a los aymaras) hay que dejar claramente establecido que el pueblo aymara no participo de la junta tuitiva en absoluto.

De hecho, el pueblo Aymara nunca se libero del colonialismo español y con la creación del estado boliviano la colonización sobre el pueblo aymara continuo e incluso se radicalizo. Al presente, a pesar de que el estado boliviano ha hecho de todo para obligar a los aymaras a creer en murillo y en la junta tuitiva (propaganda, publicidad, educación, adoctrinamiento, desfiles) estos continúan soñando con ser libres algún día (pachakuti) libres de verdad.

Eventos[editar]

Aprovechando que toda la atención estaba en la procesión de la patrona castrense la Virgen del Carmen y por ello se habían licenciado las tropas, los revolucionarios encabezados por Pedro Domingo Murillo apoyados por el Batallón de Milicias al mando de su segundo jefe, Juan Pedro de Indaburu, tomaron el cuartel de Veteranos, arrestaron a los oficiales y convocaron al pueblo a la plaza por medio de campanas y pidieron un cabildo abierto, solicitando que fueran separados de sus cargos el obispo de La Paz Remigio de la Santa y Ortega y el gobernador intendente interino Tadeo Dávila. Éste intentó sofocar la revuelta y se dirigió hacia el cuartel, en donde fue arrestado. El cabildo aceptó realizar esa noche un cabildo abierto admitiendo e incorporando como representantes del pueblo a Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagárnaga y Juan Basilio Catácora. Tras la renuncia del gobernador y del obispo, la deposición de los alcaldes ordinarios y de los subdelegados partidarios, el cabildo secular de la ciudad dispuso que Murillo asumiera como comandante militar de la provincia con el grado de coronel, mientras que Juan Pedro de Indaburu quedó como su segundo, otorgándosele el grado de teniente coronel. Todas las deudas en favor del fisco fueron abolidas y los documentos que las avalaban fueron quemados.

El cabildo tomó el nombre de Junta Gobernadora, conformándose en una junta de gobierno consultiva de doce miembros, denominada Junta Tuitiva de los derechos del Rey y del Pueblo:

Posteriormente fueron nombrados como vocales suplentes:

Posteriormente se incorporaron los Diputados indígenas de los partidos:

Al día siguiente fueron convocados los españoles europeos en la plaza, a quienes se les hizo prestar el juramento de:

(...) hacer perpetua alianza con los criollos, no intentar cosa alguna en su daño, y defender con ellos la religión y la patria.

Proclama[editar]

El 27 de julio se aprobó el "Plan de Gobierno" de diez artículos que se considera el primer estatuto constitucional de América Latina. Se enviaron diputados a cada uno de los seis partidos de la Intendencia de La Paz. Se formaron tres ministerios, llamados departamentos: Gobierno, Gracia Justicia, Culto y Hacienda.

Proclama de la Junta Tuitiva:

Se trata de un texto, con la retórica y el estilo propio de los juristas de la Academia Carolina. En esta Academia estudiaron numerosos abogados paceños que participaron en el levantamiento del 16 de julio de 1809: Basilio Catacora, Juan Bautista Sagárnaga, Manuel de Oma y Echevarría, Gregorio Lanza, Tiburcio León de la Barra, Joaquín de la Riva, Felipe de la Riva, Juan Pórcel; Manuel Ortiz, Federico de Castro, José Aliaga,Bartolomé Andrade, Gabino Estrada, Baltasar Alquiza, Crispín Santos Diez de Medina y Gerónimo Calderón de la Barca. Todos ellos estudiaron en Chuquisaca y precisamente ahí entraron en contacto con las redes independentistas y estuvieron con varios de los más importantes revolucionarios sudamericanos.

Compatriotas: Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana, nos ha mirado como a esclavos; hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio de humillación y ruina. Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional español. Ya es tiempo, en fin de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía. Valerosos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos; no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.

El manuscrito original se encuentra en el Archivo General de la Nación Argentina, en Buenos Aires, entre los papeles incautados y enviados a las autoridades del Virreinato del Río de La Plata, del que dependía la Real Audiencia de Charcas.

La junta envió un oficio al gobernador de Potosí explicando su accionar:

Si este Pueblo reunido con todas sus jerarquías que lo forman pidió a voces la deposición de sus autoridades, fue porque le eran sospechosas y caminaban de acuerdo con otros jefes de este Reino para realizar sus miras infames y ambiciosas.

Reacción realista[editar]

Mientras tanto el intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, desconoció a la Audiencia de Charcas que había emitido un silogismo independentista y apoyado a la Junta Tuitiva de La Paz. Procedió entonces en Potosí a separar a los oficiales americanos del Batallón de Cívicos e hizo arrestar a varios simpatizantes de la Audiencia independentista, entre ellos a los jefes del Batallón de Azogueros. Pidió ayuda al virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa. El presidente interino de la Real Audiencia del Cuzco, brigadier José Manuel de Goyeneche, por instrucción del virrey Abascal, ofreció al virrey del Río de la Plata Baltasar Hidalgo de Cisneros sus fuerzas militares para actuar sobre los sublevados de La Paz y de Chuquisaca. Cisneros aceptó el 21 de septiembre pidiendo que se coordinara con el general Vicente Nieto quien había sido nombrado presidente de la Audiencia de Charcas.

Abascal envió al gobernador de Huarochiri coronel Juan Ramírez Orozco a tomar el mando de las tropas en la frontera de la Intendencia de Puno y la de La Paz. Estableciéndose el campamento en el pueblo Zepita, a donde envió una compañía del Regimiento veterano Real de Lima y milicias de Arequipa, Cuzco y Puno. La vanguardia al mando del coronel Piérola desalojó a los revolucionarios del puente sobre el río Desaguadero, límite entre los virreinatos.

El 20 de septiembre Goyeneche se puso en marcha hacia el Campamento de Zepita, mientras que el gobernador intendente de Potosí Paula Sanz movilizaba sus tropas hacia Chuquisaca y Cisneros enviaba un contingente desde Buenos Aires de casi un millar de soldados al mando del nuevo presidente de la Audiencia de Charcas general Vicente Nieto y del subinspector general Bernardo Lecocq.

Las tropas partieron de Buenos Aires el 4 de octubre de 1809, incorporando algunos soldados en Salta. Participaban soldados veteranos de Dragones, del Regimiento Fijo de Infantería y del Real Cuerpo de Artillería, una compañía de marina y tropas milicianas de Patricios, Arribeños, Andaluces, Montañeses y Artilleros de la Unión.

Enfrentamientos[editar]

La Junta Tuitiva organizó la defensa de La Paz y envió a Victoriano Lanza a Chuquisaca para pedir auxilios mientras intentaba propagar la insurrección en otras ciudades. El material militar existente en la ciudad sólo era de 800 fusiles y 11 piezas de artillería. Goyeneche recibía secretamente bagajes del subdelegado de Larecaja Francisco Mutari, quien le servía de contacto con sus partidarios en La Paz. El 25 de septiembre fue abortada una contrarrevolución realista encabezada por Francisco San-cristóbal, quien fue arrestado. El 30 de septiembre fue disuelta la Junta Tuitiva, asumiendo Murillo el mando político y militar, disolviéndose también el escuadrón de Húsares. El 12 de octubre fue sofocado un nuevo intento contrarrevolucionario realista.

El 13 de octubre Goyeneche abandonó el Campamento de Zepita rumbo a La Paz, mientras el 15 de octubre Murillo trasladó las tropas y la artillería a Chacaltaya, excepto una compañía que permaneció custodiando la ciudad. De esa compañía se apoderó Juan Pedro de Indaburu el 18 de octubre, pasándose a los realistas, capturando a varios revolucionarios y haciendo ahorcar al día siguiente a Pedro Rodríguez. Murillo entró con las tropas en la ciudad, siendo herido Indaburu y ejecutado por Antonio de Castro, mientras las tropas saqueaban La Paz, retirándose ese mismo día hacia Chacaltaya.

El 25 de octubre Goyeneche atacó con artillería Chacaltaya, por lo que los revolucionarios huyeron hacia el Partido de las Yungas abandonando la artillería, 200 fusiles y posibilitando la entrada de Goyeneche en la ciudad ese mismo día. Desde allí envió al coronel Domingo Tristán con una división de 100 hombres hacia las Yungas, en donde entre octubre y noviembre de 1809 derrotó a Victorio García Lanza en los combates de Irupana y Chicaloma. Luego de este último fueron ejecutados Lanza y Antonio de Castro poniendo sus cabezas en picas. Mientras Murillo fue apresado en los primeros días de diciembre en Zongo. Luego también apresaron a muchos otros revolucionarios.[1]

Represión[editar]

Ejecución de Pedro Murillo, por Joaquín Pinto.

Tras dominar la insurrección, Goyeneche ordenó el juzgamiento de los revolucionarios. El virrey Cisneros le ordenó que «procediese contra los reos pronta y militarmente aplicándoles todo el rigor de la ley». Mientras que el general Vicente Nieto pedía «practicar el pronto, ejecutivo y veloz escarmiento». Diez de los cabecillas fueron ahorcados, otros fueron degollados y sus cabezas clavadas en picas colocadas en la vía pública y otros fueron puestos en prisión o desterrados a las islas Malvinas y a las Filipinas, a todos se les confiscaron los bienes. En total se hicieron 86 procesos hasta marzo de 1810.[2]​ Los ejecutados el 29 de enero de 1810 fueron: Basilio Catacora, Buenaventura Bueno, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Juan Antonio Figueroa, Apolinar Jaén, Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagárnaga y Pedro Domingo Murillo quien, según una leyenda que fue difundida en La Paz, antes de su ejecución en la horca pronunció las siguientes palabras:

Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar, ¡viva la libertad![3]

El 7 de marzo de 1810 Goyeneche salió de La Paz para retornar al Cuzco, dejando a Juan Ramírez Orozco como gobernador intendente, junto con 400 hombres.

El pueblo Aymara y la junta tuitiva[editar]

Sobre la participación del pueblo aymara, o “los indios” (denominación despectiva con el que se nombra a los Aymaras). Hay que dejar claramente establecido que el pueblo Aymara no participo en la organización y realización de la junta tuitiva en absoluto ni se benefició del mismo, algo que se evidencia con los documentos históricos del momento incluido la proclama de la junta tuitiva (donde no se menciona al pueblo Aymara) y que además se constata con el hecho de que la colonización sobre el pueblo Aymara continúo existiendo durante la época republicana de Bolivia con total normalidad privando al pueblo Aymara de ser verdaderamente libre.

En la visión histórica que tienen el pueblo Aymara sobre la junta tuitiva se tiene el siguiente resumen: En ese momento los Aymaras eran un pueblo colonizado y sometido por los españoles. En tanto que la junta tuitiva fue un hecho histórico organizado por los mismos españoles que en ese entonces vivían en la ciudad española de La Paz (hoy Bolivia) quienes, ante la crisis desatada por encontrarse ante un contexto internacional desfavorable a raíz de la derrota del imperio español en las guerras napoleónicas, el surgimiento hegemónico del imperio británico que amenazaba con invadir las colonias de España en américa (invasión inglesa), la invasión francesa de España, la abdicación del rey de España Carlos IV, el apresamiento y exilio del sucesor en el trono español Fernando VII. Es decir, ante un nuevo contexto político internacional desfavorable que significaba una amenaza inminente de perderlo todo, algunos colonizadores españoles revolucionarios de América, como respuesta a la crisis, e inspirados por la independencia de Estados Unidos y la revolución francesa, se ven en la imperiosa necesidad de proponer la creación de nuevas condiciones socio-políticas que permitan la continuidad del sistema colonial y así mantener y proteger los privilegios que se tenían hasta ese momento gracias a la colonización ejercida sobre el pueblo Aymara, en el caso de La Paz. Lo cual encontrara resistencia en otros colonizadores españoles más conservadores leales a la monarquía que no querían saber nada de revoluciones.

Con el tiempo los españoles se dividirán en dos facciones, independentistas y realistas, ambos a favor de mantener el sistema colonial, pero con diferencias en la forma, ni la junta tuitiva del 16 de julio de 1809 ni los posteriores actos que sucedieron, tenían la más mínima intención de acabar con el sistema colonial sobre el pueblo Aymara sino todo lo contrario de mantenerlo. No obstante que en la proclama de la junta tuitiva los patriotas independentistas se presentan como víctimas del colonialismo, por lógica es absurdo que estos se auto-victimicen de los efectos de la colonización siendo que ellos mismos la promovían y se beneficiaban de ello. De manera que el rol de víctimas de la colonización que asumieron los independentistas es una falacia histórica, y con el tiempo ya en la republica los antes independentistas convertidos luego en bolivianos promoverán, ejercerán y realizarán el sistema colonial (colonialismo) sin ningún problema llegando incluso a radicalizarse en genocidio, en otras palabras, para los Aymaras los colonizadores nunca se fueron.

De hecho, el pueblo Aymara nunca logro liberarse del colonialismo español por lo que nunca recobro su libertad y con la creación del estado boliviano la colonización sobre el pueblo Aymara continuo e incluso se radicalizo hasta límites que rosaban con el genocidio. Al presente, y a pesar de que el estado boliviano ha hecho de todo para obligar a los Aymaras a que crean en Pedro Domingo Murillo y en la junta tuitiva (publicidad, propaganda, educación, adoctrinamiento, desfiles civicos) estos se resisten a creer y continúan esperando ser libres algún día, algo que denominan en su lengua natal “jach’a uru pachakuti” libres de verdad.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Clément Thibaud, La Academia Carolina y la independencia de América, Los abogados de Chuquisaca (1776-1809), Editorial Charcas, Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Biblioteca y Archivo Nacionales de Bolivia, 2010