Regla de san Alberto

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Alberto de Jerusalén (ca. 1149-1214) fue quien escribo la regla, hacia 1209, para un grupo de eremitas que habitaban en el Monte Carmelo.

La Regla de san Alberto, también conocida como Regla carmelita o de los carmelitas, es una regla de vida religiosa de la Iglesia católica escrita por el patriarca latino Alberto de Jerusalén, hacia 1209, para un grupo de eremitas que vivían en común en el Monte Carmelo. Dicha regla sigue siendo la base legislativa de las órdenes carmelita y carmelita descalza, y de todos los institutos que de ellos nacieron.[1]

Historia[editar]

Un grupo de eremitas occidentales del Monte Carmelo, al frente de los cuales se encontraba un tal Brocardo, pidieron al patriarca de Jerusalén y legado papal, Alberto de Jerusalén, que les escribiera una Regla de vida. El prelado, probablemente, la redactó hacia 1209. Con ello, los carmelitas, como serían llamados después los eremitas, tenían asegurada su existencia y prolongación en el tiempo, debido a una consistencia jurídica. Fue el nuevo patriarca de Jerusalén, Raúl de Merencourt, quien pidió a los monjes que se dirigieran al papa Honorio III, para pedir la aprobación de la regla. En 1226, el papa confirma así Regla de san Alberto.[2]

Contenido[editar]

La regla de los carmelitas es quizá una de las reglas más cortas, cuenta solo con 24 artículos y en ella se trata de los tres votos religiosos, a saber: la obediencia al prior, la castidad y especialmente, la pobreza. Es un documento típicamente eremítico con algunas concesiones a la vida en común, tal como el capítulo de culpas. Se marca constantemente la necesidad del silencio, la oración ininterrumpida, el ayuno y el trabajo. El religioso es obligado a ganarse su propio sustento, parafraseando el texto de san Pablo «el que no trabaje, que no coma».[2]

Actualidad[editar]

La Regla de san Alberto ha sido siempre el texto legislativo de la Orden Carmelita. El ideal de Teresa de Jesús, reformadora española, y de los otros reformadores del Carmelo de los siglos XV y XVI, era el de regresar al ideal del desierto originario de la Orden. La Segunda y Tercera Orden Carmelita, monjas y laicos, asumen lo esencial de la Regla para adaptarlo a sus respectivas formas de vidas. De la misma manera, numerosas son las congregaciones e institutos que beben de la espiritualidad del profeta Elías y que asumen la regla carmelita como fundamento de sus constituciones o estatutos.[3]

Referencias[editar]

  1. Mislin, 1863, p. 237.
  2. a b Álvarez Gómez, 1987, pp. 368-369.
  3. Jiménez Monteserín, 2008, p. 34.

Bibliografía[editar]

  • Álvarez Gómez, Jesús (1987). Historia de la Vida Religiosa II. Madrid: Publicaciones Claretianas. ISBN 84-86425-25-5. 
  • Jiménez Monteserín, Miguel (2008). Callada belleza: arte en las clausuras de Cuenca. Cuenca: Servicio de publicaciones de la Universidad Castilla-La Mancha. ISBN 978-84-8427-594-7. 
  • Mislin, Jacques (1863). La Tierra Santa: peregrinación a Jerusalén. Madrid: Librería Española. 

Enlaces externos[editar]

  • Regla de San Alberto de Avogadro[1]