Medicina natural

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La medicina natural, también conocida como medicina tradicional plop , medicina alternativa o medicina complementaria,[1] [2] abarcan una gran variedad de técnicas que no se consideran parte de la Medicina convencional. El principio fundamental en el que se basan es la consideración de la persona como un todo (enfoque holístico), en interacción continua y cambio con el entorno, integrando aspectos físicos, mentales, emocionales, espirituales, genéticos, medioambientales y sociales. No obstante, el enfoque biopsicosocial también es actualmente clave en la atención sanitaria convencional.[1]

La amplia variedad de estas terapias hace que no sea fácil su enumeración exhaustiva. A esto se suma su gran heterogeneidad, lo cual dificulta delimitar su alcance.[1] Las distintas terapias y prácticas varían entre países y entre regiones.[2]

Estas técnicas se vienen utilizando desde hace miles de años, y sus practicantes han contribuido enormemente a la salud humana, principalmente en la atención primaria de salud al nivel de la comunidad. A partir del decenio de 1990, se ha producido un resurgimiento de su empleo en muchos países desarrollados y en vías de desarrollo.[2]

La evidencia científica disponible sobre su eficacia es muy escasa. No obstante, esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada siempre como sinónimo de ineficacia. Muchos pacientes refieren cierta percepción de mejoría de los síntomas, de su bienestar o de su calidad de vida, aunque en muchas ocasiones no se dispone de estudios que permitan determinar si esta mejoría es debida al efecto específico causado por el tratamiento o a un efecto placebo.[1]

Una revisión de su literatura revela que está repleta de prácticas pseudocientíficas, ineficaces, poco éticas y potencialmente peligrosas, algunas contradictorias entre sí, sin ninguna base real y que incluso contradicen los conocimientos científicos actuales.[3] [4] [5]

De las múltiples técnicas que abarca la medicina natural, sólo una parte tiene influencia directa sobre la salud y el resto van fundamentalmente dirigidas al bienestar o confort del usuario. De las primeras, unas tienen mayores riesgos para el usuario, bien por suponer la ingestión de sustancias que pueden originar interacciones e incluso toxicidad, bien por efectuarse manipulaciones sobre el cuerpo que inadecuadamente realizadas pueden originar lesiones.[1]

Aunque todas estas técnicas se suelen considerar más inocuas que las de la medicina convencional, pueden presentar riesgos cuando se practican por personas no cualificadas, cuando no se informa al médico del uso de productos herbales, si los usuarios han utilizado sin saberlo productos falsificados o terapias inadecuadas,[1] y cuando se abandona un tratamiento o directamente no se acude a un médico profesional. Un ejemplo son los movimientos antivacunas, que en diciembre de 2014 han provocado el inico de un virulento brote de sarampión en Disneylandia (Estados Unidos) y la muerte de un niño enfermo de difteria en Cataluña (España), en junio de 2015.[6] [7] [8] [9]

No existe una regulación global de las terapias naturales en ningún país occidental, si bien algunos han regulado aspectos parciales. Actualmente, muy distintos tipos de personas actúan en el ámbito de las terapias naturales, con diferentes niveles de formación, de las cuales un importante número no son médicos, ni poseen ningún tipo de titulación oficial en ciencias de la salud.[1]

Evidencia científica[editar]

Por lo general, un aspecto positivo de muchas de estas terapias naturales es el alto grado de satisfacción manifestado por sus usuarios, independientemente de los resultados encontrados en estudios objetivos, así como el bajo nivel de riesgo que suele representar su forma de uso habitual. No obstante, existen riesgos de daños y eventos adversos, a veces severos, en función del producto utilizado o de la propia técnica o procedimiento (invasividad).[1]

La escasa evidencia científica disponible sobre la efectividad y su uso adecuado refuerzan la necesidad de una aproximación cautelosa al uso de las terapias naturales.[1]

Riesgos para la salud[editar]

Aunque todas estas técnicas se suelen considerar más inocuas que las de la medicina convencional, pueden presentar riesgos. A continuación, se detallan los principales.[1]

Oposición a la vacunación[editar]

Muchas formas de medicina alternativa se basan en filosofías que se oponen a la vacunación y tienen practicantes que manifiestan su oposición. Entre ellas, cabe citar la antroposofía, algunos elementos de la comunidad quiropráctica, algunos homeópatas (especialmente aquellos sin formación médica) y muchos practicantes de la naturopatía o la medicina naturista.[10] Los motivos para esta visión negativa de la vacunación son complicados y se basan, al menos en parte, en las primitivas filosofías que dan fundamento a estos grupos.[10]

Consumo de productos a base de plantas[editar]

El consumo de plantas medicinales ha crecido en nuestro medio en los últimos años y es frecuente su utilización en combinación con medicamentos prescritos por los médicos. Está extendida la falsa creencia de que los productos a base de plantas son inocuos e incluso ventajosos por su supuesto carácter "natural", un razonamiento poco compatible con el hecho de que su efecto terapéutico se atribuya a su contenido en principios activos con actividad farmacológica.[11] Tóxicos y venenos, como pueden ser la cicuta, el cianuro, las toxinas de las setas venenosas y el veneno de escorpión, son productos tan naturales como la miel de abeja.[12]

Muchos preparados naturales utilizados en la medicina natural, como la fitoterapia, contienen el mismo principio activo o fármaco que los usados en la medicina convencional. Por ejemplo, la mayor parte de los medicamentos que se han venido empleando en el campo de la oncología han sido obtenidos de la naturaleza, a partir de bacterias, hongos, plantas, minerales o, incluso, animales.[12]

Como cualquier medicamento, las plantas pueden provocar reacciones adversas, intoxicación por sobredosis o interacciones perniciosas con otras sustancias. Se han descrito interacciones de relevancia clínica entre plantas y medicamentos, por lo que resulta imprescindible comunicar al médico el consumo de preparados naturales. Es necesario el mismo control médico estricto con las plantas medicinales que con los medicamentos de síntesis.[11] [13] [14]

En muchos países, las autoridades sanitarias están preocupadas respecto al uso racional y seguro de los productos a base de plantas medicinales. Las normativas y los registros no están bien desarrollados, por lo que no se puede asegurar la calidad ni la seguridad de esos productos.[1]

Existen problemas de estandarización de principios activos. Incluso cuando se intenta asegurar un contenido mínimo o máximo de determinada sustancia activa, no se sabe en qué proporción esa sustancia u otras contenidas en la planta son las responsables de los efectos. Como ejemplo, citar que después de estandarizar los preparados de hipérico (también conocido como hierba de San Juan) en función de su contenido en hipericina y de haber realizado ensayos clínicos con dichos productos, ha resultado ser otra sustancia, la hiperforina, a la que se atribuye mayor potencia como inhibidora de la recaptación de serotonina, actividad farmacológica que parece ser la responsable del efecto antidepresivo del hipérico.[11]

Otro inconveniente radica en la gran variabilidad de contenido en principio activo (la cual no es posible controlar) y que se repite con múltiples principios activos. Entre ellos, es especialmente importante señalar el caso de los estrógenos. Existe un gran esfuerzo investigador sobre las dosis apropiadas de estrógenos, sus posibles efectos adversos sobre la salud y otros muchos aspectos. Sin embargo, el rasero que se aplica a los fitoestrógenos contenidos en la soja es distinto. Se sabe que la eficacia de los derivados de la soja en los síntomas de la menopausia radica en su actividad estrogénica y sin embargo se acepta su eficacia, sin exigir el mismo nivel de conocimiento sobre sus riesgos que exigimos al 17-beta-estradiol a las dosis establecidas en las diversas especialidades farmacéuticas disponibles para esta indicación.[11]

Asimismo, se han notificado en los productos a base de plantas medicinales problemas de confusión entre unas plantas y otras, además de contaminación con pesticidas, metales pesados y medicamentos.[11]

Otro problema conocido, que resulta especialmente grave en las hierbas procedentes de la medicina tradicional china, es la adición de fármacos a hierbas medicinales. De 2.609 muestras de medicinas chinas recogidas desde ocho hospitales en Taiwán, el 23,7% contenía fármacos, principalmente cafeína, paracetamol, indometacina, hidroclorotiazida, y prednisolona, antiinflamatorios no esteroideos y benzodiazepinas. Por su gran distribución fuera de Asia, destacan la hierba del milagro, Tung Shueh, y Chuifong Toukuwan. En esta última se ha detectado una gran variedad de fármacos como fenilbutazona, indometacina, hidroclorotiazida, clordiazepoxido, diazepam, corticoesteroides, diclofenaco, ácido mefenámico y dexametasona.[11]

Manipulación espinal[editar]

Entre los posibles efectos adversos de la manipulación espinal para el dolor de espalda, los casos más graves que se han documentado son la disección de la arteria vertebral por traumatismo durante las manipulaciones con rotación cervical. En algunas series de casos, la manipulación espinal se asoció con riesgo de accidente vascular y complicaciones no vasculares. Otros estudios recogen efectos adveros de la manipulación poco frecuentes, tales como el aumento transitorio del dolor inmediatamente después de la manipulación y déficit transitorio sensorial y motor con distribución radicular precisa, en algunos de los casos con desarrollo de hernia discal confirmada radiológicamente, que precisó cirugía. No obstante, los estudios basados en encuestas a los pacientes sugieren que incluso los efectos adversos relevantes raramente son luego publicados en la literatura médica.[1]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. «Análisis de situación de las terapias naturales». Consultado el 23 de julio de 2015. 
  2. a b c «Medicina tradicional OMS». Temas de salud. Consultado el 24 de julio de 2015. 
  3. Kimball C. Atwood IV (2003). «Naturopathy: A critical appraisal». Medscape General Medicine. «An examination of their literature, moreover, reveals that it is replete with pseudoscientific, ineffective, unethical, and potentially dangerous practices.» 
  4. Gorski, David H. (18 September 2014). «Integrative oncology: really the best of both worlds?». Nature Reviews Cancer 14: 692-700. doi:10.1038/nrc3822.  (inglés)
  5. Ernst, Simon Singh & Edzard (2008). Trick or treatment? : Alternative medicine on trial. London: Bantam Press. p. 318. ISBN 0-593-06129-2.  (inglés)
  6. El País (ed.). «Un brote de sarampión en Disneyland pone el foco en la moda antivacunas». Consultado el 21 de julio de 2015. 
  7. El País (ed.). «Boi Ruiz: “Es triste que sin dificultad para vacunar haya pasado esto”». Consultado el 21 de julio de 2015. 
  8. El Mundo (ed.). «El conseller de Salud espera que la muerte por difteria provoque una 'reflexión colectiva' para vacunar». Consultado el 21 de julio de 2015. 
  9. Steven Abrams (20 julio 2015). «Vaccines protect children and so should pediatricians». Houston Chronicle. Consultado el 2015-07-20.  (inglés)
  10. a b Ernst E (2001). «Rise in popularity of complementary and alternative medicine: reasons and consequences for vaccination». Vaccine 20 (Suppl 1): S89–93. doi:10.1016/S0264-410X(01)00290-0. PMID 11587822. 
  11. a b c d e f Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (2003). «Riesgos de las plantas medicinales en uso concomitante con medicamentos». Sistema Nacional de Salud. Vol 27–Nº 6-2003. Consultado el 24 de julio de 2015. 
  12. a b Dr. Ricardo Cubedo. Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid (9 de marzo de 2010). «La industria farmacéutica y la medicina natural». Consultado el 7 de julio de 2015. 
  13. «Ministerio de Sanidad y Consumo: lista de plantas tóxicas. 2225 ORDEN SCO/190/2004, de 28 de enero, por la que se establece la lista de plantas cuya venta al público queda prohibida o restringida por razón de su toxicidad Publicado en el BOE núm. 32, Viernes 5 febrero 2004, págs. 5051-5055.». Consultado el 24 de julio de 2015. 
  14. Bayón, A. (2008) "Las virtudes de las plantas". A Mayor Ciencia 3:12-13. Museo de la Ciencia de Valladolid.

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]