Mburucuyá (Corrientes)

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Mburucuyá
Localidad y municipio
Flag of None.svg
Bandera
Mburucuyá - Corrientes - Argentina.jpg
Escudo
Mburucuyá ubicada en Provincia de Corrientes
Mburucuyá
Mburucuyá
Localización de Mburucuyá en Provincia de Corrientes
Coordenadas 28°03′00″S 58°14′00″O / -28.05, -58.233333333333Coordenadas: 28°03′00″S 58°14′00″O / -28.05, -58.233333333333
Entidad Localidad y municipio
 • País Argentina
 • Provincia Bandera de Provincia de Corrientes Corrientes
 • Departamento Mburucuyá
Intendente Cristian Guastavino
Altitud  
 • Media 79 m s. n. m.
Población (2010) Puesto 20.º
 • Total 6 972 hab.
Gentilicio mburucuyano/a
Huso horario UTC−3
Código postal W3427
Prefijo telefónico 03782
Variación intercensal + 15,5 % (2001 - 2010)
Tipo de municipio Municipio con carta orgánica[1]
Población municipio 9 252 (2010)
[editar datos en Wikidata]

Mburucuyá es una localidad argentina en la provincia de Corrientes cabecera del departamento del mismo nombre. Se encuentra a 148 kilómetros de la capital provincial.

Fue delimitada el 16 de agosto de 1832, luego de la construcción de su parroquia.

Actualmente, el departamento se caracteriza por su producción agropecuaria y forestal. Se cultiva arroz, soja, mandioca, cítricos y horticultura. Existen grandes plantaciones de pinos y eucaliptus.

El paisaje de la región se caracteriza por altas lomas arenosas, bosques y palmares, esteros, lagunas y ríos de variado cauce. La famosa cañada "Fragosa" (a la que recuerda un bello chamamé) atraviesa el departamento desde el noreste al sudoeste.

Población[editar]

Cuenta con 6.972 habitantes (INDEC, 2010), lo que representa un incremento del 15% frente a los 6.038 habitantes (INDEC, 2001) del censo anterior.

Gráfica de evolución demográfica de Mburucuyá entre 1991 y 2010
Fuente de los Censos Nacionales del INDEC

Cultura[editar]

La localidad tiene el don de haber producido numerosos músicos folclóricos, especialmente dentro del género "chamamé". Entre otros, es importante destacar a Eustaquio Miño (padre), Salvador Miqueri, Antonio Niz, Tito Miqueri, Eustaquio "Papi" Miño (hijo) y su conjunto, así como al poeta popular Juan Carlos Jensen, de abundante producción como declamador de nota.

Desde hace 49 años, se realiza en el mes de febrero el "Festival Provincial el Chamamé" y hace 13 años el "Festival del Auténtico Chamamé Tradicional", el que, a través de tres días(años anteriores) en 2017 cuatro días y en 2018 serán 5 días por la Boda de Oro (50 años) , se ha hecho famoso por las romerías, serenatas y cancioneros espontáneos que se generan en diversas casas del pueblo. El festival se efectúa en un anfiteatro junto a la laguna Limpia, hermoso sitio preparado para acampar, con baños, duchas y parrillas para los viajeros. Y también hace ocho año de vigencia la fiesta del verano se realiza en los primeros quincena de enero, la elección de reinas y princesa de la fiesta del verano es un evento gratuito para todas las familias.

En su territorio se encuentra el Parque Nacional Mburucuyá, atractivo turístico de la localidad.

Personalidades[editar]

Deportes[editar]

La localidad cuenta con el club "Unión", uno de los más antiguos de la provincia, en donde se hace fútbol 5 y basquetbol, con el "Club Atlético Mburucuyá", que posee su propio estadio y milita en la primera división provincial, y con Yacaré Rugby Club y Unión Rugby Club.

Leyenda[editar]

Mburucuyá no era su nombre cristiano, sino el tierno apodo que le había dado un aborigen guaraní a quien ella amaba en secreto y con el que se encontraba a escondidas, ya que su padre jamás habría aprobado tal relación. En realidad, su padre ya había decidido que ella desposara a un capitán a quién el creía digno de obtener la mano de su única hija.

Cuando le revelaron los planes de matrimonio, la joven suplicó que no la condenaran a consumirse junto a un hombre que ella no amaba, pero sus ruegos solamente lograron encender la cólera de su padre. La doncella lloró desconsolada, tratando de conmover el inflexible corazón de su padre, pero el viejo capitán no sólo confirmó su decisión sino que además le informó que debería permanecer confinada en la casa hasta que se celebrara boda.

Mburucuyá debió contentarse con ver a su amado desde la ventana de su habitación, ya que no estaba autorizada a salir a los jardines por la noche y difícilmente lograba burlar la vigilancia paterna. Sin embargo, envió a una criada de su confianza para que lo informara sobre su su triste futuro.

El joven guaraní no se resignó a perder a su amada, y todas las noches se acercaba a la casa intentando verla. Durante horas vigilaba el lugar, y sólo cuando se percataba de que los primeros rayos del sol podían delatar su posición se retiraba con su corazón triste, aunque no sin antes tocar una melancólica melodía en su flauta.

Mburucuyá no podía verlo, pero esos sonidos llegaban hasta sus oídos y la llenaban de alegría, ya que confirmaban que el amor entre ambos seguía tan vivo como siempre. Pero una mañana ya no fue arrullada por los agudos sones de la flauta. En vano esperó noche tras noche la vuelta de su amado. Imaginó que el joven guaraní podría estar herido en la selva, o que tal vez había sido víctima de alguna fiera, pero no se resignaba a creer que hubiese olvidado su amor por ella.

La dulce niña se sumió en la tristeza. Su piel, otrora blanca y brillante como las primeras nieves, se volvió gris y opaca, y sus ojos ya no destellaron con hermosos brillos violáceos. Sus rojos labios, que antes solían sonreír, se cerraron en una triste mueca para que nadie pudiera enterarse de su pena de amor. Sin embargo, permaneció sentada frente a su ventana, soñando con ver aparecer algún día a su amante. Luego de varios días vio entre los matorrales cercanos la figura de una vieja india. Era la madre de su enamorado, quien acercándose a la ventana le contó que el joven había sido asesinado por el capitán, quien había descubierto el oculto romance de su hija. Mburucuyá pareció recobrar sus fuerzas, y escapándose por la ventana siguió a la anciana hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de su amado. Enloquecida por el dolor cavó una fosa con sus propias manos, y luego de depositar en ella el cuerpo de su amado confesó a la anciana madre que terminaría con su propia vida ya que había perdido lo único que la ataba a este mundo. Tomó una de las flechas de su amado, y luego de pedirle a la mujer que una vez que todo estuviera consumado cubriera sus tumbas y los dejara descansar eternamente juntos, la clavó en medio de su pecho. Mburucuyá se desplomó junto al cuerpo de aquel que en vida había amado.

La anciana observó sorprendida como las plumas adheridas a la flecha comenzaban a transformarse en una extraña flor que brotaba del corazón de Mburucuyá, pero cumplió con su promesa y cubrió la tumba de los jóvenes amantes. No pasó mucho tiempo antes de que los indios que recorrían la zona comenzaran a hablar de una extraña planta que nunca antes habían visto, y cuyas flores se cierran por la noche y se abren con los primeros rayos del sol, como si el nuevo día le diera vida.

Parroquias de las Iglesia católica en Mburucuyá[editar]

Iglesia católicaFlag of the Vatican City.svg
Arquidiócesis Corrientes
Parroquia San Antonio de Padua[2]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]