Manuel Cordo Boullosa

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Manuel Cordo Boullosa
Manuel Cordo Boullosa 1973.jpg
Información personal
Nacimiento 5 de diciembre de 1905
Lisboa (Portugal) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 6 de abril de 2000
Lisboa (Portugal) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Portuguesa
Lengua materna Portugués y gallego Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Empresario Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones

Ordem do Mérito Industrial - Portugal, 31 de agosto de 1967[1]

Medalla Castelao - junio de 1991 Medalla Castelao

Medalla de Oro de Galicia - junio de 2000 (a título póstumo)Medalla de Galicia

Manuel Cordo Boullosa (Lisboa, 5 de diciembre de 1905 - Lisboa, 6 de abril de 2000) fue un magnate y filántropo portugués de origen gallego. Pasó buena parte de su infancia en la Galicia rural (aldea de Caritel, en Pontevedra), hecho que marcó profundamente toda su trayectoria vital.

Infancia[editar]

Nació en Lisboa, el 5 de diciembre de 1905, en el 2º piso del número 6 de la Rúa Anchieta, en el barrio del Chiado, cuarto hijo y único varón de Manuel María Cordo Martínez (Ponte Caldelas, 1869) y Leocadia Boullosa y Muñoz (Caritel, 1878), un matrimonio gallego que se dedicaba al comercio de carbón y vino. A pesar de que a lo largo de su vida a Manuel Cordo Boullosa le gustase resaltar su origen humilde, lo cierto es que en la época en la que nació, su padre - que había llegado a Lisboa apenas dos décadas antes (en 1885), haciendo a pie gran parte del camino - ya era un comerciante de éxito. Así, en 1904 el Almanaque Industrial, Comercial e Profissional de Lisboa se refería a él como propietario de varios negocios y de edificios de alquiler.

También su madre provenía de una familia considerablemente acomodada, pues su padre, Manuel António Boullosa González (A Fraga, 1841 - Caritel,1919), era en aquel momento uno de los grandes comerciantes de carbón y vino de la capital portuguesa, propietario de varios barcos que transportaban carbón a lo largo del Tajo, y era también el fundador del Gremio dos Carboeiros, la redacción de cuyo estatuto encargó al Conde de Botelho.

Con apenas un año de edad, Manuel Cordo Boullosa perdió a su madre, que solo tenía 28 años y estaba embarazada de su quinto hijo. Por esa razón su padre decidió enviarlo a Caritel (Santa María), una parroquia del ayuntamiento de Ponte Caldelas, de donde era originaria su familia materna; de este modo fue entregado a los cuidados de sus tías Amalia y María Esperanza Boullosa Muñoz, hasta la edad de ocho años. Hizo la instrucción primaria en una escuela rural de la zona - actualmente el colegio público de Ponte Caldelas, la capital del municipio, ostenta su nombre - y volvió a Lisboa en 1913, después de acabar sus primeros estudios.

De nuevo en la capital portuguesa, Manuel Cordo Boullosa ingresó en un colegio interno. Después pasó a la Escola Académica de Lisboa, fundada en el año 1847 y que fue pionera en Portugal al reunir los grados de instrucción primaria, secundaria y profesional en una misma institución de enseñanza. Concluido el “curso comercial” y con 15 años de edad, abandonó los estudios y comenzó a trabajar con su padre, a quien ayudaba en el negocio de la venta de carbón y de garrafas de queroseno para lo que recorría con un carro las calles de Lisboa. Un año más tarde, consiguió su primer empleo, como administrativo, en la Nova Sociedade Vinícola, una empresa de la que era socio un cuñado suyo, casado con su hermana Brancelina; tenía un salario de 90 escudos al mes y trabajaba de lunes a domingo, desde las nueve de la mañana hasta el anochecer. Estas primeras experiencias profesionales revelaban ya el verdadero culto al trabajo que demostró a lo largo de su vida, una faceta suya que gustaba de resaltar.

En Suiza[editar]

En 1923, Manuel Cordo Boullosa enfermó gravemente de tuberculosis, una enfermedad común en ese momento, de la que ya había muerto una de sus hermanas (Amalia) y un primo. En Portugal las posibilidades de tratamiento eran muy reducidas y por eso su padre decidió enviarlo a un sanatorio en Suiza, en Davos-Platz, a donde anteriormente ya había enviado a su hermana Aida, aquejada del mismo mal. Fue una resolución tomada con gran sacrificio ya que le obligó a vender un edificio de los que tenía en Lisboa, adquirido en el transcurso de una vida de intenso trabajo, para sufragar los costosos tratamientos de sus hijos.

Ambos hermanos coincidieron unos meses en el sanatorio. Desgraciadamente Aida no pudo superar la enfermedad y falleció. Su tumba sigue hoy en el cementerio de Davos-Platz.

La estancia en Suiza fue muy rentable para el joven Manuel. No solo logró curarse de la terrible enfermedad, sino que, además, en los tres años que pasó en el sanatorio, aprovechó el tiempo para aumentar sus conocimientos, leyendo a los principales clásicos de la literatura francesa, aprendiendo a hablar el francés correctamente, y, con cierta fluidez, el inglés y el alemán, lo cual en el futuro le resultaría de gran utilidad para la expansión de sus negocios en los mercados internacionales.

Fue también en Suiza donde conoció a la que sería su primera esposa, Alice Pina Lopes – con la que contraerá matrimonio en 1928 y de esta unión nacerá su hijo Francisco Manuel (1930-2002) - quien también estaba allí en tratamiento, hija del mayor Francisco Pina Esteves Lopes, quien fuera Ministro de Economía en 1920 del gobierno efímero del coronel António Maria Baptista y de José Ramos Preto.

También fue en Suiza donde se le abrieron las puertas al negocio del petróleo, a través de Pedro Bessa da Silva Paes, quien también fue atendido en el sanatorio de Davos-Platz (y que, lamentablemente, no pudo resistir la enfermedad) y que era hijo del malogrado presidente de la República Sidónio Pais. Como era consciente de la buena relación que tenía Boullosa con los carboneros de Lisboa, Pedro Bessa da Silva Paes le pidió que introdujese en ese ambiente a su hermano António, que en ese momento tenía la representación de la Shell en Portugal, con el objetivo de que pasasen a hacer sus compras exclusivamente a esa empresa holandesa-británica.

Una vez de regreso en Lisboa, Manuel Cordo Boullosa se puso en contacto con António Bessa da Silva Paes y de ahí surgió una nueva y excelente oportunidad de negocio al convertirse en comisionista de la Shell. A continuación reconvirtió el negocio de carbón de su padre y comenzó a dedicarse al suministro de combustible para automóviles, abriendo su primer surtidor en la calle Caetanos. La iniciativa de Boullosa coincidió con un punto de inflexión en la vida política y económica de Portugal. Estamos en 1926, año en el que se proclama la dictadura militar -la cual, unos años después, abrirá las puertas a la reactivación del Estado Novo de Salazar, que implantará una economía empresarial-, al mismo tiempo que se asistía a una nueva definición y estructuración de lo que vendría a ser el moderno sector de los combustibles; constituyéndose así un mercado que comenzó a tener cierto peso en la economía nacional. En 1919 se fundará la firma Costa & Ribeiro, Lda., dedicada a la comercialización de combustibles, que en 1929 se asociará con la Atlantic Refining Company y dará origen a la Companhia Portuguesa de Petroleos Atlantic (de la cual, más tarde, en 1955, nacerá la Companhia Portuguesa dos Petróleos BP, tras negociaciones con Atlantic). En 1920, Shell, que había adquirido la Lisbon Coal and Oil Fuel Company (fundada en 1910), también se instaló en Portugal. En 1924, Vacuum Oil (futura Mobil, que estaba instalada en Portugal desde 1896 y que había sido líder del mercado durante casi medio siglo) comenzó a distribuir productos mediante camiones cisterna, ya que hasta entonces se utilizaban coches con depósitos. Y, finalmente, en 1929, se funda la firma Queiroz Pereira, Lda., la primera empresa del sector petrolero cuyo capital mayoritario era portugués. De esta forma, concluyó la fase en la que el mercado portugués de productos petrolíferos estaba dominado por empresas de capital extranjero.

Mientras tanto Manuel Cordo Boullosa se había convertido en representante de la Cooperativa Portuguesa de Gasolina e Petróleos, negocio que le proporcionó ingresos considerables. La cooperativa se quebró en 1928 y Boullosa aprovechó esta circunstancia para comprarla en subasta pública por un monto de 100.000 escudos; se quedó con 2000 barriles de gasolina vacíos, 28 gasolineras, 4 camiones y 1 automóvil. Fue su primer gran negocio ya que acabaría vendiendo los camiones y el coche -un Chevrolet descapotable- por 60.000 escudos, o sea, más de la mitad del monto por el que había adquirido la empresa y todavía se quedó con el resto de sus activos.

Elección de socio[editar]

La asociación con Manuel Queiroz Pereira, el cual, además de ser una de las principales figuras del medio empresarial lisboeta — hijo del empresario Carlos Augusto Pereira, director delegado de la Companhia das Águas (la empresa que garantizaba la distribución de agua a los domicilios de la capital) y propietario del Banco Comercial de Lisboa —, estaba muy bien relacionado con el régimen implantado por el golpe militar del 28 de mayo de 1926, constituirá un importante paso en la vida empresarial de Manuel Cordo Boullosa al permitirle abrir nuevos horizontes. De este modo, un año después de la constitución de la firma Queiroz Pereira, Lda., en 1930, esta pasó a contar con un nuevo socio, Manuel Cordo Boullosa; su capital era de 10.000 escudos — repartido por igual entre los dos socios — y tenía como objetivo comercial la distribución de combustible y aceites lubricantes. Además de la sociedad comercial que ahora ambos compartían, los dos socios establecieron un acuerdo complementario, que se revelará de una gran importancia, principalmente para Boullosa: en todos los negocios en los que en el futuro entrasen, la participación de cada uno sería del mismo valor.

Inicialmente, los dos socios comenzaron por importar petróleo de Hamburgo, pero en 1933 decidieron crear una nueva empresa, SONAP (Sociedade Nacional de Petróleos) — cuyos estatutos fueron elaborados por Marcello Caetano, futuro primer ministro —, que integraba la anterior firma Queiroz Pereira, Lda. y que se dedicaba también a operaciones comerciales y de distribución; instalaron una terminal en el norte del país y llevaron a cabo instalaciones industriales en los alrededores de Lisboa. SONAP disponía de un capital de tres millones de escudos, distribuidos entre Manuel Cordo Boullosa (19%), Manuel Queiroz Pereira (19%), Steaua Française (56%) y otros nueve accionistas menores, o sea, 40% de capitales portugueses y 60% de capitales franceses. Esta última, disponía de una refinería rumana, la Steaua Romana (la cual tenía lazos con la Compagnie Française des Pétroles), de donde provenía el petróleo que era importado por SONAP.

Aunque la creación de SONAP constituyese un paso significativo para una mayor intervención en el mercado de los combustibles, su actividad se encontraba fuertemente limitada por el hecho de que las empresas entonces existentes oponían una resistencia lógica a la entrada de un nuevo competidor. De hecho, en el reparto del mercado existente en aquel momento, a SONAP solo le fueron atribuidas unas cuotas del 7,1% para la gasolina, y del 3,55% para el gasóleo. Además de esto, la creación de SONAP tampoco provocó una gran alteración del panorama petrolífero ya que la actividad que en la época podría constituir una ventaja económica en el sector de los combustibles — el refinado del petróleo — aún no existía en Portugal.

En 1936 estalló la guerra civil en España. Portugal apoyó el alzamiento franquista contra el gobierno de la segunda república. Conocedores del importante papel que Manuel Cordo Boullosa desarrollaba en Portugal en el sector de los combustibles, los franquistas contactaron con él, con el fin de intentar satisfacer sus necesidades de aprovisionamiento de productos petrolíferos. El empresario llegó incluso a tener un encuentro con el general Queipo de Llano en Sevilla para negociar el aprovisionamiento de petróleo, ya que aquel tenía dificultad en garantizar el abastecimiento de sus tropas, debido a la prohibición internacional que había sido decretada. Sin embargo — según afirmó más tarde el propio Boullosa —, aquella prohibición no duraría más que un mes. Al rematar esta, los americanos comenzaron a abastecer a los franquistas a través de las empresas ESSO y Texaco, entre otras, por lo que aquella oportunidad de negocio se desvanecería ya que no tenía posibilidades de competir. Sin embargo, algunos autores afirman que Boullosa les habría vendido petróleo a los franquistas a través de la Texaco, la cual suministraría, desde los primeros momentos y contra la voluntad del gobierno americano, cerca de 1.866.000 toneladas métricas de productos petrolíferos a Franco a lo largo del período de la guerra civil.

Fue en esta época cuando Manuel Cordo Boullosa comenzó a profundizar y a aprovechar sus contactos internacionales, resultantes del hecho de ser invitado a integrar el consejo de administración de la Compagnie Française des Pétroles (actual TOTAL), ligada al Banque de Paris et Pays-Bas, lo que le permitió ganar experiencia en la administración de grandes empresas internacionales al ejercer esos cargos en Suiza, Egipto, Etiopía y Sudán.

Los orígenes de la industria del petróleo en Portugal[editar]

A finales de la década de los treinta, el gobierno portugués ya se había percatado de la importancia de la construcción de una refinería de petróleo. «Era necesario responder al rápido incremento de las importaciones de derivados petrolíferos (tasas de crecimiento medio anual del 20% para la gasolina y del 38% para los aceites combustibles en el período de entreguerras), aumentar la seguridad en el abastecimiento y disminuir la salida de divisas del país». Ya en 1936, la Cámara Corporativa había recomendado la instalación de una industria nacional de refinado (Propuesta de ley 82/36, del 30 de junio), pero será a través de la promulgación de la Ley 1947/37, del 12 de febrero, que aprobaba el régimen de importación, almacenamiento y tratamiento industrial de petróleo bruto y sus derivados — la cual pasó a ser conocida como la “Ley de los petróleos” —, y que sería regulada por el Decreto 29034/38, de 1 de octubre, cuando el Estado portugués reunió los requisitos legales para instalar una refinería en el país. Además, estas dos piezas legislativas constituirán, durante un largo período, las líneas maestras del régimen petrolífero en Portugal.

Prosiguiendo con la legislación aprobada, el Estado inició el proceso para construir una refinería de petróleo en Portugal, objetivo que se presentaba con una enorme importancia estratégica, no solo porque venía al encuentro de la política autárquica del Estado nuevo sino porque protegía los intereses nacionales frente a amenazas declaradas por las empresas extranjeras ligadas a los grandes grupos petrolíferos, que por aquel entonces abastecían a Portugal, las cuales reaccionaron muy negativamente a la legislación promulgada y llegaron a amenazar con que no la respetarían.

Pocos meses después de la promulgación de la legislación sobre petróleos, «surge una empresa rumana independiente — Redeventza — que sabía de los propósitos portugueses, interesada en invertir en el refinado, la cual termina por presentar una petición formal para instalar una refinería en el área de Lisboa» De este modo, en 1936, le fue concedida a Redeventza, Sociedad Anónima con sede en Bucarest, la autorización para instalar una refinería de petróleos brutos y sus derivados. Rumanía era un importante productor de petróleo antes de la segunda guerra mundial y, tanto la tecnología de la que entonces disponía, como su personal técnico, desarrollarían un papel relevante en los primeros años de la actividad portuguesa de refinado. El 8 de abril de 1938 se estableció un acuerdo entre el Instituto Português de Combustíveis (creado en 1933, con funciones de apoyo técnico y de fiscalización), la sociedad Redeventza y Martin Sain, un ciudadano rumano de origen judío radicado en Francia, para la instalación de una refinería de petróleo. Este acuerdo estipulaba la instalación de una refinería, con una exclusividad de diez años, con una capacidad de elaboración anual mínima de 150.000 toneladas de petróleo bruto, a través de la constitución de una sociedad portuguesa — aunque los capitales fuesen de origen rumano — con 15 millones de escudos de capital, de los cuales 1/3 serían del Estado portugués. En compensación, «el Estado garantizaba un mercado de 50% del consumo de los productos asignados (gasolina, petróleo, gasóleo y fuel óleo), excluyendo las ventas para la exportación y abastecimiento de buques y aviones durante 20 años».

El 25 de abril de 1938, el Ministerio de Comercio, Industria y Agricultura concederá, finalmente, la licencia para la constitución de SACOR (Sociedade Anónima Concesionaria de la Refinación de Petróleos) en Portugal, la cual será la primera empresa petrolífera portuguesa en dominar todo el proceso de la importación, transporte, refinado y distribución de los productos petrolíferos. SACOR, que iniciaba su actividad «al abrigo de un régimen verdaderamente excepcional en lo tocante a exenciones fiscales y aduaneras», tenía garantizada la mitad del mercado portugués de combustibles, obligando a SONAP — donde tenía participación Manuel Cordo Boullosa — a pasar de una cuota de mercado del 7,1% al 3,55%.

Martin Sain, director de la sociedad Redeventza — el cual, junto con otros técnicos que lo acompañaron en el proceso de creación de SACOR, había abandonado Rumanía debido a la represión desencadenada por el movimiento nacionalista y antisemita de los Guardas de Hierro—, fue un personaje fundamental para el éxito de toda esta iniciativa que condujo a la creación de la refinería de SACOR; a pesar de los rumores que entonces corrieron sobre irregularidades cometidas, así como «al nacimiento y desarrollo de una cultura tecnológica en el área de los petróleos» en Portugal. Su larga experiencia en el sector petrolífero le permitió llevar a buen puerto la instalación de la refinería de SACOR, en Cabo Ruivo, en los alrededores de Lisboa, cuyas instalaciones entraron en funcionamiento el 11 de enero de 1940, aunque que solo sería inaugurada oficialmente el 11 de noviembre de ese año. El propio Martin Sain supervisó los trabajos de construcción de la refinería, auxiliado por el ingeniero rumano Adolfo Hascal. Su localización en Cabo Ruivo, en la costa, se beneficiaba del hecho de que ya estaban ahí instaladas las empresas Atlantic Refining Company y Socony-Vacuum, además del buen acceso proporcionado por el estuario del Tajo y de la proximidad de la vía férrea. A pesar de las dificultades, la construcción solo tardó dieciocho meses (si bien sufriendo un retraso de tres meses en relación con lo previsto) y su coste alcanzó un total de 32,8 millones de escudos.

Con todo, los tiempos eran difíciles. Con el estallido de la segunda guerra mundial el año anterior, existía una crisis general en el abastecimiento de petróleo bruto y derivados. «Los precios de la gasolina y del carbón suben un 190% en el transcurso de los años de 1938 a 1942», y la inexistencia de una flota propia de buques petroleros aumentaba las dificultades, agravada por el hecho de no ser posible en aquella época transportar petróleo en buques cisterna de empresas norteamericanas, en virtud de la prohibición decretada por los Estados Unidos, el principal suministrador de Portugal. De este modo, solo después del término de la segunda guerra mundial fue posible un normal desarrollo del sector petrolífero en Portugal.

Durante el conflicto mundial, la refinería de Cabo Ruivo operó siempre muy por debajo de su capacidad y llegó a suspender temporalmente su actividad (durante el año 1943 y en los tres primeros trimestres de 1944) por falta de materia prima, y solo en 1947 conoció, por primera vez, una situación de funcionamiento normal, de manera que alcanzó las 300.000 t/año previstas.

También durante este período SONAP conoció momentos de grandes dificultades y llegó a afirmar Manuel Cordo Boullosa que, ante la penuria producida y como no disponía de petróleo para vender, se vio obligado a dedicarse a la exportación de vinos de modo que llegó incluso a ser uno de los principales exportadores de Portugal. Sin embargo, después del fin de la segunda guerra mundial, SONAP realizará algunos buenos negocios. En un momento en el que los países europeos habían decidido reducir en un 30% el consumo de petróleo, Cordo Boullosa defendía que Portugal no podría cumplir ese objetivo; así llegó a convencer a entonces ministro de Economía para que lo autorizase a adquirir el petróleo que pudiese aparecer en el mercado libre, aunque a un precio superior. Efectivamente, al contrario que Shell y que Vacuum, SONAP consiguió encontrar en el mercado internacional las cantidades de petróleo para garantizar un normal abastecimiento de Portugal y obtener también los correspondientes beneficios que ese negocio le proporcionó. Pero, lo más importante, no solo evitó el racionamiento de petróleo, sino que el éxito alcanzado le permitió a Boullosa reclamar una mayor cuota de mercado, la cual fue totalmente concedida por el Gobierno. A partir de aquella a situación en la SONAP mejoró sustancialmente: su capital se amplió a 10 millones de escudos, compró la participación de la Steaua Française (que por mor de la segunda guerra mundial estaba atravesando dificultades) y obtuvo autorización para la importación de fuel óleo, algo que anteriormente era una exclusiva de SACOR y de Shell. En 1953, último año en el que se registraron alteraciones en las cuotas de distribución de combustibles, la situación era la siguiente: SACOR (50%), Shell (20%), SONAP (16%), Socony-Vacuum (10%) y Atlantic (3%), en contraposición con el reparto existente en 1947: SACOR (49%), Shell (33,88%), Vacuum (11%), Atlantic (4%) y SONAP (2%).

En la inmediata posguerra Manuel Cordo Boullosa va a diversificar su cartera de negocios, esta vez fruto de su anterior asociación con Manuel Queiroz Pereira. Como ya dijimos, los dos empresarios habían formulado el compromiso de que, en todos los negocios en los que cada uno entrase, la participación respectiva tendría un valor idéntico. De este modo, cuando en 1946 Queiroz Pereira fue invitado a participar, como asociado, en Sorel — una empresa que había sido fundada en 1942 para comercializar gasógenos y que en ese año 1946 obtuvo la concesión de la GM (General Motors Overseas Corporation) — Manuel Cordo Boullosa entró también en el negocio y los dos empresarios quedaron con una participación de 240.000 escudos cada uno, además de un tercer accionista con solo 60.000 escudos. La entrada conjunta en una nueva empresa ya había ocurrido antes, en 1942, cuando se fundó Cimianto – Sociedade Técnica de Hidráulica, S. A., localizada en Alhandra, ayuntamiento de Vila Franca de Xira, una de las primeras empresas portuguesas que se dedicó a la fabricación y comercialización de productos en fibrocemento, en la cual Manuel Cordo Boullosa y Manuel Queiroz Pereira poseían, cada uno un 30% de las acciones.

Se abren nuevos caminos[editar]

A comienzos de la década de los cincuenta, problemas de salud llevaron a Manuel Cordo Boullosa a una estancia en los Estados Unidos, a su regreso, en 1954, decidió poner fin a su matrimonio con Alice Pina Lopes, el cual ya estaba en crisis desde hacía algún tiempo. Poco después, Boullosa partirá para París, donde repartió su tiempo entre una vida en el seno de la alta sociedad francesa y contactos junto a los ambientes empresariales ligados al sector petrolífero. De esta época data la idea de instalar una refinería de petróleo junto al importante puerto de Vigo, para cuya realización contaba con el apoyo y la colaboración de su amigo Valentín Paz Andrade, abogado y figura muy relevante del mundo pesquero y empresarial de la ciudad olívica, propietario de la empresa Pescanova, pero el gobierno de Franco optó por la Coruña y así se frustró aquel proyecto. Curiosamente no fue solo Boullosa el único en darse cuenta del interés en que fuese instalada una refinería en Vigo. Existió en esos años otro proyecto, de Tomás Pérez Lorente, entonces presidente de la Cámara de Comercio de Vigo (1947-1959), para instalar una refinería de petróleo en las rías viguesas, pero que acabó también por ser abandonado.

Con respeto a los negocios de Boullosa en Portugal, la década de los cincuenta asistió a la expansión de SONAP en el campo de la distribución de productos petrolíferos: consiguió implantar en todo el país una red de revendedores, al mismo tiempo que amplió sus capacidades de almacenamiento, inició la comercialización de los lubricantes y el abastecimiento de la navegación, y además garantizó el abastecimiento de combustibles en situaciones de crisis internacional, como cuando se produjo el cierre del canal de Suez en 1956.

Superado el medio siglo de vida, Manuel Cordo Boullosa parecía comportarse de modo diferente. Su anterior carácter afable dejó paso a una personalidad más irascible, incluso autocrática. Surgieron, en consecuencia, conflictos en su vida profesional, con cuadros de sus empresas, uno de los cuales estuvo en la base de su desentendimiento con su amigo y socio por largos años Manuel Queiroz Pereira, lo que se tradujo en una separación entre los dos. Boullosa justificó, años más tarde, las razones de la separación con Queiroz Pereira, argumentando que en el período en el que había estado en el extranjero había contactado con otras realidades empresariales y había adquirido nuevas ideas y conceptos estratégicos para desarrollar sus negocios, los cuales chocaban con los de Manuel Queiroz Pereira. Efectivamente, en la raíz de la separación parece que estuvieron ideas diferentes relativas a las propuestas de adquisición que al final de los años cincuenta le fueron realizadas a SONAP por empresas extranjeras. La BP — British Petroleum se disponía a adquirir SONAP por 600 millones de escudos, fracasando las negociaciones solo porque la BP pretendía «que todas las decisiones estratégicas fuesen comunicadas y autorizadas por Londres». Entonces tanto la BP como la Mobil hicieron, por separado, propuestas de asociación con SONAP, en un 50% del capital para cada parte; sin embargo, Manuel Cordo Boullosa exigió quedarse con un 51% del total de las acciones con el fin de preservar la nacionalidad portuguesa de la empresa, lo que llevó al rechazo de las dos multinacionales petrolíferas. Entre tanto, y para resolver las divergencias, Manuel Queiroz Pereira aceptó vender su participación a Boullosa por 300 millones de escudos, abandonando la sociedad el 31 de diciembre de 1960.

Los nuevos caminos que entonces se le abrieron a Manuel Cordo Boullosa pasaron también por África. Aún antes de la separación, los dos socios solicitaron una autorización para instalar una refinería de petróleo en Lourenço Marques (actual Maputo), Mozambique, la cual fue concedida en 1959. Esto llevó a la constitución de la SONAREP (Sociedade Nacional de Refinación de Petróleos), en la cual participaban SONAP y la Compagnie Française des Pétroles, constituyendo un punto álgido en su carrera empresarial en el sector del petróleo. Con el fin de garantizar el éxito de sus negocios en la antigua colonia portuguesa, Cordo Boullosa jugó por lo seguro. Para gestionar la nueva empresa en Mozambique escogió una figura que dispusiese, de modo simultáneo, de buenos contactos en Lisboa y de un amplio margen de acción en África. El hombre ideal era Jorge Jardim (1919-1982), que en su opinión «era brillante en todo lo que hacía e, incluso en los negocios privados, continuó siendo un buen político. Estaba siempre al tanto de todo».

La refinería de SONAREP, localizada en la Matola, suburbios de Lourenço Marques — donde aún hoy existe una avenida con el nombre Manuel Boullosa — disponía de un capital social de 300 millones de escudos y comenzó a funcionar en 1961, presentando una capacidad de 800.000 toneladas.

Una vez más, Manuel Cordo Boullosa fue favorecido por las decisiones gubernamentales, pues su refinería mozambiqueña poseía una cuota de mercado protegida del 50%, una prerrogativa que se debió, en buena medida, a la buena relación que Jorge Jardim tenía con el gobierno de Lisboa. En contrapartida, Jardim vio aumentar su influencia en Mozambique, y en los países limítrofes, por el hecho de trabajar con Boullosa: «el petróleo era un circuito de mucho dinero, élites y poder multiplicable».

Efectivamente, los negocios de Manuel Cordo Boullosa en el sector del petróleo estaban entonces en claro ascenso, y la vida le iba muy bien. Es en esta época, en 1962, cuando se casará por segunda vez, con la parisina Nicole, de 40 años, matrimonio del que resultará dos años después el nacimiento de su hija Paula Isabel.

A comienzos de 1963, SONAREP abría una sucursal en la República Sudafricana, SONAREP (South Africa), Pty. Ltd., una distribuidora de combustibles que llegó a disponer de 200 estaciones de servicio, así como SONAREP (Swaziland), su equivalente en Suazilandia, que contó con 12 estaciones de servicio. Utilizando una vez más los préstamos de Jorge Jardim, Boullosa estableció también una asociación entre SONAP y el entonces presidente Hastings Banda de Malawi, un país vecino de Mozambique, constituyendo en febrero de 1966 la Oil Company of Malawi Ltd. (OILCOM), con un capital de 10 millones de escudos, y donde una sociedad en la cual participaba el presidente Banda disponía del 60%. En consecuencia, Jorge Jardim era nombrado director de la OILCOM, así como cónsul de Malawi en la Beira, ciudad donde residía. De acuerdo con Jardim, a pesar de «relativamente pequeño, el mercado de Malawi era considerado una salida ideal para varios productos de la pequeña refinería de Lourenço Marques», hecho comprobado por el 30% que la empresa de Boullosa llegó a poseer en el mercado de distribución de combustibles de aquel país. El empresario, que tenía como ambición obtener concesiones petrolíferas prácticamente para todas las colonias portuguesas de África, expandió incluso su actividad a Angola — a través de una asociación con la Federal Mynbou, una empresa sudafricana integrada en el grupo General Mining, de raíz afrikáans —, donde instaló la Sociedade Angolana de Petróleos, y tenía proyectos muy avanzados para Cabo Verde, los cuales no fueron concretados solo en virtud de las alteraciones políticas registradas a partir del 25 de abril de 1974, cuando fue derrocado el régimen del Estado Novo.

En su estrategia de ampliación de la actividad empresarial a África Austral, Manuel Cordo Boullosa se topó con algunas dificultades para establecer negocios con Rodesia, actual Zimbabue. Efectivamente, Rodesia había recibido sanciones económicas por parte de la Organización de las Naciones Unidas y del Reino Unido, debido a la declaración unilateral de independencia, decretada en noviembre de 1965 por la minoría blanca liderada por el primer ministro Ian Smith; pasó entonces a ser apoyada solo por los gobiernos de Sudáfrica y de Portugal. Entre las sanciones decretadas por la ONU, se incluía el bloqueo al porto de Beira, que el Reino Unido aseguró de inmediato con el envío de una escuadra de buques de guerra, incluyendo un portaviones. La situación se complicó en marzo de 1966, cuando el buque petrolero Ioana V consiguió romper el bloqueo y entrar en el puerto de Beira con 16.000 toneladas de crudo y con el objetivo de descargar petróleo para Rodesia. Este hecho agravó las relaciones entre Portugal y el Reino Unido Ya que los británicos amenazaban con desembarcar tropas en la zona de costa periférica al puerto de Beira, situación que provocó alguna aprehensión en los mandos militares portugueses. Estos ordenaron el desplazamiento de un número considerable de efectivos militares hacia aquella región, con vistas a afrontar un eventual desembarco de tropas británicas. Con todo, esta situación tan crispada no impidió que Manuel Cordo Boullosa intentase expandir sus negocios petrolíferos a Rodesia, decisión para la cual contaba, una vez más, con los buenos oficios de Jorge Jardim.

De hecho — en virtud de la situación de bloqueo en la que su país se encontraba —, Ian Smith estaba también interesado en agradar a Jardim con el fin de garantizar el mantenimiento de las vías de reabastecimiento de mercancías a través del puerto de Beira, y de petróleo por el oleoducto de Chimoio (uniendo una terminal marítima de Beira a Umtali, actual Mutare), las cuales eran fundamentales para la subsistencia de una Rodesia independiente.

Efectivamente, la resolución 221 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas llamaba a todos los Estados para que aplicasen el máximo esfuerzo en el corte de relaciones económicas con Rodesia, incluyendo el embargo de petróleo bruto y de productos petrolíferos; llamaba incluso a que el Gobierno portugués no permitiese el bombeo de petróleo por el oleoducto de Chimoio. Ante los rumores de que Manuel Cordo Boullosa le vendía petróleo a Rodesia, la Compagnie Française des Pétroles le advirtió severamente — a pesar de la vieja relación empresarial entre ambos —, de que se le cortaría el suministro de las rutas del petróleo en el caso de que le hiciese algún abastecimiento a aquel país. Jorge Jardim, que acompañó a Boullosa en su viaje a París para discutir el asunto, relató que habían encontrado [...] el más frío e incluso agresivo rechazo a cualquier colaboración. El presidente de la Compagnie Française des Pétroles (Monsieur De Metz) nos confirmó en los términos más severos que [...] no solo nunca participaría en el abastecimiento de Rodesia, sino que nos advirtió de que el suministro de la refinería de Mozambique correría peligro si las compañías portuguesas no aplicaban rigurosamente las sanciones.

De inmediato, el propio Boullosa envió un telegrama al Secretario General de la ONU en el que le garantizaba que no efectuaría ningún abastecimiento de petróleo a Rodesia. Sin embargo, hará notar más tarde, «yo le vendía petróleo a Sudáfrica, donde tenía muchos negocios. Y pasé, en esa época del bloqueo a Rodesia, a venderle más petróleo a Sudáfrica. El destino que tuvo ese petróleo no lo sé». Efectivamente, no hay ninguna prueba de que Manuel Cordo Boullosa le vendiese petróleo a Rodesia. No obstante, testigos oculares relataban en aquella época que veían pasar regularmente por las carreteras que conducían a Rodesia una gran cantidad de camiones cisterna, idénticos a los que transportaban combustibles que llevaban en su exterior simplemente la palabra “Milk”.

No fue la única vez que la actividad empresarial de Manuel Cordo Boullosa levantó sospechas de contrariar decisiones internacionales. En 1967, cuando los países árabes productores de petróleo, miembros de la Organización de los Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) decretaron el embargo al suministro de petróleo a varios países occidentales, entre los cuales estaban los Estados Unidos de América, a través del cual Israel era abastecido de petróleo, fueron varias las voces que señalaron la implicación de empresas de Boullosa en el boicot a aquel embargo. Bastantes años más tarde, en 1994, el propio empresario relatará como aconteció todo: «Cuando tuvo lugar la Guerra de los Seis Días —entre los árabes e Israel— los árabes decidieron que no le vendían petróleo ni a Portugal ni a Estados Unidos. El Dr. Salazar me llamó y yo le dije: “¡Señor presidente, somos tan pequeños que en cualquier sitio podemos encontrar el petróleo que nos hace falta!”. Después de tres el cuatro días, recibí una llamada del presidente de una compañía de Arabia Saudita en la que me decía que pasaría por Lisboa al día siguiente, al mediodía, y en la que me pedía que yo fuese a Oporto para hablar allí con él. Me dijo que Arabia Saudita le vendería a Mozambique todo el petróleo que yo quisiese. Yo salía para Atenas y ordené a mi oficina en Londres que le enviasen un telegrama a Jorge Jardim con el fin de que él estuviese informado y lo comunicase. Fui directo desde el aeropuerto de la Portela [en Lisboa] al gabinete del Dr. Salazar. Le pedí al jefe de su gabinete que le dijese que no se preocupase porque iba a tener petróleo árabe en Mozambique. Como era una buena noticia, el jefe del gabinete del Dr. Salazar me ordenó entrar. Hablé con el Dr. Salazar, le conté lo que pasaba y él me dijo: “Por supuesto, entiendo: ¡en Mozambique hay un millón de musulmanes!”. Él sabía todo lo que pasaba».

La exitosa actividad empresarial que Manuel Cordo Boullosa desarrolló en África Austral no le hizo olvidar los intereses que mantenía en Portugal, especialmente en el sector del petróleo. A comienzos de los años sesenta, la refinería de SACOR en Cabo Ruivo, que hasta entonces venía ampliando continuamente sus instalaciones — proceso que, en realidad, se había iniciado el año siguiente al de su inauguración en 1940 — ya que no podía sufrir nuevas ampliaciones, y además porque su proximidad a la ciudad de Lisboa también lo imposibilitaba, por razones ambientales, de salud y ecológicas.

Portugal registraba también en aquella época un desarrollo económico progresivo, en parte resultante de la apertura producida por la entrada del país en la EFTA en diciembre de 1959, situación que suscitó un aumento creciente del consumo de combustibles, tanto en la industria como en el sector de los transportes.

En 1961, la Dirección Xeral de Combustibles solicitó a las empresas petrolíferas (SONAP, SACOR, ESSO, Mobil, Shell) que concretasen propuestas sobre la apertura de una segunda refinería en Portugal, que sería instalada en el norte del país, en la zona de Oporto, también con el objetivo de descentralizar geográficamente el refinado de petróleo, con el fin de garantizar el equilibrio en la totalidad del país y la satisfacción de las necesidades de abastecimiento del mercado interno. En esa consulta estarán implicados el grupo SACOR y CUF (Compañía Unión Fabril) que ahora procuraba entrar en el rentable sector de la fabricación y distribución de productos petrolíferos. Dada la posición privilegiada de SACOR en el mercado de combustibles en Portugal, todo indicaba que la solución dependería de la voluntad de aquella, la cual prefería una solución negociada directamente con el Gobierno, donde ella conservaría su situación dominante. Por otra parte, las otras empresas del sector, Shell, Mobil y SONAP, e incluso CUF, preferían el concurso.

La solución a este conflicto de intereses resultó ser una típica resolución salazarista en la que la imposición de la conciliación sustituía a las opciones por la ruptura. De este modo, se constituyó un «consorcio formado por SACOR y SONAP, que mientras intercambiaron participaciones: el compromiso traducido en despacho de mayo de 1964 fue precedido por un acuerdo entre las administraciones de SACOR y SONAP de noviembre de 1963. Comenzará además la obligatoriedad de la implicación del Grupo CUF en futuros desarrollos en el área petroquímica y el refuerzo de las presencias muy minoritarias de Shell y de Mobil». A partir de ahora, la SONAP podría utilizar las refinerías de la SACOR para el tratamiento en crudo de petróleo.

La actividad en el sector financiero[editar]

La actividad empresarial que Manuel Cordo Boullosa desarrolló a lo largo de décadas no sería posible sin su inserción en el sector financiero. Desde muy pronto el empresario comprendió perfectamente esa necesidad, por lo que no causa sorpresa verlo relacionado con el Banque de Paris et Pays-Bas, ya en los años treinta. Sin embargo, no consiguió obtener en este sector el mismo éxito que alcanzara en el del petróleo. Aun así, las posiciones financieras que alcanzó llegaron a tener cierta importancia y se hicieron más profundas a lo largo de los años según su cartera de negocios se enriquecía.

Fue solamente a comienzos de la década de los sesenta, poco antes de la eclosión de la emigración portuguesa hacia Francia y Alemania, cuando Manuel Cordo Boullosa comenzó a adquirir una posición significativa en el sector bancario, comenzando por adquirir el 70% del Banque Franco-Portugaise, muy activo en la captación de remesas de emigrantes, en lo cual ya anteriormente tenía como socio al BNU (Banco Nacional Ultramarino). Tuvo también una participación en el Banco Fonsecas & Burnay, del cual llegó a ser administrador, durante dos años, 1967 y 1968, y también en 1966, en su antecesor, el Banco Fonsecas, Santos & Vianna. En 1970, junto con el Banco Nacional Ultramarino, fundó el Lissabon Bank AG, en Düsseldorf, del cual fue presidente, así como del Banco Pinto de Magalhães, en Brasil. En este último país fue también administrador del Banco Itaú. En diciembre de 1973, debido a que el grupo Jorge de Brito/Jorge Gonçalves Pereira se deshizo de la mayoría de sus participaciones, cerca de 40.000 acciones, en el Crédito Predial Português, Manuel Cordo Boullosa se convirtió en accionista mayoritario de este banco y asumió el control del respectivo consejo de administración el 20 de febrero de 1974. A pesar de esto no estaría mucho tiempo al frente en virtud de las nacionalizaciones del sector bancario, que siguieron al golpe militar del 25 de abril de 1974.

Los nuevos desafíos del marcelismo[editar]

El crecimiento de la economía portuguesa, principalmente a lo largo de la década de los sesenta y comienzos de la de los setenta — durante la cual el producto interior bruto creció un 6,2% entre 1959 y 1965 y un 7,5% entre 1966 y 1973 —, exigía que, al aproximarse el fin de la década de los 60, se tomasen decisiones en el sentido de crear las iniciativas industriales y las infraestructuras que la economía necesitaba con el fin de garantizar aquel ritmo de desarrollo. De este modo, a partir de 1969 y coincidiendo con el nuevo gobierno de Marcello Caetano, que contaba con un pequeño y más dinámico grupo de tecnócratas—, fue impulsada una serie de grandes proyectos industriales y de infraestructuras, los cuales fueron fuertemente disputados por los principales grupos económicos nacionales, como la CUF, Champalimaud y SACOR.

En lo que respecta al sector petrolífero, que ganaba cada vez más importancia, fue entonces publicado en el Diário do Governo, el 4 de noviembre de 1970, una orden ministerial en la que se establecieron las grandes directrices de la expansión de la capacidad de refinado y de la instalación de las petroquímicas de aromáticos y oleoderivados en el Portugal continental; esto desencadenará una profunda reorganización de aquel sector, así como el asentamiento de las bases de una industria petroquímica diversificada. En el entorno de ésta, destacaba la decisión de instalar una nueva gran refinería en el sur del país, con una capacidad de fabricación de 10 millones de toneladas/año de petróleos brutos y de sus residuos, así como un complejo petroquímico de oleoderivados, el cual, en conjunto, representaba la mayor inversión que hasta entonces se había realizado en aquel sector en Portugal. de este modo, se satisfacía ampliamente el creciente consumo nacional de productos de petróleo, o sea, la búsqueda interna de una forma de energía secundaria esencial para el pretendido desarrollo. Además de eso, las esperanzas depositadas en la producción de la nueva refinería iban más lejos, una vez que procuraban satisfacer también la exportación de productos refinados. Al concurso para la atribución de esta concesión se presentaron tres consorcios: uno, con participación de la SACOR, Fundación Calouste Gulbenkian y por las distribuidoras Shell, Mobil y BP (las tres compañías petrolíferas extranjeras con actividad de distribución en Portugal); el segundo, resultaba de la asociación entre CUF y SONAP, y se preveía para el futuro la implicación de un grupo internacional (que tendría hasta el 10% del capital de la nueva sociedad); y un tercero que estaba integrado sobre todo por empresas del Grupo Champalimaud, bajo la dirección de la Química Geral (Mozambique).

Eran muchos los intereses en juego — y el negocio era también bastante apetecible —, por lo que la SONAP de Manuel Cordo Boullosa se verá obligada a proceder a una serie de reformulaciones, incluyendo las alianzas empresariales con el fin de colocarse en una posición que le proporcionase algunas garantías de poder vencer el concurso, principalmente cuando constató que SACOR se había asociado con las grandes multinacionales del sector. Efectivamente, SONAP, que estaba asociada a SACOR desde 1963, cuando se tomó la decisión de la construcción de la refinería en el norte del país, en Leça de la Palmeira, Matosinhos (inaugurada el 5 de junio de 1970), irá a rehacer sus alianzas, proceso que se inició con la venta del 10% del Banco Fonsecas & Burnay a la CUF, con el fin de permitir la entrada de esta en el sector petrolífero. Por otro lado, la Compagnie Française des Pétroles, abandonará progresivamente sus negocios en Portugal y cederá sus posiciones accionistas en SACOR (en 1970) y en SONAP (en 1973) a la Fundación Calouste Gulbenkian.

Finalmente, será «establecido un cuadro básico de relaciones entre las dos empresas que pasarían a explotar el refinado de petróleos a partir de la presencia del Estado como accionista de SACOR, de SONAP y de Petrosul; de la presencia de la Fundación Calouste Gulbenkian como accionista de SACOR y de SONAP; y de las participaciones cruzadas de SACOR y de SONAP, establecidas durante el lanzamiento de la refinería del norte y ahora mantenidas».

El 12 de noviembre de 1971, a través del Decreto ley núm. 497/71, el Gobierno decidió concederle la explotación de la nueva refinería del sur al consorcio entre SONAP y CUF, bajo la forma de sociedad anónima de responsabilidad limitada, con un capital inicial mínimo de 755 millones de escudos, en el cual el Estado participaba gratuitamente en un 34%. Se rompía, así, el monopolio de SACOR en el sector del refinado de petróleo, el cual, durante treinta años había compartido con el BPA — Banco Português del Atlântico, con el BESCL — Banco Espírito Santo e Comercial de Lisboa — y con la Fundación Gulbenkian, disponiendo de dos refinerías: Cabo Ruivo y Leça de Palmeira (Matosinhos). Al año siguiente, aquel consorcio formará una empresa de capital mixto, la Petrosul (Sociedade Portuguesa de refinación de Petróleos) SArL, e incluso otra empresa, la CNP (Compañía Nacional de Petroquímica), SArL, para concretar las bases del complejo petroquímico de oleoderivados que será implantado junto a la nueva refinería. A pesar de que en todas las propuestas presentadas por los diferentes consorcios se indicaba como localización preferente para la nueva refinería la orilla sur del Tajo o la península de Setúbal, el Gobierno optó por instalarla junto a un nuevo puerto para buques de gran calado — de nueva construcción, en la hasta entonces tranquila y hospitalaria villa alentejana de Sines — a causa de que tanto el estuario del Tajo como el del Sado estaban limitados por el calado de sus respectivas entradas, aunque presentasen unas condiciones de abrigo excelentes. Además de eso, Sines presentaba mejores condiciones geográficas para diluir fácilmente la polución atmosférica, a lo cual contribuían mucho las vastas áreas boscosas existentes al norte de aquella villa. La refinería de Petrosul — la tercera y la mayor de Portugal — apoyada por tecnología francesa, inició entonces su construcción, que se concluyó en 1978, fecha a partir de la cual comenzó también la producción.

En 1970, en una carta que le envió al primer ministro Marcello Caetano, Manuel Cordo Boullosa le escribía, alarmado por la situación del negocio del petróleo en Mozambique, donde su posición hegemónica parecía estar en riesgo, y le solicitaba igualmente una audiencia: «la industria de petróleos en Mozambique sirvió al interés nacional con total devoción [...]. no obstante, están anunciadas medidas que conducen a la destrucción de aquella industria. Si las medidas son o no legales, si son o no morales, poco importa de momento». Las preocupaciones de Boullosa se derivaban, muy posiblemente, de la posibilidad de que la norteamericana Gulf Oil explotase petróleo en Mozambique, lo que significaba tener que competir con la mayor empresa mundial del sector. A pesar de la alarma suscitada por aquella posibilidad, el Gobierno terminó decidiendo —para alegría del empresario—, no autorizar la entrada del coloso norteamericano en el mercado nacional.

Aunque Manuel Cordo Boullosa mantuviese una estrecha relación con el régimen del Estado Novo, no dejó de conservar siempre una gran independencia, lo que lo llevó a apoyar los proyectos reformistas del sector liberal y tecnocrático del Gobierno de Marcello Caetano, que procuraba encontrar soluciones, especialmente políticas, para las dificultades que el régimen afrontaba en aquel momento. Es el caso, por ejemplo, de su participación en el capital social del semanario Expresso del diputado liberal Francisco Pinto Balsemão, surgido en enero de 1973, el cual defendía también las posiciones de SEDES (Asociación para o Desenvolvemento Económico e Social), actitud que no fue bien vista por el Gobierno de Caetano. Constituida en 1970, SEDES integraba un sector tecnócrata que defendía una política de liberalización económica encuadrada en una progresiva democratización del régimen. Ya anteriormente — en 1970 — Boullosa había dado pruebas de su independencia al invitar a Mário Soares, entonces exiliado en París, a servir como asesor jurídico del Banque Franco-Portugaise, lo cual desagradó profundamente a Marcello Caetano. El entonces primer ministro llegó a enviar a París a César Moreira Baptista — que en aquel momento era secretario de Estado de Información — para interpelar directamente a Boullosa por darle empleo a una persona no grata al régimen. Según Soares, «Boullosa le respondió que, si alguna vez las cosas diesen una vuelta en Portugal, haría con él, Moreira Baptista, lo mismo que estaba haciendo con Mário Soares». Además, y manifestando una vez más su independencia, al empresario le gustaba decir que nunca había despedido a nadie por motivos políticos: incluso llegó a readmitir en SONAP a dos trabajadores de la empresa que habían sido presos por la PIDE, la odiosa policía política do régimen. También procuraba pagar salarios más altos. de este modo, SONAP hizo en 1969 un plan de pensiones de supervivencia, aspecto que debemos resaltar en un país en el que la asistencia social era entonces todavía muy insuficiente. Del mismo modo asumió claramente sus responsabilidades sociales, incluso antes del 25 de abril y a él se debe la fijación de un salario mínimo en la industria petrolífera, la institución de un sistema de servicio médico-hospitalario y la tramitación de líneas de financiación para que los trabajadores de sus empresas adquiriesen casa propia.

El 25 de abril y las nacionalizaciones[editar]

Un empresario como Manuel Cordo Boullosa, que estuvo ligado a algunos de los mayores proyectos económicos en Portugal desde la década de los 30 y que construyó un fuerte imperio económico durante el régimen de Salazar/Caetano — con el cual había mantenido una relación privilegiada — se encontraba necesariamente en una situación delicada a partir del momento en el que aconteció una ruptura radical que cuestionó fuertemente aquel mismo régimen. Boullosa comprendió rápidamente las consecuencias que podría desencadenar la alteración de la situación política en Portugal, bien en su imperio económico, bien en relación con su propia integridad física. El golpe de Estado del 25 de abril de 1974 desencadenará, casi de inmediato, un proceso revolucionario con objetivos de naturaleza socialista, con un poderoso movimiento popular que reclamaba la condena de todos los que estaban implicados en el régimen del Estado Novo.

En mayo de 1974 la radicalización del movimiento popular exigió de los militares del MFA (Movemento das Forzas Armadas) así como del Gobierno Provisional, medidas firmes contra todas las personalidades con responsabilidades en el régimen depuesto, comenzando una ola de depuraciones, tanto en el sector público como en el privado, así como de encarcelamientos de banqueros y de empresarios, acusados de sabotaje económico y de fuga de capitales. El 21 de ese mes, Manuel Cordo Boullosa fue avisado por un militar de que sería preso al día siguiente. Partió lo antes posible para Galicia, aunque más tarde afirmara que había salido de Portugal «porque tenía otros intereses en el extranjero que reclamaban su presencia». Una de las acusaciones que pendían sobre él era la de que Había hecho salir de la caja de la SONAP hacia el extranjero cerca de dos mil millones de escudos. En esta época [...] una aseguradora francesa había evaluado su fortuna en 100.000 millones de escudos.

Los intereses económicos que mantenía en el extranjero le permitieron, en aquel momento, acometer los cambios ocurridos en una situación más favorable que a la mayoría de los empresarios portugueses. Poco tiempo después de su ida a Galicia partió hacia París, donde poseía el Banque Franco-Portugaise, lo que le permitía mantener una posición independiente y continuar desarrollando su actividad empresarial. Mientras tanto, el 16 de abril de 1975, con la nacionalización de todas las empresas petrolíferas de capital nacional — SACOR, SONAP, CIDLA y Petrosul —, a través de la promulgación del Decreto ley núm. 205-A/75, la situación se altera por completo. En el mismo texto legal se preveía la reestructuración de las empresas nacionalizadas para lo cual fue constituida una comisión con el fin de concretar aquel objetivo; así el 26 de marzo de 1976 se creó la empresa pública Petrogal (Petróleos de Portugal, EP) que agrupaba las cuatro empresas que habían sido nacionalizadas.

Poco después, su finca del Roncanito, próxima a Évora, donde a Boullosa le gustaba organizar sus cacerías, fue ocupada por los trabajadores rurales en el ambiente del movimiento de ocupación de tierras en el Alentejo y de la reforma agraria que, mientras tanto, se había desencadenado. Según Boullosa, la finca del Roncanito era una unidad modélica «con mil hectáreas en Reguengos de Monsaraz, tenía 480 vacas lecheras de un total de 1000 cabezas y disponía de una instalación láctea de las mejores que había en Europa. Posteriormente, le serían restituidas 700 hectáreas».

Durante este período se asistió en Portugal a una alteración radical de la estructura económica; destacó el proceso de las nacionalizaciones de los grandes grupos industriales y financieros, y el movimiento de la reforma agraria, procesos en los que los respectivos trabajadores habían desempeñado un papel determinante. de este modo, no sorprende que también surgiesen problemas en el Banque Franco-Portugaise, con una huelga de los trabajadores. Boullosa terminó vendiéndole el banco a Miguel Quina, un banquero que hasta 1975 había estado ligado a otro de los principales grupos económicos portugueses. En 1977 Manuel Cordo Boullosa partió para Brasil, donde adquirió el Banco Pinto de Magalhães, fundó la sociedad agropecuaria Karitel, propietaria de 40.000 hectáreas en el estado de Bahía, además de otras empresas como Ebra y Fabra.

Aún antes de establecerse en Brasil, y a pesar de que no residiese entonces en Portugal, Manuel Cordo Boullosa llegó a tener algún protagonismo en la situación política que el país vivía entonces — aunque discreto, como era su modo de proceder —, apoyando financieramente — junto con otras figuras ligadas a la banca y a la industria antes del 25 de abril — a los sectores que se oponían y procuraban contrariar el proceso revolucionario en curso. Entre estos se contaba el MDLP (Movimento Democrático de Libertação de Portugal), constituido el 5 de mayo de 1975 y que estaba presidido por el ex-general António de Spínola, entonces exiliado en Madrid, y que recibía apoyo de la CIA, así como una prudente ayuda de David Rockefeller. Con vastos e importantes intereses en las antiguas colonias portuguesas de África, Manuel Cordo Boullosa no podría quedar indiferente ante el rumbo que aquellos territorios estaban tomando una vez que se obtuvieron la independencia en 1975 y nacionalizaron los bienes que poseía allí, principalmente en Mozambique. Joaquim Chissano, que fue primero ministro del Gobierno de Transición, antes de la independencia de Mozambique en 1975, llegó a proponer que SONAP permaneciese en aquel país, aunque como accionista minoritaria. Cordo Boullosa «decidió no aceptar el plan de entrega del 51% de la refinería al Estado mozambiqueño y el proceso pasó a ser liderado por sus históricos socios de la Compagnie Française des Pétroles».

El empresario acabará por implicarse con la RENAMO (Resistencia Nacional Mozambicana) que a partir de 1976 comenzó una lucha armada contra el régimen en el poder en Mozambique al subsidiar a la guerrilla que la desarrollaba.

En aquel año de 1975, Boullosa había rechazado una invitación para presidir un grupo de personalidades que procuraban auxiliar la repatriación de los portugueses que vivían en las colonias africanas y que no tenían medios para regresar a Portugal. Ante el rechazo del empresario, el 13 de agosto le fue renovada la invitación, esta vez poniendo a su disposición siete aviones de la Cruz de Malta y cuatro de la Cruz Roja Internacional; Boullosa declinó de nuevo con el argumento de que era una oferta de un gobierno extranjero. Más tarde, confesó que «una vez más me equivoqué. Haría un buen papel y les daría, ciertamente, una ayuda excelente a mis compatriotas que regresaban en dificultades. Pero era para mi impensable lo que acabó aconteciendo», refiriéndose a las condiciones trágicas en las que se procedió a aquella repatriación.

Con la progresiva estabilización de la situación política en Portugal iniciada después del 25 de noviembre de 1975, Manuel Cordo Boullosa, a quien siempre le gustó mantener una buena relación con el poder, inició una implicación prudente en la vida política y, principalmente, económica, del país. En septiembre de 1977 «rompió un silencio de años para hablar de la necesidad del restablecimiento de relaciones entre Portugal y China, lo que era vital para o nuestro país vecino. El hombre de los petróleos había sido escogido por Beijing para hacerle llegar, al Gobierno portugués, algunos de sus mensajes sobre Macau». Tal y como ya había ocurrido en el pasado, Boullosa actuaba como intermediario entre el Gobierno portugués y, en este caso, el de la República Popular de China, con el fin de llegar ambos a un acuerdo sobre el futuro de la colonia de Macau.

Durante el período en el que se mantuvo en el extranjero, Manuel Cordo Boullosa no dejó de darle continuidad a su actividad empresarial, incluyendo los negocios que mantenía en Portugal, a pesar de las vicisitudes por las que pasaron durante el turbulento período posterior al 25 de abril.

Cuando regresó, en 1987, creó la Sonacin (Sociedade de Investimentos Financeiros, S. A.) «la cual se convirtió en su holding, que agrupó las participaciones en la Impregest (10%) sociedad de control de Francisco Pinto Balsemão en el área de los medios de comunicación, en la Sociedade Comercial Orey Antunes S. A., y en el BIG (Banco de Investimento Global), entre otras inversiones. Hizo incluso una inversión en Petrogal [...] de casi un 1% de su capital (cerca de 2000 millones de escudos)». En mayo de 1989, Petrogal se transformó en una sociedad anónima, aunque que el Estado se mantuvo como tenedor de la totalidad del capital. En 1992 se inició la reprivatización de esta empresa: el Estado quedó como tenedor del 75% del capital y el restante 25% en las manos del consorcio privado Petrocontrol. En 1995 fue alterada a distribución del capital de la Petrogal de modo que quedó el Estado con el 55% y los accionistas privados con el 4%. Por fin, en 1999, se constituyó el Grupo GALP (Petróleos e Gas de Portugal, SGPS, S. A.) holding que pasó a tener el 100% de Petrogal. Manteniéndose fiel a su postura de siempre — de salvaguarda de los intereses nacionales —, Manuel Cordo Boullosa, ya próximo al fin de su vida, aún tuvo fuerzas para luchar por la salvaguarda de la posición portuguesa en GALP, ante la presión del grupo petrolífero ENI — el mayor de Italia — para controlar buena parte de las acciones de aquella empresa, aspiración que se haría realidad. Boullosa intentó mantener una participación directa en GALP — sobre todo porque desde 1992 participaba en el capital de la Petrocontrol, a través de dos lotes de acciones, uno personal, otro a través de la Sonacin —, y llegó incluso a solicitarle al Gobierno la autorización necesaria. Finalmente acabó por desistir, aunque, poco antes de morir, impuso las condiciones para que se concretase el negocio italiano en GALP.

Últimos años[editar]

Una de las principales características personales de Manuel Cordo Boullosa residía en una lúcida visión estratégica — bien patente en su opción, en la década de los treinta, por la inversión en el sector de los combustibles —, que le acompañó hasta el final de su vida. Aunque fuese uno de los más destacados empresarios portugueses antes del 25 de abril — llegando a constituir la segunda fortuna del país —, y mantuviera una buena relación con el poder de entonces, su alma gallega le aconsejaba conservar una prudente independencia política. Así llegó a afirmar que «un empresario no cede a presiones». En realidad, esa alma gallega, bien perceptible en su acción, era también un alma portuguesa, ya que los dos países conservan una cultura y orígenes comunes, apenas separadas por un capricho histórico que introdujo el río Miño como frontera.

Muy frío y lúcido en los negocios, Boullosa era discretísimo, austero y apreciaba el trabajo por encima de todo. Fue conocido como un negociador sutil y determinado. Consideraba que «el secreto del negocio estaba en la racionalidad de la gestión y en el recorte dos gastos superfluos». Era un autodidacta y un gran amante de la cultura, cultivando un gran amor por los libros, bien traducido en su implicación en las editoriales Bertrand, Difel (en Brasil y Portugal), y Quetzal. Por eso se llevó un gran disgusto cuando se vio apartado de la primera en 1998, como resultado de un turbio proceso. Cultivaba igualmente el gusto por la pintura y por la escultura y así reunió a lo largo de su vida una importante colección de obras de arte. Además de la faceta empresarial, era uno de los socios más antiguos del Club de Fútbol Os Belenenses, de Lisboa, y participó activamente en la vida del club; socio número 336, con más de cincuenta años de afiliación, fue presidente de la asamblea general del club de 1971 a 1975, y durante largos años presidente del consejo general.

Manuel Cordo Boullosa tuvo siempre presentes sus orígenes gallegos y contribuyó de diversas formas a ayudar a los gallegos que vivían en Portugal. En 1989 obsequió a la Xuventude de Galicia, una asociación con sede en Lisboa, el fastuoso palacete que actualmente ocupa en el Campo de Santana, precisamente la antigua sede del Crédito Predial Portugués, de la que había sido accionista mayoritario. Su dedicación por Galicia fue reconocida por la Junta, que en junio de 1991 le concedió la Medalla Castelao; en reunión del 7 de junio del 2000 le concedió, a título póstumo, la Medalla de Oro de Galicia, en reconocimiento de su trayectoria empresarial, de su compromiso con Galicia y con la colonia gallega de la capital portuguesa.

El 6 de abril del 2000, con 94 años, Manuel Cordo Boullosa fallecía en la Quinta dos Pesos, donde residía, en Caparide, S. João del Estoril. En diversas ocasiones le fue ofrecida la nacionalidad española, pero optó siempre por mantenerse fiel a su país natal. Sin embargo, cuando Salazar le preguntó un día por qué nunca había contemplado aquella posibilidad, respondió: «No es verdad. Cuando Galicia sea un país independiente, pensaré en ese asunto». Tal vez por eso nunca dejó de usar la inconfundible boina gallega.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]