Kazimierz Łyszczyński

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Sello postal bielorruso en honor del 375.º aniversario del nacimiento de Kazimierz Lyszczynski (realizado por el artista N. Ryzy).

Kazimierz Łyszczyński[1]​ (Łyszczyce, 4 de marzo de 1634 - Varsovia, 30 de marzo de 1689), también conocido como Casimir Liszinski, fue un aristócrata polaco, terrateniente en el voivodato Brest Litovsk del Gran Ducado de Lituania, filósofo y soldado al servicio de la familia Sapieha. Es conocido por haber sido juzgado y ejecutado por su ateísmo, a los 55 años.[2][3]

Biografía[editar]

Nació en la villa polaca de Lyszczyce (hoy en Bielorrusia). Durante ocho años estudió filosofía como jesuita y luego se convirtió en podsędek (juez de suministros) en los casos legales en contra de los jesuitas en temas inmobiliarios.

Escribió un tratado titulado La no existencia de Dios por el que fue ejecutado, acusado de ateísmo. Su juicio ha sido criticado[4]​ y es visto como un caso de la legalización del «asesinato religioso» en Polonia.[5]

«De non existentia Dei»[editar]

Lyszczynski escribió un tratado titulado De non existentia Dei (‘acerca de la no existencia de Dios’), donde declaró que Dios no existe y que las religiones son invenciones humanas.[6]

1) Les rogamos, oh teólogos, por vuestro Dios, si de esta manera no apagan la luz de la razón, si no expulsan al Sol de este mundo, si no abaten a vuestro Dios desde el cielo, al atribuirle lo imposible, las características y atributos que se contradicen entre sí.

2) Los seres humanos son los creadores de Dios, y Dios es un concepto y una creación de los seres humanos. Por lo tanto los arquitectos e ingenieros de Dios son los seres humanos, y Dios no es un ser verdadero sino un ser que existe solamente en la mente, porque es quimérico por naturaleza, ya que un dios y una quimera son lo mismo.

3) La religión fue constituida por personas sin religión, que querían ser adoradas ellas mismas, ya que los dioses no existen. La piedad religiosa fue creada por impíos. El temor de Dios fue difundido por temerarios para que la gente tuviera miedo de ellos al final. La devoción que se dice piadosa es un diseño de los seres humanos. Las doctrinas religiosas, ya sea que digan ser lógicas o filosóficas, y que se jactan de ser la enseñanza de la verdad de Dios, son falsas, y por el contrario, la doctrina condenada como falsa, es la verdadera.

4) Las personas sencillas son engañadas por las más astutas con la fabricación de Dios para su propia opresión. Esas mismas personas protegen la opresión, de manera tal, que si un sabio intentara liberarlos mediante la verdad, sería reprimido por las mismas personas.

5) Sin embargo, no experimentamos dentro de nosotros tal imperativo de la razón, que nos asegure la verdad de la revelación divina. ¡Ay si estuviera presente en nosotros! Entonces todo el mundo tendríamos que reconocerlo y no tendríamos dudas y no estaríamos en contradicción con los escritos de Moisés, con los Evangelios ―que no son ciertos― y no habría diferentes religiones con seguidores (como Mahoma, etc.). Este imperativo no es conocido, y no solo hay dudas, sino que algunos hasta niegan la revelación divina. Y esos no son tontos, sino sabios, que con un razonamiento adecuado demuestran ¿qué? Todo lo contrario, eso que también demuestro aquí: en conclusión, que Dios no existe.

Kazimierz Lyszczynski[7]

Juicio y ejecución[editar]

Lyszczynski leyó un libro de Henry Aldsted titulado Theologia naturalis (‘teología natural’), que trataba de demostrar de manera lógica la existencia de Dios. Sin embargo, los argumentos eran tan confusos que Lyszczynski pudo inferir muchas contradicciones. Ridiculizando a Aldsted, Lyszczynski escribió en los márgenes del libro las palabras «ergo non est Deus» (‘por lo tanto, Dios no es’).

Esto fue descubierto por uno de los deudores de Lyszczynski, Jan Kazimierz Brzoska, que era el nuncio de la provincia de Brest (Bielorrusia) en Polonia (o un stolnik de Bracławice o Łowczy de Brześć). Brzoska ―que era reacio a devolver una gran suma de dinero que le había prestado Lyszczynski―, lo acusó de ser ateo y entregó el ejemplar escrito de Theologia naturalis como evidencia ante Witwicki, obispo de Poznań.

Brzoska robó y entregó a la corte una copia escrita a mano de De no existentia Dei, que fue el primer tratado de filosofía en polaco que presentar la realidad desde una perspectiva atea, en el que Lyszczynski había estado trabajando desde 1674.[8]

Witwicki ―junto con Zaluski, el obispo de Kiev (Rusia)― tomó este caso con celo. El rey intentó ayudar a Lyszczynski ordenando que fuese juzgado en Vilna, pero esto no pudo salvar Lyszczynski del clero. El primer privilegio de Lyszczynski como aristócrata ―que no podía ser encarcelado antes de ser condenado por un juez― fue violado.

El caso de Lyszczynski fue llevado ante la Dieta de 1689, donde fue acusado de haber negado la existencia de Dios y de haber blasfemado contra la Virgen María y los santos.

Durante el juicio, Lyszczynski afirmó que su De non existentia Dei se iba a tratar acerca de un debate entre un católico y un ateo, en el que finalmente el católico vencería. Le dijo a los miembros de la dieta que el trabajo iba a tener un título diferente a ‘Acerca de la no existencia de Dios’). Afirmó que él solamente había escribió la primera mitad de la obra (es decir, solo el argumento del ateo) y luego dejó de escribir por consejo de un sacerdote.

Fue condenado a muerte por ateísmo. La sentencia se llevó a cabo antes del mediodía en el mercado de la ciudad vieja de Varsovia, ante todo el pueblo.[4]

El obispo Załuski escribió el siguiente relato de la ejecución:

Después de la retractación el culpable fue conducido al cadalso, donde el verdugo le arrancó con un hierro ardiente los labios y la lengua, con los que había sido cruel en contra de Dios. Después sus manos ―instrumentos de la producción abominable―, fueron quemadas a fuego lento. Los papeles sacrílegos fueron arrojados a las llamas. Finalmente ese monstruo de su siglo, este deicida fue arrojado a las llamas expiatorias (expiatorias si es que tal delito puede ser expiado).

Załuski (obispo de Kiev)[4]

Después de eso, su cadáver fue trasladado más allá de las fronteras de la ciudad y decapitado.

Transcripción del juicio[editar]

En una biblioteca de Kornik se encuentra una transcripción del procedimiento, incluyendo un discurso de Szymon Kurowicz Zabistowski (instigator regni del Gran Ducado de Lituania), quien citó fragmentos de De non existentia Dei. El tratado y sus copias fueron destruidos por la dieta, pero sobrevivieron varias citas de fragmentos:

Estatus de Lyszczynski en la Polonia moderna[editar]

Escudo de armas de Kazimierz Lyszczynski.

En la Polonia comunista, Lyszczynski llegó a ser celebrado como un mártir de la causa atea. En una serie de documentos, Andrzej Nowicki presentó una visión romántica de Lyszczynski, afirmando que

En términos de la amplitud de su horizonte intelectual, la minuciosidad de su erudición filosófica y la audacia de su pensamiento, él fue sin duda la mente polaca más eminentes de su época.

Referencias[editar]

  1. Su nombre se pronuncia [kaˈʑimjɛʂ wɨˈʂt͡ʂɨɲskʲi].
  2. Aleksander Gieysztor, et al. (1979): History of Poland (‘historia de Polonia’).

    Un noble lituano, Kazimierz Lyszczynski, incluso fue decapitado por su ateísmo presunto o real (1689).

    A Lithuanian nobleman, Kazimierz Lyszczynski, was even beheaded for his alleged, or real, atheism (1689).

    página 261
  3. Jerzy Kloczowski (2000): A History of Polish Christianity (‘historia del cristianismo polaco’):

    El episodio más famoso fue la condena a muerte de Kazimierz Lyszczynski, un noble acusado de ateísmo por el tribunal Sejm en 1689.

    The most famous episode was the sentencing to death of Kazimierz Lyszczynski, a nobleman accused of atheism, by the Sejm court in 1689.

    Página 155
  4. a b c Skorobohaty, Walerjan (1840): Historical sketch of the rise, progress and decline of the reformation in Poland. University of Michigan.

    Cazimir Lyszczynski, un noble y terrateniente de Lituania, un hombre de un carácter muy respetable, estaba hojeando un libro titulado Theologia naturalis, de Henry Aldsted (un teólogo protestante), y encontrando que los argumentos que el autor empleó con el fin de probar la existencia de Dios, eran tan confusos que era posible deducir de ellos consecuencias muy contrarias, agregó en el margen las siguientes palabras: «Ergo non est Deus», ridiculizando evidentemente los argumentos del autor. Esta frase fue descubierta por Brzoska, nuncio de Brest en Lituania, y deudor de Lyszczynski, quien lo denunció como ateo, y entregó, como prueba de su acusación, el ejemplar de la obra con la anotación mencionada a Witwicki, obispo de Posnania, quien tomó este asunto con la máxima violencia. Él fue celosamente secundado por Zaluski, obispo de Kiod, un prelado conocido por su gran erudición y no exento de mérito en otros aspectos, que sin embargo no resultó ningún freno para el fanatismo religioso. El rey, que estaba muy lejos de aprobar tales enormidades, intentó salvar al infortunado Lyszczynski, ordenando que fuese juzgado en Vilna; pero nada podía defender al desafortunado hombre contra la furia fanática del clero representado por estos dos obispos; y el primer privilegio de un noble polaco ―el no poder ser encarcelado antes de su condena, y que hasta entonces había sido observada sagradamente incluso con los más grandes criminales―, fue violado. Por la simple acusación de su deudor, con el apoyo de los obispos, el asunto fue llevado ante la Dieta de 1689, ante la cual el clero ―y en particular el obispo Zaluski― acusaron a Lyszczynski de haber negado la existencia de Dios, y de haber proferido blasfemias contra la bienaventurada Virgen y contra los santos. La desafortunada víctima, aterrorizada por su peligrosa situación, reconoció todo lo que se le imputaba, hizo una retractación completa de todo lo que podría haber dicho y escrito en contra de la doctrina de la Iglesia católica romana, y declaró toda su sumisión a su autoridad. Esto, sin embargo, no le sirvió de nada, y sus acusadores incluso se escandalizaron de que la dieta le permitiera hacer una defensa, y le concedió el término de tres días para recoger pruebas sobre su inocencia, ya que la acusación del clero debía, en su juicio, ser prueba suficiente para condenar al culpable. El fanatismo de la dieta estaba emocionado de la manera más escandalosa por la representación blasfema de que Dios debía ser propiciado con la sangre de su agresor. La dieta decretó que a Lyszczynski se le debería arrancar la lengua, y después ser decapitado y quemado. Esta sentencia atroz fue ejecutada, y el propio obispo Zaluski escribió un relato de lo que él consideraba un acto de piedad y justicia. El rey quedó horrorizado por esta noticia y exclamó que la Inquisición no hubiera podido haber hecho algo peor. En esta ocasión es necesario hacer justicia al papa Inocencio XI, que, en lugar de conferir el capelo cardenalicio al obispo de Posnania, amargamente censuró este asunto vergonzoso.

    Cazimir Lyszczynski, a noble and landowner of Lithuania, a man of a very respectable character, was perusing a book entitled Theologia Naturalis, by Henry Aldsted, a Protestant divine, and finding that the arguments which the author employed in order to prove the existence of divinity, were so confused that it was possible to deduce from them quite contrary consequences, he added on the margin the following words — “ergo non est Deus,” evidently ridiculing the arguments of the author. This circumstance was found out by Brzoska, nuncio of Brest in Lithuania, a debtor of Lyszczynski, who denouned him as an atheist, delivering, as evidence of his accusation, a copy of the work with the above-mentioned annotation to Witwicki, bishop of Posnania, who took up this affair with the greatest violence. He was zealously seconded by Zaluski, bishop of Kiod, a prelate known for his great learning and not devoid of merit in other respects, which however proved no check to religious fanaticism. The king, who was very far from countenancing such enormities, attempted to save the unfortunate Lyszczynski, by ordering that he should be judged at Vilna; but nothing could shelter the unfortunate man against the fanatical rage of the clergy represented by the two bishops; and the first privilege of a Polish noble, that he could not be imprisoned before his condemnation, and which had theretofore been sacredly observed even with the greatest criminals, was violated. On the simple accusation of his debtor, supported by the bishops, the affair was brought before the diet of 1689, before which the clergy, and particularly the bishop Zaluski, accused Lyszczynski of having denied the existence of God, and uttered blasphemies against the blessed Virgin and the saints. The unfortunate victim, terrified by his perilous situation, acknowledged all that was imputed to him, made a full recantation of all he might have said and written against the doctrine of the Roman Catholic church, and declared his entire submission to its authority. This was, however, of no avail to him, and his accusers were even scandalized that the diet permitted him to make a defence, and granted the term of three days for collecting evidence of his innocence, as the accusation of the clergy ought, in their judgment, to be sufficient evidence on which to condemn the culprit. The fanaticism of the diet was excited in a most scandalous manner by the blasphemous representation that divinity should be propitiated by the blood of its offenders. The diet decreed that Lyszczynski should have his tongue pulled out, and then be beheaded and burnt. This atrocious sentence was executed, and the bishop Zaluski himself gives a relation of what he considered an act of piety and justice! The king was horror-struck at this news and exclaimed that the Inquisition could not do any thing worse. It is necessary, on this occasion, to render justice to Pope Innocent XI, who, instead of conferring a cardinal’s hat on the bishop of Posnania, bitterly censured this disgraceful affair.

    Walerian Skorobohaty (1840), capítulo 15, págs. 412-415
  5. Chołoniewski, Antoni (1918): The spirit of polish history (‘el espíritu de la historia de Polonia’). Traducido por Jane (Addy) Arctowska. Varsovia (Polonia): The Polish Book Importing Co., 1918.

    La ejecución del noble Lyszczynski, acusado de ateísmo, un asesinato religioso ordenado por la Dieta de 1689, permaneció como un caso aislado.

    The execution of the nobleman Lyszczynski, accused of atheism, religious murder ordered by the Diet of 1689, remained an isolated case.

    Página 38
  6. «Atheism», artículo en el sitio web PTTA (Polskie Towarzystwo Tomasza z Akwinu), pág. 17.
  7. Andrzej Nowicki, 1957.
  8. Tazbir, Janusz (1966): Historia Kościoła katolickiego w Polsce (1460-1795). Varsovia, 1966.

    Los católicos que eran sospechosos de ser ateos eran tratados de manera mucho más severa que los protestantes que proclamaban abiertamente sus creencias. Un ejemplo está dado por un juicio contra el noble Kazmierz Lyszczynski, quien fue condenado a muerte por ateísmo en 1689. Se piensa que Lyszczynski escribió un tratado acerca de la existencia de Dios, donde expresó su afecto por el ateísmo. El manuscrito de este tratado fue robado por su enemigo personal, Jan Kazimierz Brzóska, quien lo envió al obispo de Poznan, Stanislaw Witwicki, quien acusó al blasfemo ante la corte. Otros obispos apoyaron esta acusación. En efecto, la dieta ordenó que a Lyszczynski se le cortara la lengua y se le decapitara. Se dice que el rey Juan III Sobieski expresó su descontento diciendo que la Inquisición no hubiera producido una sentencia peor. Después de que el rey apelara, la ejecución se limitó solo a la decapitación. El cuerpo del blasfemo fue quemado. El juicio no fue bien visto en Roma. El papa consideró que los obispos habían abusado de su poder, y que la sentencia había sido demasiado severa. Sin embargo, vale la pena señalar que el juicio de Lyszczynski es el único ejemplo conocido en el siglo XVII de un noble ejecutado a causa de sus creencias.

    Catholics who were suspected of being atheists were treated much more severely than Protestants who openly proclaimed their beliefs. An example is given by a trial of nobleman Kazmierz Lyszczynski, who was sentenced to death for atheism in 1689. Lyszczynski is thought to have written a longer treatise on the existence of God, where he expressed his affection for atheism. The manuscript of this treatise was stolen by his personal foe, Jan Kazimierz Brzóska, who sent it to Poznań bishop Stanisław Witwicki, who accused the blasphemer in court. Other bishops supported this accusation. In effect the diet sentenced Lyszczynski to death by beheading and cutting of his tongue. King Jan Sobieski is said to have expressed his discontent by saying that the inquisition would not have undertaken a more severe decision. After the king's appeal the execution was limited to beheading only. The body of the blasphemer was burned. The trial was not well regarded in Rome. The pope thought that the bishops had abused their entitlements and that the sentence had been too severe. It is however worth noting that Lyszczynski's trial is the only known example in the 17th century of a noblemen being executed because of his beliefs.

  9. Pomian-Srzednicki, Maciej (1982): Religious change in contemporary Poland: secularization and politics. Londres: Routledge, págs. 103-104. ISBN 0-7100-9245-8.

    Parece que Lyszczynski fue condenado a muerte por escribir un tratado titulado De non existentia Dei... y todo lo que queda son unas notas que se hicieron durante el juicio. Aparte de esto, y también debido al hecho de que su ejecución causó cierta controversia en el momento debido a que él era miembro de la alta burguesía, casi nada se sabe acerca de Lyszczynski. Su importancia como mártir de la causa atea ha conducido a que Nowicki lo idealizara y lo rescatara de una celda lóbrega en lo oscuro del fondo de la Historia. Han aparecido una copiosa cantidad de escritos en relación tanto a lo que no se sabe de él como a lo que podría haber sido el contenido de su pensamiento. Nowicki escribe con valentía: «La vida intelectual polaca no puede presumir de una sola figura que pueda compararse con Lyszczynski en términos de amplitud de horizontes intelectuales, la minuciosidad de la erudición filosófica y la audacia del pensamiento. Él es sin dudas la mente polaca más eminente de la época». ¡Qué lástima que nadie sabe cuál era el contenido de su pensamiento! De acuerdo con las notas escritas durante el juicio, Lyszczynski era curiosamente «moderno» ―incluso hasta el punto de la incongruencia― en su crítica de la religión: todas sus palabras podrían haber sido escritas por Marx o Lenin... Lyszczynski establece claramente su incredulidad en Dios. La incongruencia de esta idea, sin embargo, radica en la incapacidad para entender la génesis de esta idea en el contexto de la sociedad polaca en ese momento... No hay evidencia independiente o clara de que otras personas tuvieran inclinaciones similares durante la época de Lyszczynski. Decir que Lyszczynski era simplemente un adelantado a su tiempo no significa nada: es un reconocimiento de la falta de una explicación.

    It appears that Lyszczynski was sentenced to death for writing a treatise entitled 'De non existentia Dei'... and all that remains are a few notes which were made during the trial. Apart from this and also the fact that his execution caused some controversy at the time on account of his being a member of the gentry, next to nothing is known about Lyszczynski. Lyszczynski's importance as a martyr of the atheist cause has led to his romanticization by Nowicki and to his rescue from a murky cell in the obscure by-ways of history. A copious amount of writing has appeared concerning both what is not known about him and what the content of his thought might have been. Nowicki writes boldly: 'Polish intellectual life cannot boast of any one figure who could compare with Lyszczynski in terms of breadth of intellectual horizons, the thoroughness of philosophical erudition and the boldness of thought. He was beyond doubt the most eminent Polish mind of the epoch.' What a pity that no one knows what the content of his thought was. According to the notes made at the trial, Lyszczynski, was curiously 'modern', even to the point of incongruity, in his critique of religion: all of his remarks might have been made by Marx or Lenin... Lyszczynski clearly states his disbelief in God. The incongruity of this idea, however, lies in an inability to understand its genesis in the context of Polish society at that time... there is no independent or clear evidence of other individuals with similar inclinations during Lyszczynski's time. To say that Lyszczynski was simply ahead of his time means nothing: it is an admission of the unavailability of an explanation.

    Pomian-Srzednicki (1982), págs. 103-104