Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda

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Proyección de las dos vías, marítima y terrestre, del proyecto OBOR comunista chino

La Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda o Belt and Road Initiative, abreviada BRIZNA (también One Belt, One Road, abreviado OBOR y también la Nueva Ruta de la Seda) y NRS (Nueva Ruta de la Seda) por las siglas en español, es el nombre con que se conoce el proyecto político-económico del Secretario General del Partido Comunista de China, Xi Jinping, que propuso en septiembre de 2013 en sus respectivos viajes a Rusia, Kazajistán y Bielorrusia. Bajo el pretexto de que "hace más de dos milenios, las personas diligentes y valientes de Eurasia exploraron y abrieron nuevas vías de intercambio comercial y cultural que unían las principales civilizaciones de Asia, Europa y África, colectivamente llamadas ruta de la seda por generaciones posteriores", el proyecto quiere conectar Europa, Asia del Sur-Oriental, Asia Central y el Oriente Medio, mediante el modelo económico, e implícitamente político, chino.[1][2]

El proyecto parte de la reconstrucción de la antigua ruta de la seda y la creación de una ruta marítima paralela, de aquí el nombre de "Cinturón y Ruta". El proyecto afecta a 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas al mundo, el 70% de la población mundial y generaría el 55% del PIB mundial. El gobierno comunista chino tiene previsto invertir unos 1,4 billones de dólares. Se trataría de un cinturón económico, pero, que algunos comentaristas occidentales ya denominamos "Plan Marshall del siglo XXI al estilo chino". Esta afirmación se sostiene por el hecho que el propio Secretario General Xi Jinping asegura que el proyecto tiene cinco pilares: comunicación política, circulación monetaria, entente entre pueblos, conectividad vital y fluidez. Todo ello se ha visto reflejado de acá el inicio de su puesta en marcha a través de las inversiones importantes con planes de ayuda para empresas chinas interesadas en el mercado exterior. China por el contrario se defiende y argumenta que no se trata de ningún plan Marshall visto que las condiciones políticas impuestas entonces con el Plan Marshall no existen en este proyecto. Pero, artículos de prensa van más allá de las simples afirmaciones de Plan Marshall a la china y hablan directamente de "nuevo orden mundial chino", atrás quedaría la orden mundial norteamericano.[3]

Nicola Casarini, director de Investigación para Asia del Instituto Affari Internacionali de Roma, sostiene que se trata de una iniciativa ambiciosa que pretende dar cabida en exceso de capacidad interna y a la voluntad de reestructuración de diferentes sectores estratégicos del país, como la industria pesando. La ruta, sin embargo, ha reactivado, a pesar de pretender ser un medio de pacificación de Oriente Medio, las antiguas tensiones del siglo XIX. A la India y Japón, se añade ahora Rusia y los EE.UU. El presidente proyecta la Belt and Road Initiative por unos treinta años. Así el proyecto tendría que estar terminado para el 2049, año donde el país rememoraría los 100 años de fundación de la República Popular.

Proyecto económico[editar]

Las rutas de la seda a la antigüedad.
El proyecto en 2017.

La ruta de la seda en la antigüedad[editar]

Fue Ferdinand Von Richtofen, geógrafo y geólogo alemán, quien propuso por primera vez en el siglo XIX la expresión "rutas de la seda" para definir las redes comerciales que conectaban Asia, y en particular la China, con Europa, concretamente con Turquía y de aquí al resto del mediterráneo. La extensión de la ruta de la seda era de unos 8000 km y debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba: la seda, el secreto de fabricación de la cual no se sabía y se mantenía en secreto en la China. Buena parte de los conflictos entre el imperio romano y el imperio parto tienen la ruta de la seda como motivo. Roma quería llegar a la ruta de la seda sin tener que pasar por el territorio parto, de aquí el interés en incorporarlo dentro del imperio romano. Este hecho muestra la importancia que tuvo a nivel económico la ruta de la seda durante la antigüedad. Es, de hecho, debido al establecimiento de tasas después de la caída de Constantinopla por parte otomana a los europeos a finales de la Edad Media el que trajo los portugueses a aventurarse, entre otros motivos, y buscar alguna ruta alternativa que los trajera a Asia, concretamente en la China, entonces las Indias.[4][5][6][7]

La nueva ruta de la seda[editar]

El proyecto afecta 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas en el mundo, el 70% de la población mundial y generaría el 55% del PIB mundial. La gira de Xi JinPing en enero del 2016 por el Irán, el Arabia Saudí y Egipto revela la enorme importancia que la China atribuye al Levante, no sólo porque en esta zona se aprovisiona de más de la mitad del crudo que consume, sino también porque es paso obligado hacia Europa tanto por mar cómo por tierra, si no quiere depender únicamente de atravesar Rusia. En vista de la construcción de este proyecto, Xi Jinping dejó en Egipto 13.500 millones de dólares en contratos; con la Liga Árabe se comprometió a invertir 55.000 millones; en Riad firmó 14 acuerdos mil millonarios, incluido uno de nuclear, y en Teherán llegó a un pacto para invertir en 10 años 600.000 millones de dólares. También ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para alcanzar el objetivo. El 15 de febrero del 2016 el gobierno chino hizo llegar a Teherán el primer tren de transporte de mercancías desde Yiwu, un importante centro de producción del este de la China. El trayecto de 10.399 kilómetros, que transita por Kazajistán y Turkmenistán, se realizó en 14 días, 30 menos que el viaje por mar.[8]

Proyecto ideológico[editar]

El Plan Marshall chino[editar]

El plan Marshall modeló las relaciones de los Estados Unidos con sus aliados, Xi Jinping pretende que su macroproyecto de infraestructuras y transportes defina los vínculos de la China en la era global con los estados del suyo cercando, especialmente con la Unión Europa y Rusia. El Plan Marshall constituyó en su momento un proyecto clave para el desarrollo económico y político de Europa. Debido de a Plan Marshall se fue constituyendo despacio la Unión Europea que se desarrolló progresivamente como un proyecto político y, por lo tanto, ideológico. Xi Jinping se defiende de las alegaciones de Plan Marshall chino, pero el cierto es que Pekín quiere hablar de tú a tú con Washington, cosa que exige reforzar su proyección internacional.[9]

Es en este marco general que la China querría instaurar su poder blando. Esta nueva Ruta de la Seda es una parte de la respuesta de la China a las presiones estratégicas y arancelarias de Washintong al pacífico, que son percibidas por ella como un freno al ejercicio de su dominio. Por ejemplo, la decisión de Barack Obama de excluir la China del Acuerdo de Asociación Transpacíficca (TPP, en sus siglas en inglés) aceleró la decisión de Jinping de apostar por una revolución total de las infraestructuras, un proyecto, que incluyera el América Latina y situara la China como hiperpotència global. Xi capitalizó el malestar entre Putin y Occidente (Guerra en el Donbass) para estrechar relaciones con Rusia y superar la desconfianza de Moscú hacia los planes de Pekín en la Asia central.

El proyecto chino pone dos visiones el comercio internacional sobre la mesa. De un lado los chinos pretenden ser una alternativa al modelo neoliberal del FMI mediante un fuerte intervencionismo del Estado, mientras que los EE.UU. defienden un modelo basado en el derecho, las finanzas y la libre competencia. En caso de llegar a atènyer su objetivo, la China estaría cumpliendo el Sueño Chino, es decir, la instauración de un poder blando en el mundo. La China, así lo argumenta Emmanuel Lincot, fundador de la Cátedra de Estudios Chinos Contemporáneos del Instituto Católico de París, "nunca ha dejado de concebirse a ella misma en el centro de la historia del mundo".

Antiguas tensiones reavivadas[editar]

El OBOR podría reavivar antiguas tensiones que fueran el origen de las guerras entre el Japón, Rusia y la China al siglo XIX. La diferencia, según apunta Simon Shen, director del programa de Estudios Globales de la Universidad de la China de Hong Kong, es que esta vez hay más actores en escena: los Estados Unidos, Rusia, la China y, en menor medida, la India y el Japón. Todos compiten para llegar a ser influyentes en la región y favorecer de este modo sus intereses energéticos e ideológicos. Esto los ha traído a cascun de ellos a defender su propia ideología a la zona, según arrecia Simon Shen.

  • La influencia norteamericana: para los EE.UU. la estrategia consiste al defender el modelo de democracia liberal a la región. Con esta ideología los estadounidenses consiguen el establecimiento de su propio poder blando, consistente en, difundir la laïcitat al mundo, reivindicar su autoridad como fuerza moral en el extranjero, forzando los aliados desentendidos a entenderse como partes interesadas del sistema internacional
  • La influencia rusa: para el gobierno de Vladimir Putin se trata de establecer una democracia soberana, es decir, y citando a Vladislav Surkov, asesor de Putin "la idea en la vida política de una sociedad donde los poderes políticos, sus autoridades y decisiones se deciden y controlan por una nación rusa diversa con el propósito de conseguir el bienestar material, la libertad y la equidad para todos los ciudadanos, grupos sociales y nacionalidades, para todos los pueblos que forman la sociedad en general"
  • La influencia de la China: el papel de la China se situaría en el medio, con una ligera inclinación por el bando ruso. La China reclama su papel de pacificador y mediador de la zona. En vista de esto, Xi Jinping quiere "un mundo armonioso que coja la diplomacia como principio rector" donde habría "respete" y "tolerancia" verso los "sistemas sociales y tradicionales culturales". Aun así, el mismo Xi Jinping dice que su proyecto de OBOR tiene que servir para combatir el separatismo, "mal que llanura sobre Xi Jinping", según se puede leer a la prensa. Es decir, la China es un país en que viven diferentes naciones y/o étnicas que reivindican su derecho en autodeterminación. Es el caso del Tíbet, Hong Kong,... y la ruta tendría que ser, retomando las palabras de Xi Jinping, manera de combatirlas.

Proyecto de dos ejes[editar]

Mapa de las reivindicaciones en el mar de la China meridional.

El proyecto que presenta Xi Jinping tiene dos ejes. Primeramente proyecto una vía terrestre que uniría la China con el Pakistán, el Afganistán, Turquía, Moscú, el Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán y Europa mediante los Balcanes hasta llegar a París. Se han utilizado las vías ya existentes terrestres ferroviarias para elaborar el primer eje y, paralelamente, la China ha ido invirtiendo en nuevas vías terrestres. En segundo lugar, el proyecto pretende llegar al América Latina, África y la Oriente Medio mediante una ruta marítima, prácticamente controlada por el estado chino. Esta implica la instalación de bases militares y puertos comerciales al océano índic y pacífico.

Conflicto territorial en el mar de la China meridional[editar]

Aun así, esta segunda vía ha hecho renacer otra vez las antiguas rivalidades entre estados asiáticos. "Seis mapas para entender por qué el conflicto del mar de la China puede ser pronto la crisis mundial más grande", así titulaba el diario digital catalán VilaWeb el 17 de febrero del 2016 bobre el despliegue de misiles a la isla de Woody. Según explica el diario, la China reivindica la línea que en los cuarenta delimitó el antiguo gobierno nacionalista chino y que todos los países vecinos protestan. La importancia de esta reivindicación es que si fuera aceptada internacionalmente convertiría el mar de la China Meridional en aguas territoriales chinas, y no internacionales cómo son ahora. Esto permitiría a la China controlar la navegación en esas aguas, es decir, tener el control sobre la mitad del total de toneladas que se mueven en el mundo, hecho que no es aceptado por los estados vecinos, ni tampoco por los EE.UU. que tienen también bases militares allí desde la Segunda Guerra Mundial.[10]

Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras[editar]

El año 2014 el presidente de la China, Xi Jinping, anunció la creación del Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras (AIIB, en inglés), con la posible incorporación de todos los países del continente asiático, pero con la puerta abierta a otros estados para sufragar el OBOR. Por esta puerta han entrado el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, desafiando de este modo el casi monopolio norteamericano en el sector financiero internacional. La presencia del Reino Unido dentro de esta entidad es del todo significativo porque el país constituye el aliado principal de los EE.UU.. El AIIB tiene un capital inicial de 50.000 millones de dólares, destinado a la inversión de infraestructuras en la Asia. Los Estados Unidos, viendo la ofensiva de Pekín, pidieron en los países europeos que no se adhirieran, pero según indica el diario Ahora "la economía y el crecimiento del 7% de la China son demasiado tentadores". Según Grégory Claeys, analista de Bruegel -un think tank con sede en Bruselas-, han sido los Estados Unidos los que casi han “empujado" los países asiáticos a crear un nuevo banco de desarrollo porque Washington nunca ha dejado en los estados emergentes tener un papel más importante en el sector.[11]

El nuevo Great Deal[editar]

Todo ello, se tiene que enmarcar en el llamado nuevo Great Deal (del inglés, la nueva Gran Jugada). El Great Deal es la apelación utilizada para definir la rivalidades existente en el siglo XIX y principios del siglo XIX entre el Reino Unido, Rusia y Asia. Ahora, la nueva rivalidad se produce entre los Estados Unidos, la China y Rusia. Es pues, en este contexto que se tiene que entender el proyecto de la ruta de la seda chino, pero también, y evidentemente, los movimientos que se están produciendo a nivel comercial entre potencias, que miraremos de desglosar.

Las mega-zonas de intercambio de comercio[editar]

La OMC fue constituida en 1994 para conseguir, mediante rondas de negociaciones multilaterales, eliminar o reducir progresivamente las barreras arancelarias y no arancelarias que obstruyen el comercio mundial, en una óptica de mercado del libre comercio. La OMC está compuesta por 159 estados, los cuales tienen que tomar las decisiones juntamente en la dirección ya mencionada. La norma de funcionamiento permite a los miembros de obtener el derecho al veto, aplicando la regla un país, una voz. Esta hace difícil lograr algún acuerdo, debido a intereses geopolíticos y económicos heterogéneos, e incluso antagónicos, entre estados.[12]​Es con la intención de reducir las barreras comerciales globales que se celebró la novena conferencia de Bali (en Indonesia), en la cual los 159 miembros tenían que conseguir un acuerdo unánime, que finalmente se logró el 7 de diciembre del 2013. La cumbre de Bali estuvo a punto de fracasar por la exigencia de Cuba, que condicionó el cierre del acuerdo al levantamiento del embargo de los Estados Unidos sobre la isla caribeña. Así, el 21 de marzo del 2016 se anunciaba a la prensa que el presidente de los EE.UU. visitaría Cuba para oficializar el levantamiento del embargo, cosa que trajo bastante expectativa a la prensa.[13]

Ahora bien, el acuerdo no acabó de satisfacer a todo el mundo, entre otros estados, la China que se mueve "con aires de gran potencia económica", según puede informa el diario AHORA. Las expectativas puestas por ciertos estados, han traído a nuevas mesas de negociaciones, como por ejemplo entre Singapur y los EE.UU.. En este sentido, la China, siendo el primer exportador y segundo importador del mundo, necesita una apertura más grande de los mercados exteriores para favorecer sus exportaciones, a pesar de que protege su mercado interior, cosa que no parece entrar en el marco de la OMC. No le hacen falta negociaciones multilaterales complejas, dado que posee un saco enorme de divisas, según informa el diario AHORA, y esto es una buena herramienta de convencimiento, hecho que trae a negociaciones directos entre países sin pasar por la OMC. En este sentido, de acá que la China ha emergido como una potencia comercial ante la UE y los EE.UU., diferentes rivalidades han surgido, visibilitzant-se en el ámbito del comercio. Por todo ello, países de todo el mundo estando elaborando individualmente tratados de intercambio comercial entre mega-zonas, es decir, entre conjuntos continentales. Estos están sirviendo como herramienta de rivalidad entre potencias que aspiran a establecer su propio poder blando.

El ASEAN y la RCEP[editar]

Estados miembros del RCEP

Inspirándose en la Unión Europea, los estados asiáticos intentan formar desde 1967 una asociación de estados bajo las siglas ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), que ha conseguido federar en 2016 a cerca de 10 países, entre los cuales los miembros fundadores son Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia. La ASEAN representaba en 2016 un tercio del Producto Interior Internacional con cerca de 1000 millones de consumidores. La potencialidad de esta mega-zona de libre comercio se entiende después de las negociaciones establecidas entre Australia, Nueva Zelanda, India, China y Japón. La ASEAN ha logrado un tratado de comercio de libre circulación de productos con dichos países, denominado Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), el cual rivalitza al océano pacífico con los EE.UU..[14]

El TPP[editar]

Ante el acuerdo del RCEP, los EE.UU. pusieron en marcha el TPP, Trans-Pacific Partnership, es decir, la Asociación Transatlántico-Pacífico, que establece el libre comercio entre el Japón, el Vietnam, Malasia, Singapur, Brunéi, Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Estados Unidos, México, Perú y el Chile. La propuesta de acuerdo se inició el 2005 y concierne el 11% de la población mundial, afectando el 40% del PIB internacional y el cuarto de los intercambios. Esta mega-zona de libre comercio se añadiría a dos zonas más, la TAFTA o TTIP y la CETA, con las cuales los EE.UU. pretenden mantener su poder blando y hacer frente al chino.[15]

La CETA[editar]

La CETA o Comprehensive Economic and Trade Agreement, en español Acuerdo Integral de Economía y Comercio, son las siglas con las cuales se conoce el acuerdo de comercio libre entre la Unión Europea y el Canadá, los cuales iniciaron las negociaciones en 2009 y las finalizaron al 2014, con modificaciones posteriores, derivadas a las polémicas suscitadas en Europa por la TTIP (ved más a continuación). El acuerdo representa un cuarto del PIB mundial, el 7,5% de la población mundial y el 20% de intercambios comerciales. Potencialidad a la cual se tiene que añadir los números relativos a la Alianza Transpacífica (ved más al anterior).

La TTIP[editar]

Logo de la Iniciativa Ciudadana Europea contra el proyecto.

La TTIP representa la mitad del PIB mundial, el 30% de los intercambios internacionales y el 11,5 % de la población. Aun así, la TTIP no es aceptada por todo el mundo visto, en primer lugar, el secretismo con que se han hecho las negociaciones, cosa que no ha gustado la opinión pública europea, organizaciones no gubernamentales, entre otras. Tampoco gustan los mecanismos de resolución de diferentes entre estados y multinacionales. La TTIP apuesta por los llamados Tribunales de Arbitraje Privados que, según puede informar la prensa, pueden cuestionar la soberanía de los estados, haciendo plegar un estado si este no cumple la TTIP raíz de un posible conflicto entre multinacional y sido cuando la primera ve sus beneficios puestos en peligros por Leyes aprobadas a los parlamentos europeos o por la UE. Además, tampoco acaba de gustar las normas que establece la TIPP en en cuanto al control alimentario de productos europeo, además de la rebaja de condiciones en término de derechos laborales. Por ejemplo, la TIPP rebajaría las exigencias porque productos transgénicos, entre otros, pudieran circular por el mercado europeo.[16][17]​ Greenpeace se ha mostrado mucho en contra de la TAFTA y ha ido difundiendo información a medida que han ido avanzando las negociaciones.[18]

América Latina y las mega-zonas comerciales[editar]

El intento de establecimiento de tratados de libre-comercio no es nuevo para el continente latinoamericano. En este sentido, diferentes tratados o pruebas se han ido tejiendo entre países del América Latina y los EE.UU., siempre fracasados si entran los EE.UU. en mesa de negociación por la insistencia hostil de América Latina hacia este país. El más conocido, pero, es el MERCOSUR, acrónimo de Mercado Común del Sur en portugués, guaraní y castellano, que ha conseguido cubrir prácticamente el subcontinente americano entero. Representa pues una superficie de 13 893 270 km² con una población de 293.700.000 de habitantes. Así, la unión subregional engloba la economía de países como Argentina, Bolivia, Paraguay, el Uruguay o el Brasil. Los estados que no forman parte han sido incorporados al tratado de la TPP, hecho que incorpora de alguna manera el continente sudamericano en los intereses al Nuevo Great Deal, sobre todo teniendo en cuenta el crecimiento que económico del Brasil a principios del siglo XXI.[19][20]​ Además, la intención de la China con el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de llegar al América Latina, hace entender el MERCOSUR como una puerta de desbloqueig de cara al aislamiento acordado de la otra banda (TTIP,...).

Las debilidades de la Nueva Ruta de la Seda[editar]

Pekín está convencido que el desarrollo de su proyecto, es el mejor arma contra el terrorismo, la radicalización islámica y el separatismo. Es precisamente este último punto el que hace emerger los problemas internos chinos; su proyecto tendría que servir de método para no afrontarlos.

Arma contra el islamofascismo[editar]

La desestabilización del Levante parece no mejorar, según indica Mathieu Duchâtel, director adjunto del Programa Asia y China del Consejo de Europa. En Afganistán las intervenciones militares se intensificaron en 2016, las conquistas de los talibanes prosiguieron en la provincia de Helmand, el Estado Islámico había conseguido implantar células en Afganistán y en Tayikistán,... Este escenario hace temer al gobierno chino. El gobierno chino podría verse agrietado por el hundimiento de sus estructuras estatales en caso de que el extremismo atacara toda Asia Central.

Eventual secesión[editar]

Hong Kong o Tíbet, entre otros, son sólo algunos de los muchos pueblos que podrían pensar en un proyecto de autodeterminación una vez vieran el poder comunista chino debilitarse, sin hablar del contencioso con Taiwán. De aquí se podría explicar que el gobierno de Xi Jinping se viera en la "necesidad de combatir" el separatismo. Durante las Revolución de los Paraguas, por ejemplo, el gobierno central chino censuró como pudo todos los enlaces relacionados con los manifiestos en Hong Kong por miedo que se trasladaran al resto del país.[21][22][23]

La ruta y el levante español[editar]

Según puede indicar el diario digital especializado en geopolítca, Geopolítica.cat, el proyecto de la ruta no beneficia al levante español visto que la ruta no pasa por ningún puerto de la península y se focaliza en los Balcanes. Además, a pesar que el objetivo sea aumentar las conexiones entre el mediterráneo y el mar de la China, la desindustrialización y focalización de la economía del turismo en el levante español no ayudaría a hacer crecer su economía  en el marco del proyecto chino dado que los atractivos turísticos de la costa del levante español dejan de serlo ante la costa báltica. Por último, la ruta entra directamente por Madrid, y a falta de corredor mediterráneo, el levante español quedaría en la periferia y como máximo sólo el puerto de Valencia podría sacar algún beneficio.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]