Hijra

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Una jisra en la ciudad de Goa.
La diosa Bajuchara.
Una jisra en la ciudad de Nueva Delhi.

En la cultura del subcontinente indio, el término hijra (pronunciado /jishra/) define a los miembros de un tercer sexo, intermedio entre los géneros masculino y femenino.

La mayoría son varones o intersexuales, pero algunos son mujeres. La mayoría de los jisras se refieren a sí mismos en femenino y suelen vestir como mujeres. El censo oficial del Gobierno de la India no les menciona, por lo que no hay datos acerca de su población; las estimaciones oscilan entre 50 000 y 5 000 000 de jisras tan solo en la India.[1]​ La historia de este grupo cuenta con una larga tradición, tanto en el Majabhárata (texto épico-religioso del siglo III a. C.)[1]​ como en las cortes del imperio mogol del subcontinente.

A pesar de que en la India se les considera como eunucos (varones sin desarrollo sexual), lo cierto es que pocos de ellos se han sometido a algún tipo de modificación genital.

Historia y definición[editar]

En la India, existe, desde hace mucho tiempo, un grupo religioso de varones que se visten y se comportan como mujeres: son los jisras. Adoran a la diosa Bajuchara Mata.[2]

En la religión hinduista existe una definición clara de dos sexos, sin embargo varios de sus dioses presentan rasgos de uno y de otro sexo, lo que permite la aceptación de la existencia de un "tercer sexo".[3]

El origen divino de los jisras proviene de una leyenda del siglo IX[4]​ según la cual, el dios Krisna, al oír a Iraván ―el supersticioso hijo de su primo Aryuna― que se lamentaba porque se suicidaría virgen, se transformó en la diosa Mojini. Por esta razón los jisras van cada año a Kutayan, al sur de la India, para celebrar sus bodas con el dios. Para esta ocasión, se visten con galas de novia. Como el esposo guerrero muere, los jisras se convierten en viudas, y cortan sus pulseras y adornos festivos.[5]

En cambio durante los siglos de invasión mongola, los jisras ocupaban empleos de toda condición: desde niñeras hasta puestos de alto rango, como el de consejero de Estado del emperador mongol.[3]​ En esa época los jisras llegaban a poseer tierras, palacios, templos y sirvientes a su disposición e inspiraban fe y respeto.[3]

Tras la ocupación británica de la India se recuperaron las leyes homófobas que castigaban la homosexualidad. La población jishra volvió a ser marginada, obligada a vivir de la mendicidad y la prostitución.[3]​ A fines del siglo XX se ha relajado la persecución de este colectivo, llegando un jisra a ser electo alcalde de un pueblo de la India.[3]​ Sin embargo la discriminación sigue siendo la constante.[3]

Ritos y costumbres[editar]

Algunos jisras se castran voluntariamente; antes lo hacían con cuchillo y sin anestesia lo cual provocaba la muerte de un importante porcentaje. A pesar de que la legislación india prohíbe la castración desde 1860 ―durante la invasión británica―, en algunas clínicas todavía es común que se practique.

Después de ser castrado ―aquel jisra que opta por la mutilación genital― el jisra cumple con un último rito: volcar leche en un arroyo, como símbolo de la pérdida de su fertilidad. Los supersticiosos hinduistas creen que los jisras ―al renunciar a tener hijos propios― tienen facultades para bendecir o maldecir y es por ello que al nacer un niño, los jisras acuden a festejar el nacimiento con cantos, bendiciones y augurios de larga vida y prosperidad, así como para librarlo del mal de ojo. A cambio reciben arroz, azúcar y dinero. Si los jisras consideran que reciben poca cantidad de limosna, pueden maldecir al niño con ser un varón impotente.[6]

La mayoría de los jisras renuncian a llevar una vida sexual activa. Aquellos que se dedican al ejercicio de la prostitución, no consideran esta actividad como una actividad sexual, sino como trabajo.[6]

Algunos jóvenes varones deciden convertirse en jisras por considerar que han quedado «inservibles» después de mantener relaciones homosexuales con un rol pasivo. Esto no implica que todos los pasivos opten por convertirse en jisras, solo aquellos que manifiestan su deseo de ser mujeres.[6]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b «Los eunucos de la India», artículo en español sin fecha (aunque menciona un hecho sucedido en 1993) ni autor, en el sitio web Nadie Me Quiere.
  2. Ponce de León, Jaime (2013): «Los eunucos de la India. Hijras. El tercer sexo», artículo en español de septiembre de 2013. Menciona a las jisras con sexo masculino.
  3. a b c d e f «Hijras: el tercer sexo», artículo en español del 15 de febrero de 2013 en el sitio web Cris en la India. Menciona a los jisras con sexo masculino.
  4. Esta leyenda no tiene 20 000 años (como menciona la fuente La Sociedad Geográfica). Se debe recordar que las primeras menciones del dios Krisna se encuentran en el Majabhárata (texto épico-religioso del siglo III a. C.): en todos los textos anteriores ―como el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.)― se mencionan muchos dioses, pero nunca Krisna. Además, en el Majabhárata el guerrero Iraván muere durante la guerra de Kuruksetra, matado por el raksasa Alambusha; en cambio esta leyenda de Krisna teniendo relaciones sexuales con Iraván proviene de una versión del Majabhárata escrita en el sur de la India, llamada Parata Venpa de Peruntevanar.
  5. Martín, David (2010): «Los hijras, el tercer sexo», artículo del 30 de agosto de 2010 en el sitio web de la Sociedad Geográfica de la India. Menciona a las jisras con género masculino.
  6. a b c «Los misterios detrás de los “hijras” o eunucos de la India», artículo en español del 8 de octubre de 2012. Menciona a las jisras con género masculino.

Enlaces externos[editar]