Hermógenes Cayo (Imaginero)

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Hermógenes Cayo (Imaginero) es una película documental filmada en colores de Argentina dirigida por Jorge Prelorán según su propio guion sobre el argumento de Isabel Franco que se estrenó el 30 de enero de 1969 y que fuera musicalizado por Leda Valladares. Está considerado uno de los mejores documentales argentinos y el director lo donó junto a sus otras películas, al [[Smithsonian’s Human Studies Film Archive.[1]

Jorge Prelorán es considerado uno de los cineastas más reconocidos en una línea de cine independiente y tercermundista como el de Fernando Birri, Octavio Getino o Fernando (Pino) Solanas, que tiene como una de sus características distintivas es la necesidad de trascender la pasividad del cine como objeto subordinado a la lógica industrial y hegemónica de los Estados Unidos. Prelorán intenta demostrar que los deseos y aspiraciones del ser humano son básicamente iguales en cualquier lugar de la tierra, esa semejanza es tan fuerte que las diferencias materiales se acaban tornando superficiales y poco importantes. Se propuso reducir las distancias y el racismo a través del conocimiento profundo de otros pueblos y, se opuso a los documentales etnográficos que enfocan solamente lo exótico y lo extraño de otras culturas.

Sinopsis[editar]

La película es sobre la vida y las actividades de Hermógenes Cayo, un artesano de la Puna jujeña que se desempeñó toda su vida como santero y telero donde pintaba retratos con temperas o tallaba imágenes religiosas en madera, así como el medio en el que vivía. Cayo falleció un año antes del estreno del filme en 1968 y en marzo de 2006 sus obras (70 piezas) luego de ser restauradas por la Fundación Antorchas fueron exhibidas en museos.

Después de mostrar un paisaje desierto, rodeado de montañas, que transmite un sentimiento de una absoluta soledad, Cayo y su mujer, describen como hacen los hilados que luego venden. También hablan de sus privaciones, como por ejemplo que para traer agua deben recorrer a pie 8 kilómetros, y Cayo dice que si bien podría trasladar hacia el agua su casa, en la que vive desde mucho tiempo atrás, prefiere seguir donde está.

Más adelante la película muestra el carnaval festejado por los lugareños, que lo denominan "la fiesta del diablo" y diferentes personajes que acuden al mismo, así como el gran consumo de alcohol. A continuación, Cayo muestra a la cámara el interior de su casa y relata cuando en 1946 fueron a pedir a Buenos Aires por las tierras de sus antepasados. También muestra diferentes imágenes religiosas de culto católico o cristiano, habla de cuando visitó la Basílica de Luján.

Luego, Cayo viaja con su hijo a un pueblo cercano para que conozca el tren y la su vuelta pinta los paisajes por donde estuvo.

Comentarios[editar]

Maximiliano Korstanje opinó:

” Prelorán… considerado uno de los cineastas etnográficos más destacados en Latinoamérica….apunta a denunciar los diferentes procesos de trasculturación en las regiones rurales argentinas y la influencia que los factores tecnológicos ejercen al respecto. El relato del film …contrapone… lo que se puede denominar el lugar antropológico históricamente situado y generador de identidad, con las diferentes privaciones del propio medio en donde está inserto ese punto de referencia….Puede afirmarse que… no es sólo un film entre tantos del cine argentino, sino que también debe ser considerado una obra de gran valía en la cual se resalta un estilo de vida, segregado, olvidado y a veces oculto de los diferentes "pueblos quechuas". El aporte fundamental de Jorge Prelorán en esta clase de filmografías es importante desde dos perspectivas; una es documental ya que aporta material etnográfico por el cual se permite trazar ejes teóricos y analizar discursos políticos insertos en una trama subjetivamente sentida; la otra es metodológica, desde el momento en que provee al protagonista una voz y espacio propio permitiéndole a éste crear un eje discursivo propio. A tal efecto, Prelorán combina (en sus trabajos) relatos narrados auto-biográficamente con escenas de paisajes, el rostro del entrevistado en primer plano, y los objetos fruto de su trabajo como artesano y pintor. A través del film de referencia, se puede observar que la posición de la cámara ha sido fijada en el mismo ángulo del los ojos y el rostro del protagonista (encuadrada dentro de un estilo ángulo neutro).[2]​”

Notas[editar]

Referencias[editar]

  • Manrupe, Raúl; Portela, María Alejandra (2001). Un diccionario de films argentinos (1930-1995) pág. 271. Buenos Aires, Editorial Corregidor. ISBN 950-05-0896-6. 

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