Guido Rodríguez Alcalá

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Guido Rodríguez Alcalá
Información personal
Nacimiento 1946
Asunción
Nacionalidad Paraguaya
Información profesional
Área Poeta, Narrador.
[editar datos en Wikidata]


Guido Rodríguez Alcalá (Asunción, Paraguay, 1946) poeta, narrador, historiador, ensayista, periodista y crítico literario. Colaborador asiduo en diversos periódicos locales y extranjeros.

Trabajos Realizados[editar]

  • “Artigas y La Independencia del Paraguay” (compilación)

Esta obra contiene una selección de cartas intercambiadas entre Artigas y la Junta de Gobierno del Paraguay, que descubren ciertos aspectos pocos conocidos de la historia paraguaya. El autor acompaña la recopilación con explicaciones.

  • “Residentas, destinadas y traidoras”

Vividos relatos de las protagonistas de la gesta del 70, (Guerra de la Triple Alianza) compilados por Guido Rodríguez Alcalá. Residentas eran aquellas que no habían caído en desgracia con el Mariscal Presidente. Destinadas (o traidoras) eran las mujeres destinadas a los campos de concentración por ser parientes de algún enemigo del Mariscal.

  • De su novela Caballero cito:

«Y eso es un poco lo que pasaba al comienzo, quiero decirle al final de la guerra, porque los brasileños no querían ni oír hablar de un paraguayo armado con un sable; no nos querían dejar que tengamos un ejército... No nos tenían confianza, por eso se quedaron hasta 1887 ocupándonos el país... Pero entonces salía cualquier soldado por la calle, fuera de su cuartel, y allí mismo lo agarraban entre cuatro o cinco cuando podían agarrarlo, no había seguridad. No había respeto, no había policía, no había nada... Policía, sí, pero cuatro gatos armados con bastones, y eso no daba para asegurar la tranquilidad, y entonces se dieron cuenta de que necesitaban un ejército; ellos necesitaban tanto como nosotros, los paraguayos, para asegurar la paz de las personas y también para que los liberales no les regalen todo el Chaco a la Argentina. Porque usted comprende que el Paraguay no quería quedarse sin su Chaco, ni el Brasil tampoco no quería que todo un territorio así se le quede a la Argentina, porque entonces los curepí llegaban con su país hasta el Mato Grosso, y eso podía perjudicarles. Y allí fue que nos pusimos de acuerdo los brasileños y nosotros; los dos en contra de la Argentina. ¡Quién diría después de pelearnos tanto! ¡Quién diría que justamente a mí tenían que elegirme, yo que les había liquidado tantos regimientos tantas veces! Pero esa fue justamente la ventaja de mi viaje a río: el Gobierno Provisorio les pidió a los brasileños que me tengan prisionero de guerra porque en el Paraguay podía armar bochinche, dicen que, pero aproveché precisamente mi viaje para hacerme de buenas relaciones que me iban a servir después...»


En 2002, Guido Rodríguez Alcalá lleva más allá la historia paraguaya para situarla debidamente en su entorno regional, en la época inmediatamente anterior a la independencia, en su novela Velasco, y examinar los procesos políticos que condujeron a ella, así como especular con fundamentos documentales sobre lo sucedido.

En cierto sentido, Rodríguez Alcalá abandona su temática histórica habitual, fundamentada en el replanteamiento de las figuras de la historia paraguaya mitificadas por la dictadura, para ensanchar su perspectiva a la conexión internacional de la independencia paraguaya.

Además de reconstruir los acontecimientos que marcaron la convivencia del gobernador Velasco en el Paraguay con el núcleo que gestó la emancipación, en ella, la conclusión fundamental que extraemos es que la política paraguaya, contra lo que se suele pensar dentro del país, ha estado sujeta al devenir de los sucesos de los países vecinos, por lo que la incidencia de las relaciones exteriores en la política nacional ha sido mayor de lo que se suele pensar, y no solo en las perspectivas políticas que culpan al exterior o al imperialismo inglés de los desastres bélicos.

Ello, en el fondo, rebate la interpretación aislacionista de la historiografía oficial. Velasco es una de las más insuperables reconstrucciones diáfanas de una época, el momento de la independencia, donde abundan numerosas lagunas.

Como se observa, la narrativa contesta a los lugares comunes del tratamiento habitual de la época colonial, para obligar a revisitar el período, preguntarse por las reacciones humanas y reivindicar un nuevo punto de vista que se aproxime a lo que realmente pudo ocurrir desde la reinterpretación que permite la ficción.

Comentario de Mar Langa Pizarro sobre la novela Velasco[editar]

(en "Historia e intrahistoria colonial en la narrativa paraguaya de los albores del siglo XXI", América sin nombre, Nº. 5-6, 2004, págs. 115-122)

Guido Rodríguez Alcalá, quien ha vuelto a centrar su última novela, Velasco, en uno de esos hombres que han marcado la Historia de su país. El coronel Bernardo de Velasco (primero gobernador de la Provincia de Misiones y, desde 1806, también de la de Paraguay) fue el último representante del poder nombrado por España: en circunstancias muy poco claras, Velasco fue depuesto la noche del 14 al 15 de mayo de 1811; e incluido en el gobierno provisional (supuestamente independentista) que se formó el día 16 del mismo mes.

Tras una minuciosa documentación (origen de su ensayo inédito Rasgos americanos de la independencia paraguaya), Guido Rodríguez Alcalá se acerca en la novela a los últimos momentos de la Colonia, y a los primeros de la Independencia. Para ello, como hiciera en sus dos novelas anteriormente citadas, ficciona la figura de un personaje histórico, y le da voz, convirtiéndolo así en narrador, protagonista y testigo de los hechos.

Velasco abandona el tema de la contienda de la Triple Alianza y sus consecuencias inmediatas, argumento motor tanto en Caballero y Caballero rey como en muchos de los cuentos de Guido Rodríguez Alcalá. Sin embargo, se mantienen algunos de los recursos a los que este escritor nos tiene acostumbrados, como la inserción de diversas voces narrativas, y la combinación de sucesos reales e inventados. Y continúa la tendencia a construir argumentos cada vez más lineales, que facilitan el seguimiento de la historia.

En contra de lo que sucediera en las otras dos novelas, el personaje ahora atrae las simpatías del lector. Y no sólo porque no estamos ante un pérfido como Caballero, sino también porque Velasco carece de contradicciones e invita a la credibilidad; y porque el lenguaje que utiliza el autor incita a la identificación con el narrador. De hecho, al afrontar un tema poco claro pero poco manipulado por la historiografía oficial, parece que Rodríguez Alcalá está abandonando parte de su pretensión combativa anterior. En un momento de transición democrática como el actual, el sentido de la novela histórica es ligeramente distinto del que tenía durante la dictadura: entonces, atentar contra los mitos establecidos por el stronismo suponía batallar contra el propio régimen; ahora, la novela recupera su función lúdica, sin olvidar la indagación en la verdad.

Y esa verdad implica desmontar algunas de las afirmaciones de la historiografía oficial: así, Velasco sostiene que el 16 de mayo de 1811 no se izó «ninguna bandera tricolor como se ha dicho. Fue la bandera española» (pág. 58); y, además, recuerda: «juramos fidelidad a don Fernando VII» (pág. 58). Respecto a la revolución de los Comuneros, que algunos quisieron interpretar como un preámbulo de la Independencia, Velasco afirma: «no fue una rebelión contra el rey sino contra los jesuitas» (pág. 66).

Como sucede en sus obras anteriores, Guido Rodríguez Alcalá juega con las palabras de sus personajes para denunciar situaciones que se prolongan en el tiempo mucho más de lo que los protagonistas de las novelas deberían saber: por ejemplo, Velasco arremete contra el «vicio local de destruir documentos» (pág. 49); afirma que el guaraní es «el idioma de la mayoría pobre y de los ricos ignorantes, que entre nuestros ricos no son pocos» (pág. 100); y denuncia: «libros sobre el Paraguay, por desgracia, no se escriben o no se publican» (pág. 105). Cuando ese sistema no basta para actualizar el texto, el autor no duda convertir a sus personajes en visionarios («esos porteños [...] dentro de cien años seguirán atribuyéndonos sus propias faltas», pág. 176), ni en recurrir al anacronismo (Saturnino Rodríguez de la Peña aparece como «el Poltergeist de la jabonería», pág. 159). Pero quizá el recurso al que mayor partido le saca es el de la ironía: «ningún filósofo francés se ha ocupado del asunto, con que no tenemos una fabulación como la urdida sobre el sistema jesuítico» (pág. 84). Una ironía que utiliza con particular saña contra la figura del primer dictador paraguayo: Al margen de estas consideraciones, hay que destacar que, como sus obras anteriores, el texto de Velasco está trufado de citas de documentos reales: fragmentos de cartas del propio Velasco (pág. 49), notas enviadas a las autoridades (pág. 55), actas del Cabildo (pág. 62), citas del informe que redactó el gobernador Pinedo en 1775 (págs. 108-109), reglamentos de gobierno (pág. 188).... Algunas sirven para que el personaje pueda responderse a las múltiples preguntas que se va haciendo en su intento de comprender lo que ha pasado. Actitud esta que no es sino un reflejo de la costumbre de su autor.

Como hemos podido observar, Donde ladrón no llega, Vagos sin tierra y Velasco suponen tres acercamientos a la Historia y la intrahistoria del Paraguay colonial. Tres novelas de extraordinario interés que testimonian la vigencia de la narrativa histórica en el Paraguay del cambio de siglo; y que suponen la existencia de autores maduros que han sabido forjarse una voz literaria propia.

Obras[editar]

Guido Rodríguez Alcalá ha publicado obras en casi todos los géneros.

Su producción literaria incluye, entre otros:

Narrativa:

  • Estoy celoso
Caballero (novela, 1986): elaborada en torno a un personaje histórico, a quien desacraliza a través de su propio discurso.
  • Caballero Rey (novela, 1988).
  • Cuentos decentes (1987).
  • Curuzú cadete (cuentos, 1990): Ganó el premio Radio Curupayty.
  • El rector (novela, 1991): obra galardonada con el Premio El Lector (en narrativa) de 1991.
  • Cuentos (1993).

Poemarios:

  • Apacible fuego (1966).
  • Ciudad sonámbula (1967).
  • Viento oscuro (1969).
  • Labor cotidiana (1979).
  • Leviatán (1980).


También ha escrito varios ensayos, entre ellos:

  • Literatura del Paraguay (1980).
  • Ideología autoritaria (1987).

Asimismo, ha realizado investigaciones históricas:

En su obra, es a veces difícil separar la narrativa de la historia, dada la exhaustiva investigación y abundancia de citas y referencias.

Enlaces externos[editar]