Guerra numantina

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Guerra numantina
Conquista de Hispania
Guerras celtíberas
Numancia Alejo Vera Estaca 1880.jpg
El último día de Numancia (1885), de Alejo Vera, refleja el momento en que los últimos defensores numantinos deciden darse muerte a sí mismos antes de ser capturados vivos por los romanos.
Fecha 154133 a. C.
Lugar Hispania
Resultado Victoria decisiva romana
Beligerantes
República romana Numancia
Comandantes
Cecilio Metelo
Pompeyo Aulo
Fulvio Nobilior
Claudio Marcelo
Popilio Lenate
Hostilio Mancino
Escipión Emiliano
Caro de Segeda  
Retógenes el Caraunio  
Fuerzas en combate
Legionarios y auxiliares:
30 000 (153 a. C.)[1]
32 000 (143 a. C.)[2]
40 000 (137 a. C.)[2]
60 000 (134 a. C.)[3]
Guerreros:
25 000 (153 a. C.)[4]
10 000 (143 a. C.)[5]
4000 (137 a. C.)[2]
2000 (134 a. C.)[5]
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Se conoce como guerra numantina (De Bellum Numantinum en la Historia romana de Apiano) al último conflicto que tuvo lugar en Hispania entre la República romana y las tribus celtíberas que habitaban las inmediaciones del Ebro. Fue, a su vez, el epílogo de las guerras celtíberas. Esta contienda se resolvió tras veinte años de guerras intermitentes. La primera fase de la guerra se inició en el 154 a. C. debido a una revuelta de las tribus celtíberas del Duero. Esta primera fase finalizó en el 151 a. C., pero, en el 143 a. C. surgió de nuevo una insurrección en la ciudad de Numancia, que fue asediada y tomada por el cónsul Escipión Emiliano en los primeros meses del 133 a. C.

Antecedentes[editar]

Uno de los primeros ataques de los que se tiene constancia contra Numancia ocurre en el año 154 a. C., en el marco de la segunda guerra celtíbera, cuando los numantinos acogieron en su ciudad a los ciudadanos de Segeda, huidos para evitar ser castigados por el cónsul romano Quinto Fulvio Nobilior. En inferioridad numérica, cercano a la zona numantina, los celtíberos decidieron sorprender a las tropas romanas, apoyándose en el conocimiento del terreno, para atacarles, dirigidos por el caudillo Caro de Segeda. La batalla causó numerosas muertes entre las tropas romanas, pero también en las numantinas, entre las que se encontraba el propio Caro.

Posterior a esto, el conflicto numantino fue contemporáneo a la guerra lusitana que estalló en la Hispania Ulterior. Los lusitanos fueron sometidos por el cónsul romano Servio Sulpicio Galba, quien ordenó el asesinato de los lusitanos tras haberles hecho creer promesas de tierras fértiles para su cuidado y de negociar la paz. Cerca de 30.000 lusitanos solicitaron el cumplimiento de dichas promesas, repartiéndoles en tres campamentos donde entregaron sus armas en señal de amistad, siendo asesinados más tarde. De aquella masacre, con más de 9.000 muertos y 20.000 lusitanos hechos esclavos, solo sobrevivieron unos pocos, entre ellos Viriato, quien más tarde acaudillaría la rebelión contra los romanos en venganza.

La guerra numantina[editar]

Las campañas fallidas de Roma[editar]

Fases de la invasión romana de Hispania, con la campaña de invasión de Numancia.
     Conquista hasta el -210      Hasta Octavio Augusto      Campaña de Agrippa

Tras el rebrote de las hostilidades en el 143 a. C., el Senado romano envío a una serie de generales a la península ibérica para que se enfrentaran a los numantinos. Ese año, Quinto Cecilio Metelo Macedónico, quien venía de comandar a las tropas romanas en Macedonia, fracasó en los intentos de tomar las ciudades de Numancia y Termancia, convirtiéndose en el icono de la resistencia ibérica.

Su sucesor, Quinto Pompeyo, un inepto según relatan sus contemporáneos, llegó a Celtiberia con cerca de 30.000 infantes y 2.000 jinetes[2] dispuestos a derrotar a los numantinos. Consiguió pequeñas victorias iniciales e incluso llegó a rodear la ciudad, pero la llegada del crudo invierno de la meseta, la falta de recursos y provisiones y las victorias progresivas de los numantinos hicieron que acabara negociando en secreto un tratado de paz que aseguraba la permanencia de la ciudad y el repliegue de las tropas romanas.

En el año 138 a. C. fue puesto al frente de las tropas el general Marco Popilio Lenate. Cuando los numantinos quisieron hacer prevalecer el tratado que había firmado Quinto Pompeyo, Laenas dijo que no reconocía ningún tratado que no hubiera sido firmado por el Senado romano. Roma decidió por consiguiente ignorar el tratado de paz de Quinto Pompeyo y envío a Cayo Hostilio Mancino con 40 000 hombres, de ellos la mitad de auxiliares celtíberas,[2] para que continuara la guerra (136 a. C.). Mancino asaltó la ciudad pero fue repelido en diversas ocasiones por los 4000 guerreros defensores.[2]

Nuevamente, las tropas romanas, ahora con Mancino, fueron rodeadas y su líder obligado a aceptar el tratado de paz, ahora en peores condiciones para los intereses romanos, y que podría haber sido mucho peor de no estar presente su cuestor Tiberio Graco.[6] Se consiguió salvar a los 20.000 soldados romanos, que regresaron a la Tarraconense. El Senado tampoco ratificó este tratado, quien expulsó violentamente a Mancino repudiado por la infame derrota moral ante los "bárbaros" celtíberos, siendo castigado y devuelto a Hispania para ser ofrecido ante los numantinos como prisionero, oferta que estos rechazaron dejando al excónsul fuera de las murallas.

Los sucesores de Mancino, Lucio Furio Filo y Quinto Calpurnio Pisón, continuaron la lucha contra Numancia, pero nuevamente la ciudad consiguió repeler los ataques de las tropas romanas. Para lavar la frente, Calpurnio Pisón dirigió sus tropas hacia tierra de los vacceos, saqueando y haciendo prisioneros en la ciudad de Pallantia.[7]

Escipión Emiliano[editar]

En tanto que la resistencia numantina seguía sumando victorias para su causa, el Senado romano veía en ella un duro contrincante al que había que terminar por someter, costase lo que costase, como en el pasado fue con Cartago. En el 134 a. C., el Senado encomendó la tarea de rendir la ciudad a Publio Cornelio Escipión Emiliano, vencedor de Cartago en la tercera guerra púnica del 146 a. C. El nieto adoptivo de Escipión el Africano viaja hasta Hispania Citerior, donde consigue armar un ejército de 20 000 hombres, más 40 000 auxiliares entre los que se contaba caballería númida cedida por el rey Yugurta y un gran número de aliados locales,[8] en total unos 60 000 soldados.[3]

Escipión comenzó por someter al ejército allí desplegado a un durísimo entrenamiento. Dice Apiano que desterró a todos los mercaderes, rameras, adivinos y agoreros, a quienes los soldados consternados en tantos infortunios daban demasiado crédito. Expulsó a los criados, vendió carros, equipajes y acémilas, conservando solo lo necesario. Buscó conseguir tener moralizado y bien formado a su ejército, sumiso y hecho al trabajo y a la fatiga. Conseguido este objetivo, trasladó su campo cerca de Numancia, cuidando de no dividir sus fuerzas, como hicieron otros, ni de batirse sin antes explorar.

Cuando Escipión Emiliano se presentó ante las murallas de Numancia, a finales del otoño del 134 a.C., lo hizo con la idea ya concebida de tomarla por bloqueo y no por asalto, lo que había sido un craso error demostrado en las fallidas incursiones de los ejércitos consulares previos. Se decidió asestar un ataque por bloqueo, para lo cual se ordenó la construcción de varios campamentos y de un sólido vallado de cerca de 4 kilómetros de extensión alrededor de las murallas para el que se usaron cerca de 36.000 estacas.

Cuando por fin estuvo preparada la defensa, los soldados pudieron trabajar con mayor tranquilidad en el levantamiento de la muralla y el foso, que en total medía unos 9.000 metros. Aunque desgastados por el paso de los años, aún hoy es posible distinguir restos de aquellos campamentos romanos, llamados en la actualidad como Castillejo, Travesadas, Valdevortón, Peñarredonda, La Rasa, Dehesillas y Alto Real.

Asedio final a Numancia[editar]

Ruinas actuales de Numancia.

Con el sistema de fortificaciones alrededor de la ciudad, el bloqueo consistía en cerrar todas las vías, incluida las de agua, que pudieran darles apoyo y suministros a los sitiados. El ejército romano llevó a cabo una operación de aguante, más que de hostilidades por parte de los numantinos de espera hasta llegar el momento propicio.

Sin embargo, queda constancia de varios intentos de los sitiados de romper el frente y buscar apoyos fuera. Uno de los que más lejos llegaron fue el que lideró el jefe numantino Retógenes el Caraunio, quien con un grupo de soldados burló las defensas romanas y llegó hasta la ciudad de Lutia, después de que otras como Termancia y Uxama les negara ayuda tras las amenazas de Escipión Emiliano.[9]

Los jóvenes de Lutia simpatizaron con la rebeldía de Retógenes y decidieron prestarle ayuda pero los ancianos, temerosos de las represalias que pudieran sufrir por parte de los romanos, decidieron informar a Escipión. Este marchó sobre la ciudad y apresó a 400 hombres jóvenes, a los que mandó cortar la mano derecha impidiéndoles así levantar su espada contra Roma y morir en combate de forma honrosa. Entre estos 400 hombres, se podía haber encontrado Retógenes. Más tarde se le dio muerte y fue dejado frente a las murallas de la ciudad numantina.[9] [10]

Tras quince meses de asedio, atacada por la peste y hambruna, la ciudad se rindió finalmente en el verano del 133 a.C. Sus habitantes, sin embargo, prefirieron el suicidio a entregarse, incendiando la ciudad y las casas para que no cayeran en manos de los romanos. Cuando el ejército de Escipión Emiliano decidió entrar en la ciudad encontró pocos supervivientes, los cuales fueron llevados a Roma como botín de guerra y vendidos como esclavos.

Después de la guerra[editar]

Con el final de la guerra y la pacificación en la región, Escipión Emiliano regresó a Roma rodeado de honores y un gran botín. Su victoria le valió el apodo de Numantino. Su gran triunfo trajo una era de paz a Hispania, que se mantuvo hasta el inicio de la guerra de Sertorio (82 a. C.-72 a. C.). Tras el posterior conflicto de las guerras cántabras (29 a. C.-19 a. C.), la región acabó asumiendo totalmente la romanización, perdiendo en el tiempo sus raíces.

Referencias[editar]

  1. Blázquez, pp. 68.
  2. a b c d e f Blázquez, pp. 69.
  3. a b Apiano, Iberia, cap. 92 y 97.
  4. Dáithí Ó hÓgáin (2003). The Celts: a history. Rochester: Boydell Press, pp. 120. ISBN 1-0-85115-923-0.
  5. a b Alberto J. Lorrio & Philippe Gardes (2001). Ercavica: la muralla y la topografía de la ciudad. Real Academia de la Historia, Madrid, pp. 69, ISBN 978-84-95555-10-6. La población de la ciudad era de unos 8000 a 16 000 personas, probablemente solo 2000 a 4000 eran hombres adultos.
  6. Plutarco, Tiberio Graco, 5.4.
  7. Apiano Iberia 83; Orosio v. 6;. Julio Obsecuente 85
  8. José María Blázquez (1975). Ciclos y temas de la Historia de España: La romanización. La sociedad y la economía en la Hispania romana. Tomo II. Madrid: Ediciones AKAL, pp. 69-70. ISBN 84-7090-068-4.
  9. a b Enric Cabrejas (6 de marzo de 2014). «Retógenes ‘El Caraunio’». Arque-Historia. Consultado el 15 de enero de 2017. 
  10. «Personajes: Retógenes». Arte Historia. Consultado el 15 de enero de 2017. 

Enlaces externos[editar]