Generación del 37

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

La Generación del '37 (1837) estuvo formada por un grupo de jóvenes intelectuales argentinos, cuyos principales exponentes fueron Domingo Faustino Sarmiento, Juan María Gutiérrez, Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi. En una época del país en que, después de la libertad de la corona española conseguida en 1810, "la lucha entre pequeños focos de vida, señoreados por espeluznantes caudillos, dur[aría] más de 30 años, tuvo una dureza feroz y estuvo a punto de dar por tierra la tan ansiada unidad nacional"[1] , esta generación se caracterizó por ser "inspiradora de la Constitución de 1853 y promotora de la Organización Nacional".[2] Muchos de sus ideales, que promulgaban el abandono de los modos meramente monárquicos heredados de la colonia española e instalar una democracia que garantizara los derechos de los ciudadanos, fueron transmitidos mediante sus obras literarias, influenciadas estilísticamente por el Romanticismo inglés y francés.

Orígenes[editar]

En la calle Florida al desembocar en Marcelo T. de Alvear, una estatua en homenaje a Esteban Echeverría reza: "Vosotros argentinos lucháis por la democracia de Mayo y vuestra causa no sólo es legítima sino también santa ante los ojos de Dios y de los pueblos libres del mundo". A sus pies una placa del CNBA: "El Colegio Nacional casa central al poeta, sociólogo, educador y tribuno en el dogma de Mayo".

Muchos de sus miembros fueron exalumnos del Colegio de Ciencias Morales (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires) formado durante la presidencia de Rivadavia: Esteban Echeverría, Vicente F. López, Juan M. Gutiérrez, Miguel Cané (padre), José Mármol, Félix Frías, Carlos Tejedor, Luis Domínguez, Marco Avellaneda, Antonio Aberastain, Marcos Paz y Juan Bautista Alberdi[2] . Sarmiento de hecho se lamentó en Recuerdos de provincia de no haber salido favorecido en el sorteo para continuar sus estudios secundarios en ese colegio. El Colegio de Ciencias Morales fue justamente, clausurado por presión de Rosas.

En 1837 se formó el Salón Literario, cuyos participantes habituales eran Miguel Cané (padre), Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Esteban Echeverría, Vicente Fidel López, Marcos Sastre, Pedro de Angelis, Felipe Senillosa, etc.[3] Debido al hondo contenido político de sus discusiones literarias, fue disuelto luego de seis meses de su creación en respuesta a los reiterados llamados de atención de portavoces del gobierno, en aquel entonces a mano de Juan Manuel de Rosas.[3] Pero ya había logrado echar las bases de un movimiento político liderado por Esteban Echeverría, quien fue el presidente y uno de los fundadores de la organización clandestina Asociación de Mayo.[3] Fueron sus miembros el mismo Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez, Migue Cané (padre), Juan Carlos Gómez, Benjamín Villafañe, Bartolomé Mitre, Carlos Tejedor, Albarracín, Álvarez, Arana, Barros Pazos, Bermúdez, Carrasco, Castellota, Corvalán, Costa, Domínguez, Eguía, Avelino Ferreyra, Félix Frías, Irigoyen, Lafuente, Lamarca, Lozano, José Mármol, Paulino Paz, Peña, Quiroga Rosas, Jacinto Rodríguez Peña, José Rivera Indarte, Silva, Somellera, Thompson, Florencio Varela, Francisco Wright.[4] El acto fundacional, convocado por Echeverría junto con Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez, se realizó el 23 de junio de 1837.[4] Expresamente declaraban que no eran unitarios ni federales, si bien simpatizaban con la tendencia a la unidad de los primeros, pretendían un gobierno central y un sistema de gobiernos municipales que garantizaran los derechos sociales siguiendo los principios e instituciones de una república democrática, lo que llamarían el "Dogma Socialista de Mayo", ya que eran las razones por las que se había declarado la libertad en 1810.[5] El 9 de julio de 1837, día de la independencia argentina, "se celebró la efemérides con un banquete donde se improvisó la última bandera azul y blanca que se viera en Buenos Aires desde muchos años atrás y no volvió a aparecer según Juan María Gutiérrez sino hasta después de 1852 [(la batalla de Caseros)]."[4]

El sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento sería considerado de la misma ideología.[5]

Ideales[editar]

Los románticos de la Generación del '37 se consideraban «hijos» de la Revolución de Mayo porque habían nacido poco después de su estallido. Sin embargo, consideraban que eran los únicos capacitados para hacer progresar el país, y que tendrían que haber sido los «abuelos» de la Revolución. Se consideraban contrarrevolucionarios ya que —aunque estaban de acuerdo con haberse independizado de España— no compartían cómo se había llevado a cabo dicha revolución.

En 1837, fundaron el Salón Literario, un lugar en el que se intercambiaban sus ideas sobre cultura, progreso y política.

Uno de los objetivos de la Generación del '37 era el de poder encontrar los orígenes de los miembros de la generación, los cuales no los encontraban con la llegada de los conquistadores al continente en 1492 sino en la Revolución, acontecida sólo veintisiete años atrás.

Literatura[editar]

El distanciamiento con respecto a la tradición española se manifestó en la literatura mediante la adopción del Romanticismo francés y el inglés como modelos. Algunas obras:

  • El cuento El matadero de Esteban Echeverría, y su poema La cautiva. Un joven Echeverría recién vuelto de sus estudios en Francia publicó en un diario local en forma anónima en 1932 lo que sería considerado el primer relato romántico, Elvira o la novia del Plata,[6] mientras que El matadero se considera el primer relato realista argentino.[6] El matadero, de estilo diferente de sus otras obras fue publicado muchos años después de su muerte y atribuido a su persona,[6] pero Echeverría fue más relevante por sus obras de contenido político que desde el contenido literario;[6] fue el redactor del Dogma Socialista y la ojeada[5] retrospectiva que lo acompaña en 1946.[6]

Algunos ejemplos:

Los esclavos, o los hombres sometidos al poder absoluto, no tienen patria, porque la patria no se vincula a la tierra natal, sino en el libre ejercicio de los derechos ciudadanos.

Esteban Echeverría[8] , inscripción al pie del monumento.


A Rosas. El 25 de mayo de 1843 (fragmentos).

¡Ah, Rosas! Nada hiciste por el eterno y santo
Sublime juramento que Mayo pronunció;
Por eso vilipendias y lo abominas tanto,
Y hasta en sus tiernos hijos tu maldición cayó!

Cuando de bayonetas se despeñó un torrente
Bordando de victorias el mundo de Colón,
Salvaje, tú dormías tranquilo solamente
Sin entreabrir tus ojos al trueno del cañón.

Y cuando tus hermanos al pie del Chimborazo
Sus altaneras sienes vestían de laurel,
Al viento la melena, jugando con tu lazo,
Por la desierta pampa llevabas tu corcel.

¡Ah! Nada te debemos los argentinos, nada,
Sino miseria, sangre, desolación sin fin;
Jamás en las batallas se divisó tu espada,
Pero mostraste pronto la daga de Caín!

Cuando a tu patria viste debilitado el brazo,
Dejaste satisfecho la sombra del ombú,
Y, al viento la melena, jugando con tu lazo,
Las hordas sublevaste, salvajes como tú.

Y tu primer proeza, tu primitivo fallo
Fue abrir con tu cuchillo su virgen corazón,
Y atar ante tus hordas al pie de tu caballo
Sus códigos, sus palmas y el rico pabellón.

(...)

¡Sí, Rosas, te maldigo! Jamás dentro mis venas
La hiel de la venganza mis horas agitó;
Como hombre te perdono mi cárcel y cadenas,
Pero como argentino las de mi patria, no.

Por ti esa Buenos Aires que alzaba y oprimía
Sobre su espalda un mundo, bajo su pie un león,
Hoy, débil y postrada, no puede en su agonía
Ni domeñar siquiera tu bárbara ambición.

José Mármol[9]
(sus poesías fueron publicadas
en Buenos Aires recién en 1854,
dos años después de la caída de Rosas).


La sociedad argentina estaba [a 1837] dividida en dos facciones irreconciliables por sus tendencias y sus odios. La federal, vencedora, que se apoyaba en las masas populares y era la expresión genuina de sus instintos semibárbaros, y la unitaria, vencida, en el destierro, con buenas tendencias, pero que había fundado escuelas sin bases locales de criterio socialista y algo antipática por sus arranques soberbios de exclusivismo y supremacía.

Esteban Echeverría, en su Ojeada retrospectiva.[5]


[Los unitarios] no han pensado nunca sino en una restauración; nosotros queremos una regeneración.

Esteban Echeverría[10]


...que el cuerpo social debe garantir y afianzar los derechos del hombre, aliviar la miseria y desgracia de los ciudadanos y propender a su prosperidad e instrucción; que la ignorancia es la causa de esa inmoralidad que apaga todas las virtudes y produce todos los crímenes; que ningún ciudadano podrá ser penado sin proceso y sentencia legal; que las cárceles son para seguridad, no para castigo de los reos; que el crimen es la infracción a la ley vigente; que todo ciudadano debe sobrellevar cuantos sacrificios demande la patria... y que por su parte cada ciudadano debe contribuir al sostén y conservación de los derechos de sus conciudadanos y a la felicidad pública; que un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener aspiraciones contra la libertad de su patria; ellas en fin declaran que sólo el pueblo es el origen y el creador de todo poder...

Esteban Echeverría (representación[11] )


Quisimos ser independientes para poder ser libres. ¿Y lo somos, señores, después de tantos sacrificios? No. El gran pensamiento de las revoluciones y el único que las sanciona y las legitima es la regeneración política y social; sin él, serían la mayor calamidad con que la Providencia puede afligir a los pueblos. Tenemos independencia, base de nuestra completa regeneración; pero nos falta... la techumbre, el abrigo de los derechos, el complemento del edificio político, la LIBERTAD, porque nuestra regeneración apenas si ha comenzado.

Esteban Echeverría, en el banquete del 9 de julio de 1837 (representación[12] )


...El objeto principal que nos proponemos es la fraternidad de todos los hijos de nuestra tierra por medio de un dogma social común. Ese dogma es el dogma de mayo, es decir el dogma de la patria. La religión social... que V.S. como todo patriota, debe tener grabada en el fondo de su corazón, pero que desgraciadamente unos han comprendido de un modo y otros de otro; es la religión que nosotros invocamos como principio fecundo de concordia y fraternidad. No somos ni unitarios ni federales... Queremos, en la organización nacional, la soberanía e independencia en todo lo relativo a su régimen unitario y la erección de un gobierno central para la gestión de los intereses y la dirección de los negocios generales... Queremos para asegurar el goce de las garantías sociales, la organización del sistema municipal en cada distrito, en cada villa, en cada departamento de provincia y V.E. no debe ignorar que el sistema municipal es el fundamento necesario a toda federación bien consolidada y cimentada... No existe el convencimiento de que nadie en la República está en situación más ventajosa que V.E. para... promover con suceso la fraternidad de todos los argentinos y la pacificación de nuestra tierra. Esa gloria es envidiable y si V.E. la conquista merecerá, sin duda, el título de primer grande hombre de nuestra República Argentina.

Esteban Echeverría, al gobernador de Entre Ríos Justo José de Urquiza, al enviarle un ejemplar del Dogma Socialista de Mayo[13]


En la lápida de Florencio Varela, asesinado por orden de Manuel Oribe en la noche del 20 de marzo de 1848.

Muerto a la libertad, nació a la historia,
Y es su sepulcro templo de su gloria.

José Mármol[9]

Etapas posteriores[editar]

Después del banquete del 9 de julio de 1937, así lo contaba Esteban Echeverría[14] : "...Se trataba de ensanchar el círculo de la asociación, de ramificarla por la campaña, donde quiera que hubiese patriotas; de reunir bajo una bandera de fraternidad y de patria, todas las opiniones, de trabajar, si era posible, en la fusión de los partidos, de promover la formación en las provincias de asociaciones motrices que obrasen de man-común con la central de Buenos Aires, y de hacer todo esto con el sigilo y la prudencia que exigía la vigilancia de los esbirros de Rosas y de sus procónsules del interior.

"Considerábamos que el país no estaba maduro para una revolución material, y que ésta, lejos de darnos Patria, nos traería o una restauración (la peor de todas las revoluciones) o la anarquía, o el predominio de nuevos caudillos.

"Creíamos que sólo sería útil una revolución material que marcase un progreso en la regeneración de nuestra Patria.

"Creíamos que antes de apelar a las armas para conseguir ese fin, era preciso difundir, por medio de una propaganda lenta pero incesante, las creencias fraternizadoras, reanimar en los corazones el sentimiento de la Patria amortiguado por el desenfreno de la guerra civil y por los atentados de la tiranía, y que sólo de ese modo se lograría derribarla sin derramamiento de sangre.

"Creíamos indispensable, cuando llamábamos a todos los patriotas a alistarse bajo una bandera de fraternidad, igualdad y libertad para formar un partido nacional, hacerles comprender que no se trataba de personas, sino de patria y regeneración por medio de un dogma que conciliase todas las opiniones, todos los intereses, y los abrazase en su vasta y fraternal unidad.

"Contábamos con resortes materiales y morales para establecer nuestra propaganda de un modo eficaz. En el ejército de Rosas había muchos jóvenes oficiales patriotas, ligados con vínculos de amistad a miembros de la asociación. Estábamos seguros que gran número de hacendados ricos y de prestigio en la campaña de Buenos Aires abrazarían nuestra causa. En las provincias del interior pululaba una juventud bien dispuesta a confraternizar con nosotros. Todo nos prometía un éxito feliz; y a fe que la revolución del Sur, la de Maza, los sucesos de las provincias, probaron después que nuestra previsión era fundada, y que existían inmensos elementos para realizar sin sangre en momento oportuno, una revolución radical y regeneradora, tal cual la necesitaba el país. Todo esto se ha perdido; la historia dirá por qué; no queremos nosotros decirlo."

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Enrique Larreta, La Naranja, miniensayo 89.
  2. a b Horacio Sanguinetti (1963). Breve historia del Colegio Nacional de Buenos Aires, p. 19.
  3. a b c José Luis Romero; Luis Alberto Romero (1983). Buenos Aires, Historia de cuatro siglos. Buenos Aires: Abril.
  4. a b c Raúl Aragón. 2001. Glorias y Tragedias en el Colegio Nacional de Buenos Aires. pp.113-118
  5. a b c d e f g Esteban Echeverría. 1946. Dogma Socialista de la Asociación de Mayo, precedido de una ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 1837. http://trapalanda.bn.gov.ar/jspui/bitstream/123456789/2810/1/008235.pdf
  6. a b c d e Biografías y Vidas. Esteban Echeverría. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/echeverria_esteban.htm
  7. María Minellono. Entre el folletín y la novela histórica; el problema del género en Amalia de José Mármol. 
  8. Monumento a Esteban Echeverría, inscripción en el lado izquierdo. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8e/Monumento_a_Esteban_Echeverr%C3%ADa_-_Buenos_Aires.JPG
  9. a b José Mármol. 1922. Poesías escogidas, edición crítica dirigida por Calixto Oyuela.
  10. Cita tomada de: Raúl Aragón, Glorias y Tragedias... p.118, también lo comenta en su Ojeada, en la versión que se podía leer de ella hasta hace un tiempo.
  11. Cita tomada de: Raúl Aragón, Glorias y Tragedias... p.114
  12. Cita tomada de: Raúl Aragón, Glorias y Tragedias... p.118
  13. Cita tomada de: Raúl Aragón, Glorias y Tragedias... p.113
  14. en su Ojeada retrospectiva al Dogma Socialista de la Asociación de Mayo. http://trapalanda.bn.gov.ar/jspui/bitstream/123456789/2810/1/008235.pdf