El tragaluz
| El tragaluz | ||
|---|---|---|
| Autor | Antonio Buero Vallejo | |
| Publicación | ||
| Idioma | Español | |
El tragaluz es una obra de teatro de Antonio Buero Vallejo, estrenada en el Teatro Bellas Artes de Madrid el 7 de octubre de 1967.Se representó en la Universidad de Navarra
Argumento
[editar]La obra se centra en las relaciones entre dos hermanos, Vicente y Mario, separados tras la Guerra civil y que pasados los años, sitúan al primero en una buena posición social y al segundo viviendo en una situación mísera, con el padre enajenado y la madre infeliz. El interés de ambos hermanos por Encarna (la secretaria que mantiene una relación con Vicente, aunque su amor sea para Mario) encrespará todavía más la trama.
Personajes
[editar]Es importante aclarar que los personajes de Buero Vallejo no son superficiales, sino que van a ir cambiando a lo largo que la trama avanza. Dentro de esta variedad de personajes destacan dos tipos que son muy frecuentes en sus obras: los personajes de acción y los contemplativos. En El tragaluz también se encuentran estos arquetipos, sobre todo en las figuras de Vicente y Mario, respectivamente.[1]
Vicente: es el hermano mayor y encarna el prototipo del “hombre de acción”. Ha logrado éxito económico y social, pero lo ha hecho a costa de pisar a otros, mostrando una visión materialista de la vida. Es responsable directo de la tragedia familiar. Además, mantiene relaciones de superioridad con el resto de personajes, como Mario o Encarna. Sin embargo, no es un personaje plano: hacia el final de la obra intenta redimir sus pecados, aunque no consigue culminar su expiación.[1] Dentro de la obra funciona como eje de las distintas tramas (familia, trabajo, pasado), convirtiéndose en un protagonista trágico través del cual se articula casi toda la acción dramática.[2]
Mario: es el polo opuesto de Vicente. Es un personaje crítico con la sociedad materialista, pero incapaz de actuar para transformarla. Vive aislado con sus padres en el sótano, desde donde observa el mundo a través del tragaluz. Aunque rechaza los valores de su hermano, su actitud contemplativa lo convierte también en responsable indirecto de la situación: sabe que el mundo es injusto, pero no encuentra la manera de cambiarlo.[1] Estructuralmente, Mario representa la búsqueda de la verdad familiar, intentando reconstruir el pasado.[2]
El padre: es el eje moral y simbólico de la obra. Se encuentra marcado por la locura, debido al trauma vivido tras la Guerra Civil. Tiene una percepción fragmentada de la realidad: confunde a las personas, revive constantemente el pasado y observa el mundo con una mezcla de inocencia y lucidez. A pesar de esto, posee una gran profundidad como “espectador inocente” de los acontecimientos, lo que le convierte en una especie de conciencia moral de su familia dentro de la trama.[1] El padre vive anclado en el pasado y su conducta evidencia la ruptura con el presente, lo que refuerza su papel como símbolo de la memoria histórica y sus consecuencias.[2]
Encarna: es un personaje clave en el desarrollo del conflicto entre los hermanos. Representa a la víctima de la sociedad capitalista, ya que se ve obligada a depender de Vicente, incluso aceptando una relación de explotación. Su situación está marcada por el miedo y la inseguridad.[1] En el libro, Encarna es reflejo de la alienación social y económica, mostrando cómo el sistema condiciona la libertad individual.[2]
La madre: es un personaje pasivo que representa el autoengaño. Su principal rasgo es la voluntad de mantener la armonía familiar, incluso a costa de ignorar la verdad.[1] Justifica las acciones de Vicente y evita enfrentarse al conflicto. Actúa como contrapunto del padre: frente a la obsesión por el pasado de este, ella opta por olvidarlo.[2]
Los investigadores: Introducen y cierran la obra, guiando la interpretación del espectador y presentando los hechos como un experimento histórico. Su función no es meramente narrativa: permiten reflexionar sobre la necesidad de conocer el pasado para comprender el presente.[1] Constituyen un plano superior que engloba la acción y refuerza la idea de que toda la historia será observada, analizada y reinterpretada desde el futuro.[2]
El simbolismo en El tragaluz
[editar]El simbolismo en El tragaluz es un recurso fundamental que Buero Vallejo utiliza para representar de forma indirecta la realidad de la posguerra española, en gran parte debido a las limitaciones impuestas por la censura franquista . A través de este lenguaje simbólico, la obra trasciende lo individual y adquiere un valor universal.[3]
Uno de los símbolos principales es el propio tragaluz, que representa una visión parcial y limitada de la realidad: los personajes observan el mundo desde abajo, de forma fragmentaria, lo que refleja su incapacidad para comprender plenamente la verdad.[3]
Los personajes también poseen un fuerte valor simbólico. El Padre es uno de los símbolos más complejos: su locura no es solo una enfermedad, sino la manifestación de los traumas provocados por la Guerra Civil. Representa a las víctimas marcadas por el pasado, pero también actúa como una conciencia moral que busca la verdad y la justicia, hasta el punto de asumir un papel de juez.[3]
Frente a él, la Madre simboliza la negación del pasado. Su actitud de olvidar lo ocurrido refleja el comportamiento de una parte de la sociedad que prefiere no enfrentarse a la verdad para poder sobrevivir.[3]
Los dos hermanos, Mario y Vicente, son un contraste fundamental. Mario simboliza la integridad moral, la dignidad y la resistencia ética: rechaza el éxito si implica perjudicar a otros. En cambio, Vicente encarna la ambición egoísta y la falta de escrúpulos, ya que prospera a costa de los demás.[3]
Personajes como Encarna también poseen un valor simbólico, al representar la vulnerabilidad y la adaptación a un entorno injusto, incluso a costa de la propia dignidad. De esta forma, todos los personajes funcionan como símbolos de comportamientos humanos universales, lo que permite a la obra trascender su contexto histórico.[3]
Crítica social en la obra
[editar]El tragaluz contiene un análisis crítico de la sociedad española de la posguerra, especialmente la de los años sesenta, integrando a su vez una reflexión filosófica sobre el ser humano y su responsabilidad en el mundo. A través de una trama centrada en una familia, el autor expone las consecuencias sociales y morales derivadas de la Guerra Civil Española.[4]
En el plano social, la obra presenta una sociedad deshumanizada y competitiva, donde el progreso suele lograrse mediante la explotación de otros. Este contexto obliga a muchos individuos a actuar sin escrúpulos para sobrevivir o ascender socialmente . A ello se suman la desigualdad social, la precariedad (especialmente visible en personajes como Encarna) y el poder de las estructuras económicas, capaces de condicionar o destruir la vida de las personas. Se sugiere, indirectamente, una crítica al sistema político y se subraya la persistencia de los traumas provocados por la guerra.[4]
Esta crítica social se ve reforzada por una notable dimensión filosófica. Buero Vallejo plantea al ser humano como un sujeto simultáneamente activo y pasivo, responsable de sus actos, pero a su vez condicionado por su contexto. A través de esta perspectiva, la obra cuestiona la posibilidad de establecer culpables absolutos, ya que todos los individuos participan en una red de acciones con sus correspondientes consecuencias que los convierte en víctimas y victimarios a la vez .[5]
En este contexto la pregunta recurrente ¿Quién es ese? en la obra, adquiere un sentido central, al funcionar como un interrogante sobre la identidad humana y la relación con el otro. La identidad individual aparece así como un producto de la interacción social, lo que refuerza la idea de una responsabilidad compartida.[5]
Por otra parte, la obra subraya la imposibilidad de emitir juicios morales absolutos, al mostrar que toda acción responde a una cadena compleja de causalidades. Es decir, no es posible determinar un origen único a la culpabilidad, lo que plantea una interesante reflexión sobre la relatividad moral.[5]
La importancia del espacio escénico
[editar]Buero Vallejo otorga al espacio escénico un papel fundamental en esta obra para lograr una construcción del significado dramático completa, convirtiéndolo en un elemento activo y no simplemente en uno decorativo. El espacio se debe entender como un sistema de signos que participa directamente en la producción de sentido dentro de la puesta en escena.[6]
En El tragaluz, el semisótano donde vive la familia funciona como un espacio simbólico que refleja su situación social: un ámbito cerrado, oscuro y limitado que recuerda directamente a la marginación y al estancamiento vital. El tragaluz actúa como un punto de conexión con el exterior, permitiendo observar fragmentos de la realidad sin participar plenamente en ella. Este recurso escénico introduce una dualidad entre interior y exterior que refuerza la oposición entre pasividad y acción presente en la obra.[6]
Además, el espacio no solo organiza la acción, sino que condiciona la percepción del espectador. La disposición escénica permite mostrar simultáneamente distintos planos de realidad, integrándolos dentro de un mismo significado. De este modo, el espacio contribuye a transmitir la complejidad de la experiencia humana y social que Buero Vallejo expone en su texto.[6]
Tratamiento de la memoria en la obra
[editar]La memoria en El tragaluz constituye la columna vertebral de la obra, articulada mediante una compleja estructura que combina un “experimento” futurista con el drama de una familia española de posguerra. La memoria aparece, en primer lugar, como una necesidad ética: los Investigadores justifican su labor en la idea de que recordar es imprescindible para evitar que el pasado “envenene” el presente. Sin embargo, la obra muestra cómo los personajes han preferido durante años olvidar, lo que provoca consecuencias trágicas: la desintegración familiar, la culpa no asumida y la violencia.[7]
Al mismo tiempo, Buero Vallejo presenta la memoria como un proceso problemático. Por un lado, su negación impide comprender el presente; pero, por otro, una fijación excesiva en el pasado puede convertirse en una forma de evasión, como ocurre con el Padre, que reconstruye obsesivamente recuerdos sin afrontar la actualidad. Además, la memoria se concibe como fragmentaria, subjetiva y manipulable. El propio experimento de los Investigadores reconstruye el pasado de manera incompleta, con lagunas e interpretaciones, lo que pone en cuestión la fiabilidad de cualquier relato histórico.[7]
Esta dimensión crítica se amplía al plano colectivo: la obra sugiere que el poder (simbolizado por instituciones como “la Editora” o “el Consejo”) interviene en la construcción de la memoria histórica, seleccionando, censurando o reinterpretando los hechos. El tragaluz no solo reflexiona sobre la memoria individual, sino también sobre su uso político, especialmente en el contexto del franquismo.[7]
Representaciones destacadas
[editar]- Teatro (Estreno, 1967). Dirección: José Osuna. Intérpretes: Jesús Puente (Vicente), José María Rodero (Mario), Sergio Vidal, Carmen Fortuny, Lola Cardona (Encarna), Francisco Pierrá (El padre), Amparo Martí (La madre).
- Televisión (Estudio 1, TVE, 1 de marzo de 1982). Intérpretes: Emilio Gutiérrez Caba (Vicente), Carles Velat (Mario), Conchita Bardem (La madre), Felip Peña (El padre), Maife Gil (Encarna).
- Teatro (Teatro Lope de Vega, Madrid, 1997). Dirección: Manuel Canseco. Intérpretes: Juan Ribó, Juan Gea, Encarna Gómez, Victoria Rodríguez, Teófilo Calle.
- Teatro (Gira Castilla-La Mancha, 1984). Dirección: Antonio Guirau. Intérpretes: Valeriano Andrés, Queta Claver, Pepe Sancho, Tony Isbert, Adriana Ozores, Gloria Blanco, Fernando, Carlos Torrente y Paloma Moreno.
Referencias
[editar]- 1 2 3 4 5 6 7 Sánchez Sánchez, Juan Pedro (2009). «Recepción y análisis textual de El Tragaluz de Buero Vallejo». Revista de Filología de la Universidad de La Laguna (27): 139-154. ISSN 0212-4130. Consultado el 24 de marzo de 2026.
- 1 2 3 4 5 6 «Estudio semiótico de «El Tragaluz», de A. Buero Vallejo». Descreyente. 6 de marzo de 2019. Consultado el 24 de marzo de 2026.
- 1 2 3 4 5 6 Mamadou, M. A. N. E. [chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://djiboul.org/wp-content/uploads/2023/10/Tire-a-part_12.pdf «LAS BASES DEL SIMBOLISMO EN EL TRAGALUZ E HISTORIA DE UNA ESCALERA DE ANTONIO BUERO VALLEJO»]. DJIBOUL.
- 1 2 Jiménez-Vera, Arturo (1984). «La Sociedad Española Vista a Través De "El Tragaluz" De Antonio Buero Vallejo». Hispanófila (81): 35-42. ISSN 0018-2206. Consultado el 24 de marzo de 2026.
- 1 2 3 Sagastume, Jorge R. G. (1 de marzo de 2000). «El Tragaluz de Buero Vallejo: Un drama dialógico sin final conclusivo». Romance Languages Annual, Purdue University, XI, (2000), 597-602. Consultado el 24 de marzo de 2026.
- 1 2 3 García Barrientos, José Luis. El espacio de "El tragaluz" : Significado y estructura. ISSN 0034-849X. Archivado desde el original el 9 de julio de 2022. Consultado el 24 de marzo de 2026.
- 1 2 3 Cruz, Jacqueline (1990). «Una investigación en torno a la memoria: El tragaluz , de Antonio Buero Vallejo». Mester (en inglés) 19 (1). doi:10.5070/M3191014092. Consultado el 24 de marzo de 2026.
Enlaces externos
[editar]- BUERO VALLEJO, Antonio: El tragaluz.
- Texto de la obra, en PDF.
- Otra edición, también en PDF.
- Representación ofrecida por TVE en la emisión del 1 de marzo de 1982 de Estudio 1.
- SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Juan Pedro: Recepción y análisis textual de El tragaluz de Buero Vallejo; en Revista de Filología, 27, enero del 2009, pp. 139-153.
- Reproducción, en Dialnet; en PDF.