El ser y la nada

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Una edición moderna de El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre

El ser y la nada: ensayo de ontología fenomenológica (en francés, L'Être et le néant: Essai d'ontologie phénoménologique) fue la primera obra filosófica de Jean-Paul Sartre (1905-1980), filósofo y principal exponente del existencialismo francés, publicada en 1944.

Historia y contenido[editar]

Mientras era prisionero de guerra (1940-1941) Sartre leyó Ser y tiempo (1927) de Martin Heidegger, una investigación ontológica llevada a cabo con la visión y el método de la fenomenología de Edmund Husserl de la que Heidegger fue un maestro sin par. Y La obra de Heidegger marcó fuertemente la de Sartre, publicada en 1944, en cuyo subtítulo se lee "ensayo de ontología fenomenológica".

Sin embargo el autor francés albergaba un profundo escepticismo ante todas las formas en que la humanidad podría alcanzar un logro personal comparable a la idea de Heidegger del re-encuentro con el Ser; en su más sombría y dramática descripción del ser y de la nada, el hombre es una criatura obsesionada y angustiada por la idea de "completarse", lo que Sartre llama ens causa sui. Sartre define la nada básicamente como expectativas no cumplidas o el vacío existencial que estas dejan, algo que constituye en cada persona tanto como lo que es ya que la decepción es una característica fundamental desde el mismo momento del nacimiento: la existencia precede a la esencia, y no se pueden tener siempre los propios deseos satisfechos, pesimismo este que es uno de los rasgos identitarios del existencialismo. En la persona esto se acentúa por los roles sociales que definen tanto lo que uno es como lo que no se es (definición por negación). Cada uno debe procurar un equilibrio entre lo que quisiera ser, sus posibilidades, y los roles sociales, para llegar a la plenitud.

Pero este equilibrio atenta a menudo contra la moral burguesa, que reprime una parte muy importante de la personalidad. Y esta represión surge al darnos cuenta de la presencia del "otro", que se convierte en objeto al tiempo que nosotros nos convertimos en objeto para otro sujeto. Esta doble percepción impone que se intente llegar al entendimiento intentando ganarse el afecto del otro y a la inversa; pero una moral no corrompida no trata a los demás como objetos, sino como sujetos y, por tanto, permite que cada uno sea siempre libre y sujeto para los demás, a pesar de lo cual la moral burguesa al uso reduce la persona a un aspecto concreto juzgándola y encasillándola dentro de un rol y "llenándola de nada", porque limita sus posibilidades de ser. Por este motivo Sartre afirma que "el infierno son los demás" (l'enfer sont les autres).

En esta obra Sartre destaca la importancia que posee el libre albedrío para la filosofía existencial atea (también existe un existencialismo cristiano); la enorme carga de responsabilidad y, por tanto, de angustia que supone, ya que "la existencia precede a la esencia" y el ser, situado entre el pasado y el futuro, se encuentra varado en una inacción angustiosa entre lo que fue y lo que podría ser. Distingue entre los entes que "son para sí" (por ejemplo, el hombre, consciente de su existencia y de su libertad, por lo cual pueden sentir esa angustia) y los entes que "son en sí" (los animales o la naturaleza, que no son conscientes de sí mismos ni están al tanto de sí, y por tanto no pueden sentirla), así como la relación mutua pretendidamente intersubjetiva entre los primeros en tanto que "ser para otros" (el hombre consciente que se define con respecto a la otros por medio de la "mirada", regard). Y condena como de "mala fe" la actitud de aquel que oculta su libertad.

En la obra de Sartre se esboza un histórico retorno al hombre o humanismo en tanto que este es libre y dueño de sí mismo, definiéndose a través del espectro de esta triplicidad de "formas de ser" en la que estableció el principio de su ontología y su fenomenología del ser. Pero es una visión dramática y pesimista, pues "el hombre está condenado a ser libre", y llega a la conclusión de que el hombre es "una pasión inútil."

Título[editar]

El título proviene del soliloquio "Ser o no ser" del Hamlet de Shakespeare en la traducción "no servil" de Voltaire (Cartas filosóficas, XVIII):

Es preciso elegir / y pasar al momento / de la vida a la muerte / y del ser a la nada."

Contexto histórico[editar]

Sartre prometió una continuación, una especie de "Moral existencialista" que no llegó jamás a escribir, tal vez porque Simone de Beauvoir se le adelantó con su Pour une morale de l'ambiguïté ("Para una moral de la ambigüedad", 1947) o en una obra póstuma de Sartre, Cahiers pour une morale ("Cuadernos para una moral") publicada póstuma en 1983.

Críticas[editar]

Según una frase que llegó a hacerse famosa, George Steiner estimó que El ser y la nada no era más que «una larga nota a pie de página (...) humanizada y psicologizada por Jaspers» de Ser y tiempo de Martin Heidegger.[1]

Referencias[editar]

  1. «An extended footnote, a footnote humanized and psychologized by Jaspers», George Steiner, «New Movements in Eupopean Culture», New Directions, n.° 52, 1988, pág. 90.

Véase también[editar]