Edad de oro de la cultura judía en España

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Imagen de un cantor leyendo el Pésaj en al-Ándalus, Hagadá de Barcelona en el siglo XIV.

La edad de oro de la cultura judía en España, se refiere a un periodo de la historia durante el cual la Península Ibérica estuvo bajo gobierno musulmán y reinó una tolerancia general hacia la sociedad judía, por lo que su cultura, su religión y su economía florecieron. Sin embargo historiadores, como Joseph Pérez, cuestionan el uso de esa expresión.[1]

La naturaleza y la duración de esta "Edad de Oro" han sido objeto de debate. Según algunos estudiosos, su inicio podría situarse:

Su final no ha sido establecido con exactitud. Las fechas que se proponen son:

La naturaleza de la Edad de Oro[editar]

El tratamiento que se otorgó a los no musulmanes durante el Califato de Córdoba ha sido objeto de debate, especialmente entre aquellos interesados en desmentir el hecho de que existiese una época de coexistencia pacífica entre musulmanes y no musulmanes en el mundo moderno. Se ha argumentado que los judíos (y otras minorías religiosas) vivieron una época de tolerancia, respeto y armonía bajo el gobierno musulmán que no tuvo lugar en el resto de la Europa occidental cristiana, lo que daría lugar a esta "Edad de Oro". A pesar de que al-Ándalus tuvo una importancia clave para la sociedad judía durante la Alta Edad Media, generando importantes figuras y una de las comunidades judías más ricas y estables, no existe acuerdo entre los académicos acerca de si esta convivencia entre judíos y musulmanes era realmente un parangón de convivencia interreligiosa, o si, en el fondo, el tratamiento que recibieron fue similar al que les fue dado en otros lugares durante la misma época.

María Rosa Menocal, especialista en literatura ibérica en la Universidad de Yale, ha comentado que "la tolerancia era un aspecto inherente a la sociedad andalusí".[2] En su libro, La joya del mundo, Menocal defiende que los judíos dhimmíes que vivían bajo el gobierno del Califato, a pesar de poseer menos derechos que los musulmanes, estaban mejor situados que en otras partes de la Europa cristiana. Muchos judíos del resto de Europa emigraron a al-Ándalus, donde convivían con tolerancia.

Bernard Lewis toma cartas en el asunto y argumenta, que, aunque frecuentemente se haga referencia la convivencia interreligiosa que supuestamente se vivió bajo gobierno musulmán durante la Edad Media, esto no es más que un mito creado por apologistas musulmanes y partidarios del Islam, ya que si lo analizamos: ¿Cómo podría alguien dar el mismo tratamiento a aquellos que se someten a la verdadera fe y a los que voluntariamente la rechazan? Esto habría sido considerado como un incumplimiento del deber."[3]

Mark Cohen, profesor de estudios de Oriente Próximo en la Universidad de Princeton, en su libro Under Crescent and Cross, nos dice que "el mito de una utopía interreligiosa" fue promulgado en primer lugar por historiadores judíos, como Heinrich Graetz en el siglo XIX como un reproche hacia los países cristianos (especialmente a Europa del Este) por su comportamiento hacia los judíos. Esta visión no fue puesta en duda hasta que fue adoptada por los árabes como "un arma propagandística contra el sionismo",[4] para mostrar que el establecimiento del moderno Estado de Israel destrozó la supuesta armonía entre judíos y árabes existente en Palestina bajo el Imperio otomano. Esta "explotación árabe de la polémica" se unió al "contra-mito" de la "neo-lacrimosa concepción de la historia arabojudía" por historiadores como Bat Yeor,[5] que "tampoco puede mantenerse dadas las circunstancias de la realidad histórica".[6]

Frederick Schweitzer y Marvin Perry están de acuerdo en que hay dos concepciones de lo que realmente fue el status judío bajo el Islam: la tradicional "Edad de Oro" y la revisionista "persecución y pogrom". Alegan que esta visión idealizada de los historiadores judíos del siglo XIX fue recogida por los musulmanes árabes después de 1948 como "un arma árabo-islamista en lo que básicamente es una lucha ideológica y política contra Israel" e ignora "un catálogo menos conocido de masacres y odios", incluyendo los pogromos contra los judíos en Córdoba en 1011 y en Granada en 1066.[7]

Nacimiento de la Edad de Oro[editar]

En el año 589, los Visigodos cristianos de Hispania llevaron a cabo una persecución muy severa contra los judíos; consecuentemente, en el siglo VIII, los judíos recibieron con los brazos abiertos a los conquistadores árabo-musulmanes, y, sobre todo, a los bereberes. La ciudades conquistadas, como Córdoba, Málaga, Granada, Sevilla, y Toledo fueron brevemente sometidas y puestas bajo el control de sus habitantes judíos, quienes habían sido armados por los invasores moros. Tras la victoria, los invasores retiraron todas las restricciones visigodas y garantizaron la libertad religiosa, bajo la condición del pago de una capitación de un dinar de oro.

Se abre así un periodo de tolerancia para los judíos, cuyo número va a incrementarse considerablemente debido a la inmigración procedente de África. Especialmente después del año 912, durante el reinado de Abd-al-Rahman III y su hijo, Al-Hakam II, los judíos prosperaron, dedicándose al servicio del Califato de Córdoba, al estudio de las ciencias, y al comercio y a la industria, contribuyendo a la prosperidad del país. La expansión económica de los judíos no tuvo parangón. En Toledo, participaron en la traducción de textos árabes a las lenguas romances, así como del griego y el hebreo al árabe. Los judíos contribuyeron a la botánica, la geografía, la medicina, las matemáticas, la poesía y la filosofía.[8]

El ministro y físico de la Corte de Abd al-Rahman III fue Hasdai ben Isaac ibn Shaprut, el patrón de Menahem ben Saruq, Dunash ben Labrat, y otros eruditos y poetas judíos. El pensamiento judío florece con figuras como Samuel Ha-Nagid, Moses ibn Ezra, Solomon ibn Gabirol, Judah Halevi y Moses Maimónides.[8] Durante el reinado de Abderramán III, el erudito Moses ben Enoch fue nombrado rabí de Córdoba, y, como consecuencia, al-Ándalus se convirtió en el centro del estudio del Talmud , y Córdoba en el punto de encuentro de los sabios judíos.

Durante un tiempo, los judíos disfrutaron de una autonomía parcial como dhimmíes, sometidos al pago de un impuesto personal llamado yizia, que se administraba por separado del zakat que pagaban los musulmanes. La yizia ha sido considerada un pago por no prestar el servicio militar, como un tributo, etc. Los judíos tenían su propio sistema legal y sus servicios sociales. Las religiones monoteístas agrupadas bajo el nombre de Gente del libro, eran toleradas pero se evitaban todo tipo de manifestaciones multitudinarias o que pudiesen llamar la atención, como las procesiones de fe o las campanas.[9]

Fin de la Edad de Oro[editar]

Con la muerte de al-Hakam II Ibn Abd-al-Rahman en el año 976, el Califato empieza a disolverse, y la situación de los judíos deviene más precaria bajo el gobierno de los reinos de taifas. La primera persecución importante fue la Masacre de Granada de 1066, la crucifixión del visir Joseph ibn Naghrela y la masacre de la mayor parte de la población judía de la ciudad. "Más de 1.500 familias judías, es decir, alrededor de 4.000 personas, murieron en un día."[10] Esta fue la primera persecución a judíos de la península bajo el gobierno islámico.

A comienzos del año 1090 la situación empeora con la invasión de los almorávides, una secta puritana procedente de Marruecos. Bajo su gobierno, algunos judíos prosperaron (sobre todo bajo Ali ibn Yusuf, más que con su padre Yusuf ibn Tasufin ). Entre aquellos que ostentaron el título de visir o "nasi" en tiempos de los almorávides, se encontraban el poeta y físico Abu Ayyub Solomon ibn al-Mu'allam, Abraham ibn Meïr ibn Kamnial, Abu Isaac ibn Muhajar, y Solomon ibn Farusal (aunque este último fue asesinado el 2 de mayo de 1108). Los Almorávides, fueron expulsados de la Península en 1148, pero su lugar sería ocupado por los almohades, quienes eran, incluso, más puritanos. Bajo su gobierno, muchos judíos fueron obligados a aceptar el Islam; los conquistadores usurparon sus propiedades y sus familias, que serían vendidos como esclavos. La mayoría de las instituciones educativas judías fueron cerradas y las sinagogas destruidas.

Durante el reinado de estas dinastías bereberes, muchos judíos, e, incluso, algunos eruditos musulmanes abandonaron Al-Ándalus y emigraron hacia Toledo, la cual había sido reconquistado en 1085 por fuerzas cristianas.

El esfuerzo de varios eruditos judíos dio lugar a la llamada Escuela de Toledo, que tradujo, por primera vez, al Latín, los trabajos de árabes tan notables como Averroes, o del poeta y filósofo judío Solomon Ibn Gabirol, conocido como Avicebrón. Casi 40.000 de estos emigrados se unirían a las filas de Alfonso VI de Castilla en su lucha contra los almorávides, los cuales también contaban con judíos entre sus tropas.

Incluso después de que esta "Edad de Oro" hubiese terminado, la comunidad judía de España, conocida como comunidad sefardí, continuó siendo la comunidad judía más importante del mundo(especialmente con el declive de la Academia de Babilonia, en Irak). Eruditos como Maimónides, nacido en 1135, fueron figuras fundamentales en el judaísmo. La presencia judía en la Península continuaría hasta la expulsión forzosa decretada por los cristianos en el Edicto de la Alhambra, en 1492, y, por la Inquisición portuguesa en 1497.

Figuras notables[editar]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Pérez, Joseph (2009). pp. 35–36. «Los judíos son los primeros que han idealizado retrospectivamente la situación de sus antepasados. […] No es lo mismo cultura judía y cultura de los judíos. La España medieval no conoció más que dos culturas dominantes y dominadoras, primero la musulmana, luego la cristiana; los judíos se incorporaron a la una y después a la otra, pero cultura judía como tal no la hubo… Adoptaron los modelos culturales dominantes; en primer lugar, la lengua árabe que les permitía acceder a un caudal literario, filosófico y científico de extraordinaria riqueza. Asimilaron perfectamente la cultura árabe y en esto estriba su éxito y su prestigio en al-Ándalus, un prestigio intelectual que no coincide ni mucho menos con una mejora sustancial de las condiciones de vida de la masa del pueblo hebreo. El mismo caso de Maimónides lo demuestra… Se le puede considerar, además de gran pensador y teólogo judío, como uno de los mejores exponentes de la civilización islámica de su tiempo. […] Los judíos occidentales se asimilaron, no en religión, pero sí en cultura, entre otras razones porque carecían de lengua propia (el hebreo era una lengua viva, sólo entre los rabinos); adoptaron la lengua y la cultura de la sociedad en la que vivieron. […] Resulta, pues, excesivo idealizar aquel período y seguir hablando de una época de esplendor de la cultura judía»  Falta el |título= (ayuda)
  2. La joya del mundo: musulmanes, judíos y cristianos, y la cultura de la tolerancia en "al-Andalus" by María Rosa Menocal, Accessed, 12 June, 2006.
  3. Capítulo 1, página 4 de su libro Los judíos en el Islam.
  4. Cohen, Under Crescent and Cross, 1995, p. 6.
  5. Cohen, Under Crescent and Cross, 1995, p. 9.
    • Daniel J. Lasker, Review of Under Crescent and Cross. The Jews in the Middle Ages by Mark R. Cohen, The Jewish Quarterly Review, New Ser., Vol. 88, No. 1/2 (Jul., 1997), pp. 76-78
    • Ver también Cohen (1995) p.xvii:De acuerdo con Cohen, ambos puntos de vista distorsionan el pasado.
  6. Frederick M. Schweitzer, rvin Perry., Anti-Semitism: myth and hate from antiquity to the present, Palgrave Macmillan, 2002, ISBN 0-312-16561-7, pp. 267-268.
  7. a b Sephardim by Rebecca Weiner.
  8. Fred J. Hill et al, A History of the Islamic World 2003 ISBN 0-7818-1015-9, p.73
  9. Granada by Richard Gottheil, Meyer Kayserling, Jewish Encyclopedia. 1906 ed.

Referencias[editar]

  • Mark Cohen, Under Crescent and Cross: The Jews in the Middle Ages 1995 ISBN 0-691-01082-X
  • Joel Kraemer, "Comparing Crescent and Cross," The Journal of Religion, Vol. 77, No. 3. (Jul., 1997), pp. 449-454. (Book review)
  • Pérez, Joseph (2009) [2005]. Los judíos en España. Madrid: Marcial Pons. ISBN 84-96467-03-1. 

Enlaces externos[editar]