Desregulación

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La desregulación, liberalización o desreglamentación es el proceso por el cual los gobiernos eliminan algunas regulaciones específicas a los negocios para favorecer o agilizar la operación eficiente del mercado. Actualmente existe un amplio debate sobre la conveniencia de la desregulación en ciertos sectores, y sobre el modo conveniente de llevarla a cabo en ciertos sectores.

Historia[editar]

Las desregulaciones generalmente se han asociado a lo que se denomina neoliberalismo y comienzan a fines de los años 1970 en el Reino Unido (políticas económicas de Margaret Thatcher) y en los Estados Unidos (Ronald Reagan), para extenderse después a otros países desarrollados a partir de los años 1980. Las desregulaciones comenzaron en Francia desde 1983 con la de los mercados financieros. Bajo la influencia de la Comisión europea, se aceleraron desde el año 2000. En Argentina empezaron con el gobierno de Carlos Menem en la década de 1990 y se vio impulsada por los consejos del Fondo Monetario Internacional, volviéndose finalmente impopular en 2001, cuando Argentina conoció su crisis económica más profunda, desvelándose entonces que fue una de las causas principales de esta crisis.

Posiciones frente a la desregulación[editar]

Dentro del liberalismo económico se presupone frecuentemente que menos regulaciones conllevan un aumento en el nivel de competitividad, ya que en eso podría permitir rebajar costes y en algunos casos aumentar la productividad en algunos sectores. Naturalmente otros enfoques económicos como el keynesianismo y en mucha mayor medida en postkeynesianismo no aceptan que cualquier tipo de desregulación tenga efectos positivos. En particular, tras la Gran Depresión de 1929, se eliminaron varias desregulacionaciones bancarias a través de la ley Glass-Steagall (1933), hasta que fue derogada en 1999, lo cual en opinión de diversos economistas eminentes facilitaría el comportamiento irresponsable del sector financiero que desembocó en la Crisis económica de 2008-2013.[1] Igualmente, para Joseph E. Stiglitz[2] , la desregulación tiene algo de bueno, pero hace falta saber qué y de qué manera y manejarla con precaución infinita. Su objetivo teórico es mantener la concurrencia en los mercados y garantizar que las firmas dominantes aprovechen su posición cuando ellas gozan de un monopolio natural. Apercibe sin embargo que, durante la década de 1990, «la desregulación se volvió un delirio»[3] .

La desregulación difiere de la liberalización porque un mercado liberado, si bien permite un número arbitrario de ofertas, puede ser regulado para proteger los derechos de los usuarios, especialmente para prevenir los oligopolios de facto o de jure, garantizar unos precios máximos o una calidad mínima. Por ejemplo: al dejar de renovarse los antiguos y viejos sistemas de comunicaciones, se ahorra mucho dinero... pero se producen muchos accidentes y se deterioran otros sistemas, principalmente públicos, porque la desregulación es antipública y carece de sostenibilidad. Además las desregulaciones deterioran los bienes de equipo mediante fenómenos como la obsolescencia programada, que obligan a pagar dos o más veces por un único servicio o producto. Igualmente, la desregulación produce demasiada basura y no es ecológica y transforma las relaciones económicas e incluso humanas en meras relaciones de consumo.

Debido a que el exceso de trámites, más que ayudar, podría entorpecer a la creación de empresas y consecuentemente de empleos, la desregulación es un mecanismo que para algunos[cita requerida] puede reducir el desempleo, porque al desarrollarse nuevos emprendimientos se crean puestos de trabajo. Algunos economistas consideran que la desregulación de los mercados financieros ha mejorado la capacidad de absorber alteraciones y recuperarse de ciertas crisis, como la que padeció EE.UU. Sin embargo según otros puntos de vista,[cita requerida] la desregulación también puede estimular otros procesos que pueden devenir en desempleo, como la deslocalización, que implica la pérdida de fuentes laborales en el país de origen.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Paul Krugman (2012): End This Depression Now!
  2. Joseph E. Stiglitz, Cuando el capitalismo pierde la cabeza, 2003, cap. 4
  3. Titulo del cap. IV de la obra citada

Enlaces externos[editar]