Crux simplex

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Crux simplex en una ilustración de Justo Lipsio (1547-1606), en De Cruce Libri Tres, 1594, p. 10.

La crux simplex es un instrumento de tortura y ejecución reconocido por autores modernos como uno de los tipos de cruces que existieron en el mundo antiguo. Ya en el siglo XVI el erudito Justo Lipsio (1547–1606) la clasificó como tal en su libro De cruce libri tres, mientras reconocía como tipo usado para la crucifixión de Jesús la cruz con traversaño y más particularmente el tipo llamado crux immissa.[1] Y más recientemente arqueólogos e historiadores como Joseph Zias, del museo de Antigüedades de Jerusalén,[2] [cita requerida] y Frederick T. Zugibe[3] han reconocido que la crux simplex, compuesta de sólo una viga vertical y sin travesaño, "de hecho es un tipo de crucifixión". Este tipo de cruz "era la manera disponible más sencilla de torturar y matar a los criminales",[4] [cita requerida] de hecho es la forma más común de las cruces que usaban los persas, asirios, seléucidas y fenicios,[cita requerida] mientras entre los romanos son más comunes la crux commissa (a forma de T) y la crux immissa (a forma de †).[5] [6]

Etimología[editar]

La palabra crux en latin, origen etimológico de la palabra española cruz, se refería en la Roma clásica a un instrumento de madera para ejecuciones, «madero, árbol o armazón en que se empalaba, fijaba o ahorcaba a los delincuentes».[7]

A su vez, la palabra latina proviene de la raíz indoeuropea ger o kar (con significado de "encorvado", "doblado", "torcido", "ganchudo", "apretado"),[8] [9]

Patrick Farbairn, en The Imperial Bible Dictionary, declara que "hasta entre los romanos la crux (de donde se deriva nuestra cruz) parece haber sido originalmente un palo en posición vertical, y esto siempre siguió siendo la parte más prominente".[10] Pero las cruces usadas en las ejecuciones romanas eran de una grande variedad y no necesariamente limitadas a los cuatro tipos mencionados arriba.[11] Sobre la diversidad de cruces Séneca escribió en su Consolación a Marcia: "Veo cruces en ese lugar, no todas del mismo tipo, sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo, otros las empalan por sus partes privadas, otros extienden los brazos sobre el patíbulo".[12] Flavio Josefo escribió en La guerra de los judíos: "los soldados fuera de si de rabia y odio, se divirtieron clavando a sus prisioneros en diferentes posturas".[13] Por implicancia la palabra crux tomó el significado metafórico de tormento grave.[14] [15]

La crucifixión antes de Roma[editar]

Marsias colgado de un árbol para ser desollado vivo. Copia romana de un original griego. S. I y II d.c.
Se cree que el empalamiento asirio era un prototipo de las crucifixiones posteriores.

Probablemente la crucifixión se originó con los asirios y los babilonios. Los asirios empalaban a sus víctimas por las costillas y los dejaban colgando de lanzas o estacas altas.

Posteriormente este método de ejecución fue adoptado por los persas quienes lo usaron sistemáticamente durante el siglo VI a.C. En la religión zoroástrica de los persas se consideraba sagrados tanto al fuego como a la tierra, por eso sus ritos fúnebres excluían el entierro o la cremación, debido a eso los cadáveres solo se colocaban en camas de madera sostenidas por postes altos para que las aves los devoraran. La misma lógica habrían aplicado a los reos de muerte amarrándolos o colgándolos de postes altos o empalizadas, para así no profanar lo sagrado.[16]

La Biblia hebrea (A. T.) da testimonio de esta práctica oriental persa, cuando narra que Darío el Grande emitió una orden de que nadie interfiriese en la reconstrucción del templo de Jerusalén so pena de ser fijado (literalmente, “alzado”) en un madero arrancado de su propia casa.[17] Durante el reinado de Asuero (Jerjes I), el hijo de Darío, dos de los guardas de la puerta del palacio fueron colgados en una horca.[18] A Hamán y sus diez hijos se les colgó ena horca de cincuenta codos de altura,[19] unos 23 metros.[20] El historiador griego Heródoto también cita otros casos de la aplicación de ese tipo de castigo por parte de los persas.[21]

Los Rollos del Mar Muerto, que se fechan como del siglo I d.C., citan a Deuteronomio 21:22-23 en referencia a la crucifixión practicada por los asmoneos y posteriormente los romanos;[22] Por ejemplo, aplicaron ese pasaje a las ejecuciones por Alejandro Janneo en el año 88 a.C.[23]

Cuando Alejandro Magno conquistó el imperio persa adoptó, entre otras costumbres orientales, la de la crucifixión, la cual aplicó cruelmente después de la conquista de la ciudad de Tiro cuando ordenó la crucifixión de unas 2000 personas a la orilla del mar.[24] También mandó crucificar al médico que no pudo salvar la vida de su amigo Hefestión. Desde entonces, desde el helenismo del siglo IV a.C en adelante, esta costumbre se introdujo en los países del este del Mediterráneo. Hay evidencias de que los piratas capturados eran crucificados en el puerto de Atenas alrededor del siglo 7 a.C.

En Cartago la crucifixión fue establecida por los fenicios como método de ejecución, que fue aplicada a los generales que sufrían una gran derrota.[25] Prontamente fue adoptada por los romanos, quienes le añadieron con el tiempo su cruel ingenio.

La crucifixión en la Roma clásica[editar]

La crucifixión fue una pena de muerte muy utilizada en la Roma clásica, estando excluida para los ciudadanos romanos. Se aplicó a las clases inferiores y a esclavos. Cicerón la calificó como el peor de los suplicios.[26] Como se ha señalado, se cree que la introdujeron en el mundo romano los fenicios cartagineses.[27]

Según el doctor Frederic Zugibe, el estilo de crucifixión vertical precipitaría la asfixia en poco tiempo, desde horas a incluso minutos, dependiendo de si se tuviese algún apoyo en los pies para poder incorporarse y respirar. Por esto los romanos le incorporaron un travesaño y el sédile (asiento), con el fin de prolongar la agonía en un progresivo refinamiento de crueldad en las ejecuciones.[28]

Con el tiempo la palabra Crux llegó a tener un significado genérico tan ámplio que terminó abarcando muchas otras formas y estilos, pero en la Roma clásica la crucifixión más común fue la cruz commisa "Tau" (T) (o de Sn. Antonio), con el patíbulo hasta el tope.

La crucifixión oriental fenicia se había fusionado con la costumbre romana del rito del "patibullum", que consistía en hacer cargar a los reos un yugo de madera (furca, patíbulum) hasta el lugar de ejecución, yugo que con el tiempo se convirtió en el travesaño de las cruces, que por eso se denominan "patibulares", para distingirlas de la cruces simples. Se cree que el poste vertical permanecía fijo en los lugares de ejecución. Al reo se le ataban los brazos al larguero transversal y se le obligaba a portarlo hasta esos lugares. Una vez allí se le izaba sobre el poste central.[29] [30]

Fue el emperador Constantino quien finalmente abolió la pena de crucifixión.[31]

Uso de la crux simplex por los romanos[editar]

Mártires cristianos torturados, en Patrología Latina, de Migne, vol. 60: 1. desentrañados; 2. azotados; 3. rasgados con ganchos (uncus), pinzas (ungulae), rastros de hierro (ferrei pectines); 4. quemados con hierros ardientes en las axilas; 5. puestos al sol con el cuerpo untado de miel para atraer los insectos (cyphonis supplicium).

Sin embargo, algunos creen que los romanos siguieron usando el método de la crux simplex en ocasiones excepcionales. Refiriéndose a ejecuciones masivas llevadas a cabo por los romanos el profesor Herman Fulda escribió en el siglo XIX: “No había árboles disponibles en todo lugar que se escogía para una ejecución pública, por eso, se hundía en el terreno una simple viga. A esta, con las manos levantadas hacia arriba, y frecuentemente también con los pies, se ataba o clavaba a los forajidos”.[32]

También, en 1904, Paul Wilhelm Schmidt escribió: “Cualquier cosa que no fuera un simple colgamiento queda descartado por el método de ejecuciones en masa que frecuentemente se seguía: 2000 a la vez por Varo (Ant. Jos. XVII 10. 10), por Quadrato (Guerra de los judíos II 12. 6), por el procurador Félix (Guerra de los judíos II 15. 2 [13. 2]), por Tito (Guerra de los judíos VII. 1 [V 11. 1])”.[33] Sobre crucifixiones masivas Flavio Josefo, escritor judío del siglo I D.C., informa respecto a los ejecutados durante la Primera Guerra Judeo-Romana: “tan grande era su número que no podía encontrarse espacio para las cruces ni cruces para los cuerpos”.[34]

Otro factor considerado es la escasez de madera en algunas provincias, como se reconoce en las fuentes antiguas. Josefo cuenta que en una ocasión la gran cantidad de víctimas y la escasez de madera llevaron a que los reos fueran crucificados a los muros de Jerusalén. También refiere que, en el sitio de la capital judía (70 d.C.), no había suficientes madera para construir el muro de asedio así que se tuvo que exportar desde Siria, a varios kilómetros de distancia.

Josefo no menciona cruces simples, ni hay evidencia arqueológica de su uso tardío. Hoy se exhiben en el museo de Ein Kerem, Israel recreaciones de como se podrían haber usado olivos para crucifixiones, eventualmente aprovechando las ramas naturales como equivalente de travesaño.[35] [36]

Olivo de tipo que habría podido ser usado para crucifixión incluso con los brazos extendidos, museo de Ein Kerem.
Patibulum.jpg

Aún hoy algunos estudiosos reconocen que la crux simplex tal vez podría haber sido usada por los romanos hasta en el siglo I A. C., dependiendo de esos mismos factores, el número de crucificados, la disponibilidad de madera, y la premura en las ejecuciones. Por ejemplo, Josef Zias, antropólogo de la Universidad Rockefeller y ex curador del Departamento de Antigüedades y Museos de Israel, cree que "el número de individuos a ser crucificados, de hecho, pudo haber determinado la forma en que la ejecución tomaba forma. Así, como en el caso de los 6.000 prisioneros de guerra que fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia, entre las ciudades de Roma y Cappua, como parte de una celebración de la victoria (cuando Espartaco fue derrotado en la Tercera Guerra Servil 73-71 A.C.[37] ), parece plausible creer que fue ocupada la forma más rápida y eficiente. Eso sería simplemente atar a la víctima al árbol o cruz con sus manos directamente suspendidas sobre su cabeza, que es una forma de crucifixión".[38]

Si este uso tardío hubiera ocurrido, nada indica que se hiciera una excepción a cargar el patíbullum. Joe Zias además señala que comúnmente las cruces estaban a ras de suelo “a la altura de los ojos del observador”. Por eso, una crux simplex no superaría el peso que permitiera cargarla sobre ambos hombros y así cumplir con la costumbre de cargar el patíbullum.[39] Correspondiente a esto, en el s. XVI, el estudioso Justus Lipsius en su obra "De Cruce", dibujó reos cargando patíbulos y muestra también una cruz completa y sin travesaño cargada a manera de furca.

Referencias[editar]

  1. Livro I, capp. IX-X, pp. 24-29 en la edición de Amberes del año 1606, pp. 35-47 en la de Ámsterdam del año 1670
  2. Josef Zias, "Crucifixón in Antiquity", 1998. Revisado el 24 de Abril de 2010. [1]
  3. Frederick T. Zugibe, The Crucifixion of Jesus: A Forensic Inquiry (Rowman & Littlefield 2005 ISBN 9781590770702), p. 40-41)
  4. Josef Zias, "Crucifixón in Antiquity", 1998. Revisado el 24 de Abril de 2010. [2]
  5. Paul De Marco, Faith Meets Forensics (Lulu 2014 ISBN 9781291822281), p. 81
  6. Mark E. Moore, The Chronological Life of Christ (College Press 2007 ISBN 9780899009551), p. 639
  7. T. Lewis, Charlton; Short, Charles, A Latin Dictionary. Harper and Brothers publishers. New York in 1879. Oxford University Press.[3] [4]
  8. Joseph Twadell Shipley, The Origins of English Words: A Discursive Dictionary of Indo-European Roots (JHU Press 2001 ISBN 9780801867842), p. 113
  9. Dizionario Etimologico Online
  10. P. Fairbairn (1874). The Imperial Bible-Dictionary I. Londres. p. 376. 
  11. David W. Chapman, Ancient Jewish and Christian Perceptions of Crucifixion (Mohr Siebeck 2008 ISBN 9783161495793), p. 8
  12. "Dialogo sobre la consolación a Marcia" 6.20.3
  13. "La Guerra de los Judíos" 5:451-452)
  14. Christopher Francese, Ancient Rome in So Many Words (Hippocrene Books 2007 ISBN 9780781811538), pp. 202-203
  15. Patricia Villaseñor Cuspinera, Latín. Vocablos específicos, Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, p. 115.
  16. Heródoto, “Historiarum”, 9.120; “Artajerjes”, Plutarco, 17.5.
  17. Esdras 6:11
  18. Ester 2:21-23.
  19. Ester 5:14
  20. Codos a Metros Calculadora de Conversión
  21. Heródoto, Libro III, 125, 159; IV, 43
  22. 11QT, Deut 64:6-13; 4QpNah, Deut 3-4:1:1-11
  23. Compárese con Flavio Josefo, “Antigüedades de los judíos”, 13.14.2. “La Guerra de los Judíos” 1.4.5-6
  24. Curtius Rufus, Hist. Alex. 4.4.17.
  25. Tito Livio, “Historia romana”, 38.48.13.
  26. Luis Orduña Lozano, Las huellas de Jesucristo, Editorial Visor Libros, ISBN 978-84-9886-133-4
  27. Daniel-Rops, Jesús en su tiempo, Librerire Arthème Fayard, 2004, ISBN 84-8239-500-9
  28. F. Zugibe. "Forensic and Clinical Knowledge of the Practice of Crucifixion", 1984. Revisado el 24 de Abril de 2010. [5]
  29. Enriqueta González Martínez Alonso, Restauración: tecnología tradicional y tecnología actual, Editorial Universidad Politécnica de Valencia, 2006, ISBN 84-9705-963-8
  30. H. Sanson, Los misterios del cadalso, Talleres tipográficos Manni Hermanos, 1863
  31. Gonzalo Bravo Castañeda y Mª del Mar Marcos Sánchez, La caída del imperio romano y la génesis de Europa, Editorial Complutense, 2001, ISBN 84-7491-620-8
  32. Hermann Fulda, "Das Kreuz und die Kreuzigung" (La cruz y la crucifixión), Breslau (Wroclaw), 1878, pp. 109, y 219, 220
  33. Paul Wilhelm Schmidt, "Die Geschichte Jesu" (La historia de Jesús), tomo 2, Tubinga y Leipzig, 1904, pp. 387-389
  34. Flavio Josefo, “La Guerra de los judíos”, II, 2:12. 6; 5:11 & 451-452.
  35. http://www.greatcommission.com/israel/2003031.jpg
  36. http://www.greatcommission.com/israel/2003030.jpg
  37. Tito Livio, "Guerras Civiles", 1,120.
  38. [6] Joseph Zias, "Crucifixión en la Antigüedad", 2005, revisado en 20 de mayo de 2010.
  39. J. Zias & E. Seketes, 1985, "The Crucified Man from Giv'at ha-Mivtar: A Reappraisal", Israel Exploration Journal, vol. 35, pp.: 22-27.