Conchoprimo

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Concho Primo, Ilustración de Bienvenido Gimbernard, c. 1919.

Conchoprimo[1]​ se refiere a una caricatura creada por Bienvenido Gimbernard, para su revista Cosmopolita, con el cual trababa de hacer comentario politico y social y con el representaba al pueblo dominicano, al común de las personas. El mismo surge del nombre genérico con el que eran llamados los caciques rurales que tomaban parte en las guerras civiles sucedidas en la historia dominicana,[2]​ especialmente en las ocurridas entre los años 1865 y 1916, es decir, entre el final de la Guerra de la Restauración y la primera intervención estadounidense en Santo Domingo. Este periodo de la historia dominicana se caracterizó por la continua inestabilidad política, desorden social, derrocamientos, problemas económicos, corrupción, guerras civiles y revoluciones montoneras, donde era común ver a estos jefes campesinos armados.

Marco Histórico[editar]

El fenómeno del caudillismo

Desde su origen en 1844, el caudillismo ha sido un elemento importante de la cultura política dominicana. Sin embargo, este se engrandeció después del final de la Guerra de la Restauración (1863-1865). Durante la guerra de la restauración se crearon delegaciones regionales dirigidas por una figura militar, cuya función era dirigir la guerra contra la anexión. El gobierno de turno le otorgaba a estos caudillos una determinada cantidad de dinero del presupuesto nacional para usarlo a su discreción y a los que estaban en la frontera, se les cedía el control de los impuestos sobre importaciones, lo que les permitía obtener préstamos de los comerciantes locales para financiar sus ejércitos privados, compuestos generalmente de campesinos.

El estado dominicano se mantuvo en esta época con mucha debilidad institucional. Cuando la Guerra de la restauración terminó, el aparato político-estatal del país quedó dominado por docenas de estos caudillos, que empezaron a matarse entre sí por el poder sobre el país. Cuando un Gobierno le retiraba asignaciones de dinero, o afectaba los intereses de uno o de varios de estos caudillos, estos se levantaban en armas contra ese Gobierno. Una vez derrocado, los caudillos apoyaban al nuevo gobierno que mejor defendiera sus intereses. Lo mismo pasaba con los caudillos que veían sus intereses afectados con el gobierno derrocado.

Los gobiernos dominicanos tuvieron muchos problemas para mantenerse en el poder, ya que en el país quedaron numerosos caciques militares con soldados a su disposición, siempre prestos a derrocar el gobierno que no se ajustara a sus intereses. Entre 1865-1879 la la República Dominicana Tuvo más de 50 alzamientos armados y 21 gobiernos gracias a la inestabilidad política generada por los caudillos.

El Campesinado y el Caudillismo

Los pobladores rurales se adherían masivamente a los caudillos debido a dos razones: en primer lugar, el deseo de movilidad social, de obtener recursos para asegurar la solución de elementales problemas existenciales. Enrolarse en las revueltas le aseguraba al hombre común un alto nivel de inmunidad, participar de las dádivas y en actos de pillaje, obtener algún rango militar, y sobre todo, una mayor primacía ante sus congéneres en un entorno donde primaba la inseguridad. En segundo lugar, es posible que en la adhesión a las revueltas incidiera un elemento de carácter subjetivo, referido a esa conciencia heroica propia de las sociedades premodernas.

En la Cultura[editar]

Iconografía
Lugares
Libros
En Poesía

A Concho Primo

Bajo tu potro es un juguete el llano, bajo tu potro tan dominicano que le sirve de espuela la corneta y vuela más que la guinea inquieta que en las plumas se pinta municiones para robarle el blanco a la escopeta.
Mucho más que penetras y perduras cuando desgranas tus aventuras ante el espanto de la llanera que puso al cuello de los soldados el amuleto como trinchera.
¡Qué bien recuerdo tu apretón lejano: un corazón se te volvió la mano! Se me quedó tu azúcar en la hiel, como a los negros cuando cortan cañas que se les queda en el machete, miel.

Y se agiganta mucho más tu historia en la alcancía de mi memoria, loro de los refranes, triunfo de las mujeres, cuando volando las cabalgaduras, eran sobre las lomas y las llanuras un tiroteo los amaneceres.
Hoy lo que rueda, Vale Concho, es rueda; asoma la vitrina en las vitrinas de los ojazos de las campesinas, y bajo la sotana o la moneda su flor a la santica se le queda. Mira una cruz como se pierde al vuelo:
enredada en la hélice se va la carretera por el cielo. Mas hoy, compadre Concho, también se ve tu llano —míralo en el bolsillo del norteamericano—

Manuel del Cabral

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]

Véase también[editar]