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Carlos Rangel

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Carlos Rangel

Carlos Rangel en casa con Pugi (c. 1984)
Información personal
Nombre de nacimiento Carlos Enrique Rangel Guevara
Nacimiento 17 de septiembre de 1929
Caracas, Venezuela
Fallecimiento 14 de enero de 1988 (58 años)
Caracas, Venezuela
Causa de muerte Suicidio Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Venezolano
Familia
Cónyuge Sofía Ímber (1968-1988), Bárbara Barling, (1951-1967)
Hijos Antonio Enrique, Magdalena Teresa, Carlos José , Diana Cristina.
Información profesional
Ocupación periodista, académico, diplomático
Obras notables Del buen salvaje al buen revolucionario, El tercermundismo, Marx y los socialismos reales y otros ensayos
Firma

Carlos Enrique Rangel Guevara (Caracas, 17 de septiembre de 1929-14 de enero de 1988) fue un periodista, académico y diplomático venezolano. Figura de la televisión y uno de los principales difusores del liberalismo en Venezuela.[1]

Introducción

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Carlos Rangel se destacó principalmente por su aguda crítica a la cultura política latinoamericana tradicional, al populismo y al anti-americanismo. Las obras de Rangel suscitaron un intenso debate en múltiples espacios del espectro ideológico y se convirtió en una figura fundacional del pensamiento liberal en la región.[2][3]​ Sus escritos, discursos y programas de televisión contribuyeron a conformar la base intelectual del liberalismo latinoamericano de finales del siglo XX, y han suscitado reconocimientos en toda la región y más allá, desde Baltimore hasta Seúl, París y Milán.[4][5][6][7][8][9][10][11]

Su influencia ha sido significativa desde la publicación en 1976 de su libro Del buen salvaje al buen revolucionario (publicado en inglés como The Latin Americans: Their Love-Hate Relationship with the United States), con un prólogo de Jean-François Revel, quien también escribió los prólogos de las primeras ediciones de los otros dos libros de Rangel, El tercermundismo, y Marx y los socialismos reales y otros ensayos. Su primer libro ha pasado a ser una de las obras no literarias de mayor distribución en español, con al menos diecisiete ediciones distintas en varios países hispanoparlantes.[12]​ Sus obras han sido traducidas al francés, italiano, inglés, portugués y alemán.[13]​ Ediciones recientes de Del buen salvaje incluyen una edición chilena actualizada (2024), una traducción al portugués en Brasil (2019) y una edición italiana (2024). La edición brasileña de 2019 incluye una nueva introducción biográfica escrita por su hijo, Carlos J. Rangel, que ha sido incorporada a ediciones posteriores.[14]

Colección Biblioteca Carlos Rangel - CEDICE Libertad (2022)

En 2022, el laboratorio de investigación académica venezolano CEDICE Libertad publicó ediciones digitales de las tres obras principales de Rangel. En la reunión anual de la Sociedad Mont Pelerin, celebrada en la Ciudad de México en marzo de 2025, se presentó una mesa redonda dedicada al legado intelectual de Rangel, moderada por el intelectual y empresario Marcel Granier.[15]

Biografía

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Primeros años y educación

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Carlos Rangel nació en Caracas, Venezuela, hijo de José Antonio Rangel Báez, empresario relacionado con el Banco Caracas y Telares de Palo Grande, y Magdalena (Malala) Guevara Hermoso. Pasó sus primeros años en el vecindario de la Alta Florida de Caracas, en esa época semirrural, y en donde paseaba a caballo por campos abiertos y bosques, lo que años más tarde se convertiría en el sector comercial de Sabana Grande, y en el piedemonte de la montaña Cerro El Ávila. Estas primeras experiencias alimentaron la conexión que tuvo de por vida con los paisajes de Caracas y Venezuela.[16]

Rangel era nieto de Carlos Rangel Garbiras, influyente figura política y militar de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Era también descendiente directo (tataranieto) del coronel José Antonio Rangel, líder destacado de la Guerra de Independencia venezolana. Por parte de su madre, era nieto del general Lorenzo Guevara Ron, líder regional de la región de Río Chico, en la región de Barlovento, Venezuela, quien obtuvo su reputación militar durante la Revolución Liberal Restauradora y fue nombrado gobernador del Estado de Bolívar por Cipriano Castro, rival político del otro abuelo de Rangel, Carlos Rangel Garbiras.[17][18][19][20][21][22][23]​ El medio-hermano mayor de su madre fue el controvertido caudillo Tomás Funes, caudillo regional y gobernador del territorio del Amazonas, quien fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en 1921 por orden de Juan Vicente Gómez como parte de su campaña de pacificación y unificación de Venezuela.

Rangel recibió su educación temprana en Caracas antes de realizar estudios superiores en el extranjero. Obtuvo una licenciatura en la universidad Bard College en 1951, un Certificat d’Études Supérieures de la Universidad de París (La Sorbona ) en París en 1953, y una maestría en la Universidad de Nueva York en 1958.[24][25]​ Sus años formativos coincidieron con las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría. Mientras estudiaba en París, estuvo relacionado brevemente con un grupo de exiliados comunistas venezolanos que envió una delegación a la Conferencia de los Pueblos para la Paz en Viena en 1952, evento patrocinado por el Consejo Mundial de la Paz, una organización alineada con la Unión Soviética.[26][27]

Tras completar sus estudios en Francia en 1953 volvió a Caracas, en donde la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se había consolidado en el poder. Durante este período en su país Rangel emprendió actividades de negocios en el sector privado junto con su hermano mayor, José Antonio Rangel: proyectos de construcción civil, copropietario de una concesionaria de motocicletas, y una participación mayoritaria en la incipiente revista venezolana Momento.[26]

Junto con su primera esposa, Barbara Barling, Rangel participó discretamente en actividades de la oposición a la dictadura. Su hogar fue refugio ocasional clandestino de disidentes, y la pareja prestó su apoyo a la red de resistencia vinculada a la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en donde Barling continuaba sus estudios artísticos. Para finales de 1955, preocupado por los riesgos que acechaban a su joven familia, que para entonces incluía tres niños menores de tres años, Rangel decidió partir a un exilio autoimpuesto en la Ciudad de Nueva York.[26]​ Durante su estadía en esa ciudad de 1955 a 1958 obtuvo una maestría en literatura española y latinoamericana en la Universidad de Nueva York, en donde además se desempeñó como instructor. Su fluido manejo de los idiomas español, inglés y francés le permitió también titularse allí como traductor certificado.[26][27]

La invasión soviética durante la Revolución húngara de 1956 fue un momento decisivo en la formación de la perspectiva política de Rangel, fortaleciendo su postura antiautoritaria y llevándole a percibir a las promesas del comunismo como esencialmente falaces. Sin embargo, en su primer libro también expresó preocupación por los excesos del anticomunismo en las instituciones democráticas estadounidenses, particularmente la influencia del macartismo y, en términos más amplios, al Temor rojo.[28]

En 1960, tras una breve designación diplomática en Bruselas, Rangel regresó a Venezuela, donde procedió a consolidar su carrera pública como periodista, escritor y defensor de la democracia liberal.[29]

Carrera profesional

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Actividad diplomática y política

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Aunque la participación de Carlos Rangel en cargos públicos fue limitada, esa experiencia jugó un papel clave en la conformación de su visión del mundo. A finales de 1958, tras el derrocamiento del dictador venezolano General Marcos Pérez Jiménez por una , revuelta popular el 23 de enero, Rangel se incorporó al servicio diplomático por instancia de uno de sus colegas en el exilio, Carlos Ramírez MacGregor. Periodista y copropietario del periódico Panorama, con una trayectoria política propia, Ramírez MacGregor fue designado Embajador en Bélgica por el gobierno de transición. Invitó a Rangel a unírsele en la embajada venezolana en Bruselas como primer secretario y agregado cultural.[30]

Su cargo diplomático terminó con la elección de Rómulo Betancourt, el primer presidente democráticamente electo del período democrático moderno de Venezuela. Ramírez MacGregor trabajó previamente bajo el presidente Isaías Medina Angarita a principios de la década de 1940 y fue encarcelado brevemente después del golpe de Estado de 1945 liderizado por Betancourt y Pérez Jiménez que sustituyó a Medina por una junta cívico-militar. En 1960 Ramírez MacGregor fue retirado del cargo de embajador en Bélgica y continuó su carrera política, principalmente en oposición a Betancourt.[31][32]

Carlos Rangel junto a su esposa Barbara Barling en visita oficial a la ciudad de Los Ángeles, EE. UU., como Presidente del Concejo Municipal de, Caracas

Tras muchos años de participación en círculos políticos, intelectuales y disidentes en París, Caracas y Nueva York, Carlos Rangel se involucró activamente en la transición democrática de Venezuela. Habiéndose distanciado de la ideología comunista, se alineó con el movimiento social demócrata del país, que en Venezuela tuvo su mejor representación en el partido Acción Democrática liderizado por Rómulo Betancourt, aunque nunca fue miembro del partido. En 1963, Rangel se lanzó como candidato para un escaño en el Concejo Municipal de Caracas, el cual ganó y ocupó de 1964 a 1968. Durante su período de ejercicio como concejal, fue nombrado presidente del Concejo, cargo que en ese momento era efectivamente equivalente al de alcalde de la ciudad de Caracas. Su hijo, Carlos J. Rangel, describe este periodo:

"En su papel de concejal, vio de cerca el trabajo cotidiano del político y los efectos negativos del populismo en la gestión gubernamental. Caminó por vecindarios, distribuyó alimentos, inauguró obras públicas, debatió presupuestos y redactó decretos. Fue nombrado presidente del Concejo Municipal de Caracas y, en consecuencia, recibía a necesitados de todo tipo que le suplicaban asistencia. Años más tarde, en una conversación acompañado por su segunda esposa, Sofía Ímber, Rangel me comentó que para él lo peor de la vida política pública era tener que recibir a personas que venían a verle para pedir, pedir y pedir. Me dijo que esto se debía en parte a la frustración de no poder atender necesidades justificadas de los ciudadanos, en parte a la frustración de tener que escuchar a élites privilegiadas que se sentían con derecho a una parte del tesoro nacional, y en parte a su frustración por el desarrollo del clientelismo político que acostumbraba a todos a someterse al paternalismo del estado: "Es deprimente ver filas de gente en las puertas de la casa de un ministro, esperándolo desde temprano en la madrugada para entregar su petición en un pedazo de papel al salir de su casa en la mañana.[33]

De 1971 a 1972 Carlos Rangel y su segunda esposa, Sofía Ímber, ocuparon cargos diplomáticos honorarios en la Embajada de Venezuela en Londres. Rangel fue Consejero de Asuntos Culturales, mientras que Ímber fue Agregada Cultural del Centro Simón Bolívar, encargada de identificar y adquirir obras de arte para lo que más tarde se convertiría en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

Compromiso público y participación cultural

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Como figura pública reconocida y respetada en Venezuela, los presidentes del ejecutivo nacional a menudo invitaban a Carlos Rangel a que participara en cargos ejecutivos en distintos gobiernos. Él rechazó consistentemente estas ofertas prefiriendo mantener su independencia, aunque ocasionalmente aceptó ejercer funciones ceremoniales representando al país en delegaciones internacionales. En 1976, fue el jefe de la delegación de Venezuela enviada a República Dominicana para la inauguración del mandato del presidente Joaquín Balaguer.

También contribuyó con las instituciones culturales del país, participando como miembro de la junta directiva de la Fundación Teatro Teresa Carreño, el principal centro de las artes escénicas de Venezuela, y de la junta directiva del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber, uno de los principales museos de arte moderno de América Latina en aquel momento. [34]

A principios de la década de los ochenta, Rangel se asoció con un grupo de intelectuales y empresarios para establecer un centro de reflexión dedicado a los principios del liberalismo clásico y la libertad económica. Estos esfuerzos llevaron a la creación de CEDICE Libertad (Centro de Divulgación del Conocimiento Económico) en 1984. La misión de la organización era promover el estudio, difusión y defensa de la libertad individual, la propiedad privada, el gobierno limitado y el libre mercado. Rangel fue Orador de Orden en el acto inaugural del Centro, pronunciando un discurso trazando la trayectoria de las ideas de libertad económica en Venezuela. [35]​ Hoy en día, CEDICE Libertad es reconocido como uno de los principales grupos de reflexión en América Latina que se dedican a promover el pensamiento libertario.[36][37][38]

Periodismo y medios de comunicación

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En 1960, al regresar de Bélgica, Carlos Rangel y su hermano José Antonio Rangel, como copropietarios de la revista semanal venezolana Momento junto con Carlos Ramírez MacGregor, nombraron a José Antonio Rangel como presidente, a Ramírez MacGregor como director y a Carlos Rangel como subdirector de la revista. Durante este período Ramírez MacGregor era también director y propietario del periódico diario Panorama, con sede en la ciudad de Maracaibo, por lo que Carlos Rangel asumió de hecho el papel de director ejecutivo de Momento.[34]

Portada revista Momento del 31 de enero de 1958

Rangel condujo la revista Momento de 1960 a 1968–69, tomando como modelo operativo una mezcla de las revistas estadounidenses Life, Newsweek y Time. La publicación proporcionó una cobertura en profundidad de eventos políticos y militares claves de los primeros años de la democracia moderna en Venezuela, como los alzamientos militares de El Porteñazo y El Carupanazo ocurridos durante el período de enfrentamientos guerrilleros conocidos como la Lucha Armada.[39]

Bajo el liderazgo de los hermanos Rangel, Momento se convirtió en una palestra para numerosos periodistas y escritores influyentes. Contribuyentes a la revista incluían a figuras destacadas como Gabriel García Márquez, Plinio Apuleyo Mendoza y el futuro presidente venezolano Luis Herrera Campíns, entre otros.[40]

Con frecuencia la revista presentaba contenido personal y cultural. La familia de Rangel apareció en varias ediciones, como la portada de la edición aniversario de 1963 con su hija Diana en su primer cumpleaños, o un ensayo fotográfico de sus hijos en el recién inaugurado Parque del Este. Su esposa de entonces, Barbara Barling, contribuía con una columna de consejos sentimentales, mientras que la periodista y crítica de arte Sofía Imber, quien luego sería la segunda esposa de Rangel, escribía una columna dedicada a temas de arte, cultura y comentarios políticos. [34]

Edición de la revista Commentary destacando artículo por Carlos Rangel

Después de retirarse de Momento en 1968, Carlos Rangel continuó escribiendo ensayos y llevando a cabo entrevistas para periódicos y revistas prominentes, tanto en Venezuela como a nivel internacional. Sus trabajos aparecieron en publicaciones como El Universal (Caracas), en donde contribuía con frecuencia en las "Páginas Culturales" dirigidas por su esposa Sofía desde las oficinas del museo. Publicó escritos en los diarios El Tiempo (Colombia) y The Wall Street Journal (Nueva York). En Venezuela, sus artículos también se publicaron en los diarios El Nacional (Venezuela), La Verdad y 2001. A nivel internacional, contribuyó escritos a las revistas Newsweek International, Visión (Colombia), Vuelta (México – editada por Octavio Paz), Commentary (Nueva York), Commentaire (París), Worldpaper (periódico distribuido en 27 países con sede en Boston y dirigido por Crocker Snow, Jr.), Politique Internationale (París), O Estado de São Paulo (Brasil) y las publicaciones españolas Cambio 16 y Firmas, entre otras. [41][42][34]

En 1977, junto con su segunda esposa, la periodista y crítica de arte Sofía Ímber, Rangel fue cofundador de la revista de noticias Auténtico con sede en Caracas. La revista se dedicó a cubrir temas de actualidad y publicar artículos de opinión, con énfasis en perspectivas económicas liberales. Al momento de anunciar la publicación, alguien le preguntó a Ímber: “¿Por qué el nombre?”, a lo que ella respondió “Porque no hablamos paja.” [43]

Televisión

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Desde principios de la década de los sesenta, Carlos Rangel se convirtió en una voz destacada de la televisión venezolana, utilizándola como plataforma para el debate público. Comenzando en 1962, moderó Frente a la Prensa, un programa de mesa redonda que reunía a periodistas y figuras públicas para debatir asuntos de interés nacional e internacional. Sus rigurosos estándares periodísticos y su disposición a contradecir tanto narrativas oficiales como opiniones populares le ganaron la reputación de ser un moderador que invitaba a pensar y reflexionar. [44]​ Antes de dedicarse de lleno a la televisión, Rangel fue nombrado titular de la Cátedra de Periodismo de Opinión en la Universidad Central de Venezuela, y desempeñó ese cargo académico de 1961 a 1963, pero se mantuvo como docente titular durante décadas. [44]

A lo largo de su carrera, Rangel participó en numerosos programas especiales de noticias televisadas. En 1988, fue seleccionado para moderar el debate presidencial venezolano de ese año, pero su muerte repentina le impidió desempeñar ese papel. [45][46]

Buenos Días

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El 22 de abril de 1968 Carlos Rangel y Sofía Imber iniciaron el programa Buenos Días, un programa de televisión matutino en vivo pionero en su estilo que se mantuvo en el aire hasta 1988. Financiado inicialmente por Reinaldo Herrera y producido por Daniel Farías, el programa fue una aventura de negocios arriesgada que compró tiempo de transmisión en una franja horaria que en ese entonces no era utilizada: las primeras horas de la mañana de 7:00 a. m. a 8:30 a. m. Esto permitió que el programa mantuviera su independencia editorial y creativa. Al principio la publicidad comercial era informal: Rangel hacía propagandas comerciales él mismo, hablando desde su escritorio o mostrando productos en el estudio, antes de que el programa desarrollara anuncios publicitarios profesionales. En su primera transmisión, el invitado fue el reconocido escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, quien desde entonces fue un huésped recurrente en cada fecha aniversario del programa.

Inner Ilustración interior del libro de Carlos Rangel Marx y los socialismos reales y otros ensayos (primera edición) con una foto de Sofía y Carlos en el estudio de producción del programa

Durante sus veinte años de transmisión, el programa tuvo como invitados a figuras internacionales destacados como Shimon Peres,[47]Jimmy Carter,[48]Felipe González,Henry Moore, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa. Las transcripciones de estas y otras entrevistas están disponibles en el Centro de Investigación de la Comunicación Sofía Imber y Carlos Rangel de la Universidad Católica Andrés Bello. Algunos segmentos también están disponibles en el canal de YouTube de Sofía Imber.[44][49]​ El impacto del programa se extendió más allá del ámbito del entretenimiento, permitiendo que debates políticos complejos fueran accesibles para el público en general y estableciendo un estándar elevado para los medios de comunicación venezolanos de programación abierta e impulsada por el debate de ideas.

En búsqueda del pluralismo democrático, Rangel insistía en invitar a huéspedes provenientes de todo el espectro político, convirtiendo el programa en un espacio poco común para el diálogo genuino. Para preservar su independencia editorial, cuando surgían tensiones con los propietarios de los medios el programa se mudaba periódicamente de un canal a otro. En distintos momentos, el programa fue transmitido por Venevisión, RCTV y VTV.[50]​ En uno de estos cambios, el programa se transmitió al mediodía, por lo que el nombre cambió temporalmente a Lo de Hoy. Al cambiar de nuevo a una estación diferente, el programa volvió a su espacio matutino con su nombre original.

En sus primeras iteraciones, Buenos Días incluía un segmento musical que contribuyó a iniciar las carreras de varios artistas venezolanos emergentes. Una de las más destacadas fue Soledad Bravo, quien hizo una de sus primeras apariciones públicas en el programa antes de surgir como artista de fama internacional.

Libros

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Primeras ediciones de los principales libros de Carlos Rngel (edición en español, francés e inglés).

Carlos Rangel fue un autor prolífico cuyas tres obras principales: Del buen salvaje al buen revolucionario: Mitos y realidades de América Latina (1976), El tercermundismo (1982), y Marx y los socialismos reales y otros ensayos (1988) forman una trilogía de crítica liberal contra las bases y causas del autoritarismo y el subdesarrollo en América Latina y, por extensión, del resto del mundo. Estos libros, ampliamente distribuidos y traducidos, ayudaron a establecer a Rangel como una de las voces liberales más influyentes del siglo XX en la región.[51][52][53][54]​ Ensayos y antologías incluyen su colaboración, como por ejemplo en el compendio de Octavio Paz Frustraciones de un destino: La democracia en América Latina (1985), libro dedicado al análisis de la democracia mexicana durante los tiempos de dominio político del PRI (Partido Revolucionario Institucional).[55]

La obra de Rangel estuvo dedicada en gran medida a denunciar la falsedad, los mitos ideológicos y la evasión política de la verdad, una temática central que articuló en una entrevista en marzo de 1976. En esa entrevista, realizada tras la publicación de su primer libro en París, leyó un epígrafe tomado directamente del libro en donde cita El laberinto de la soledad de Octavio Paz: "La mentira se convirtió en algo casi constitucional en nuestros países. El daño moral ha sido incalculable y ha llegado a lo más profundo de nuestro ser; nos movemos fácilmente dentro de la falsedad. Por lo tanto, la lucha contra la mentira oficial y constitucional debe estar en la raíz de cualquier reforma seria en América Latina"[56]​ Sus dos libros subsiguientes elaboran con más detalle este tema central de la verdad: el segundo a escala global, el tercero a nivel personal.

En 2022 sus tres libros fueron republicados por CEDICE Libertad en nuevas ediciones actualizadas, y están disponibles en formato digital.[57]

Del buen salvaje al buen revolucionario

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Escrita originalmente en español, Del buen salvaje al buen revolucionario: Mitos y realidades de América Latina apareció por primera vez en1976 en París, pocas semanas después en Caracas y en Nueva York en 1977. [58]​ El libro es un extenso ensayo contra los mitos del "buen salvaje", el sentimiento antinorteamericano y el milenarismo ideológico, particularmente en su manifestación en el pensamiento marxista. Postula en este libro que existe una relación estrecha entre estas narrativas y el legado hispánico y católico de América Latina. [59][60]

Estructurado como ocho ensayos temáticos y un epílogo, el libro argumenta que el subdesarrollo crónico de América Latina proviene principalmente de narrativas culturales internas comúnmente aceptadas, más que de la opresión o explotación extranjera. Rangel aboga por la democracia liberal, el estado de derecho y la responsabilidad individual como camino hacia la prosperidad en la región.

El libro generó un intenso debate público. Poco después de su publicación fue quemado en la Universidad Central de Venezuela. A pesar de esa controversia, la obra sigue siendo una piedra angular en la crítica del liberalismo clásico contra el populismo y totalitarismo latinoamericano.

Del buen salvaje al buen revolucionario fue traducido a varios idiomas:

  • Francés: Du bon sauvage au bon révolutionnaire, Éditions Jean-Claude Lattès, 1976.
  • Inglés: The Latin-Americans: Their Love-Hate Relationship with the United States, Harcourt Brace Jovanocich, 1977, ISBN 0-15-148795-2
  • Portugués: Do bom selvagem ao bom revolucionário, Editora Expressão e Cultura, 1980.
  • Italiano: Dal buon selvaggio al buon rivoluzionario, Rizzoli, 1981.

Para ver resúmenes de capítulos, su recepción crítica y más información sobre otras ediciones, véase el artículo: Del buen salvaje al buen revolucionario.

El tercermundismo

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El tercermundismo fue publicado en Caracas en 1982 por Monte Ávila Editores, y luego traducido a varios idiomas. [61]​ En su versión en inglés, el libro fue titulado Third World Ideology and Western Reality. La obra utiliza argumentos esbozados en el primer libro de Rangel, ampliándolos para presentar una visión crítica de las narrativas globales en torno al llamado Tercer Mundo.

Rangel examina cómo la etiqueta de “Tercer Mundo” se transformó de ser una designación geopolítica neutral en el período de la posguerra, 1945-50, para convertirse en una poderosa identidad ideológica definida por sentimientos de victimización, reivindicación y resentimiento antioccidental, a menudo diseminada y fomentada durante la Guerra Fría por la Unión Soviética. Las secuelas de ese uso siguen presentes en la geopolítica actual. Rangel sostiene que esta postura ideológica enmascara las verdaderas causas internas del subdesarrollo, como la debilidad institucional, la mentalidad rentista y el populismo, y que oculta la responsabilidad de élites locales que le dan poder y sustento a aspiraciones autoritarias.

Portada de edición Alemana (1985)

El libro contiene nueve capítulos y un apéndice, combinando la teoría política con estudios de casos históricos. En el apéndice, Rangel incluye una entrevista con el economista austriaco Friedrich von Hayek, en la que Hayek destaca las incoherencias filosóficas de las ideologías colectivistas.[62]

La obra argumenta que lo que impulsa el desarrollo son la democracia liberal y las instituciones del libre mercado, no el Nacionalismo revolucionario. La tesis de Rangel atrajo críticas agudas de izquierdistas latinoamericanos y promulgadores de la teoría de la dependencia, pero encontró acogida y eco entre los defensores del liberalismo clásico. El libro es considerado el segundo volumen de una trilogía informal de escritos de Rangel sobre la cultura política latinoamericana.

El tercermundismo fue traducido a varios idiomas:

  • Italiano: L’Occidente e il Terzo Mondo, SugarCo, 1983
  • Alemán: Der Westen und die Dritte Welt: von falschen Schuldkomplexen zu echter Verantwortung, Mundis Verlag, 1985, ISBN 3-89091-009-2
  • Inglés: Third World Ideology and Western Reality, Transaction Books, 1986, ISBN 0-88738-601-6.

Marx y los socialismos reales y otros ensayos

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Marx y los socialismos reales y otros ensayos fue publicado póstumamente por Monte Ávila Editores en Caracas (1988). El volumen reúne treinta y dos ensayos, conferencias y columnas escritas entre 1975 y 1986 por Carlos Rangel, incluyendo dos ensayos inéditos, que Rangel compiló en una secuencia temática antes de su muerte.[63]​ Los escritos reflejan la culminación de su reflexión sobre el marxismo, el autoritarismo y el pensamiento liberal, y lo utiliza para exponer la responsabilidad personal de líderes intelectuales ante ideologías que coartan la libertad.

Los ensayos están organizados en seis subgrupos temáticos, que incluyen el desmantelamiento del marxismo como religión secular, perfiles de disidentes cubanos, críticas al populismo rentista venezolano y reflexiones sobre desafíos morales y personales de artistas y escritores confrontados por dilemas ideológicos.

Entre las personalidades sobre quienes Rangel hace reseñas se encuentran Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Thomas Mann, Miguel de Unamuno, Octavio Paz, y el pintor venezolano Armando Reverón.

El libro es percibido por muchos como el testamento intelectual de Rangel, y como el volumen final de una trilogía informal que comienza con Del buen salvaje al buen revolucionario y continuó con El tercermundismo. El elemento central en este último libro es la defensa que hace Rangel de la verdad, la democracia liberal y la libertad individual frente a las presiones de la ideología colectivista y el oportunismo político, ejemplificado positiva y negativamente en las personas sobre las cuales escribe.

Legado e influencia

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La obra de Carlos Rangel ofrece un agudo contraste con las corrientes dominantes del pensamiento político latinoamericano del siglo XX, en particular con la teoría de la dependencia, el romanticismo revolucionario y el Marxismo prevalente y popular en la época. A través de su trilogía, Del buen salvaje al buen revolucionario (1976), El tercermundismo (1982), y Marx y los socialismos reales y otros ensayos (1988), emprende una defensa sistemática de la democracia liberal, la responsabilidad individual y la economía de mercado. Sus argumentos despertaron una oposición feroz en su país. Sin embargo, en el período posguerra Fría la aceptación de sus ideas ha crecido de forma constante, particularmente en círculos clásicos-liberales y antipopulistas.[64]

Contexto intelectual y el "imperativo de la verdad"

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Contemporáneos como Jean-François Revel, Manuel Caballero y Sofía Ímber han destacado el énfasis de Rangel en la búsqueda de la verdad y, en particular, sus esfuerzos por desenmascarar la mentira y el engaño, un rasgo que el mismo Rangel destaca al iniciar su libro Del buen salvaje al buen revolucionario con un epígrafe de Octavio Paz sobre la verdad. Revel hace eco de esta búsqueda en su prefacio a los ensayos póstumos y Caballero al describir su “obsesión por la verdad”. Caballero, sin embargo, la esgrime como una crítica, acusando a Rangel de “usar la verdad como dogma retórico” para persuadir a los lectores a que adopten opiniones que Caballero consideraba argumentos propios de la derecha reaccionaria.[65][66][67]

La opinión de Rangel sobre la necesidad de encontrar y decir la verdad es un tema recurrente en sus apariciones públicas y televisivas, en las que promulgaba que la verdad y la libertad de expresión eran consustanciales, siendo cada una de ellas esencial para la otra. Una cita ilustrativa sobre este tema es un comentario editorial que hizo en su programa del 4 de noviembre de 1976:

“Al principio, Sofía se refirió a Sartre [haciendo referencia a un artículo publicado en el diario L'Express de esta semana[68]​] y a una frase que dijo [Sartre], entre las muchas que dijo, que son muy ciertas, y es que el deber del intelectual es decir la verdad. Solo quiero añadir que a menudo se intenta devaluar y descalificar la defensa de la libertad de expresión, diciendo que los poetas, intelectuales y escritores no tienen más derechos que otros miembros de la sociedad, que no tienen más derechos que, por ejemplo, un obrero. Y yo diría que, de hecho, un intelectual no tiene más derechos que otros, ni los tiene nadie que haya tenido el privilegio de una educación superior al promedio. No tienen derechos adicionales; lo que tienen es una situación especial, porque quienes han tenido el privilegio de estar mejor informados y han podido reflexionar sobre esa información tienen el deber de transmitir a otros lo que piensan. Es un deber que las personas que no han tenido este privilegio no tienen. Por lo tanto, decir que los intelectuales no tienen derechos especiales para justificar sus demandas por la libertad de expresión es un argumento falaz. Cuando un intelectual exige que haya libertad de expresión y la defiende para sí mismo y para otros, lo que exige es que se le permita cumplir su deber”. [69]

Rangel explora más a fondo lo que describía como el deber y la responsabilidad de los intelectuales con la verdad en su libro de 1988, Marx y los socialismos reales y otros ensayos. Publicado de manera póstuma, este libro es visto por muchos como el testamento intelectual de Rangel, un llamado a la primacía de la verdad empírica y la independencia moral por encima de la conformidad ideológica. En la introducción, Jean-François Revel elogia a Rangel por su "cualidad poco frecuente entre los intelectuales de vanguardia: un interés por la verdad”, poniendo de relieve su norte ético: "no escribir nunca nada más que lo que se cree verdadero". Revel describe la obra de Rangel como una alerta a los intelectuales que abandonan la verdad, se suman a la moda ideológica del momento y se convierten en "oportunistas ideológicos, más dañinos que los oportunistas políticos".[70]

El nombre de la revista que Rangel fundó en 1977 junto con su esposa, Sofía Imber, era Auténtico, y su lema era "El exacto valor de los hechos"). [71][72]

Recepción crítica

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  • Jean-François Revel (prólogo de 1976) describió Del buen salvaje como "el primer ensayo contemporáneo sobre la civilización latinoamericana que deja de lado las descripciones falsas y las excusas complacientes", describiéndolo como "indispensable".
  • Loris Zanatta (prefacio de 2023) estimó que Rangel era "la verdadera voz antihegemónica de América Latina", señalando que durante la década de los setenta defender la democracia liberal era "como proferir blasfemias en una iglesia".
  • Carlos Alberto Montaner (epílogo 2006) destacó la valentía de Rangel al asignar responsabilidades a los propios latinoamericanos y "defender la democracia y el libre mercado al tiempo que condena el barbarismo totalitario tanto de izquierda como de derecha".[73]

Estos respaldos contribuyen a ilustrar la estatura de Rangel tras años de marginalización, colocándolo junto a Octavio Paz y Mario Vargas Llosa como parte integral de una tradición panamericana de pensamiento liberal.

Periodismo y medios de comunicación

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Más allá de sus libros, Rangel tuvo una presencia sostenida en los medios de comunicación venezolanos. Editó el semanario Momento (1960–1970) y fue codirector del programa diario de televisión Buenos Días (1968–1988) junto con Sofía Ímber. Ambas plataformas ofrecieron espacios poco frecuentes para el diálogo pluralista durante una era de polarización ideológica, reflejando la convicción de Rangel de que el periodismo debía enfrentar los mitos con hechos.

Resurgimiento póstumo e influencia continua

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La muerte de Rangel por suicidio en enero de 1988 opacó brevemente su influencia por el sensacionalismo asociado con su tragedia, a pesar de que obituarios como el de Los Angeles Times lo aclamaron como "uno de los intelectuales conservadores mejor conocidos de América Latina".[74]

En las décadas siguientes, laboratorios académicos de pensamiento liberal como CEDICE Libertad (Caracas), Fundación para el Progreso (Santiago de Chile), Instituto Bruno Leoni, (Milán) y el Inter-American Institute for Democracy (Miami) reeditaron sus obras y han organizado homenajes conmemorativos reconociendo su visión sobre el camino que tomaría el populismo y el peligro de declive institucional en la región.[75]

Hoy en día, los análisis de Rangel son citados por académicos estudiosos del populismo, economistas dedicados a la reforma institucional y figuras venezolanas de oposición para quienes Del buen salvaje al buen revolucionario es una advertencia profética. Zanatta ha comentado que "el buen revolucionario nunca muere", mientras que Montaner lamenta que Venezuela no haya escuchado la "seria advertencia de Rangel contra el aventurerismo colectivista".[76]

Crítica y controversia

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Reacción ideológica adversa

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Del buen salvaje al buen revolucionario (1976) fue denunciado por grupos de estudiantes y profesores de la Universidad Central de Venezuela. Ejemplares del libro fueron quemados públicamente en la ciudad universitaria el año de su publicación.[77]​ Sus detractores alegaban que la tesis de Rangel, según la cual los fracasos de América Latina se derivan en gran medida de las deficiencias de sus gobiernos nacionales y de los “mitos de victimización”, exoneraban de culpa al imperialismo estadounidense y constituían un repudio a la lucha contra el imperialismo.[78]​ Según anécdotas que circulan en los medios intelectuales venezolanos, José Vicente Rangel, un destacado político y adversario ideológico de izquierda, comentó una vez que si pudiera enviar a una sola persona al paredón, a quien fusilaría sería a Carlos Rangel.

Utilizando la caracterización que hace Revel de Rangel, describiéndolo como un intelectual sincero en búsqueda constante de la verdad y el desenmascaramiento de mitos,[79]Manuel Caballero, en su ensayo "Para una radiografía del pensamiento reaccionario" (1988) describió a Del buen salvaje al buen revolucionario como un "panfleto reaccionario", y argumenta que la obra de Rangel simplifica realidades complejas y utiliza la "verdad" como arma retórica. Caballero plantea en su texto que la verdad no puede carecer de contexto, ideología y perspectiva histórica, ya que entonces el uso de la retórica de certeza se convierte en dogma. [80]​ Según Caballero, el uso que hace Rangel de la verdad como dogma conlleva a una visión del mundo similar a la del estalinismo. Sin embargo, en sus escritos posteriores, por ejemplo "En la oposición, como siempre" (1998), [81]​ y su trayectoria de oposición a Hugo Chávez reflejan un cambio a posiciones más cercanas a la crítica liberal democrática de falsedades ideológicas que hace Rangel.

Las opiniones de Rangel a menudo son contrapuestas a las de Eduardo Galeano, cuya obra Las venas abiertas de América Latina argumenta que la explotación extranjera es la fuente principal del subdesarrollo de la región.[82][83]​ Sin embargo, hacia finales de su vida, Galeano se alejó de las ideas contenidas en su propio libro, admitiendo que lo escribió antes de madurar su propio desarrollo intelectual, una confesión que algunos percibieron como un reconocimiento tácito a la validez de críticos como Rangel. Durante la II Bienal do Livro e da Leitura en Brasília en abril de 2014, Eduardo Galeano declaró en una conferencia de prensa que "ya no podría leer el libro de nuevo. Me desmayaría. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es sumamente tediosa. Mi cuerpo no lo aguantaría. Terminaría en el hospital... Intentaba ser una texto de economía política, pero yo no tenía la formación necesaria[84][85]

Una reseña publicada en Letras Libres en 2023 plantea que la tesis de Rangel ha sobrevivido el transcurso del tiempo de forma más convincente que la de Galeano, afirmando que “Rangel entendió algo que Galeano nunca entendió: los mitos no son ideas, sino ficciones que generan identidades”. [86]

Acusaciones de elitismo y simplificación

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Varios críticos académicos han argumentado que Rangel le restaba importancia a la pobreza y la desigualdad estructural al hacer énfasis en la responsabilidad individual. Una reseña publicada en la revista Hispanic American Historical Review estima que el libro "es más sólido en sus afirmaciones que en sus pruebas", citando una tendencia a hacer generalizaciones sobre mecanismos socioeconómicos complejos. [87]​ En un simposio sobre la teoría de la dependencia celebrado en 1984 se plantearon reservas similares, en las que comentaristas estimaban que la crítica liberal de Rangel "minimizaba excesivamente" la importancia de los legados coloniales, aun cuando otros coincidían. [88]

Perfil de los medios y participación

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Como editor de Momento y coanfitrión de Buenos Días, Rangel buscó difundir las ideas liberales en Venezuela a un público amplio. Sin embargo, los críticos sostenían que sus transmisiones desdibujaban las fronteras entre el periodismo y la promoción de ideas, lo que reforzaba la percepción de que él estaba alineado con los intereses de Occidente durante la Guerra Fría.[78]

La responsabilidad de los intelectuales

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En su colección póstuma Marx y los socialismos reales, Rangel insistió en que los escritores "nunca deben escribir nada que no crean que sea cierto". El prólogo de Revel elogió esta postura,[89]​ pero opositores la percibieron como un absolutismo moral que dejaba poco margen para perspectivas alternativas.[90]

Hostilidad póstuma

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En un artículo de opinión publicado en 2012 en el portal digital Aporrea, el escritor izquierdista José Sant Roz describió a Rangel como "un estremecedor lacayo" de la oligarquía venezolana. El artículo minimizaba el liberalismo de Rangel tildándolo de propaganda elitista y especuló que su suicidio se debió a inestabilidad psicológica o a una enfermedad incurable (sugirió que pudiera ser sida) más que a presiones personales o políticas. [91][92][93]

Vida personal

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La vida personal de Carlos Rangel reflejó una sensibilidad cosmopolita conformada por relaciones significativas y una amplia gama de intereses culturales. A principios de la década de los cincuenta, cuando fue a estudiar a París, se llevó con él a Barbara Barling, una artista estadounidense que conoció en Bard College. A pesar de la resistencia inicial de ambas familias, la pareja estuvo casada por dieciséis años y se mantuvo en contacto después de su divorcio en 1969. Tuvieron cuatro hijos: Antonio Enrique, Magdalena Teresa, Carlos José y Diana Cristina.[94]

Sofía Imber

En 1969 Rangel contrajo matrimonio con la periodista y personalidad del arte y cultura Sofía Imber, quien anteriormente estuvo casada con el escritor venezolano Guillermo Meneses. Imber trajo a la nueva familia cuatro hijos de su matrimonio anterior: Sara, Adriana, Daniela y Pedro Guillermo.[95]​ Rangel e Imber fueron luego coanfitriones del influyente programa de televisión matutino Buenos Días , transmitido de 1968 a 1988.

Carlos Rangel tuvo un profundo aprecio por la música contemporánea. Sus gustos incluían la música folclórica venezolana, como el Quinteto Contrapunto, Soledad Bravo, y otros que invitara a su programa; francesa, como Georges Brassens; y estadounidense, como Joan Baez, además del jazz (Dave Brubeck) y algunos modernos como Los Beatles. Mantuvo una extensa colección de discos de vinil y una voluminosa biblioteca personal que incluía ejemplares de primeras ediciones de libros venezolanos. Después de su muerte, sus colecciones de libros y publicaciones periódicas fueron donadas a la Universidad Metropolitana y a la Universidad Católica Andrés Bello, ambas en Caracas.

Rangel era un cineasta aficionado entusiasta, y a menudo grabó vacaciones y eventos familiares con su cámara de 8 mm. Extractos de estas películas caseras fueron incluidas en el documental Carlos Rangel: Ésta es su vida, ésta su libertad, dirigido por Andrés Crema, producido por Cinesa y distribuido por Bolívar Films en el 2016. El documental presenta un retrato de la vida personal e intelectual de Rangel.[96][97]

Con la excepción de una breve estadía en Londres de 1971 a 1972, Carlos Rangel pasó la mayor parte de su vida profesional en Caracas. Vivió y trabajó principalmente en un área de unos 4 kilómetros cuadrados en el piedemonte de la montaña El Ávila, entre los vecindarios de Alta Florida, donde nació y creció, y las Lomas de San Rafael de La Florida, donde murió.

Carlos Rangel y Loni, c. 1982

Durante sus últimos años a menudo paseaba en automóvil por la Cota Mil (Avenida Boyacá), una autopista que bordea las laderas del Ávila, acompañado por Loni, su yorkshire terrier. Era una reminiscencia de su juventud, cuando paseaba a caballo por los paisajes abiertos de la Caracas pre-urbana, como se relata en ese documental sobre su vida. Los domingos salía con frecuencia a caminar con Sofía Imber, a veces por la Cota Mil, a veces por el Parque Los Caobos. Estas rutinas y hábitos personales están descritos en entrevistas realizadas a principios de la década de 1980, una de las cuales fue publicada en la revista dominical del periódico El Nacional, Séptimo Día (1982 aprox.).

Muerte y funeral

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Carlos Rangel se quitó la vida en las horas vespertinas del 14 de enero de 1988, a los 58 años de edad. Esa mañana, como era parte de su rutina, fue anfitrión junto con su esposa de la transmisión en vivo de Buenos Días en Venevisión, cuyo invitado fue Luis Enrique Oberto, una figura destacada del Partido Demócrata Cristiano (COPEI). Los programas de la semana habían centrado su atención en el 42.º aniversario de este partido, y del debate en curso dentro de COPEI sobre quién sería su candidato presidencial en las elecciones venideras de 1988. El tema del momento era si el patriarca del partido, Rafael Caldera, le daría su apoyo a Eduardo Fernández para enfrentar al probable candidato de Acción Democrática, el expresidente Carlos Andrés Pérez.[98]​ Después de transmitir el programa en vivo, como era su rutina habitual de los días jueves, Rangel e Imber grabaron el episodio del día siguiente, viernes, el cual no llegó a ser transmitido.

Luego se ocupó de atender varios compromisos profesionales, que incluyeron reuniones en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y un encuentro con Beatrice Rangel sobre el proyecto para grabar un programa conmemorando el 30º aniversario de la rebelión popular de 1958 que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez. Después se trasladó a su estudio de trabajo en casa, en donde, a últimas horas de la tarde, terminó la preparación de sobres a ser enviados a la editorial con los manuscritos de su último libro. Marx y los socialismos reales y otros ensayos, acompañado por Pedro Guillermo, su hijastro, quien hacia tareas relacionadas con sus estudios de medicina.

Al terminar lo que hacía, Rangel le pidió a Pedro Guillermo si podía buscarle una taza de té en la cocina. Al volver al estudio, Pedro encontró a Rangel muerto por una herida de bala autoinfligida.

En la entrevista biográfica de Sofía Imber escrita por Diego Arroyo Gil, ella describe que su reacción inmediata después de la muerte de Rangel fue llamar por teléfono a su amigo cercano, el diplomático e historiador Simón Alberto Consalvi.[99]​ Por otra parte, en una nota periodística para El Nuevo País, la periodista Graciela Requena reporta que en un relato posterior Imber le dijo que en aquel momento llamó al presidente Jaime Lusinchi.[100]​ Arroyo Gil en su libro reproduce la carta de despedida que Rangel le dejó a Imber, en la que le expresa temor a una enfermedad y al deterioro de sus facultades, le agradece por su vida juntos y le pide perdón.[101]

Imber intentó proteger la privacidad de Rangel, su memoria y su legado, con la intención inicial de realizar un entierro privado antes del amanecer. Sin embargo, la muerte no se pudo ocultar del público. A petición de ella, el presidente Jaime Lusinchi, médico de profesión, se presentó en la residencia, pronunció que Rangel había fallecido y firmó el acta de defunción. Simón Alberto Consalvi, en ese momento Ministro del Interior y jefe de las fuerzas de seguridad internas, autorizó el levantamiento del cuerpo. Pero la obligación legal de realizar una autopsia hizo que la información se difundiera desde la morgue, y la noticia de la muerte de Carlos Rangel se transmitió en los noticieros de las 11 p. m.. Muchas personas, incluyendo a su madre, su hermano y sus hijos, se enteraron de la muerte a raíz de esa transmisión.

El duelo público se extendió de inmediato. Una multitud de líderes políticos, intelectuales y venezolanos comunes se reunieron en la Funeraria Vallés de Caracas mucho antes del amanecer. A pesar de no haberse hecho ningún anuncio público, centenares de personas se presentaron a extender sus condolencias, incluidos amigos cercanos, miembros del gobierno y antiguos colaboradores. Su esposa, Sofía, dijo: "Fue un jueves, lo recuerdo. Jueves 14 de enero de 1988. El día siguiente fue el velorio. Toda Caracas vino a acompañarme. Algunos solo por curiosidad. Antes de que llegara esa terrible multitud, vi la cara de Carlos por última vez junto con mis hijos y ordené que cerraran el ataúd”.[102]

A las 10:30 a. m., la multitud de dolientes era impenetrable. Entre la multitud se encontraba Alfonso Arismendi, un joven que años antes, cuando Rangel presidía el Concejo Municipal de Caracas, había sido apadrinado por él como su ahijado. Las hermanastras Diana y Daniela lloraron juntas. Magdalena, su hija mayor, y Sara y Adriana, sus otras dos hijastras, no asistieron por estar fuera del país en ese momento.

Los portadores del féretro incluyeron a los dos hijos de Rangel, su hijastro, su ex chófer de confianza, Alejandro Ponce, Luis Teófilo Núñez, presidente del periódico El Universal (donde Rangel publicó numerosas columnas), y José Rafael Revenga, director ejecutivo de la red de televisión Venevisión, donde se transmitía el programa Buenos Días. Todos ellos encabezados por el presidente Jaime Lusinchi a la izquierda y el ex y futuro presidente, Carlos Andrés Pérez a la derecha.[103][104]

La procesión salió hacia el cementerio con una escolta presidencial. Motocicletas detenían el tráfico en los semáforos para abrirle paso a la caravana hasta llegar al Cementerio del Este, donde se reunió un pequeño grupo de familiares y amigos cercanos. El presidente Pérez ofreció una breve elegía, diciendo que: “Carlos será siempre para mí, y seguramente para muchos de nosotros, un libro abierto que leeremos para aprender lecciones profundas y lecciones de amor por Venezuela, lecciones de dignidad venezolana y dignidad humana. Hasta pronto, Carlos, en nombre de todos los venezolanos”. Mientras descendía el ataúd, Diana, la hija menor de Rangel, lanzó a la fosa un pequeño collar con una cruz dorada.

Esta descripción de los eventos se basa en entrevistas y recuerdos de Carlos J. Rangel, Sofía Imber, Simón Alberto Consalvi, Beatrice Rangel, Pedro Meneses y Adriana Meneses, corroborados por la cobertura de prensa del momento.[105]

Suicidio y enfermedad mental

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Aunque a menudo los comentarios se hacían en silencio, el suicidio de Carlos Rangel el 14 de enero de 1988 generó reflexión y debate sobre su salud mental y sus circunstancias personales. Algunos lo atribuyeron a depresión, o tal vez a una enfermedad crónica que le causaba dolor constante o que él creía generaría un deterioro progresivo. Años más tarde, su esposa Sofía comentó que Rangel tenía programada una cita médica para el día siguiente, 15 de enero, con el Dr. Manuel Kizer, psiquiatra y psicólogo, en relación con una “depresión profunda que se manifestaba físicamente como dolor crónico en la pierna.[106]​ Según algunos comentarios en circulación, su médico de muchos años, el Dr. Rubén Coronil, negó que Rangel tuviera alguna afección crónica que pudiera amenazar su vida o facultades, pero esas afirmaciones no han sido publicadas en fuentes confiables.

En un ensayo publicado en el diario español El País, Mario Vargas Llosa describe su versión del evento: Rangel se disparó en un momento cuando su esposa salió brevemente de la casa para enviar un paquete por correo. Vargas Llosa también menciona rumores que circularon después de su muerte, incluidos comentarios sobre antecedentes familiares de suicidio que aparecieron inicialmente como titular en el periódico amarillista Últimas Noticias. Postula también la hipótesis de que Rangel puede haberse sentido intelectualmente en paz, creyendo que América Latina estaba avanzando hacia la democracia.[107]

Esa especulación que Vargas Llosa destaca como rumor, sobre las motivaciones intelectuales de Rangel, pudiera tener elementos que la sustenten en discursos como el que pronunció Rangel ante la primera promoción de graduados del programa ejecutivo del IESA en 1984, o su discurso en la inauguración del laboratorio de ideas libertarias CEDICE en 1985.[108][109]​ Estos discursos podrían interpretarse como demostraciones de que Rangel percibía un camino consolidado hacia mayor libertad, democracia y progreso económico. Pero esta interpretación pareciera ser desmentida por el mismo Rangel en otras declaraciones suyas, a menudo asociadas con frases o titulares que lo describen como “el hombre que Venezuela no escuchó”,[110]​ o que lo tildan de "profeta".[111]

Muchos segmentos audiovisuales reiterando esta interpretación del pensamiento de Rangel provienen de una extensa entrevista realizada por Marcel Granier en 1984, en la que (a partir del minuto 55 de la entrevista) Rangel describe las consecuencias políticas de gestiones económicas equivocadas y deficientes que desembocan en dictaduras y tiranías feroces.[112]​ Esa entrevista, junto con su discurso ante la Asociación de Ejecutivos Venezolanos en 1984,[113]​ y su Postdata a Del buen salvaje escrito en 1987, la cual también incluyó en su colección final de ensayos de 1988, indica que Rangel estaba muy consciente de la fragilidad persistente de la democracia y la libertad, tanto en su país como en la región.[114]

Las reacciones en la prensa venezolana reflejan el legado controversial de Rangel. Escribiendo en El Nacional, el profesor de historia y filosofía Antonio Sánchez García lo recordó como un intelectual liberal brillante cuya vida terminó trágicamente, recordando que el padre de Rangel también se suicidó. Su columna coincide en muchos aspectos con la interpretación de Vargas Llosa.[115]​ Como contraste, el analista crítico José Sant Roz, escribiendo en Aporrea, caracterizó a Rangel como un “estremecedor lacayo” especulando sobre motivaciones médicas, sin presentar pruebas documentales.[116]

Aunque el suicidio era un tema delicado en esa época, y en muchos sentidos lo sigue siendo, no estaba completamente ausente en el entorno de Rangel. Su padre y una media tía materna habían muerto por suicidio. En las esferas políticas y personales, él había conocido de cerca a otras personas que se habían quitado la vida, como el político destacado Alirio Ugarte Pelayo en 1966,[117][118]​ y su socio cercano y director de la revista Momento, Carlos Ramírez MacGregor en 1975.[119][120]

El último día de Rangel estuvo marcado por actividades rutinarias y de aparente normalidad, que al parecer incluyeron la finalización y envío a su editor del manuscrito de su tercer libro. Dejó dos notas mecanografiadas: una dirigida a su esposa, Sofía Imber, firmada con su firma personal habitual, posiblemente redactada en su oficina del museo, tal vez ese mismo día o quizás días o semanas antes; y otra nota breve dirigida a la policía, escrita en casa y firmada con su firma legal formal, en la que afirma que su muerte fue intencional. El análisis forense indica que ambas notas fueron escritas en el mismo tipo de máquina de escribir (probablemente una IBM Selectric), pero con diferente configuración del espacio entrelíneas, lo cual sugiere que fueron escritas en momentos diferentes. Ni la nota personal ni su nota oficial para la policía mencionan a sus hijos, ni a los de Sofía.[121]​ Su último manuscrito, que contiene una visión integral de su legado e intereses intelectuales, ha sido interpretado por algunos como un testamento simbólico o tercer mensaje al público.

Epitafios

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En los días siguientes a su fallecimiento se publicaron numerosos tributos y obituarios en medios de comunicación venezolanos como El Nacional y El Universal, así como en publicaciones internacionales. El intelectual francés Jean-François Revel, quien había prologado los libros anteriores de Rangel, escribió el prólogo del tercer libro como un tributo en el que destacó las contribuciones de Rangel al pensamiento liberal latinoamericano.

Llegaron mensajes desde todo el mundo: desde los EE. UU., del expresidente Jimmy Carter; desde España, del jefe de Gobierno, Felipe González; desde Israel, Inglaterra, Francia y muchos otros países, líderes de todos los ámbitos políticos y culturales enviaron sus condolencias.

Sofía Imber, decidida a seguir adelante, volvió a su programa de televisión el siguiente lunes, 18 de enero. En la biografía de Imber por Arroyo Gil la cita diciendo: “Si yo el lunes me quedaba encerrada en mi casa, si yo no iba, como siempre, a trabajar, me sentenciaba a mí misma a una invalidez de la cual posiblemente jamás me recuperaría.” [122]​La transcripción del programa de ese día no está disponible, pero el día siguiente (martes 20 de enero,1988) leyó en voz alta un mensaje de William Luers, ex-embajador de los Estados Unidos en Venezuela y director en aquel momento del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York:

Me conmocionó la noticia de la muerte de Carlos. Ni usted ni él se dan plena cuenta del profundo efecto de su presencia en mi vida de aprendizaje. Su sabiduría y su compromiso intelectual y emocional con los problemas más importantes de nuestro tiempo lo sitúan como un hombre único en su generación. ... Su fallecimiento deja un vacío en mi corazón y en las mentes de quienes se preocupan por el destino de la sociedad civilizada. El mundo será un lugar diferente y menos estimulante en su ausencia.[123]

También leyó en el mismo programa un mensaje de Nicomedes Zuloaga,[124]​ líder empresarial venezolano y cofundador principal, junto con Rangel y otros, del centro libertario caraqueño CEDICE Libertad:

No tengo palabras. Solo le aseguro que, además de todos nosotros, quien llorará por Carlos será la libertad misma.

Otras declaraciones destacadas:

Presidente Jaime Lusinchi (Venezuela): “Carlos Rangel fue un hombre excepcional... su muerte es una pérdida irreparable para el país”.[125][126]

Jean-François Revel (Francia): "La muerte de Carlos Rangel deja huérfano al pensamiento liberal en América Latina ".[127]

A pesar de la amplia cobertura de su muerte, algunas referencias históricas han indicado erróneamente que la fecha del deceso fue el 15 de enero, probablemente debido al veloz entierro. La biografía de Imber, obituarios de la época en el New York Times y Los Angeles Times, así como la lápida en la tumba de Rangel, confirman que murió el jueves 14 de enero de 1988, aproximadamente a las 6:30 p. m.

Enlaces externos

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Videos

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Archivos institucionales y ediciones digitales

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Artículos y homenajes

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Referencias

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