Bolardo

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Bolardos en una plaza de Milán.

Un bolardo[1] es un poste de pequeña altura, fabricado en piedra o en metal, ya sea aluminio fundido, acero inoxidable o hierro, que se ancla al suelo para impedir el paso o el aparcamiento a los vehículos. Es parte del mobiliario urbano y se usa principalmente en hileras para evitar que vehículos aparquen y ocupen el espacio público en las aceras, o para que no penetren en una zona peatonal. Algunos comercios los instalan ante sus escaparates debido al peligro de robo por alunizaje.

Tipos de bolardo[editar]

Bolardo adornado en las calles de Londres
Nuevos bolardos inteligentes e iluminados en la Puerta del Sol en Vigo, España

Los modelos más antiguos de bolardo se fabricaban en hierro fundido, pero la corrosión los atacaba con facilidad. El aluminio fundido es más usado actualmente por su mayor durabilidad y su resistencia a la corrosión. Así mismo, los bolardos más antiguos se atornillaban al suelo, sustituyéndose actualmente este anclaje por un empotramiento en hormigón. Algunos bolardos pueden ser desmontados manualmente.

Actualmente, existen bolardos mecánicos que se retraen automáticamente dentro del suelo. Existen también bolardos con funciones inteligentes de control de tráfico e iluminación, cómo los de la Puerta del Sol en Vigo, España.[2]

Crítica[editar]

La función principal del bolardo es evitar que los vehículos accedan o aparquen en zonas donde lo tienen prohibido. Usualmente, se instalan para proteger zonas frecuentadas por peatones o ciclistas.

Ventajas[editar]

  • Es un método de bajo costo inicial, bajo manteminiento y alta efectividad, fácilmente instalado en casi cualquier superficie de la ciudad.
  • Protegen efectivamente el espacio público, las zonas peatonales y de ciclismo de invasión y abuso por parte de vehículos automotores.
  • Favorece el tránsito a los peatones en general y en mayor medida a la gente anciana ya que por lo regular están colocados a nivel de calle.
  • Ha sido ampliamente utilizado en grandes ciudades de todo el mundo, lo cual da peso a los argumentos que validan su idoneidad.

Desventajas[editar]

  • Actuar como elemento extremadamente rígido contra el que golpear cuando un motorista o ciclista caen al suelo. Aumentar la gravedad de una caída o causar la muerte.[3]
  • Es posible conseguir resultados por medio de multas o llamando a grúas. Sin embargo, esto conlleva demoras mientras las acciones surten efecto, no evitan la invasión inmediata del espacio, y generan altos costos al desviar recursos de Policía y otros organismos en controlar invasiones a espacio público.
  • Generar gastos de mantenimiento cuando se tienen que reponer además de su coste inicial.
  • Al igual que el guardarraíl se cuestiona la seguridad de estos elementos de mobiliario urbano.
  • Provocar caídas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]