Ampliadora fotográfica

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Ampliadora.
Esquema de una ampliadora fotográfica.

Una ampliadora fotográfica, conocida como ampliadora, es un proyector de transparencias que se utiliza para obtener copias de negativos sobre soportes como papel con un tamaño mayor en el laboratorio fotográfico. Se suele llamar «ampliación» a la imagen resultante.

Objetivo específico para ampliadora.

La función de la ampliadora es ofrecer una imagen ampliada del negativo de modo que el resultado aparezca con una iluminación uniforme, para lo que se utiliza un condensador o un difusor.[1]​ Normalmente está compuesta de:

  • una fuente de luz
  • un condensador que permite concentrar la luz sobre el negativo o un difusor que la distribuye uniformemente
  • un filtro que permitirá variar la temperatura de color de la luz
  • un portanegativos donde se coloca el negativo entre dos placas de vidrio o sobre dos ranuras, con el fin de mantenerlo plano.
  • un objetivo que suele ser intercambiable.

Historia[editar]

En los inicios de los procesos fotográficos del colodión húmedo y del gelatino-bromuro las imágenes se obtenían por contacto entre los negativos y los papeles fotográficos por lo que ambos debían poseer el mismo tamaño. Entre los primeros intentos de conseguir imágenes de mayor tamaño se encuentran los trabajos sobre óptica aplicada de Nöel Lerebours en 1853, Jules Jamin en 1854, Woodward en 1859 y Désiré van Monckhoven en 1865, pero fue necesario disponer de electricidad para que la ampliación de las fotografías se hiciese de modo generalizado.[2]

La necesidad de la ampliadora aumentó al extenderse la utilización de la película de rollos popularizada por George Eastman y el empleo de cámaras cada vez más ligeras y versátiles, como la Leica diseñada por Oskar Barnack para ser utilizada con película de 35 mm. Estos factores convirtieron a la ampliadora en el elemento central del laboratorio fotográfico en la fotografía del siglo XX.

Cámara solar[editar]

Las cámaras solares, como se denominó a las ampliadoras diurnas, empezaron a utilizarse a finales de la década de 1850. El sistema óptico era semejante al de un proyector de diapositivas. Una lente de condensación, del tamaño del negativo, se iluminaba por la luz directa procedente del sol. La imagen, a continuación, se enviaba por una segunda lente sobre un caballete al que se había sujetado un papel albúmina. El tipo más popular de cámara solar era el contenido en una caja a prueba de luz; podía ser colocada en el exterior, habitualmente sobre el techo del estudio. La exposición duraba horas y hasta días, por eso, el trabajo de los aprendices se limitaba a mantener el aparato orientado hacia el sol.

Se llegaron a reproducir retratos de <<tamaño real>> con una superficies cerca de 1,80 x 3 m. Pero la desventaja de estas ampliaciones residía en su mala calidad, por lo cual, se las sometía a grandes retoques.

Fue desde Bélgica que llegó la predicción referente al futuro de la fotografía y como este residía en la solución práctica para la ampliación de pequeñas imágenes. Pero, realmente, la ampliación no se convirtió en una práctica general hasta dos década más tarde cuando se presentaron los papeles de impresión sensibles. [3]

Referencias[editar]

  1. Langford, M. (1983). Enciclopedia completa de la fotografía. Madrid: Hermann Blume ediciones. p. 236. ISBN 84-7214-276-0. 
  2. Sougez, M.L.; Pérez Gallardo, H. (2003). Diccionario de historia de la fotografía. Madrid: Ediciones Cátedra. p. 35. ISBN 84-376-2038-4. 
  3. Newhall, Beaumont (2002). Historia de la fotografía. Gustavo Gili. p. 62-63. ISBN 9788425218835. 

Enlaces externos[editar]