Los amantes de Teruel

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Mausoleo de los amantes en la iglesia de San Pedro de Teruel, obra de Juan de Ávalos y Taborda.

La leyenda de los amantes de Teruel narra la historia de amor entre dos jóvenes turolenses, Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, este último conocido a partir de las recreaciones del teatro barroco (s. XVII) como Diego de Marcilla. Desde 1996 se celebra en Teruel (España), como recordatorio de la tradición, la recreación medieval teatralizada de Las Bodas de Isabel de Segura.[1][2]

La leyenda[editar]

Hubo una vez, en Teruel durante el siglo XIII, un rico mercader que tenía una hija muy bella. La muchacha, de nombre Isabel de Segura, y un muchacho pobre pero honrado de nombre Juan de Marcilla, se encontraron un día en el mercado y se enamoraron profundamente. Los jóvenes se amaban mucho. Juan le confesó que deseaba tomarla por esposa. Ella respondió que su deseo era el mismo, pero que supiese que nunca lo haría sin que sus padres lo aprobasen. Por desgracia, pese a que Juan Marcilla era un joven de buenas prendas, no poseía riquezas ni hacienda alguna. Juan dijo a la doncella que, como su padre tan solo lo despreciaba por la falta de dinero, si ella quería esperarlo cinco años, estaría dispuesto a salir a buscar fortuna allí donde fuera necesario para poder ganar dinero y hacerse digno de matrimonio. Ella se lo prometió.[3]

Los amantes de Teruel, por Juan García Martínez. 1857. Museo del Prado. O/L 200 x 249 cm
Detalle de las manos de los amantes de Teruel en el monumento funerario de Juan de Ávalos y Taborda. No llegan a tocarse.

Luchando en la Reconquista, ganó pasados cinco años cien mil sueldos. Durante ese tiempo Isabel fue importunada por su padre para que tomase marido. Ella logró impedir que la casara diciéndole que había hecho voto de virginidad hasta que tuviese veinte años y sosteniendo que las mujeres no debían casarse hasta que pudiesen y supiesen regir su casa. Pasados los cinco años el padre le dijo: «Hija, mi deseo es que te cases». Y ella, viendo que el plazo de los cinco años estaba a punto de concluir, y su novio no comparecía ni daba razón de sí, terminó por creer que estaba muerto. Enseguida el padre organizó la boda con un rico pretendiente. No obstante, en ese mismo día regresó Juan de Marcilla, que había sufrido todo tipo de contratiempos.[3]

Los amantes de Teruel en una litografía del siglo XIX.

Esa noche, Juan logró entrar sin ser visto a la recámara en que los esposos dormían, y suavemente la despertó, rogándole «Bésame, que me muero», y ella le respondió dolida: «Quiera Dios que yo falte a mi marido; por la pasión de Jesucristo os suplico que busquéis a otra, que de mí no hagáis cuenta, pues si a Dios no ha complacido, tampoco me complace a mí». Él dijo otra vez: «Bésame, que me muero». Repuso ella: «No quiero». Entonces él cayó muerto.[3]

Ella, que lo veía como si fuera de día por la gran luz de la habitación, se puso a temblar y despertó al marido diciendo que roncaba tanto que le hacía sentir miedo, que le contase alguna cosa. Y él contó una burla. Ella dijo que quería contar otra. Y le contó lo ocurrido y de cómo con un suspiro Juan había muerto. Dijo el marido: «¡Oh, malvada! ¿Y por qué no lo has besado?». Repuso ella: «Por no faltar a mi marido». «Ciertamente, dijo él, eres digna de alabanzas». Él, todo alterado, se levantó y no sabía qué hacer. Decía: «Si las gentes saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he matado y seré puesto en gran apuro». Acordaron esforzarse y lo llevaron a casa de su padre. Lo hicieron con gran afán y no fueron oídos por nadie. A la joven le vino al pensamiento de cuánto la quería Juan y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes de que lo enterrasen; se fue a la iglesia del señor San Pedro, que allí lo tenían. Las mujeres honradas se levantaron por ella. Ella no se preocupó de otra cosa más que de ir hacia el muerto. Le descubrió la cara apartando la mortaja, y lo besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que veían que ella, que no era parienta, estaba así yacente sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de encima, pero vieron que estaba muerta. El marido contó el caso a todos los que había delante, según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos en una sepultura juntos para siempre.[4][5]

Las tumbas[editar]

En 1533, en la Iglesia de San Pedro de Teruel, se encontraron dos momias bajo el suelo de la capilla de los Santos Cosme y Damián, y se asumió que estas pertenecían a los legendarios amantes, no siendo posible comprobar si era verdad. La capilla donde fueron encontrados se renombró la Capilla de los Amantes y, en 1955, debido a la popularidad de las tumbas y al volumen de turistas, las momias fueron trasladadas a dos sarcofágos nuevos esculpidos en mármol por Juan de Ávalos.[6]

Foto de las momias de los supuestos amantes de Teruel en 1895

Escritores[editar]

Multitud de autores han reescrito esta historia, entre ellos los siguientes:[7][8]

Giovanni Boccaccio cuenta esta historia en el Decamerón (Cuarto día - Novella n.8) dando a los personajes los nombres de Girolamo y la Salvestra.

Escultores[editar]

Detalle del altorrelieve de los Amantes en la «Escalinata de la Estación» de Teruel, obra del escultor segoviano Aniceto Marinas (1921)

Diversos escultores han creado obra artística sobre el tema de los Amantes:[9]

Pintores[editar]

Los amantes de Teruel, por Antonio Muñoz Degrain. 1884. Museo del Prado. O/L 330 x 516 cm

Algunos pintores han creado obra artística sobre el tema de los Amantes:[9]

Músicos[editar]

Referencias[editar]

  1. Guardiola, Conrado (1 de diciembre de 1986). «Medievalidad de la tradición e Historia de los Amantes de Teruel». En Perez, Janet, ed. Hispania (Lubbock, Estados Unidos: American Associatio of Teachers of Spanish and Portuguese (Texas Tech University)) 69 (4): 813-820. ISSN 0018-2133. JSTOR 342602. doi:10.2307/342602 – via JSTOR. 
  2. Bueno Serrano, 2012, «Un mito de legitimación y orígenes: La leyenda», pp. 13-32.
  3. a b c Bueno Serrano, 2012, «Cronología de los amores de Isabel y Juan», pp. 48-73.
  4. Urresti, Kristina; Meneses, Víctor (16 de febrero de 2020). «La leyenda de los Amantes de Teruel». En Iturbe Mach, Miguel, ed. Heraldo de Aragón (Zaragoza, España: Heraldo de Aragón Editora, S.L.U. (Grupo Henneo)). ISSN 9968-1587. 
  5. LOS AMANTES DE TERUEL. p. 2. 
  6. Segado-Uceda, Manuel Jesús (2019). «Sección 31». En Cuesta, Antonio; García Perea, Rosa, eds. Tumbas misteriosas. Colección Enigma. Editorial almuzara. p. 123. ISBN 9788417954826 – via Google Books. 
  7. Baztán, Juan Manuel Escudero (1 de mayo de 2015). «Las versiones áureas de la leyenda de los amantes de Teruel: Escolios para un estado de la cuestión». En Klengel, Susanne; Brandenberger, Tobias; Eberenz, Rolf et al., eds. Iberoromania (Berlín, Alemania: Freie Universität Berlin/De Gruyter) 81 (1): 2-15. ISSN 1865-9039. doi:10.1515/ibero-2015-0003. 
  8. Engler, Kay (1 de septiembre de 1980). «Amor, muerte y destino: La psicología de "Eros" en "los amantes de Teruel"». Hispanófila (Chapel Hill, Estados Unidos: University of North Carolina at Chapel Hill) 70 (3): 1-15. ISSN 0018-2206. JSTOR 43807983 – via JSTOR. 
  9. a b Mallent, Marta Marco. «Los Amantes de Teruel en las artes plásticas». Turia: Revista cultural (Teruel, España: Instituto de Estudios Turolenses) 33 (120): 353-366. ISSN 0213-4373. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]