Íñigo de Mendoza

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Fray Íñigo de Mendoza (Guadalajara o Burgos, c. 1425 - Valladolid, c. 1507) fue un escritor y poeta español del prerrenacimiento, perteneciente a la lírica cancioneril castellana.

Biografía[editar]

En fray Íñigo de Mendoza se imbrican la poderosa familia noble de los Mendoza por el lado paterno con la intelectual judeoconversa de los Santa María por el materno. Era hijo de Diego Hurtado de Mendoza y de Juana de Cartagena y sabemos que esta última era una mujer más que instruida: no devolvió a su tío Álvar García de Santa María un Boecio que le había prestado.[1]​ Algunos creen que don Íñigo nació en Burgos, pero no hay modo de saberlo con certeza; el Diccionario Oxford de literatura española (1984) lo considera nacido en Guadalajara. Era bisnieto de Juan Hurtado de Mendoza "el Limpio", mayordomo mayor de Juan II, nieto de su homónimo Juan Hurtado de Mendoza (prestamero mayor de Vizcaya), sobrino nieto de Ruy Díaz de Mendoza (mayordomo mayor también de Juan II) y sobrino lejano de don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, por quien fue protegido en sus primeros años, de forma que tomó su nombre en homenaje al profesar como franciscano, algo usual en esos tiempos. Por su rama materna descendía de importantes judíos conversos.

Fray Íñigo vivió en su madurez las guerras civiles de Castilla entre Enrique IV y Alfonso el Inocente y los convulsos tiempos en que se consolidaba poco a poco el absolutismo real. Así lo expresa un pasaje de su Historia de los tres reyes magos:

Al rey que está poderoso, / levantársele rey nuevo / ¡cuánto le está doloroso! / ¡Cuánto le está peligroso! / Con nuestro reino lo pruebo, / que puede ser bien testigo / desta causa de bollicio; / ya miráis en lo que digo / que diz que es tu enemigo / el hombre de tu oficio.

Fue uno de los poetas predilectos de Isabel la Católica, de quien fue limosnero y predicador entre 1493 y 1497; su carácter desenvuelto, su vena satírica y su privanza cortesana le causaron muchas envidias y enemigos y no pocos detractores. Sus enemigos llamaron a fray Íñigo de Mendoza "frayle revolvedor e fortunado en amores", y el trovador Vázquez de Palencia se atrevió a decir a una dama que se interesaba por la obra del fraile:

Este religioso santo,
metido en vanos placeres,
es un lobo en pardo manto;
¿cómo entiende y sabe tanto
del tracto de las mujeres?

Muchos otros ataques recoge uno de sus primeros estudiosos, don Marcelino Menéndez Pelayo.[2]​ No fue rígido observante de sus votos; incluso es autor de dos poemitas eróticos y se le atribuyen algunas anécdotas picantes; una de ellas es la frase "no es harta desventura la que tenemos los frailes, que vemos a nuestros hijos en brazos de vuestras mujeres y no les osamos hablar"; se non e vero, e bene trovato. Muy probablemente era, pues, uno de aquellos conventuales aseglarados a quienes tuvo que reformar, o poner en cintura, otro franciscano regio, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, por más que la mayoría de los versos conservados del franciscano sean severos, honestos y de recta intención. En cuanto a sus aportaciones literarias, supo entroncar en vena culta las formas y géneros líricos de inspiración popular y revalorizar el romance, que, según su homónimo el Marqués de Santillana, era propio de la gente "de baxa e servil condición", llevándolo a su valoración justa. Se retiró de la Corte en 1495 al convento de San Francisco de Valladolid. Vivo aún en 1502, se supone que muere en 1507.[3]

Obras[editar]

Su obra principal, dedicada a su madre Juana de Cartagena, son las Coplas de la Vita Christi, escritas en décimas no espinelas, es decir, en quintillas dobles. Su primera versión es probablemente de 1467-68, y hay una segunda impresa en Zaragoza sin año, probablemente entre 1480 y 1484; aún hubo una tercera versión también impresa (Zamora, 1482). En este proceso el autor sometió a una fuerte autocensura el ataque que en un excursus contiene al revuelto reinado de Enrique IV, como demuestra la edición crítica de Julio Rodríguez Puértolas de su Cancionero (1968). Como biografía de Cristo está incompleta, pues no alcanza más que hasta la degollación de los inocentes. Se funden en ella villancicos, romances y elementos líricos populares; el citado excursus se extiende en criticar la situación del reino en vida de Enrique IV y se ha relacionado muy estrechamente con las anónimas Coplas de Mingo Revulgo, por lo que algunos autores han querido atribuirle esta obra con bastante más fundamento que a otros. El caso es que las Coplas de la vita Christi fueron muy leídas e incluso Isabel la Católica poseyó y regaló un ejemplar a su hija Catalina, futura reina de Inglaterra.[4]

En toda su demás producción dominan también las formas populares: romances, villancicos, himnos, un fragmento casi dramático... Son muy citadas las Coplas a la Verónica (¿1483?) y destaca un debate alegórico: Cuestión entre la Razón y la Sensualidad sobre la felicidad y la bienaventuranza humana (h. 1483). Luego de los loores de la Virgen, trata de la Encarnación, la Natividad, la Circuncisión, la Adoración de los Reyes y la Presentación de Jesús en el Templo. Su estilo es afectivo, claro y castizo, alejado del frío conceptismo tan frecuente en la cortesana lírica cancioneril, y por ello se aproxima a la lírica de su contemporáneo fray Ambrosio Montesino, quien por cierto también era franciscano.

Otras obras son el Sermón trovado al entonces príncipe de Sicilia don Fernando «sobre el yugo y coyundas que su alteza trahe por divisa», el Dictado en vituperio de las malas mujeres y alabanza de las buenas que mucho triunfo de honor merecen, la Lamentación a la quinta angustia y las Coplas en loor de los Reyes Católicos (en quienes veía devuelta la paz y la prosperidad perdidas en los revueltos reinados anteriores). De carácter también político es el ingenioso y sutil Dechado de la reina doña Ysabel, donde se leen consejos que recuerdan los mejores del poeta Gómez Manrique. Además compuso un libro en prosa: Tratado breve y muy bueno de las cerimonias de la missa con sus contemplaciones (Sevilla, 1499); se divide en doce capítulos y va dedicado a la esposa del citado Gómez Manrique.

Aunque fue popularísimo en su tiempo, las ediciones posteriores de obras de fray Íñigo de Mendoza son rarísimas, por lo que tardó en ser conocido. Su Cancionero no se descubrió hasta 1840 y fue editado en 1968 por Julio Rodríguez Puértolas.

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  • Fray Iñigo de Mendoza y sus "Coplas de vita Christi", ed. de Julio Rodríguez Puértolas, Madrid: Gredos, 1968.
  • Diccionario Oxford de literatura española e hispanoamericana. Barcelona: Crítica, 1984.


  1. Francisco Cantera Burgos, Álvar García de Santa María, p. 584
  2. Cf. M. Menéndez Pelayo, Antología de los poetas líricos castellanos, cap. XXII "La poesía religiosa en tiempo de los Reyes Católicos" http://www.larramendi.es/i18n/corpus/unidad.cmd?idCorpus=1000&idUnidad=100289&posicion=1
  3. José L. G. de Paz, "Hubo otros Mendoza", en Mendoza, poderosos señores https://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/frayinig.htm consultado 13-XI-2015
  4. Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica, p. 477.