Ocasionalismo

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El ocasionalismo es una doctrina elaborada inicialmente por los seguidores de Descartes: Louis de la Forge, Géraud de Cordemoy, Johannes Clauberg y, sobre todo, Arnold Geulincx. Fue desarrollada con posterioridad por Malebranche (1638-1715), y afirma en lo esencial que el alma y el cuerpo no actúan directamente una sobre el otro, y viceversa, siendo como son sustancias totalmente heterogéneas, sino que es Dios quien produce en el alma una sensación cuando el cuerpo la experimenta, y quien da al cuerpo un movimiento cuando el alma así lo desea.

La acción recíproca del alma y el cuerpo no es sino aparente, ya que lo que realmente ocurre es que lo que nos parece ser una acción del alma sobre el cuerpo no es más que una "ocasión" de la acción divina.

Dos sentidos diferentes de ocasionalismo[editar]

En dos diferentes sentidos puede entenderse el ocasionalismo. De manera estricta como el conjunto de las teorías que varios pensadores cartesianos o filósofos influidos por Descartes propusieron con el designio de resolver el problema de la interacción entre las sustancias, la pensante y la extensa. En otro sentido más lato como una serie de tesis que diferentes escuelas, y diferentes filósofos y teólogos, de la antigüedad o de la época moderna, presentaron y sostuvieron para dar una solución al problema del conflicto existente entre el determinismo, la providencia o predestinación divina, y el libre albedrío humano.

Ocasionalismo en sentido estricto[editar]

El primero de los sentidos o sentido estricto apareció de modo definido con el dualismo cartesiano. En cuanto éste era admitido, se presentaban varias soluciones.

1.Entender que debe haber, al mismo tiempo, una sustancia pensante y extensa. Esta concepción fue, justamente, la sostenida por el mismo Descartes, mediante la tesis singular de que el alma tiene su sede en la llamada glándula pineal.

2.Considerar que las dos sustancias, la pensante y la extensa no son otra cosa que dos atributos correspondientes a una única y singular sustancia que es la divinidad, o Dios. En tal posición encontramos la filosofía de Baruch Spinoza.

3.Admitir que las dos sustancias, extensa y pensante, han sido como predeterminadas ab initio por Dios, de tal manera que pueden asemejarse al funcionamiento de dos relojes que marchan simultánea y sincrónicamente, no por azar, ni por ninguna otra razón, sino por "una armonía preestablecida". Tal ha sido la solución de Geulincx y Leibniz.

4.Concebir que en cada "ocasión" en que se produce un movimiento anímico, Dios interviene para provocar el correspondiente movimiento en el cuerpo. O al revés. Esta es la solución estrictamente denominada "ocasionalista". Posición de Malebranche.

Puede advertirse, de este modo, que el ocasionalismo sustituye el concepto de causa o causalidad, por el de ocasión. Esto sostiene la implicación de que toda causa está circunscrita a una situación, ocasional.

Algunos pensadores que representan esta doctrina entienden que Dios ha intervenido, de una vez para siempre, con el propósito de determinar de modo adecuado la relación entre las dos sustancias.

Pero también han estado los que sostuvieron -o sostienen- que hay una intervención continua y persistente en el tiempo, de Dios.

Conclusión[editar]

Se puede advertir la presencia de presupuestos comunes en todos los ocasionalistas. En primer lugar, la consideración de que cada individuo no es un actor independiente en el escenario del mundo, sino un mero espectador que aprecia lo que sucede. Por otra parte, la doctrina de que las acciones en que estoy involucrado no son provocadas por mí, sino por Dios. También encontramos la idea de que no es el sujeto el que ejecuta los movimientos del cuerpo como consecuencia de los movimientos de su alma, sino que es Dios el artífice que los promueve.

Bibliografía[editar]

  • José Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía.