Milagro económico alemán

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El término «milagro económico alemán» (en alemán: Wirtschaftswunder, milagro económico) fue usado por primera vez en el periódico británico The Times en 1950 y describe la rápida reconstrucción y desarrollo de las economías de Alemania Occidental y Austria después de la Segunda Guerra Mundial, en parte gracias al Plan Marshall para Europa provocado por el temor de que pudieran darse las mismas condiciones que se dieron para Alemania en el período de entre guerras (1919-1939).

Comenzó con el reemplazo del antiguo Reichsmark con el Marco alemán como moneda en Alemania y con el chelín austriaco en Austria, fue un periodo duradero de baja inflación y rápido crecimiento industrial bajo el gobierno del canciller Konrad Adenauer y su ministro de finanzas Ludwig Erhard, quien es conocido como el autor del fenómeno.[1]

En Austria la ayuda externa, la privatización de las industrias y el desarrollo de prácticas eficientes resultaron en un periodo de crecimiento similar al de Alemania. Esta era de desarrollo económico hizo que unas naciones devastadas después de la guerra se transformaran en países económicamente desarrollados. Con la fundación del Mercado Común Europeo, el crecimiento de Alemania contrastó aún más con las dificultades económicas de Inglaterra.

Historia[editar]

Al finalizar la guerra en el teatro europeo durante primavera de 1945, Alemania y Austria quedaron devastadas por la guerra y Alemania fue ocupada militarmente. La tarea de reconstruir y estabilizar el país se empezó a dar: se necesitaban 3,9 millones de unidades de vivienda, se tenía que cuidar de las víctimas de guerra, se debía crear y asegurar una base económica para 2 millones de refugiados de la zona soviética, 600 mil niños vivían en establecimientos públicos y otros 500 mil debían ser atendidos con fondos del Estado, las industrias no tenían capital para llevar adelante la restauración necesaria ni para acumular reservas para los períodos de recesión económica, entre muchas otras cosas.

Alemania no solo logró recuperarse de los daños ocasionados, sino que en muchos ámbitos se pudo avanzar extraordinariamente, superando incluso a otros países.

El «milagro económico alemán» fue el resultado de las políticas que a partir de 1948 aplicó en ese país el economista Ludwig Erhard, quien el 2 de marzo de ese año fue designado Director General de Economía de las zonas de ocupación estadounidense y británica. Al ocupar Erhard esta posición, la economía alemana se encontraba en ruinas como consecuencia de la terrible destrucción que había experimentado durante la Segunda guerra mundial. Al desastre de un país cuya población carecía de alimentos, viviendas y trabajo, venían a sumarse las graves consecuencias de una avalancha de millones de seres humanos que huían de las zonas ocupadas por las tropas soviéticas buscando refugio en un territorio que nada podía ofrecerles porque estaba devastado. Esta situación se agravaba más ante la total incertidumbre con respecto al futuro político del país, lo cual desestimulaba cualquier posible intervención. El temor de una inflación galopante había llevado a las autoridades a imponer todo tipo de controles, lo cual solo condujo a una inflación reprimida que derivó en la más absoluta perdida de confianza en el símbolo monetario. Así, el Reichmark, era rechazado en las transacciones económicas y proliferaba el trueque. El acaparamiento de los productos más fundamentales, el mercado negro, la especulación y la corrupción formaban parte de la miseria que día a día tenía que vivir el pueblo alemán.[2]

Plan Marshall[editar]

En medio de tan lamentable situación, dos hechos vinieron a salvar a Alemania: El Plan Marshall y las reformas de Erhard. Tan exitosa resultó esta combinación que de ella surgió el “Milagro Económico” que todavía hoy es motivo de asombro para los estudiosos de la economía. Las mencionadas reformas incluyeron entre otras disposiciones, la creación de una nueva moneda, el Deutsche Mark el 20 de junio de 1948, que vino a sustituir al desacreditado Reichmark. Simultáneamente se dieron los pasos necesarios para enrumbar a Alemania por el camino de la libertad y de la economía de mercado, eliminando cientos de ordenanzas sobre reglamentación del control económico y de los precios que hasta ese momento ahogaban la iniciativa privada en un mar de regulaciones burocráticas que transformaban de hecho a la administración pública en un obstáculo que hacía imposible la recuperación.

División de Alemania[editar]

A partir de 1949, Alemania fue dividida en dos naciones, la República Federal de Alemania, y la República Democrática Alemana, más conocidas como Alemania Occidental y Alemania Oriental, respectivamente. Ambas adoptaron sistemas económicos y políticos radicalmente diferentes. La segunda se unió al Bloque Comunista y se adentró por los caminos del comunismo. Las restricciones a la propiedad privada, la economía planificada, centralizada y dirigida características de tales sistemas.

La primera adoptó un régimen de libertades, propicio la iniciativa y la propiedad privada e impulsó una economía libre mercado. Puesto que ambas Alemanias compartían una misma idiosincrasia, historia, cultura e idioma, ya que habían sido un solo país hasta que se dividió en 1949, las dos nuevas naciones que surgieron en la citada fecha, constituyen un caso excepcional para comparar las bondades de los sistemas que en cada una de ellas se impuso.

Resultados[editar]

Las medidas «de choque» adoptadas por Erhard, encontraron en un principio un fuerte rechazo, ya que tal como se esperaba, sus resultados iniciales parecían imponer castigos aun mayores a una sociedad que había alcanzado el límite del sufrimiento. Partidos políticos, sindicatos, empresarios y hasta ejércitos de ocupación, todos se unieron para rechazar las nuevas políticas. Todo el mundo parecía ser partidario del camino de las estrategias graduales. Pero Erthard era un hombre de firme carácter y nervios de acero. No paso mucho tiempo antes que la economía Alemana reaccionara y el país comenzó a recibir la abundante cosecha proveniente del éxito de los audaces planes a través de los cuales se implantó una economía de mercado.

Estimulado por las medidas de Erthard, el PIB de Alemania Occidental creció en términos reales en tasas del orden de 8% durante la década de los 50, mientras que durante igual período la producción industrial lo hizo al 11%. La tasa de desempleo, que era del 11% en 1950, disminuyó a 1,3% en 1960. La productividad por hora de los trabajadores se incrementó de manera asombrosa. Las exportaciones del país también crecieron rápidamente. Forzadas a competir con los productos extranjeros, las empresas alemanas elevaron también de manera notable su productividad, de forma que en tan corto lapso la participación de tales exportaciones dentro del PIB se duplicó al pasar de un 10% a un 20%. La inflación, que se había convertido en una de las miserias de Alemania, desapareció y durante la década de 1950 el índice de precios al consumo creció a una tasa de apenas 1,1% interanual y el marco alemán paso a convertirse en una de las monedas más apetecibles del mundo.

Mientras tanto, a pesar de que Alemania Oriental llegó a considerarse como el país más exitoso de todo el bloque comunista, la diferencia de su situación al compararla con la de Alemania Occidental, era notable.

Finalmente, a fines de 1989, cayó el Muro de Berlín, se desintegró el bloque comunista de Europa oriental y las dos Alemanias se reunificaron en una sola nación.

Consecuencias[editar]

Así, a finales de la década de 1950, Alemania Occidental tenía una de las economías más fuertes del mundo, casi tanto como la existente antes de 1939 o la existente antes de 1914.

El desarrollo de la Alemania de postguerra se debió en gran medida a la aplicación de medidas económicas liberales, favoreciendo de esa manera al sector industrial y al empresarial. El referente del liberalismo del siglo XX, Friedrich Von Hayek, defendió en algunas de sus obras las propuestas librecambistas de Ludwig Erhard, y otros economistas de la escuela austríaca lo señalaron como ejemplo a seguir.[3]

Sin embargo, estas medidas liberales fueron acompañadas desde un comienzo por una modalidad del Estado de bienestar llamado Estado subsidiario que, entre otras cosas, creaba incentivos para el pleno empleo y brindaba cierto nivel de asistencia social. Esta fusión entre la economía de mercado y el Estado social sería bautizada por Alfred Müller-Armack como Economía social de mercado y se basaría doctrinalmente en los postulados del Ordoliberalismo, doctrina económica a la que se adherían varios de los responsables del milagro económico como Ludwig Erhard o el mismo Müller-Armack. El éxito de este sistema económico sería tomado como ejemplo en muchos otros países de Europa durante las siguientes décadas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Toro-Hardy,J. (2005). Fundamentos de teoría económica.

Enlaces externos[editar]