Pleno empleo

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Para John Maynard Keynes el pleno empleo era una condición necesaria para un verdadero equilibrio económico. Para Keynes el pleno empleo garantizaría un aprovechamiento eficiente de los recursos humanos, productivos y de inversión; alejaría la posibilidad de nuevas crisis del sistema capitalista -como el crack del 29 y la posterior Gran depresión-; ofrecería una vacuna frente al malestar social que acaba desembocando en males mayores como ocurrió con la segunda guerra mundial.

El pleno empleo es un concepto económico que hace referencia a la situación en la cual todos los ciudadanos en edad laboral productiva -población activa-, y que desean hacerlo, tienen trabajo. En otras palabras, es aquella situación en la que la demanda de trabajo es igual a la oferta, al nivel dado de los salarios reales.[1]

Según dicha definición, el desempleo, en una situación de pleno empleo, sería "0". En la práctica, se considera que existe "pleno empleo" aún existiendo cierta tasa baja de desempleo que respondería a un nivel de desempleados en proceso de cambio de un trabajo a otro -desempleo friccional- y a un porcentaje de personas desempleadas que en un momento dado no desean un empleo concreto ya que no satisface sus expectativas laborales o personales.[2] Todas esas personas pueden -o no- figurar como registrados para cobrar el seguro de desempleo y pueden -o no- ser consideradas a la hora de establecer si una economía en particular esta en una situación de pleno empleo.[3]

Pleno empleo, estado de bienestar y keynesianismo[editar]

Para autores como David Anisi el pleno empleo era el núcleo del pacto keynesiano, la base sobre la que se asentaba el Estado de bienestar, era el objetivo clave que procuraban los países en su política económica, con el objetivo de alejar el malestar social que provocó la segunda guerra mundial. El pleno empleo maximizaba la riqueza del país y de los ciudadanos, mediante la implementación de políticas macroeconómicas keynesianas. Para Anisi el objetivo nuclear del pleno empleo desapareció en 1973 y el mundo occidental comenzó a abandonar el pacto keynesiano que garantizaba tanto la imposibilidad de un crack del 29 y la posterior Gran depresión como cualquier conflicto bélico -como la segunda guerra mundial- alimentado por el malestar social.[4]

Señala Raúl García-Durán que para Keynes el equilibrio del mercado que produjo la crisis de 1929 mostró como podía darse un equilibrio teórico sin pleno empleo, con mala utilización de recursos humanos y productivos y provocando una crisis económica profunda del sistema capitalista de mercado -crisis cíclicas según Marx-. Keynes criticó 1) la soberanía del consumidor y defendió que el consumo depende de la renta y ésta de la inversión; 2) crítica a la Ley de Say, el equilibrio del mercado no garantiza empleo ni consumo ni inversión y sí una profunda crisis y 3) el libre funcionamiento del mercado genera falta de demanda efectiva que obliga al Estado a suplir la ineficiencia del mercado.[5]

Pleno empleo desde la perspectiva liberal[editar]

Desde el liberalismo económico se mantiene que en una situación ideal de competencia perfecta el pleno empleo se alcanzaría espontáneamente por la ley de la oferta y la demanda: si existiese desocupación los salarios tenderían a bajar, porque habría trabajadores dispuestos a incorporarse al mercado por salarios menores y, en tal circunstancia, las empresas tenderían a usar más intensivamente el factor trabajo, aumentando así la demanda del mismo y generando una situación de pleno empleo. Es el planteamiento genérico de la Ley de Say.[6]

Pleno empleo, inflación y tasa de ganancia[editar]

También se ha alegado que el pleno empleo solo se puede lograr a costa de aumentar la inflación, ya que ésta provee un medio de hacer descender los salarios reales sin que los nominales desciendan. En este sentido puede verse la Curva de Phillips.

En contra del papel de la inflación se alega que dicha inflación solo significa un deseo de lograr y mantener tasas de ganancias excesivas. Si la tasa de ganancia fuera razonable, se podría lograr una situación de pleno empleo sin necesidad de recurrir a la inflación como mecanismo de reducción de los salarios.

Referencias[editar]

  1. Los componentes del pleno empleo. Una perspectiva macroeconómica, por Francisco Gómez García, ICE nº 2784, 2003
  2. Por ejemplo, un profesional que se acabe de calificar podría demorarse, por decir algo, seis o doce meses en encontrar un trabajo relacionado a sus calificaciones. Durante ese periodo podría, por ejemplo, haber encontrado trabajo como limpiador de mesas en algún restaurante o café, sin embargo generalmente no lo hacen e incluso algunas personas en esa situación van tan lejos como a trabajar gratuitamente para alguna empresa u organismo a fin de obtener experiencia, etc. (ver Voluntariado). ¿Deben ser consideradas como desempleados?
  3. En realidad la situación varia de país a país: generalmente, algunos "desempleados" (tales como estudiantes, amas de casa, y aquello que han renunciado voluntariamente a sus trabajos) no cuentan, generalmente como desempleados -no se les permite firmar como tales con el propósito de recibir beneficios de desempleo-. Otros, que incluyen aquellos que han terminado sus estudios, han sido despedidos de sus trabajos y aquellos que se declaran "en busca de trabajo", etc, son generalmente contados. Adicionalmente hay un grupo llamado de "desempleo disfrazado" -aquellos que no están registrados como desempleados pero sus "trabajos" no son "reales" o económicamente productivos (mendigos, etc) que puede o no ser parte del grupo final: "empleo estacional", tales como temporeros, etc.
  4. David Anisi, Creadores de escasez. Del bienestar al medio, Alianza Editorial, 1995, ISBN 84-206-9434-7, pag. 40 y ss. -consultar texto en Nodo50.org
  5. Raúl García-Durán, Catorce temas para entender la economía, Capítulo 7 Pleno empleo, crisis e inflación, Universidad Autónoma de Barcelona, 2005, ISBN 84-490-2421-8, pág. 79 y ss
  6. Esta asunción ha sido cuestionada en varias bases. Para empezar, la "competencia perfecta" es una situación "ideal". Sigue que en la realidad la situación no conduce necesariamente al pleno empleo de los factores productivos. Segundo: las asunciones de la sugerencia son cuestionadas - tanto Keynes como otros -por ejemplo: C.H. Douglas- sugieren que la ley de los mercados no explica realmente cómo funciona el circuito económico.

Véase también[editar]


Enlaces externos[editar]