Informe Oslo

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El Informe Oslo fue una de las más espectaculares filtraciones de información en la historia de la inteligencia militar. Escrito por Hans Ferdinand Mayer entre el 1 y el 2 de noviembre de 1939 durante un viaje de negocios a Oslo, Noruega, describía varias armas alemanas actuales y futuras.

Mayer envió el informe de manera anónima en forma de dos cartas a la Embajada británica en Oslo, desde donde fueron transferidas al MI6 en Londres para análisis posteriores. Probó ser una fuente invaluable para los británicos al poder desarrollar contra-medidas, especialmente con respecto a radares, y contribuyó a la victoria británica de la Batalla de Inglaterra.

Antecedentes[editar]

Hans Ferdinand Mayer recibió su Ph.D. en Física por la Universidad de Heidelberg en 1920. Tras pasar dos años como investigador asociado en el laboratorio de su asesor doctoral (Philipp Lenard), pasó a trabajar a Siemens AG en 1922. Se interesó en las telecomunicaciones y pasó a formar parte del laboratorio de investigación en comunicación de Siemens, convirtiéndose en su director en 1936. Debido a su posición, tenía contactos por toda Europa y los Estados Unidos y tenía acceso a un amplio rango de información sobre desarrollo electrónico en Alemania, especialmente en el sector militar.

Luego de que Hitler invadiera Polonia el 1º de septiembre de 1939, Mayer decidió divulgar a los británicos lo más que podía sobre secretos militares a fin de derrotar al régimen nazi. Arregló un viaje de negocios a Escandinavia a finales de octubre de 1939. Llegó a su primera escala programa, Oslo, el 30 de octubre de 1939 y se registró en el Hotel Bristol.

Mayer pidió prestada una máquina de escribir al hotel y, durante dos días, tipeó el Informe Oslo de siete páginas en forma de dos cartas. Envió por correo la primera carta el 1º de noviembre, por la cual solicitaba al adjunto militar británico coordinar con el Servicio Mundial de la BBC para alterar la introducción a su programa en alemán si deseaba recibir el Informe. Esto fue realizado y Mayer envió en Informe junto con un tubo de vacío de un prototipo similar a un fusible.

También escribió una carta a su amigo británico de largo tiempo, Henry Cobden Turner, para pedirle que se comunicara con él vía su colega danés Niels Holmblad. Esta comunicación indirecta era necesaria dado que el Reino Unido y Alemania estaban en guerra, pero en ese momento, Dinamarca permanecía neutral. Mayer continuó sus viajes a Dinamarca para visitar a Holmblad, pidiéndole que transmitiera información entre él y Turner. Holmblad aceptó de buena gana, pero una vez que Hitler invadió Dinamarca el 9 de abril de 1940, esta ruta de comunicación dejó de ser factible. Entonces, Mayer regresó a Alemania. Si bien Mayer fue arrestado por la Gestapo en 1943 y fue encarcelado en un campo de concentración hasta el final de la guerra, los nazis nunca supieron del Informe Oslo.

Reacción británica[editar]

El 4 de noviembre de 1939, el capitán Hector Boyes, el adjunto naval en la Embajada británica en Oslo, recibió una carta anónima por la que se le ofrecía un informe secreto de los últimos avances técnicos alemanes. Para recibir el informe, todo lo que debía hacer era coordinar que el anuncio usual de la BBC World Service en su emisión en alemán fuera cambiado a "Hullo, hier ist London". Esto se llevó a cabo y tuvo como resultado la entrega de un paquete una semana más tarde que contenía un documento mecanografiado y un tipo de válvula termoiónica, un sensor para fusibles de proximidad para cartuchos o bombas. El documento que lo acompañaba se volvió famoso después de que fuera revelada su existencia en 1947 y fue denominado el "Informe Oslo".[1]

Boyes evaluó de inmediato la importancia potencia del informe e hizo que un miembro del equipo de la embajada hiciera una traducción, la cual envió al MI6 en Londres, junto con el original.

El Informe Oslo fue recibido con indiferencia o incluso incredulidad por la inteligencia británico, con la notable excepción de R.V. Jones, un joven con un Ph.D. en Física que había sido recientemente puesto a cargo de una nueva área denominada "Inteligencia científica". Jones sostuvo que a pesar de algunas inexactitudes, los detalles técnicos eran correctos y afirmó que todos los sistemas electrónicos divulgados en él debía ser explorados. En un informe de 1940, Jones resumió su opinión:[2]

La contribución de esta fuente al problema actual puede ser resumido en la afirmación que los alemanes estaban poniendo en uso un sistema de RDF [un Radio Direction Finder, el nombre británico para radar] similar al propio... Una revisión cuidadosa de todo el informe deja solo dos posibles conclusiones: (1) que fue "planteado" para persuadirnos que los alemanes estaban tan avanzados como nosotros o (2) que la fuente era genuinamente desafecta al régimen alemán y deseaba decirnos todo lo que sabía. La precisión general de la información, la presentación gratuita del fusible y el hecho de que la fuente no hiciera ningún esfuerzo, hasta donde se conoce, por explotar el asunto, junto con el subsecuente curso de la guerra y nuestro reciente despertar con Knickebein, pesa fuertemente a favor de la segunda conclusión. Parece, entonces, que la fuente era confiable y era manifiestamente competente.

En su libro de 1989,[3] Jones resume la importancia del Informe Oslo como sigue:

Fue, probablemente, el mejor informe único recibido de cualquier fuente durante la guerra.

... En conjunto, por supuesto, las contribuciones de otras fuentes, tales como el desciframiento de Enigma, fotografías aéreas e informes de la Resistencia, excedieron la contribución de Oslo, pero estas fueron realizadas por organizaciones que involucraban a muchas, a veces miles, de individuos y que operaron durante la mayor parte de la guerra. El Informe Oslo, creemos, ha sido escrito por un solo individuo quien en un gran destello nos ha dado una breve mirada sinóptica de mucho de lo que se había prefigurado sobre la electrónica militar alemana.

Mientras Jones tomó el Informe Oslo muy en serio, el Almirantazgo pensó que el informe era "muy bueno para ser verdad2 y, por tanto, debía ser un engaño artero de la Abwehr, con sus afirmaciones fantásticas escritas por expertos en armas psicológicas. Un argumento adicional esgrimido por los escépticos fue que ninguna persona podía haber tenido tan amplio conocimiento de la tecnología armamentística como afirmaba el informe.

De hecho, el Informe Oslo estaba fuertemente enfocado en tecnología electrónica y varias compañías alemanas grandes participaron en tales proyectos para las tres fuerzas armadas. Algunos científicos en estas compañías habrían tenido, en realidad, un panorama amplio.

Referencias[editar]

  1. West, Nigel (1983). MI6: British Secret Intelligence Service Operations, 1909-45. Random House. ISBN 0394539400. 
  2. R.V. Jones. Air Scientific Intelligence Report No. 7, The Edda Revisited, 17 July 1940. Churchill Archives Centre, Cambridge University, Reginald Victor Jones Papers, RVJO B.24
  3. R.V. Jones (1989), p. 275.

Bibliografía[editar]

  • Sterrenburg, Frithjof A.S.. «The Oslo Report». Ordnance Technical Intelligence Museum.
  • Louis Brown, 1999. A Radar History of World War II: Technical and Military Imperatives, Bristol: Institute of Physics Publishing, ISBN 0-7503-0659-9.
  • Don H. Johnson. Scanning Our Past - Origins of the Equivalent Circuit Concept: The Current-Source Equivalent, Proc. IEEE, 91:817–821, May 2003.
  • Reginald V. Jones, 1978. Most Secret War: British Scientific Intelligence 1939–1945. London: Hamish-Hamilton, ISBN 0-241-89746-7. Published in the United States as The Wizard War: British Scientific Intelligence 1939–1945, New York: Coward, McCann & Geoghegan, ISBN 0-698-10896-5.
  • Reginald V. Jones, 1989. Reflections on Intelligence. London: Heinemann, ISBN 0-7493-0474-X.