Germán Espinosa
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Germán Espinosa (30 de abril de 1938 - 17 de octubre de 2007), fue un novelista, cuentista, poeta y ensayista colombiano.
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[editar] Vida
Germán Espinosa nació en Cartagena de Indias (Colombia) Abril 30 1938 y es autor de unos cuarenta libros de poesía, novela, cuento, ensayo y biografía.
Aunque inició temprano su carrera literaria con un tomo de poemas de corte clásico (Letanías del crepúsculo, 1954), a partir de 1961 empezó a darse a conocer con relatos cortos de tendencia principalmente fantástica, sazonados casi siempre con finos rasgos psicológicos, recogidos cuatro años más tarde en el volumen titulado La noche de la Trapa. En éste, eludiendo en forma notoria todo costumbrismo o pintoresquismo, se preocupó por situar sus narraciones en ámbitos universales, sin por ello soslayar los temas nacionales. Dentro de ese marco escribió en 1966 su primera novela, La lluvia en el rastrojo, publicada sólo años después, en la cual satiriza ciertas costumbres de la clase alta bogotana y cuyo desenlace fantástico no la priva de crudos matices realistas.
La publicación en 1970 de la segunda de sus novelas, Los cortejos del diablo, lanzada simultáneamente en Montevideo y en Caracas, atrajo hacia Espinosa la atención de Hispanoamérica, ante todo por los elogios que recibió de la crítica argentina y del escritor peruano Mario Vargas Llosa y, más tarde, de comentaristas italianos al ser vertida a esa lengua. Se ocupa esta obra de los tiempos en que Cartagena de Indias fue sede del Tribunal de la Santa Inquisición y de la cacería de brujos desatada por el Inquisidor General Juan de Mañozga, que en la ficción aspira a ser el Torquemada de las Indias. El trasfondo histórico se encuentra en ella inmensamente contaminado de ficción y, a ratos, de fantasía arrebatada, razón por la cual cierta crítica —rectificada luego con creces— intentó clasificar al autor dentro del llamado realismo mágico, del cual él a conciencia deseaba apartarse. La ocurrencia de la acción en el siglo XVII determina a Espinosa a emplear un lenguaje de resonancias barrocas, salpimentado de arcaísmos, con giros que por momentos evocan la prosa o el verso satírico de Francisco de Quevedo.
Entre ésta y la que habría de ser su novela cumbre, La tejedora de coronas (1982), Espinosa dio a luz una tercera (El magnicidio, 1979), en la cual criticó con dureza las tendencias, por él consideradas dogmáticas y fanáticas, del comunismo del decenio de 1970. Asimismo, un nuevo libro de relatos breves (Los doce infiernos, 1976), que preserva la inclinación fantástica y psicológica, y algunos de poesía, ahora vertida hacia una lírica introspectiva y moderna, aunque siempre musical. En un comienzo, La tejedora de coronas fue recibida con cierta frialdad, debida acaso a la sintaxis heterodoxa que proponía. Fue ante todo su versión francesa, saludada con entusiasmo por críticos famosos como Alain Bosquet y Bernard Pivot, la que acabó por canonizarla e hizo a la vez que el gobierno de París elevara al novelista a la condición de Caballero de la Órden de las Artes y de las Letras de Francia. Se trata de un recorrido casi centenario, que va del instante en que Cartagena de Indias es sitiada por la flota del rey Luis XIV de Francia en 1697 hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, durante el cual la protagonista y narradora, una criolla culta y sensual de nombre Genoveva Alcocer, experimenta tanto en América como en Europa el turbión incontenible de las ideas iluministas y enciclopedistas que habrían de desembocar en la Revolución Francesa y en la Independencia hispanoamericana. De la mano con los grandes impulsores de la Ilustración, Genoveva —que es como los ojos de América— vive una vida de aventura, sobresalto y sensualismo, nutrida por ideales libertarios, científicos y filosóficos. Escrita en un lenguaje de gran exaltación poética, La tejedora de coronas alcanza dimensiones épicas en la narración del sitio de Cartagena por los franceses y matices de bello erotismo en la de los amores de la protagonista con el joven astrónomo Federico Goltar. En una prosa esplendente, Espinosa nos recrea un período histórico crucial para el porvenir del continente americano.
La labor novelística de Germán Espinosa se ha prolongado en obras polémicas, siempre de corte estilístico irreprochable, como El signo del pez (1987), inspirada en la vida de Paulo de Tarso, en la cual encarece las raíces no sólo hebreas, sino también estoicas, neoplatónicas y gnósticas del cristianismo, o Los ojos del basilisco (1992), que muestra los graves conflictos sociales de Colombia en el siglo XIX. En Sinfonía desde el Nuevo Mundo (1990) recrea los años de la Independencia y en La tragedia de Belinda Elsner (1991) incursiona en el género detectivesco, que lo fascinó desde joven. La balada del pajarillo (2000), juzgada por algunos críticos tan afortunada como La tejedora…, es un relato de suspenso psicológico que ahonda en las fantasías paranoicas de un personaje devastado por el alcohol y la droga heroica. En sus novelas más recientes, Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón (2003), Cuando besan las sombras (2004) y Aitana (2007), Espinosa ha acusado una tendencia hacia temas esotéricos que señala en él, al parecer, una preocupación por la necesidad de que el ser humano regrese al espiritualismo, aunque libre de ataduras religiosas. Sus sucesivas colecciones de relatos cortos, Noticias de un convento frente al mar (1988), que incluye, con ese título, una pequeña joya de la narración erótica, El naipe negro (1998) y Romanza para murciélagos (1999), insisten en lo fantástico y lo psicológico, pero asimismo en señalar con mirada crítica ciertos aspectos de la vida latinoamericana, especialmente del mundo político y literario.
En forma paralela a su narrativa, Germán Espinosa ha dado a luz libros de ensayos literarios y filosóficos como Luis C. López (1989), Guillermo Valencia (1989), La liebre en la luna (1990), La elipse de la codorniz (2000) y El sueño ético en Atenas y otras prosas (2003), en los cuales encara con admirable erudición temas del pasado o del presente. Su obra La aventura del lenguaje (1992) constituye un itinerario asombroso por los secretos históricos y estructurales del lenguaje humano, en tanto La vida misteriosa de los sueños (2005) lo es por los océanos de esa segunda vida conformada por las experiencias oníricas. Ha biografiado a personajes colombianos y universales, tal como en Torquemada, el fraile diabólico (2005). En el verso, ha sostenido el tono lírico, introspectivo, en obras como Libro de conjuros (1991) o Quien se aleja soy yo (2001). En 2003, publicó un tomo de memorias titulado La verdad sea dicha, donde denuncia aspectos de la historia de su país y hace memoria de amistades literarias y artísticas. En su vida personal, Espinosa ha sido también periodista, catedrático y diplomático. Quedan en su bibliografía constancias del primero de esos desempeños: Crónicas de un caballero andante (1999) y Los oficios y los años (2002), este último una colección de artículos de fondo. Numerosos comentaristas han elogiado su capacidad de desplegar ante el lector una vasta erudición sin caer jamás en el exceso o en la pedantería.
Espinosa murió el 17 de octubre del año 2007 después de ser internado de urgencias en la clínica Colsánitas, al norte de Bogotá, luego de haber sido víctima de un paro respiratorio ocasionado por una neumonía que lo aquejaba desde hace varias semanas. Desde hace cinco meses padecía de un cáncer en la lengua, que prácticamente le impedía hablar.[1]
En un artículo para la revista SOHO de Bogotá, antes de la muerte de su esposa, que lleva por título "Que no me falte Josefina", escribió estas frases que anticiparon la congoja que vivió en los ultimos dos años de vida:
Varias veces nos hemos preguntado, en la vigilia, que hará el sobreviviente el día en que uno de nosotros fallezca. Tal interrogante es una llaga en pleno espíritu. Dudo mucho que el impacto de tal ocurrencia pueda llegar a ser mitigado por el tiempo.
En su última entrevista, mostrándose resignado, incluso más que sus propios médicos, decía Espinosa con un cigarrillo puesto en la boca: Tengo un cáncer en la lengua y los médicos tratan de mejorarme. Creo que lo que tengo es la somatización de esto que me ha pasado.
En la poesía, de corte modernista y deliberadamente anacrónica, la muerte siempre fue un tema recurrente. En su Proemial de 1970 escribió así la partida de un personaje que acaso era él mismo: HAROLD -X- YERALDINE Serás nocturno cuando el día te arrulle. Diurno cuando la noche te señale. Crecerán en tus ojos madrepóricos arrecifes y el viento irá contigo.
Y el viento irá contigo.
[editar] Obras
[editar] Novela
- Aitana. Bogotá. Editorial Alfaguara, 2007.
- Cuando besan las sombras. Bogotá: Editorial Alfaguara, 2004.
- Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2003.
- La balada del pajarillo. Bogotá: Editorial Alfaguara, 2000.
- Romanza para murciélagos. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 1999.
- La lluvia en el rastrojo. Bogotá: Arango Editores, 1994.
- Los ojos del basilisco. Bogotá: Altamir Ediciones, 1992. 214 p.
- La tragedia de Belinda Elsner. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1991.
- Sinfonía desde el Nuevo Mundo. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana, 1990.
- El signo del pez. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, 1987.
- La tejedora de coronas. Bogotá: Editorial Pluma, 1982.
- El magnicidio. Bogotá: Plaza & Janes Editores, 1979.
- Los cortejos del diablo. Montevideo: Editorial Alfa – Tiempo Nuevo, 1970.
[editar] Cuento
- Cuentos Completos. Bogotá, Editorial Alfaguara, 2007.
- Sus mejores cuentos: antología personal. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2001.
- Cuentos Completos. Bogotá: Ministerio de Cultura - Arango Editores, 1998.
- El naipe negro. 1998.
- Noticias de un convento frente al mar. Bogotá: Editorial La Oveja Negra, 1988.
- Cuentos Completos. Bogotá, Editorial Alfaguara, 2007.


