Feminismo socialista

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El feminismo socialista nace de la teoría marxista, realizando una crítica tanto del capitalismo como del patriarcado, y además como reacción a la ausencia del tema del género en la obra de Marx. Existe una cierta continuidad con el feminismo liberal en el tratamiento de algunos temas, pero también se produce un giro en la respuesta que da a las cuestiones tratadas históricamente por el feminismo. Las feministas socialistas creen que las reformas defendidas por las liberales son insuficientes, que la sociedad burguesa debe ser reestructurada para terminar con la esclavitud doméstica y dar lugar a alguna fórmula de colectivización de las tareas del hogar y del cuidado de los niños.

Esta teoría nace en el momento de expansión de la industrialización y del surgimiento del movimiento obrero, y se caracteriza por ser un movimiento social centrado en las mujeres de la clase obrera y en sus condiciones de trabajo, así como de la incorporación de todas las mujeres al mercado laboral como una manera de independizarse de los hombres, aunque también luche por el derecho al voto. La situación de las mujeres proletarias no tiene mucho que ver con la de las de clase media, que con la revolución industrial quedan enclaustradas en su hogar. Las proletarias se convierten para el sistema capitalista en mano de obra más sumisa y barata que los varones

Principales autoras[editar]

Una de las autoras enmarcada tradicionalmente en la corriente del socialismo es Flora Tristán, dentro de las denominadas socialistas utópicas. Si bien sus reivindicaciones y argumentos son similares a los del feminismo liberal en ella se produce el cambio del que hablábamos anteriormente, un giro de clase que establece como referente a las mujeres obreras. Reivindica la educación de las mujeres como base de una sociedad más justa y del bienestar no sólo de las mujeres sino también de los varones.

Otra socialista importante en la lucha por los derechos de las mujeres es Clara Zetkin, quien afirma que “…los intereses de las mujeres no son homogéneos, sino que están en función de su pertenencia a las diferentes clases sociales”(Ana de Miguel, 2005: 304). En el caso de las mujeres de la alta burguesía la principal reivindicación de Zetkin cambia respecto a los autores anteriores y se refiere al derecho a disponer de su patrimonio frente a los varones. Para las mujeres de la pequeña burguesía sin embargo el derecho más importante, al igual que en el feminismo burgués, es el del voto, que les es negado porque los hombres se oponen a la posibilidad de que modifiquen las leyes laborales que permitan el acceso a la libre competencia de las mujeres por los trabajos liberales asalariados. En cuanto a las mujeres de la clase proletaria, considera que su situación es muy similar a la de los varones que se han convertido en fuerza de trabajo para el capital y por lo tanto cuando desaparezca la subordinación obrera desaparecerá también la de las mujeres. Este último punto es uno de los aspectos que más se han criticado del feminismo socialista, la idea poco realista de la igualdad entre hombres y mujeres en las clases bajas y que el socialismo pudiese acabar con la subordinación de las mujeres cuando para el socialismo la cuestión femenina ha sido la cuestión siempre aplazada.

Hasta Alejandra Kollontai, que es la primera autora socialista de cuya obra se puede concluir lo contrario, que la revolución no podrá realizarse hasta que no se haya resuelto la cuestión femenina. Para construir un mundo mejor además de modificar las relaciones de producción era necesaria según Marx la aparición de un hombre nuevo con nuevos valores y costumbres. Kollontai tendrá la valentía de afirmar que el cambio social se ha iniciado y ha comenzado en las mujeres, en el nacimiento de lo que ella denomina “la mujer nueva”, consciente de su opresión en un mundo concebido por y para varones, en el que su papel se define por sus relaciones y su individualidad no tiene valor. Para ella las mujeres nuevas “…se presentan a la vida con exigencias propias, heroínas que afirman su personalidad, heroínas que protestan de la servidumbre de la mujer dentro del estado, en el seno de la familia, de la sociedad, heroínas que saben luchar por los derechos” (Alejandra Kollontai 1977: 70).

Referencias[editar]

  • De Miguel, Ana y Amorós, Celia (coord.) (2005). Teoría feminista: de la ilustración a la globalización. Editorial Minerva. ISBN 84-88123-59-0. 
  • Kollontai, Alejandra , (1977). La mujer nueva y la moral sexual. Editorial Ayuso. ISBN. 
  • Tristán Flora (ed. de Ana de Miguel y Rosalía Romero) (2003). Feminismo y socialismo. Antología. Los Libros de la Catarata. ISBN 84-8319-159-8.