Esclavitud en Nueva España

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Copia en piel del original del bando de Miguel Hidalgo y Costilla aboliendo la esclavitud en América

La esclavitud en la Nueva España estuvo basada principalmente en la importación de esclavos negros de África para trabajar en la colonia en las enormes plantaciones, ranchos o zonas mineras del virreinato, pues su consistencia física los hacía aptos para trabajar en zonas cálidas.[1]

En 1517 [[Carlos I de España (Elias fernandez) estableció un sistema de concesiones por el cual sus súbditos de América podían usar esclavos, con lo que comenzó el infame negocio de esclavos. Cuando los españoles se establecieron en Nueva España traían consigo algunos trabajadores en calidad de esclavos. Por su parte, los frailes dominicos que llegaron a América, denunciaron la condición de esclavos en la que vivían los nativos. Además al igual que obispos de otras órdenes, se opusieron al trato injusto e ilegal ante la audiencia del rey español y en la Comisión Real posteriormente. [2]

Una Bula promulgada por el Papa Urbano VIII el 22 de abril de 1639 prohibió la esclavitud en las colonias de España y Portugal en América. La medida fue aprobada por el Rey de España Felipe IV sobre los indígenas, pero permitió la esclavitud de los esclavos africanos. Muchos de estos esclavos, conocidos como Cimarrones consiguieron su libertad al escaparse y refugiarse en las montañas, sobre todo en la porción actual de lo que es el estado de Veracruz.

Esclavitud en los indígenas[editar]

La conquista originó en Nueva España los primeros casos de esclavitud, debido a la ley de los españoles. Antes de internarse la hueste de Hernán Cortés en Colhuacan, los soldados pidieron a la corona desde Veracruz que para el servicio y sustento de sus tropas se les permitiese el envío de esclavos de España. Preveían que por ser la tierra que iban a conquistar larga y de mucha gente, algunos caciques no querrían venir al conocimiento de la fe católica ni a la servidumbre del rey y darían guerra, en cuyo caso pedían que sojuzgados por la fuerza, se pudiesen dar y repartir esclavos "como se acostumbra a hacer en tierra de infieles pues es cosa muy justa". [3]

Los colonos españoles adquirían esclavos indígenas en Nueva España, de la misma manera que lo hacían en las Antillas. Los adquirían principalmente de dos formas: el cautiverio de aquellos que habían sido vencidos en la guerra, y el rescate de los reducidos a servidumbre por los propios indios. En el primer caso, la esclavitud se imponía a personas que antes de la venida de los españoles podían haber sido libres. En el segundo, se prolongaba la servidumbre antigua, sustituyendo sus rasgos por los del derecho europeo. Los esclavos podían ser objeto de comercio en el régimen español y para salvaguardar la propiedad del amo, eran herrados en el rostro o en el cuerpo. Legalmente y en la práctica su condición era más desventajosa que la de los indígenas libres. [4]

Posteriormente, se logró imponer la postura que prohibía la esclavitud de los indígenas por compra o herencia, aunque fue permitida sólo en el caso de los cautivos por guerra, bajo esta categoría quedaron sobre todo los indígenas del norte del país que resistían a someterse al dominio español; esto se plasmó en las llamadas Leyes Nuevas de 1542 que penaban dicha práctica. Se consideraba que los indígenas eran físicamente más débiles que los africanos, y por ello se les intentó proteger. Estas leyes prohibían rigurosamente que se hicieran esclavos en adelante, y ordenaron que se llevara a cabo una revisión de los casos de servidumbre existentes. Se prohibía la esclavitud de los indios por guerra y rescate. Sin embargo, se concedió libertad a los que estaban en servidumbre y surgió la posibilidad de que la ley española acordara por excepción el cautiverio de los indios que permanecían en actitud hostil. [5]

A pesar de las leyes, la explotación no desapareció, y ésta junto con las enfermedades infecciosas terminaron por reducir considerablemente a la población, inmunológicamente frágil ante los microorganismos que portaban tanto europeos como africanos. El descenso de población indígena fue grave y para evitar que se detuviera la producción el Virrey Enríquez en 1580, aconsejó que la compra de negros esclavos por cuenta del rey, para distribuirlos al costo entre mineros, dueños de cañaverales y molinos y otros empresarios españoles. A partir de entonces aumentó la introducción legal de esclavos africanos; se autorizó para la Nueva España cinco mil al año. [6]

Los esclavos africanos[editar]

En este cuadro se observa una esclava africana de servicio doméstico. Imagen tomada del Museo Soumaya de la Ciudad de México

Además de los indígenas y los españoles, los africanos constituyen la tercera raíz de la sociedad mestiza de México y que tiene su origen en Nueva España. Los intercambios comerciales internacionales de aquel periodo no se reducían solo a productos, sino también incluyeron a los propios humanos. África se convirtió en el continente abastecedor de esclavos para el mundo. Fue así que la población africana llegó a Nueva España en calidad de esclava para ser empleada en los trabajos más pesados, ante la reducción de la población indígena producida por las catástrofes demográficas, la extracción de personas de África en calidad de esclavos también contribuyó a una de las catástrofes registradas en la historia moderna si consideramos que de las millones de personas que salieron de África como esclavos, muchos de ellos morirían en el trayecto por las condiciones inhumanas en las que eran trasladados y los que lograban sobrevivir eran obligados a realizar trabajos pesados en la agricultura y la ganadería en las mismas condiciones.

Los esclavos provenientes de África fueron vistos como una forma de resolver la demanda de trabajo. En 1521 los africanos en Nueva España no rebasaban la docena y ya para 1570 había cerca de 20 000; en 1646 ascendían a más de 35 000, aunque la población descendió y para 1810 eran alrededor de 10 000 individuos distribuidos principalmente en las costas y zonas tropicales. Fueron destinados a cultivos como el de la caña de azúcar. La esclavitud seguía siendo un fenómeno cuyas actividades redituaban grandes ganancias.

Esta práctica afectaba tanto a hombres (para las actividades en las que se requería mucha fuerza física), como a mujeres (para actividades de servicio doméstico, donde desempeñaban papeles de nodrizas, lavanderas, cocineras, o eran encargadas del cuidado personal de sus amos. [7]

El Santo Oficio claramente disfrutó de una reputación entre los esclavos como una posible manera de salir de las condiciones severas en las que vivían. En ausencia de tribunales civiles eficaces donde se pudiera presentar una denuncia por malos tratos, los afro-mexicanos vieron la Inquisición como una vía para aliviar esta miserable situación. [8]

Existían dos métodos principales de ofrecer protección judicial al esclavo en la Nueva España:

  • El primero era preventivo, y consistía en hacer visitas no anunciadas y esporádicas a un obraje para registrar si se cometían abusos en contra de la fuerza laboral, de los cuales los esclavos formaban una parte importante.
  • El segundo método era de carácter punitivo, y se acontecía cuando los testigos o los propios esclavos denunciaban a su dueño, por maltrato ante el Santo Oficio o audiencia. Sin embargo, los casos de protección fueron muy raros durante todo el período colonial. [9]

El fin de la esclavitud[editar]

La abolición de la esclavitud de Orozco

Las personas que se encontraran en calidad de "esclavo" podían comprar su libertad mediante la obtención de algún préstamo o a través de la liberación de sus amos antes de morir. También se suscitaron casos de esclavos que escapaban de sus amos, y para evitar ser recapturados buscaban refugio en zonas de difícil acceso para sus perseguidores, como selvas y montañas. Al aumentar el número de huidos surgieron pequeñas poblaciones que serán conocidas como Palenques. A tales sitios empezaron a llegar esclavos liberados que temían ser nuevamente sojuzgados [10]

El Decreto contra la esclavitud se trata de el primer decreto en contra de la esclavitud en toda América. [11] Fue expedido en 1810 por Miguel Hidalgo y Costilla, en este decreto se declaraba abolida la esclavitud en América. Igualmente José María Morelos expresaría la prohibición de esta práctica en los Sentimientos de la Nación en el año de 1813. Finalmente, esta prohibición sería confirmada por la Constitución de Apatzingán de 1814.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Treviño, Héctor (1997). Historia de México. México: Castillo.
  2. "La población africana en la Nueva España" - Enciclopedia de la SEP México
  3. Zavala, Silvio. Los Esclavos Indios en Nueva España. Edición del Colegio Nacional. México, 1981. p. 11
  4. Zavala, Silvio. Op.cit. p. 24
  5. Zavala, Silvio. Los Esclavos Indios en Nueva España. Edición del Colegio Nacional. México, 1981. p. 181.
  6. Vid. Historia General de México, México, El Colegio de México, 2000, p. 319.
  7. Vid. María Elisa Velásquez Gutiérrez. "Africanas y descendientes en la ciudad de México del siglo XVII" pp. 215-216, en Rina Cáceres (compiladora). Rutas de la esclavitud en América Latina, Costa Rica, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2001
  8. Slaves of the White God, 90–2; and Davidson, Negro Slave, 240– 41
  9. Slaves of the White God, 90–2; and Davidson, Negro Slave, 243
  10. La población africana en la Nueva España - Enciclopedia de la SEP México
  11. Villoro, Luis (2006). «La revolución de independencia». Historia general del México. obra preparada por el Centro de Estudios Históricos (1a edición). México: El Colegio de México. pp. 506.

Bibliografía[editar]

  • Esquivel, Gloria (1996). Historia de México. Oxford: Harla.
  • Moreno, Salvador (1995). Historia de México. México: Ediciones Pedagógicas.
  • Elizabeth Carbajal Huerta. Historia 2 Tercer grado. Larousse.
  • Zavala, Silvio (1981). Los Esclavos Indios en Nueva España. Edición del Colegio Nacional. México
  • "Africanas y descendientes en la ciudad de México del siglo XVII" en Rina Cáceres (compiladora). Rutas de la esclavitud en América Latina, Costa Rica, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2001