Edades del hombre

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Das silberne Zeitalter (La Edad de Plata), de Lucas Cranach el Viejo (1.ª mitad del siglo XVI).

Las edades del hombre son las etapas por las que ha pasado la humanidad desde su creación, según la mitología clásica. Sus fuentes literarias son las obras del griego Hesíodo y el latino Ovidio, con una reexposición de San Jerónimo de Estridón en el comienzo del medioevo. El mito tiene una estructura general que presenta una sucesión de etapas, desde un principio lejano en el tiempo en el que los hombres vivían de forma semejante a los dioses (Edad de Oro) hasta la época de quien expone la historia (Edad de Hierro). Las versiones presentan diferencias significativas.

Fuentes[editar]

Las cinco edades de Hesíodo[editar]

El primer testimonio del mito de las edades proviene del poema Trabajos y días de Hesíodo (vv. 106 - 202).

El poeta introduce el relato diciendo que contará cómo los dioses y los hombres tuvieron el mismo origen.

Describe que al principio los dioses crearon un estirpe dorada de mortales. Estos existieron en tiempos del reinado de Cronos y vivían como si fueran dioses, es decir, sin fatigas, preocupaciones ni miserias. A su vez eran siempre jóvenes y fuertes, disfrutaban de fiestas y no conocían el mal. Poseían alegrías de todo tipo y la tierra fértil los proveía de manera espontánea de abundantes frutos. Alternaban sus trabajos con muchos deleites. Además eran ricos en rebaños, cercanos y agradables a los bienaventurados dioses. No conocían la muerte sino que, en vez de eso, se sumían un sueño.

Una vez que fueron sepultados bajo tierra Zeus les concedió el rango de démones (δαίμονες) y ahora gozan del privilegio de ser protectores de los mortales y proveedores de riquezas. También vigilan las sentencias y malas acciones recorriendo todo el mundo.

En lugar de la estirpe dorada, los dioses olímpicos crearon una segunda estirpe, de plata, que no se parecía a la primera ni en belleza ni en inteligencia, pues era mucho peor. Durante cien años los niños permanecían junto a su madre, en su casa. Luego vivían poco tiempo, en la juventud y padecían sufrimientos por su ignorancia. Ejercían violencia todo el tiempo, y no querían dar culto a los dioses haciendo sacrificios. Por ello Zeus, irritado, los exterminó. Sin embargo, reciben el rango inferior de mortales bienaventurados.

Zeus creó una tercer raza, a partir de los fresnos. Esta estirpe era temible y fuerte, no comía pan, y sólo tenía interés en la guerra y en los actos de soberbia. Todo en ellos era de bronce, sus armas, sus casas y sus trabajos, no había hierro. Aunque eran terribles, de ellos se apoderó la muerte y murieron sin dejar nombre.

Una vez enterrados los hombres de bronce, fueron creados unos hombres justos y virtuosos por parte de Zeus: la raza de los héroes o semidioses, que es la estirpe que precede a Hesíodo. El poeta indica que es la generación que pereció, en parte, en las hazañas relacionadas con los grandes ciclos épicos de Troya y de Tebas. A otros, Zeus determinó alejarlos del resto de los hombres y darles residencia en los confines de la tierra. Ellos ahora viven en las Islas de los Bienaventurados y no conocen los dolores.

Zeus creó otra estirpe, los que existen ahora en la época del poeta, que manifiesta su descontento al haber nacido en el tiempo de esta raza de hierro. Estos hombres no se verán libres de fatigas ni miserias, los dioses los someterán a tribulaciones, no obstante conocerán algunas alegrías mezcladas con males. Zeus destruirá también esta estirpe, cuando nazcan con canas. Padres e hijos no se parecerán entre sí, el anfitrión no apreciará al huésped, así como los amigos no apreciarán a los amigos y los hermanos no se querrán como antes. En cuanto el padre envejezca el hijo lo insultará duramente, sin advertir la vigilancia de los dioses. Tampoco, estos hombres podrán dar sustento a sus padres en la vejez. Nadie reconocerá a los justos u honrados, por el contrario se beneficiará al malhechor y al hombre violento. La justicia se identificará con la fuerza y no existirá el pudor. Los malvados tratarán de perjudicar a los hombres de virtud con discursos retorcidos y juramentos. La envidia acompañará a los hombres miserables. Entonces, Aidos y Némesis se irán desde la tierra hasta el Olimpo para vivir con los inmortales y los hombres quedarán solos con sus amarguras y ya no existirá remedio para el mal.

Grabado para el libro I de Las metamorfosis de Ovidio.

Las cuatro edades de Ovidio[editar]

El poeta romano Ovidio narra un mito similar, pero con sólo cuatro edades, en el libro I de su poema Las metamorfosis. Su mito es similar al de Hesíodo, aunque omite la Edad de los Héroes.

Ovidio recalca que la justicia y la paz sólo son propias de la Edad de Oro. También añade que, en esta edad, los hombres no conocían aún la navegación y, por tanto, no podían explorar el mundo.

En la Edad de Plata, Júpiter da a los hombres las estaciones del año, por lo que éstos aprenden el arte de la agricultura y la arquitectura.

En la Edad de Bronce, los hombres viven para la guerra, pero no son impiadosos.

Finalmente, en la Edad de Hierro, los hombres demarcan las naciones con fronteras y aprenden las artes de la navegación y la minería. Les gustan las guerras, son codiciosos e impiadosos. La verdad, la modestia y la lealtad han desaparecido.

San Jerónimo y la historicidad de las edades[editar]

San Jerónimo trató de asociar estas edades al calendario. Dató las edades así:

  • La Edad de Oro sobre los años 1710-1674 a. C.
  • La Edad de Plata sobre los años 1674-1628 a. C.
  • La Edad de Bronce sobre los años 1628-1472 a. C.
  • La Edad de los Héroes sobre los años 1460-1103 a. C.
  • La Edad de Hierro sería desde el año 1103 a. C. hasta la actualidad.[1]


Interpretaciones[editar]

La estructura del mito hesiódico según Jean-Pierre Vernant[editar]

Vernant sostiene[2] que Hesíodo intenta dar una lección con el mito, que dirige a su hermano Perses, y al mismo tiempo vale para los reyes y lo resume con una fórmula: "escucha a la Justicia (Δίκη), no dejes crecer la desmesura (ὕβρις)."

Todas las razas deben en su momento desaparecer, y parecen sucederse conforme a un orden de decadencia progresiva y regular. Ellas se asemejan a los metales de los que reciben el nombre y cuya jerarquía se ordena del más precioso al menos precioso. El mito parece querer oponer a un mundo divino, en el que el orden está fijado en la victoria de Zeus, un mundo humano en el que se instala poco a poco el desorden y que acabará por situarse definitivamente del lado de la injusticia. Sin embargo Hesíodo añade una quinta edad, la de los héroes, entre las generaciones de bronce y de hierro: con ello no solo introduce una raza no metálica, sino que interrumpe el movimiento de decadencia continua, pues esta raza de los héroes es superior a la de bronce, que la ha precedido. La crítica en general reconoce esto como una irregularidad frente a una exposición primitiva del mito, y que habría que explicar satisfactoriamente. Hesíodo habría elaborado su relato mítico unificando la idea del mito genealógico de las razas en relación con un simbolismo de los metales y que narraba la decadencia moral de la humanidad, y la idea de una división estructural del mundo divino cuya explicación se trataba de suministrar, amoldando el esquema mítico primitivo con objeto de reservar un lugar a los héroes.

El mito de las edades nos ofrecería entonces el ejemplo más antiguo de una conciliación entre el punto de vista de la génesis y el de la estructura, de una tentativa de hacer corresponder los estadios de una serie temporal y los elementos de una estructura permanente. Hesíodo no tiene la noción de tiempo único y homogéneo dentro del cual las diversas razas vendrían a fijarse en un puesto definitivo. Cada raza posee su particular temporalidad, su edad, que expresa su naturaleza particular y que, a idéntico título que su género de vida, actividades, defectos, etc. define su estatuto y contrapone al de las otras razas. La sucesión de las razas en el tiempo reproduce el orden jerárquico permanente del universo. Las edades se suceden para formar un ciclo completo que acabado, recomienza.

Según Vernant, en el texto se muestra que existen dos tipos de existencia humana, rigurosamente opuestos, de los que uno coloca a Δίκη mientras el otro solo conoce ὕβρις. Pero esos tipos de existencia muestran diferencias en cada uno de los niveles estructurales en los que se articula la sociedad indoeuropea primitiva, tal como lo vio Georges Dumézil: un estrato "real", otro guerreo y otro agricultor. Estos se manifiestan en pares de razas que se encuentran relacionadas por representar funciones equivalentes: las dos primeras razas representan la función real, en su tipo justo (la raza dorada) e injusto (la plateada); el siguiente par corresponde a la función guerrera injusta (la raza de bronce) y justa (la raza de los héroes). Y aunque Hesíodo muestra a continuación una sola raza final, la de hierro, a la que él mismo pertenece, la muestra desdoblada: primero en la edad contemporánea del poeta, en la que los bienes y los males se presentan todavía juntos, luego en un futuro en el que ya no quedarán bienes y donde Dike habría volado definitivamente al Olimpo. Así, también este desdoblamiento cumpliría la función de representar al estrato campesino en su tipo vital justo e injusto. La unificación de la raza tiene su justificación en el hecho de que representa el tiempo y el estrato propio de Hesíodo como poeta y Perses como destinatario del relato, y en el que se sitúa el presente abierto al porvenir.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. [1]
  2. Vernant, Mito y pensamiento en la Grecia Antigua, capítulo I, pp 21-88.

Bibliografía[editar]

Fuentes[editar]

  • Hesíodo (ed. 1997). Obras y fragmentos: Teogonía. Trabajos y días. Escudo. Fragmentos. Certamen. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3517-7. 

Estudios[editar]

Enlaces externos[editar]