Edades del hombre
Las edades del hombre son las etapas por las que ha pasado la humanidad desde su creación, según la mitología clásica. Se suele tener en cuenta a dos autores: el griego Hesíodo y el latino Ovidio. Ambos narran la sucesión de etapas desde un principio lejano en el tiempo en el que los hombres vivían de forma semejante a los dioses (Edad de Oro) hasta la época del propio poeta (Edad de Hierro). Cada una de las etapas que se van sucediendo es una corrupción de la anterior. En ambos poetas, esta degradación se indica de forma simbólica con metales, cada uno de menor valor que el anterior.
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Las cinco edades de Hesíodo [editar]
El primer testimonio del mito de las edades proviene del poema Trabajos y días de Hesíodo (106 - 202).
El poeta introduce el relato diciendo que contará cómo los dioses y los hombres tuvieron el mismo origen.
Describe que al principio los dioses crearon un estirpe dorada de mortales. Estos existieron en tiempos del reinado de Cronos y vivían como si fueran dioses, es decir, sin fatigas, preocupaciones ni miserias. A su vez eran siempre jóvenes y fuertes, disfrutaban de fiestas y no conocían el mal. Poseían alegrías de todo tipo y la tierra fértil los proveía de manera espontánea de abundantes frutos. Alternaban sus trabajos con muchos deleites. Además eran ricos en rebaños, cercanos y agradables a los bienaventurados dioses. No conocían la muerte sino que, en vez de eso, se sumían un sueño.
Una vez que fueron sepultados bajo tierra Zeus les concedió el rango de démones (δαίμονες) y ahora gozan del privilegio de ser protectores de los mortales y proveedores de riquezas. También vigilan las sentencias y malas acciones recorriendo todo el mundo.
En lugar de la estirpe dorada, los dioses olímpicos crearon una segunda estirpe, de plata, que no se parecía a la primera ni en belleza ni en inteligencia, pues era mucho peor. Durante cien años los niños permanecían junto a su madre, en su casa. Luego vivían poco tiempo, en la juventud y padecían sufrimientos por su ignorancia. Ejercían violencia todo el tiempo, y no querían dar culto a los dioses haciendo sacrificios. Por ello Zeus, irritado, los exterminó. Sin embargo, reciben el rango inferior de mortales bienaventurados.
Zeus creó una tercer raza, a partir de los fresnos. Esta estirpe era temible y fuerte, no comía pan, y sólo tenía interés en la guerra y en los actos de soberbia. Todo en ellos era de bronce, sus armas, sus casas y sus trabajos, no había hierro. Aunque eran terribles, de ellos se apoderó la muerte y murieron sin dejar nombre.
Una vez enterrados los hombres de bronce, fueron creados unos hombres justos y virtuosos por parte de Zeus: la raza de los héroes o semidioses, que es la estirpe que precede a Hesíodo. El poeta indica que es la generación que pereció, en parte, en las hazañas relacionadas con los grandes ciclos épicos de Troya y de Tebas. A otros, Zeus determinó alejarlos del resto de los hombres y darles residencia en los confines de la tierra. Ellos ahora viven en las Islas de los Bienaventurados y no conocen los dolores.
Zeus creó otra estirpe, los que existen ahora en la época del poeta, que manifiesta su descontento al haber nacido en el tiempo de esta raza de hierro. Estos hombres no se verá libre de fatigas ni miserias, los dioses los someterán a tribulaciones, no obstante conocerán algunas alegrías mezcladas con males. Zeus destruirá también esta estirpe, cuando nazcan con canas. Padres e hijos no se parecerán entre sí, el anfitrión no apreciará al huésped, así como los amigos no apreciarán a los amigos y los hermanos no se querrán como antes. En cuanto el padre envejezca el hijo lo insultará duramente, sin advertir la vigilancia de los dioses. Tampoco, estos hombres podrán dar sustento a sus padres en la vejez. Nadie reconocerá a los justos u honrados, por el contrario se beneficiará al malhechor y al hombre violento. La justicia se identificará con la fuerza y no existirá el pudor. Los malvados tratarán de perjudicar a los hombres de virtud con discursos retorcidos y juramentos. La envidia acompañará a los hombres miserables. Entonces, Aidos y Némesis se irán desde la tierra hasta el Olimpo para vivir con los inmortales y los hombres quedarán solos con sus amarguras y ya no existirá remedio para el mal.
Las cuatro edades de Ovidio [editar]
El poeta romano Ovidio narra un mito similar, pero con sólo cuatro edades, en el libro I de su poema Las metamorfosis. Su mito es similar al de Hesíodo, aunque omite la Edad de los Héroes.
Ovidio recalca que la justicia y la paz sólo son propias de la Edad de Oro. También añade que, en esta edad, los hombres no conocían aún la navegación y, por tanto, no podían explorar el mundo.
En la Edad de Plata, Júpiter da a los hombres las estaciones del año, por lo que éstos aprenden el arte de la agricultura y la arquitectura.
En la Edad de Bronce, los hombres viven para la guerra, pero no son impiadosos.
Finalmente, en la Edad de Hierro, los hombres demarcan las naciones con fronteras y aprenden las artes de la navegación y la minería. Les gustan las guerras, son codiciosos e impiadosos. La verdad, la modestia y la lealtad han desaparecido.[1]
Historicidad de las Edades [editar]
San Jerónimo trató de asociar estas edades al calendario. Dató las edades así:
- La Edad de Oro sobre los años 1710-1674 a. C.
- La Edad de Plata sobre los años 1674-1628 a. C.
- La Edad de Bronce sobre los años 1628-1472 a. C.
- La Edad de los Héroes sobre los años 1460-1103 a. C.
- La Edad de Hierro sería desde el año 1103 a. C. hasta la actualidad.[2]
Véase también [editar]
- Trabajos y días, obra de Hesíodo
Referencias [editar]
Enlaces externos [editar]
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- Las edades del hombre en Las metamorfosis, de Ovidio: Libro I, 89 - 150. Texto español en Wikisource.
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- Las metamorfosis. Libro I: texto latino en Wikisource.
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