Doble moral

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La doble moral, o doble estándar es un criterio aplicado cuando a un individuo o institución se le acusa de ejercer una doble norma en el tratamiento dado a diferentes grupos de personas, es decir, que injustamente permiten más libertad de conducta a un sujeto que a otro. La doble moral es injusta porque viola el principio de justicia conocido como imparcialidad. La imparcialidad es el principio según el cual los mismos criterios se aplican a todas las personas sin parcialidad ni favoritismo. La doble moral viola este principio pues toma en cuenta a las personas según diferentes criterios.

Aunque la doble moral, por lo general, es una práctica que se condena, en la práctica es muy común su empleo. Los esfuerzos para defender una situación en la que se alegue la existencia de una doble moral terminan negando que esta se esté aplicando, o bien, se intenta acabar con la discusión dando una buena razón para el trato diferente.

Existe una distinción sutil entre la doble moral y la hipocresía. Esta última implica la aceptación de un solo criterio moral, pero su incumplimiento sistemático en la práctica. Un hombre que se arroga el derecho a tener aventuras extramatrimoniales y que le niega este derecho a su esposa, maneja una doble moral; por otro lado, uno que condena el adulterio mientras mantiene a una amante es un hipócrita.

Ejemplos de doble moral[editar]

Por ejemplo, a los niños se les prohíbe realizar actos tales como beber licor y fumar, mientras que a los adultos sí se les permite realizarlos, a pesar de que los motivos para la prohibición a los niños pueden aplicarse sin menoscabo en los adultos: pérdida de la lucidez, trastornos psicológicos, causa de enfermedades en el sistema respiratorio, etc.

Esta forma de tratamiento diferenciador podría catalogarse como una doble moral porque dos grupos sociales son sometidos a criterios morales diferentes. No obstante, si una persona quiere defender el trato desigual puede argüir que existe una buena razón para esta segregación (continuando con el ejemplo): los niños son, inherentemente, menos capaces de asumir actitudes maduras en relación con el fumador. El argumento en contra de esta justificación es que los niños no tienen por qué ser inherentemente menos capaces de tomar buenas decisiones, pues hay personas que son más maduras en su capacidad de tomar decisiones que otras de la misma edad, por consiguiente la edad es un criterio arbitrario.

Por lo tanto, ante la acusación de un trato desigual, lo que se da es una justificación "adecuada" para el tratamiento diferente y no un empeño en eliminar el trato desigual propiamente dicho. Este mecanismo es muy común en los centros de poder, como las religiones y los gobiernos.

Un ejemplo tradicional en muchas sociedades es el caso del adulterio cuando este es aceptado para un esposo y negado a una esposa que desee tener un amante. Del mismo modo, un hombre que tiene relaciones sexuales con muchas mujeres puede ser llamado "galán" o "don Juan", mientras que una mujer que tiene sexo con muchos hombres puede ser llamada "prostituta", "perra", "puta", etc. Otra doble moral es la "autorización" de ataques entre miembros de géneros y etnias diferentes. Por ejemplo, en algunos países, incluyendo muchos latinoamericanos, las acusaciones de "racismo" o "sexismo" pueden ser argumentadas para involucrar casos de doble moral, pues es percibido como algo aceptable que una persona de ascendencia afrocaribeña use en público términos derogatorios contra personas caucásicas, mientras que el uso por parte de estos últimos de términos derogatorios contra personas de otras etnias puede representar un ataque racial más significativo. Generalmente ocurre que las mujeres pueden usar términos ofensivos hacia los hombres con mayor libertad que los hombres hacia las mujeres. Estos dos casos de doble moral constituyen el reverso de dobles morales de mayor peso y más aceptadas en el pasado.

El antiguo aforismo latino "Quod licet Iovi, non licet bovi" ('Lo que es lícito para Júpiter, no es lícito para todos') capta la idea de las relajadas normas de comportamiento que la élite aplica a sí misma y las normas más ásperas que aplica a las masas.

Otro ejemplo muy común de doble moral lo constituye el hecho de que a los niños les es prohibido utilizar lenguaje soez (palabrotas), en tanto que a los adultos sí les es permitido.

Referencias[editar]

Véase también[editar]