Diálogo (género literario)

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Se entiende por diálogo un género literario clásico que fue cultivado en la Grecia antigua y fue revitalizado en el Renacimiento por el Humanismo, sobre todo por Erasmo de Rotterdam y sus seguidores (erasmistas).

Trayectoria y subgéneros[editar]

El diálogo surge en Grecia con los Diálogos de Platón, continuado por los romanos (Cicerón, por ejemplo) y revitalizado en el Renacimiento en latín (Erasmo, Luis Vives, etc.) y en lenguas vulgares (Juan de Valdés, Pero Mexía etc.; como tal posee tres tipos diferenciados: el diálogo platónico, el diálogo ciceroniano y el diálogo lucianesco. El platónico tiene como objetivo hallar la verdad y un tema primordialmente filosófico. El ciceroniano posee un marco paisajístico bien constituido, es de tema primo rdialmente político, judicial y retórico y en él tienen cabida largas exposiciones. En el lucianesco, así llamado por su creador, Luciano de Samosata, predomina la intención satírica y el humor, y el tema puede ser muy variado, incluso fantástico.

El diálogo en la Grecia clásica: Sócrates, Platón y la dialéctica[editar]

El diálogo literario se inscribe en el género de la literatura didáctica y fue cultivado en Grecia por el gran filósofo Sócrates como instrumento cognoscitivo para averiguar la verdad filosófica por medio del debate (dialéctica) en compañía de otros procedimientos como la ironía y la mayéutica. Como este filósofo no escribió nada, se nos conservan solamente los compuestos por su discípulo Platón y otros autores. Durante la Segunda sofística, alrededor del siglo II d. C., Luciano de Samosata compuso también diálogos de sesgo cínico (Véase Cinismo) con la intención satírica de criticar algunos defectos y creencias de la sociedad de entonces. En Roma, Cicerón aportó al género cierto marco paisajístico y aumentó la dimensión de los parlamentos transformándolos a veces en auténticos discursos.


El diálogo en la Edad Media[editar]

Durante la Edad Media el diálogo fue perdiendo su contenido filosófico y empezó a utilizarse con intención didáctica, por lo cual incluyó personajes alegóricos como Filosofía (Boecio) o Filología (Marciano Capella). Se volvió además un género propicio para el adoctrinamiento mecanizándose en forma de preguntas y respuestas (catecismo) o se convirtió en mero pretexto para exhibir el ingenio entre los trovadores (debate).

El diálogo renacentista[editar]

Resurgió, sin embargo, en el Renacimiento por medio de la imitación de los primitivos modelos grecolatinos, en especial Cicerón: durante el Renacimiento se compusieron cientos de diálogos sobre los más diversos temas en toda Europa en prosa y también en verso: el género era abierto y ofrecía la posibilidad de un eclecticismo de opinión y una libertad intelectual que no ofrecían género didácticos medievales más cerrados como el tratado o la suma, propias de la escolástica, por lo cual se identificó con el Humanismo y los nuevos tiempos. En España, por ejemplo, compusieron diálogos los hermanos Juan de Valdés y Alfonso de Valdés y numerosos escritores del Erasmismo, por imitación de los Colloquia de Erasmo de Rotterdam.

La tendencia perduró aún en la segunda fase del Renacimiento, correspondiente a la segunda mitad del siglo XVI: Fray Luis de León compuso unos magníficos diálogos ciceronianos en su De los nombres de Cristo. Pero el género decayó poco después, coincidiendo con el auge del teatro barroco español y con los comienzos de géneros didácticos más solventes como el ensayo, ya en el siglo XVIII.

Fuentes[editar]

  • Jesús Gómez, El diálogo en el Renacimiento español. Madrid: Cátedra, 1995.
  • Roger Friedlein, El diálogo renacentista en la Península Ibérica. Franz Steiner Verlag, 2005.

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