Columna de Hierro

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Columna de Hierro
Activa 1936-1937
País España
Fidelidad Bandera de España II República Española
Rama Bandera CNT-FAI.png Milicias Confederales
Tipo Milicia
Tamaño Columna
Comandantes
Comandantes
notables
José Pellicer
Guerras y batallas
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La Columna de Hierro (o Columna de Ferro) fue una columna de milicias populares, de ideología anarquista, que participó en la Guerra Civil Española de 1936. Sus voluntarios venían de Valencia, Sagunto, Alcoy, Segorbe y de otros pueblos y ciudades valencianos. Participaron en el Frente de Teruel, que se crea al intentar las columnas republicanas tomar esa ciudad y no logarlo. Tuvo alrededor de 3.000 combatientes, aunque en sus listas llegó a haber apuntados más de 20.000 voluntarios, que estaban en la retaguardia por falta de armas.[cita requerida]

Historia[editar]

Bandera empleada por el Batallón Rakosi, grupo de voluntarios húngaros integrados originalmente en la Columna de Hierro.

Tras el golpe de estado del 18 de julio, el grupo "Nosotros", formado por los anarquistas valencianos José Pellicer, Segarra, Cortés, Rodilla y Berga (entre otros), se convertiría en el impulsor principal de esta columna. También destacarían otros militantes libertarios como Rafael Martí ("Pancho Villa"), Francisco Mares, Diego Navarro o Pedro Pellicer, hermano de José Pellicer.

El 8 de agosto partieron de Valencia 8 centurias (800 milicianos) con destino Teruel. Lo hicieron en dos tandas y de forma desorganizada. Primero el grupo de Alcoy, que partió de Valencia con unos 150 milicianos, que pasaron por Sagunto, donde se les unieron otros cien voluntarios. Al llegar al pueblo turolense de Sarrión se tuvieron que detener por un ataque enemigo, cuando eran ya unos 400. Al mismo tiempo salía de Valencia otra milicia al mando de José Pellicer con otros 400 voluntarios. En estos primeros días la columna carece casi totalmente de organización hasta que tras varias bajas causadas por la desorganización (desorganización cuando el enemigo atacaba), deciden formar las centurias. Hacia finales de agosto la columna se estabiliza en el frente y tiene ya a unos 1.600 milicianos que combatían junto con 600 soldados regulares, totalizando 2.200. La columna de Hierro llegó a tener en octubre unos 12.000 inscritos (y para el invierno hasta 20.000), aunque solamente había armas para 3.000, que eran los que estaban propiamente en el frente. El resto de los voluntarios estaban o bien en el Cuartel de Las Salesas o bien en sus casas esperando a que se los convocase.

La Columna de Hierro se hizo famosa porque fue la más vilipendiada de todas las columnas de la CNT. Se la acusaba de todo tipo de desmanes, como los saqueos de un secadero de jamones en el pueblo de Sarrión, o de ejecuciones incontroladas. En más de una ocasión los responsables de la columna tuvieron que bajar a la retaguardia para detener a quienes se hacían pasar por milicianos para cometer delitos (generalmente robos, pero incluso secuestros se llegaron a cometer en nombre de la columna). A estas personas se las ejecutaba.

De todas formas a la columna se la atacaba precisamente por querer imponer el comunismo libertario allá donde estaban sus milicias. Las milicias al estar inactivas en el frente (cosa que se les echaba en cara; aunque igualmente inactivas estaban las demás columnas) se dedicaron a extender las colectividades en tierras turolenses. El espíritu colectivista también contagió a otras columnas como la Torres-Benedito o la Peire, que también defendieron las colectividades.

Pero más que ninguna otra, ni siquiera la Columna Durruti, la Columna de Hierro actuó a la vez como milicia de guerra y como organización revolucionaria: levantó actas de sus asambleas, publicó un diario («Línea de Fuego»), publicó manifiestos y lanzó comunicados, porque necesitaba explicar sus acciones en la retaguardia y justificar sus movimientos y sus decisiones ante los trabajadores y los campesinos. Se llegó a considerar una colectividad en sí misma. Esa fue su principal particularidad que Burnett Bolloten rescató en su libro El Gran Engaño.

En septiembre y octubre ante la falta de armas y municiones enviaron a la retaguardia centurias columnas en su busca. Cuando llegaban a la retaguardia se encontraban con el acoso de las fuerzas del orden que les intentaba detener y cachear. Ante esta provocación la columna respondía con la fuerza: así en dos ocasiones una en Valencia y otra en Castellón, los revolucionarios asaltaron los juzgados para destruir los registros judiciales, el Ayuntamiento destruyendo los registros de propiedad e incluso asaltaron el penal de San Miguel de los Reyes donde liberaron a los presos comunes, (y también a los derechistas y fascistas) allí detenidos. Esto se debía a la iniciativa de Pellicer contra las cárceles, allí donde estuvieran, que por cierto cumplía con uno de los acuerdos de la CNT del Congreso de Zaragoza. Por contra en Castellón (a donde no fue Pellicer) se fusiló a unos 65 presos derechistas y fascistas. También en la búsqueda de armas se desarmó a los guardias de la Guardia Popular Antifascista (GPA), que tenían fusiles y ametralladoras y que los anarquistas veían como un cuerpo lleno de vividores que no tenían el valor suficiente para ir al frente y que se hacían policías.

Estas dos acciones con pocas semanas de diferencia provocaron el terror en la retaguardia. La CNT en aquellos momentos (septiembre y octubre de 1936) estaba negociando su entrada en el Gobierno republicano, y veía este tipo de acciones como un boicot a su iniciativa, por lo que también desautorizó a la columna y no hizo nada para contrarrestar los bulos que a partir de entonces se orquestaron para desprestigiarla. Los medios comunistas y republicanos comenzaron entonces a inventarse numerosas acusaciones que los medios anarquistas "oficiales" no desmentían, y que los medios anarquistas simpatizantes con la columna a penas podían hacerlo debido a la censura.

En otro caso (los llamados Sucesos de Octubre), que se volvió contra la columna: El 29 de octubre la GPA en una redada mata al anarquista Tiburcio Ariza, al negarse a ser esposado. En el funeral que organizan las distintas columnas anarquistas (Torres Benedito, de Hierro y CNT 13), éstos pasan cerca del Gobierno Civil que estaba fuertemente armado, esperando un posible ataque. Al llegar a la Plaza de Tetuán, sede del Partido Comunista, vieron que se habían metido en la boca del lobo. Los comunistas se habían preparado, aprovechando la fuerza de un batallón que había vuelto de Madrid, organiza el comandante Eixea un dispositivo de defensa de la plaza. Entonces, un joven comunista protestando ante la ostentación de armas de los anarquistas se acerca a la cabecera y dispara. Este disparo es rápidamente seguido de otros muchos, incluso por fuego de ametralladoras, creándose un caos en la plaza. El combate duró media hora y provocó numerosos heridos (se registraron 56 heridos, de los que 49 eran de la CNT). Hubo en total unos 30 muertos.

La reacción inmediata fue la de querer hacer bajar las fuerzas de Teruel sobre Valencia. Los comunistas tenían ese batallón, la GPA y unos 300 jóvenes en prácticas militares. Pero el comité de la CNT evitó la catástrofe reprendiendo a los responsables de las columnas quedando la ofensa impune. Lo último que querían los dirigentes de la CNT en esos momentos eran problemas con el PCE, justo cuando se estaban ultimando los detalles para entrar en el Gobierno.

A finales de año Valencia se había convertido con la llegada del Gobierno en refugio de funcionarios y burócratas. También de numerosas personas que querían librarse de ser reclutados por el ejército y que se buscaban cualquier cargo. A mediados de diciembre se convoca a las columnas para un ataque sobre Teruel. A la de Hierro le tocó atacar el Puerto Escandón. Pero la batalla resultó totalmente inútil, puesto que los republicanos no apoyaron el ataque con artillería y sus aviones no supieron aprovechar su superioridad, ni activaron ningún frente contiguo para que el enemigo no enviase refuerzos.

Militarización[editar]

La cuestión entonces en el aire era la militarización de las milicias. Se enviaron delegados desde otros frentes más favorables a la militarización (Centro) para tratar de convencer a los milicianos. También Mariano Vázquez y García Oliver intentaron mediar en el asunto, aunque no se les hizo caso. De todos modos la columna, junto con otras con el mismo parecer, convocaron un pleno de columnas anarquistas para discutir sobre la militarización. Tras el pleno se vio que ésta era inevitable. Casi todas las milicias anarquistas habían aceptado militarizarse. Durante un mes hubo muchos debates en el seno de la columna que fueron provocando bajas voluntarias y expulsiones. Pero finalmente la columna decidió militarizarse. Para hacerlo necesitaba ser relevada.

Bajó del frente en la segunda semana de marzo de 1937 y fue militarizada el 1 de abril. Sería la 83ª Brigada Mixta, de la que fue comandante José Pellicer, el responsable de la columna hasta entonces. Éste incluso llegó a estar detenido en las prisiones del SIM (servicios secretos de la República).

Bibliografía[editar]

Relacionado[editar]

Véase también[editar]