Carnaval de Riosucio

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imagen de uno de los diablos creado para el carnaval

Carnaval de Riosucio , también conocido como Carnaval del Diablo, es una de las fiestas más pintorescas de Colombia y que atrae un considerable número de visitantes nacionales y extranjeros. El carnaval es además patrimonio inmaterial cultural de Colombia.[1]



Con el tiempo éste se convirtió en una fiesta llena de alegría, humor y diversión. En el año de 1915 se adoptó la figura del diablo como la efigie de la festividad.

El carnaval se compone de:

  • El decreto: es un mandato en verso donde se critica humorística y constructivamente la gente de Riosucio.
  • El convite: es una convocatoria teatral.
  • La chirimía: es un conjunto musical compuesto por: maracas, flautas traveseras y de carrizo, bombo y redoblante.

Literatura Matachinesca[editar]

Bajo este nombre, se amparan todas las obras inspiradas al Carnaval y para el Carnaval y sus fundadores, son fundamentalmente los decretos, el convite, el saludo al Diablo, las comparsas y el testimonio del diablo; los temas de ésta literatura son variadísimos, de acuerdo con el aspecto que se quiere resaltar. Sin embargo, el saludo y el testamento guardan una misma ideología, por cuanto se refieren respectivamente a la alegría y las novedades dignas de contarle al rey de la fiesta, y la tristeza seguida de promesas que casi nunca se cumplen: arreglo de calles, cambios sustanciales en los regímenes del gobierno municipal, matrimonios que se efectuaron entre parejas que ya eran novios, cuando el Ingrumá era apenas un barranquito, hacer trabajar a los enemigos sempiternos de la actividad, etc.

El Convite es un cuadro vivo sobre algún aspecto de la problemática municipal, nacional o internacional llevada a escena dentro de la más estricta medida de la tradición propia del género. Con él se cierra la etapa de preparación a la gran festividad, y corre a cargo de la junta central del Carnaval, como un anticipo a lo que será la culminación del certamen. Su contenido puede ser cantado, declamando, o simplemente leído. En ningún caso aparece la improvisación de papeles a desempeñar.

Los decretos ya son otra cosa, dispuesto a pasar un mal rato, el decretero se sube al proscenio para cantar en rimados versos de arte menor las intimidades y no intimidades del desprevenido ciudadano, pero en un estilo tan sutil y ameno que en lugar de producir enojo causa hilaridad; no obstante, si hubo exceso en la disertación, la víctima del panfletista exterioriza de alguna manera su disgusto, sin alcanzar mayores proporciones, el mérito del decretero está en saber deleitar al oyente sin herir gravemente la susceptibilidad, empleando un lenguaje claro, sencillo dentro de un estilo humorístico, pero sin caer en el ridículo, esa sutileza del decretero podemos advertirla en la siguiente muestra que se remonta a muchos años atrás.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Red de gestores sociales. «Carnaval del Diablo, en Riosucio, será declarado de Interés Cultural Nacional». Consejería presidencial de programas especiales. Consultado el 4 de julio de 2008.