Abderramán Sanchuelo

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ʿAbd al-Raḥmān ibn Sanchul, también llamado Nāșir al-Dawla al-Maʾmūn,[1] y conocido en las crónicas de los reinos cristianos como Sanchuelo (Córdoba, ¿983? - Córdoba, 3 de marzo de 1009), caudillo amirí del Califato de Córdoba y valido de Hisham II.

Biografía[editar]

Primeros años[editar]

Nacido con toda probabilidad entre 983 y 986, Sanchuelo era hijo de ibn Abi Amir al-Mansur, el Almanzor de las crónicas, y Abda, nombre árabe que adoptó una de las esposas del caudillo amirí, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández.[2] Se dice que el parecido físico con su abuelo hizo que le denominaran Sanchuelo.

De hecho en torno al año 992 el monarca navarro anunció una visita oficial a su yerno, Almanzor, para tratar de poner fin al hostigamiento cordobés, debido a la ruptura del pacto anteriorior entre el califato y Pamplona.[3] El 4 de septiembre de aquel año, Sancho II fue recibido tras un largo viaje en al-Zahira con gran pompa militar y tuvo ocasión de encontrase con su nieto, al que al parecer besó los pies, de acuerdo con la narración de al-Jatib.[3]

El gobierno de Sanchuelo[editar]

En octubre de 1008, a la muerte de su medio hermano Abd al-Malik al-Muzaffar de la que se rumoreó podía haber sido el causante,[4] le sucedió[5] en el poder que de facto venían ejerciendo los descendientes de Almanzor, como chambelán[5] del califa Hisham II.[4] Mucho más pródigo hacia este que su padre o su hermano, recibió el título honorífico de Nasir al-Dawla («Defensor de la Dinastía») y, diez días más tarde de su nombramiento como chambelán, el califal de al-Mamun («el Fidedigno»), hecho este mal visto por la población.[5] Esta ruptura con la tradición familiar, que se había limitado a tomar sobrenombres militares y había evitado los que pudiesen apuntar a la usurpación califal, fue un error muy criticado por sus contemporáneos.[6] Para corregir el error, partió pronto en campaña contra los Estados cristianos para tratar, como habían hecho su padre y su hermano, de justificar su poder con éxitos militares en el yihad.[6]

Las tremendas tensiones internas dentro del califato entre bereberes, eslavos y árabes, la suplantación del poder califal por los amiríes y la escasa capacidad de Sanchuelo para el gobierno provocaron un periodo de anarquía y revueltas que finalizó con la fitna, por la cual desapareció el Califato de Córdoba y el poder se disolvió entre los reinos de taifas.

Durante el escaso tiempo en que gozó del título de hayib, se desentendió del gobierno y se comportó, en palabras de los cronistas, de manera excéntrica. Se hizo muy amigo de Hisham II.[5] Este, siempre entre algodones, separado de las tareas propias del comendador de los creyentes desde niño, en una cárcel dorada languidecía en una vida de placeres y lujos sin preocupación a la que parece haberse unido el nuevo hayib. En Córdoba no tardaron en correr los rumores sobre su desmedida afición al vino y las mujeres. Poco después se hizo nombrar heredero legítimo de Hisham II,[7] contraviniendo la política de sus antecesores, que habían tenido siempre el máximo tacto y respeto por esta figura aunque detentaran el poder en exclusiva.[4] El cambio dinástico que esto suponía soliviantó a los elementos árabes, tradicionalistas y menospreciados bajo los amiríes, y eslavos, siempre fieles a los omeyas.

Muerte[editar]

Su fin se gestó cuando se puso al frente de una campaña militar, tal vez para ganar algo del prestigio que como militares tuvieron su padre y su medio hermano.[6] [4] Para ello no se le ocurrió mejor momento que el invierno del 1008, en mitad de un creciente malestar en la capital.[4] Aunque sus consejeros le advirtieron de que la campaña era inoportuna, desoyó sus palabras y se dirigió al norte acompañado por el conde García Gómez de Carrión, al que ayudaba en su lucha contra Alfonso V de León.[4] Para colmo, poco antes de marchar a la frontera dictó normas afrentosas para buena parte de la corte por las que deberían dejar de utilizar el bonete árabe y vestir a la berberisca. La capital califal, desguarnecida por su marcha, quedó en manos de sus enemigos.[6]

No tardó en estallar la revuelta, mientras Abderramán en hallaba en Toledo,[4] aprovechando su marcha y la de los bereberes que aún eran fieles a la estirpe de Almanzor, y el 15 de febrero de 1009, Muhammad ibn Hisham canalizó el descontento. La revuelta, acaudillada por un omeya biznieto de Abderramán III,[4] estaba financiada por la madre de su hermano Abd al-Malik, que acusaba a Abderramán de ser el causante de la muerte de aquel.[7] Se hizo con el control de Córdoba, entró en palacio y obligó a Hisham II a abdicar[7] en su favor. De este modo se proclamó califa[4] con el nombre de Muhammad II.[7] A continuación, se vengó de los «usurpadores» amiríes y arrasó el complejo de al-Zahira (19 de febrero), donde estos residían y habían organizado una corte alternativa.[4] La destrucción de la ciudad palatina, sede además de la Administración, fue total.[4]

Sanchuelo pronto tuvo noticia de estos hechos y ordenó el regreso a la capital, pero según se acercaba, el ejército le fue abandonando poco a poco.[8] Sus generales le habían recomendado unirse a las fuerzas de Wadih en Medinaceli antes de volver, pero nuevamente había desechado su consejo y decidido marchar de inmediato a Córdoba.[8] Con los pocos fieles que le siguieron, entre los que se contaba el conde de Carrión y Saldaña, alcanzó Guadalmellato, a las afueras de la capital.[8] Tropas del califa Muhammad acudieron a arrestarlos y, el 3 de marzo de 1009, Abderramán y su aliado el conde García Gémez fueron decapitados.[8] Su cadáver embalsamado fue crucificado en la Puerta de la Corte de Córdoba.[9]

Algunos eslavos leales a los amiríes consiguieron salvar a su hijo, ʿAbd al-ʿAzīz ibn ʿAmir, nacido hacia 1006, quien se convertiría en «régulo» de las taifas de Valencia en el 1021 y de Almería en el 1038, y llegará a ser el poder hegemónico en el Levante.[10] [11]

Notas y referencias[editar]

  1. Bariani, 2003, p. 293.
  2. Bariani, 2003, p. 218.
  3. a b Bariani, 2003, p. 219.
  4. a b c d e f g h i j k Castellanos Gómez, 2002, p. 157.
  5. a b c d Bariani, 2003, p. 207.
  6. a b c d Bariani, 2003, p. 208.
  7. a b c d Bariani, 2003, p. 248.
  8. a b c d Castellanos Gómez, 2002, p. 158.
  9. Bariani, 2003, p. 249.
  10. Coscollá Sanz, Vicente (2003). La Valencia musulmana. Valencia: Carena Editors, pp. 2. ISBN 978-8-48739-875-9. También llamado ʿAbd al-ʿAziz ben ʿAbd ar-Rahman al-Nasir ben Abí Amir.
  11. Bariani, 2003, p. 17.

Bibliografía[editar]

  • Bariani, Laura (2003). Almanzor. Nerea. p. 298. ISBN 9788489569850. 
  • Castellanos Gómez, Juan (2002). Geoestrategia en la España musulmana: las campañas militares de Almanzor. Ministerio de Defensa. p. 199. ISBN 9788478239672. 
  • Echevarría Arsuaga, Ana (2011). Almanzor: un Califa en la Sombra. Silex Ediciones. p. 272. ISBN 9788477374640. 


Predecesor:
Abd al-Malik al-Muzaffar
Hayib
1008-1009
Sucesor:
Guerra civil
(varios califas en pugna)