Tratado de París (1815)

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El territorio francés donde la ocupación entró en vigor:      Zona de ocupación británica      Zona de ocupación prusiana      Zona de ocupación rusa      Zona de ocupación de Baden y Sajonia      Zona de ocupación bávara      Zona de ocupación de Hesse y Wurtemberg      Zona de ocupación suiza      Zona de ocupación sarda      Zona de ocupación austriaca

El Tratado de París de 1815 se firmó el 20 de noviembre de 1815, tras la derrota de Napoleón en la Batalla de Waterloo.

Tras los Cien Días que siguieron a la huida de Napoleón de la Isla de Elba, éste se había hecho más fuerte que el Tratado de París de 1814, negociado por Charles Maurice de Talleyrand, gracias al amplio apoyo que Napoleón tenía en Francia. Francia se había visto reducida a sus fronteras de 1790 y había perdido el terreno ganado por los ejércitos revolucionarios entre 1790 y 1792. Los Tratados obligaban a Francia a pagar setecientos millones de francos en concepto de indemnizaciones y para mantener a unos ejércitos aliados de ocupación de 150.000 soldados en sus fronteras durante cinco años al menos. Aunque inicialmente algunos de los aliados, especialmente Prusia, reclamaron una mayor cesión de territorios en el este, la rivalidad entre las mismas potencias aliadas y el deseo general de la restauración borbónica hicieron que la paz resultara menos onerosa de lo que podía haber sido. Esta vez, Francia no firmaba el tratado: el tratado fue firmado por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. La devolución de tesoros artísticos también es destacable.

El tratado, promulgado «En nombre de la Santísima e Indivisible Trinidad», era un anticipo del retorno de los jesuitas exiliados y del nuevo papel de la religión, especialmente de la católica, como reacción a la era de Napoleón. El tratado era breve, y además de «preservar a Francia y a Europa de las convulsiones con las que había sido amenazada por las últimas empresas de Napoleón Bonaparte», los firmantes repudiaban también la Revolución francesa: «...y por los métodos revolucionarios reproducidos en Francia».

El tratado se presenta con el deseo de consolidar, manteniendo inviolable la autoridad real y restaurando las operaciones de la Carta Constitucional, el orden de las cosas que habían sido felizmente restablecidas en Francia. La Carta Constitucional a la que se refiere con tanta esperanza, era la Constitución francesa de 1791, promulgada en las postrimerías del Antiguo Régimen como consecuencia del estallido de la Revolución. Sus intenciones para el gobierno de Francia podían fácilmente ir por mal camino a pesar de las paternales intenciones de su rey, como el tratado subraya.

El Primer Tratado de París, de 30 de mayo de 1814, y el Acta Final del Congreso de Viena, de 9 de junio de 1815, fueron confirmados en su totalidad en este segundo tratado.

El mismo día, y en un documento separado, Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia renovaban la Cuádruple Alianza.

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