Tentación

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Escena del Génesis: tentación de Adán y Eva.

La Tentación es un impulso que induce a obrar mal, bien mediante la realización de una conducta dañina o mediante una conducta omisiva. Un caso de tentación omisiva sería aquel en el que una persona se siente inclinada a no ayudar a la víctima de un accidente.

El impulso puede tener su origen en diversas causas como el deseo o o el miedo de pérdida.

Diferencia entre lo que es un mal pensamiento, lo que constituye pecado de pensamiento y la simple tentación[editar]

Imaginemos que una persona encuentra en el suelo una suma de dinero y decide llevarla a la policía para que ésta busque a su legítimo dueño. El que así obra no comete pecado pues más allá de su deseo de quedarse con el dinero prevalece su voluntad de obrar bien. Pudo sentirse tentado de quedarse con el dinero, pero su voluntad no consintió el impulso de obrar mal.

Hemos dicho que no cometió pecado, pero podemos matizarlo. Quizá en sus pensamientos estaba qué hacer con el dinero si no apareciera el dueño e incluso el deseo de que éste no aparezca tras buscarlo la policía (lo que podría ser un mal pensamiento si tenemos en cuenta que la persona que lo perdió sufriría un mal patrimonial caso de no recuperarlo).

Con este ejemplo se pretende aclarar que un mal pensamiento no supone siempre pecado (de pensamiento o de acción). Pues el deseo de que el dueño pueda no aparecer no impide al ciudadano ejemplar actuar conforme a la ley moral que le exige hacer todo lo posible para restituir el dinero, del mismo modo que un televidente que se enamora de la protagonista no comete adulterio pues su voluntad no consiente dejar a su esposa por la protagonista (realmente ni se lo plantea). Tampoco hay tentación pues el televidente no vive una situación real en la que se le presenta una opción posible (quizá la protagonista ya falleció).

El pecado de pensamiento es aquel en que una persona libremente decide llevar a cabo una conducta pecaminosa y la acepta , con independencia de que la misma no se haya ejecutado. Quien decide que va a robar en cuanto se le presente la menor oportunidad, ya incurrió en pecado de pensamiento aunque la oportunidad no se presente en ese instante. El pecado de pensamiento supone aceptar la ejecución de una conducta pecaminosa y no llevarla a cabo.

El telespectador enamorado de su actriz favorita no sufre ningún impulso que le empuje a obrar mal. Tampoco aquel que obra bien entregando el dinero hallado a la policía para que identifique a su legítimo titular sufre ningún impulso que le empuje a obrar mal por el hecho de desee más o menos vagamente que no aparezca el dueño.

Otra cuestión distinta, muy extendida en los cines de las parroquias de antaño, es que cuando los protagonistas se daban un beso alguien decidía poner borrosa la pantalla. Esta conducta tiene su justificación en el hecho de que ciertas conductas que aparecen en la pantalla pueden inducir a los televidentes a querer reproducir la misma conducta, no con los protagonistas sino con personas de su entorno. Es lo que se conoce como conducta inapropiada y poco ejemplarizante (es decir, que no da buen ejemplo).

Diferencia entre tentativa y tentación[editar]

En el ámbito de las religiones, la tentación se refiere normalmente a la inclinación al pecado. En el ámbito jurídico o legal, la tentativa se refiere al grado de desarrollo en la ejecución de la conducta tipificada, que puede ser consumada (cuando se produce el resultado dañoso al haberse realizado por el autor todos los elementos que conducen al mismo), frustrada (cuando el resultado no se produce por faltar algún elemento para su comisión, quizá gracias a la actuación de la policía) o en grado de tentativa (cuando el resultado no pudo producirse porque los elementos para su comisión no son idóneos, como por ejemplo si alguien quiso realizar un disparo homicida pero la pistola era de juguete).

El ordenamiento jurídico penal contempla el deseo de realizar una acción dañina, lo que puede ocurrir por multitud de razones: legales, sociales, psicológicas (incluyéndose la culpa), etc. También contempla al acto de coaccionar o inducir a una persona a la realización de un acto, por manipulación.

Las mal llamadas tentaciones de Jesús[editar]

Es algo aceptado que Jesús no cometió pecado de pensamiento pues nunca consintió. Del mismo, aunque sufrió un intento de tentación por parte del Diablo, Jesús nunca llegó a dudar, su voluntad estaba determinada y los intentos del Diablo no consiguieron tentarle. Y tampoco incurrió Cristo en un mal pensamiento ya que los malos pensamientos que pudieran haber entrado por sus oídos no eran propios sino de Satanás (que aprovechó su condición humana para dirigirse a Él).

En este sentido podemos afirmar que Jesús siempre fue puro y no tuvo debilidad ninguna.

En la cristiandad[editar]

En el ámbito de la religiones con doctrinas Cristianas, es la provocación o incitación por parte de Satanás (el Diablo) a acceder, obedecer o no obedecer, aceptar o no aceptar; hacer o dejar de hacer y decir o dejar de decir. El impulso que induce a obrar mal se concreta para los católicos en aquel que viene a contravenir los mandamientos de la ley de Dios, las bienaventuranzas y los mandamientos de la Iglesia.

Según la Biblia, y específicamente en Lucas 4, 1 -13 y Mateo 4, 1-11, se habla de la tentación de Jesús, éste fue tentado a dejar de hacer la voluntad de su Padre (Yahveh), y hacer la de su adversario Satanás. Por ejemplo: Convertir la piedra en pan no era un pecado, pero al hacerlo estaba obedeciendo la voz de su enemigo. Esto significa que Jesús “fue tentado a desobedecer”, a la cual no accedió; contrario a Judas, que fue tentado a traicionar a su maestro (Jesús) por treinta piezas de plata, y accedió.

Posturas teológicas[editar]

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), teólogo protestante: Según él, la Sagrada Escritura (la Biblia) menciona que los diferentes causantes de la tentación son «el diablo, la concupiscencia del hombre y el mismo Dios.**»[1] , y con respecto a la tentación provocada por Satanás, dice que «de tres maneras distintas cumple Satanás su tarea en la tentación: induce a reconocer el pecado, hace sufrir a la carne y da muerte al pecador[2]



Referencias[editar]

  1. Bonhoeffer, Dietrich. Tentación, Ed. La Aurora, Buenos Aires, 1977, p. 31.
  2. Bonhoeffer, Dietrich. Tentación, Ed. La Aurora, Buenos Aires, 1977, p. 39.

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