Rosaura a las diez

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Rosaura a las diez
de Marco Denevi
Género Cine policíaco
Idioma Español
Editorial Editorial Sudamericana
País Bandera de Argentina Argentina
Fecha de publicación 1958
Formato Impreso
Páginas 251
Serie
- Rosaura a las diez Un pequeño café
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Rosaura a las diez es una novela policíaca, publicada por Marco Denevi en 1955. Fue la primera novela de Marco Denevi. Traducida a varios idiomas, se adaptó también para teatro, cine y televisión. Con esta obra, el autor inició una reconocida carrera literaria en el ámbito nacional e internacional.

El libro fue incluido en la lista 1001 libros para leer antes de morir, editada en 2007.[1]

Sinopsis[editar]

(SE ADVIERTE QUE LA PRESENTE SINOPSIS CONTIENE TODOS LOS DETALLES QUE HACEN A LA RESOLUCION DEL ENIGMA QUE SE PLANTEA EN LA NOVELA, Y NO DEBERIA SER LEIDA POR QUIEN AUN NO CONOZCA LA OBRA Y DESEE LEERLA CON OBJETIVOS RECREATIVOS)

Es una mañana oscura de 1955 y una antigua prostituta, encarcelada en el año 1950, recupera finalmente su libertad, pero sale de un infierno para entrar en otro; a la pesadila del encierro le sucede la irremediable realidad del abandono al que son sometidos todos los ex convictos.

Abandonada a su suerte, María Correa intenta reunirse con algún familiar o uno de sus viejos conocidos, pero no tiene ningún éxito y, a cada paso que da en la enorme Buenos Aires, más se adentra en la realidad de su irremediable soledad. Sin más recursos, se conecta con una antigua colega, La Gorda, quien en un principio la hospeda sin ningún interés aparente; pero, pasados unos días, La Gorda comunica a la banda para la cual trabaja la presencia de María Correa, una presa conocida y codiciada en el oscuro mundo de los tratantes de blancas. La banda decide apoderarse de la ex convicta, pero esta se niega a someterse a los dictámenes de los tratantes y, con esto, firma su sentencia de muerte. Perseguida por la banda y necesitada de huir de Buenos Aires, recuerda repentinamente a un antiguo cliente: un pintor llamado Camilo Canegato, afectado por una minusvalía física y un carácter en extremo tímido, que residía en una pensión a muy pocas cuadras de allí. Se anima y va al encuentro de su conocido, a quien quiere sacarle algún dinero para regresar a la Provincia en la que creció cuando era una niña. La pensión existe, en efecto, y reside allí todavía el pintor al cual buscaba la meretriz, pero ésta se encuentra con una situación inaudita y totalmente inesperada: los huéspedes de la pensión se abalanzan sobre ella con besos y abrazos, y la llaman Rosaura, un nombre que jamás escuchado en su vida. La llevan a la mesa en donde estaba cenando el pintor; él no puede creer lo que ve. Aturdida y shockeada, se asombra todavía más al ver un retrato al óleo con su rostro, dedicado y firmado con el mismo nombre "Rosaura", y nada puede responder cuando sus nuevos amigos le explican que fue ella misma quien rubricó la pintura. María, rodeada del inexplicable amor que le brinda ese grupo de desconocidos, es invitada con tal énfasis a quedarse en la pensión que ella acepta; la dueña de la pensión le indica que puede quedarse porque Camilo le pagará su hospedaje. Camilo, naturalmente, no le habla, en la medida en que no quiere delatar qué relación tenía con esa recién llegada.

Una tarde, finalmente las cosas se aclaran para María. Experta en seducción, se pone a conversar con otro huésped de la pensión, llamado David Réguel, y éste, cuya personalidad es verborrágica, le narra la increíble historia. El viejo pintor se había inventado una novia, supuestamente llamada Rosaura, y, para darle una entidad más sólida a la historia, había pintado la cara de María y le había inventado una dedicatoria. Había elegido su rostro para su mentira porque había sido informado, equivocadamente, que María había fallecido.

Por esa razón se había quedado estático al momento de su aparición en la humilde casa de huéspedes. Camilo, además , había inventado que el padre de "Rosaura" no aprobaba su relación, y el destino había hecho coincidir la supuesta ruptura con la aparición de María, lo que dio a entender a todos los pensionistas que esa muchacha era Rosaura y que había huido de su casa familiar.

Enterada al ciento por ciento de su situación y de lo frágil de la situación del pintor Camilo, María decide hacer su propio juego y, siguiendo la presión de todo el grupo para que se case con Camilo, acepta y se establece la fecha de la boda. Naturalmente, esta situación desespera a Camilo, porque ha caído en la trampa de su propia mentira, y la desesperación pronto se convierte en un estado de locura. No solamente no quiere casarse, además él está enamorado de una muchacha de la pensión llamada Matilde, por cuyo amor luchaba y por el cual había creado a su fantasma Rosaura.

Sabiendo que tiene todo a su favor, María se pone una tarde a escribir una carta para una conocida, a la que llama "tía", llamada Rosa Chinca. Entusiasmada por el giro que tomó su vida, escribe y cuenta toda su historia, sin tener en cuenta que está escribiendo de su puño y letra algo muy comprometedor, en un lugar donde todos los que la rodean tienen una idea de ella completamente diferente de su realidad. En ese momento, Camilo ingresa en su habitación y le ordena que se vaya. Ella se ríe, se burla, y él le grita "¡Puta, puta!", cuando en ese momento interviene David Réguel, quien lo cubre de insultos. En el momento de la reyerta, María no advierte que la mucama de la pensión ha entrado y se ha llevado la carta. María, recuperada, vuelve a su habitación y nota, alarmada, que la carta ya no está donde la había dejado. Pero se autoconvence de que fue en realidad Camilo quien se robó la carta, por lo que prefiere olvidar el tema y simplemente redactar una nueva epístola. La mucama, al leer la carta a solas, no puede concebir la verdad de la personalidad real de Rosaura, y aunque no comunica a nadie su descubrimiento, la denuncia anónimamente. No tiene éxito y no logra impedir que María Correa se salga con la suya.

La noche de bodas es la peor noche en la vida de Camilo: perderá su libertad, perderá su amor por Matilde, perderá todo su dinero. Sabe bien en qué manos ha caído y sabe que, en adelante, será poco más que una marioneta con vida propia. Ya en el coche rumbo al hotel que los recibirá como recién casados, Camilo prefiere cambiar de alojamiento. María, conocedora de los prostíbulos del Bajo, le indica al cochero que la lleve a algún hotel de esa zona al azar. El hotel que fatalmente elige es el hotel que regentea el jefe de la banda de la cual ella había escapado: cuando el rufián la reconoce (él mismo le había hecho la cédula de identidad falsa que ella presentó) se da cuenta de que tiene ante sí una oportunidad irrepetible. Y la aprovecha. Camilo discute agriamente con María y la ahorca, fuertemente pero sin matarla. Huye corriendo a la calle, y en ese instante en que María queda sola, el tratante consuma su ajuste de cuentas, sabiendo que muy probablemente el pintor sería acusado del asesinato.

A la mañana siguiente del hecho, ya con Canegato preso, la señora Milagros inicia su testimonio policial, testimonio con el que comienza la novela. Naturalmente, ella tenía de María la versión unilateral de Camilo, y narra ante las autoridades la historia de amor que el pintor le había narrado.

Luego, David Réguel, quien detesta a Camilo y lo considera un desviado sexual, narra su versión de la historia, que coincidía con la Sra. Milagros en el sentido de que consideraba a Rosaura una mujer de carne y hueso, pero discrepaba con la dueña de la casa en cuanto a la honorabilidad con que Camilo se había comportado.

Sigue a este capítulo, el testimonio del propio Camilo Canegato, quien por primera vez (superada la mitad de la novela) revela que en verdad Rosaura había sido una invención, e incluso confiesa que lo hizo para llamar la atención de la muchacha de la que estaba enamorado; sin embargo, no revela de dónde conocía a María ni por qué había tomado su fisonomía para reforzar su mentira. El hecho de que Camilo revele la verdad sobre Rosaura es tal vez el gran golpe de efecto de la novela, porque, hasta ese momento, el lector tiene en todo momento la idea de que Rosaura era un ser real.

El cuarto testimonio es el de la señorita Eufrasia: coincide con David Réguel en sus invectivas contra Camilo, pero también ella consideraba a Rosaura una mujer de carne y hueso, incluso antes de la llegada de María. Además, ya concluyendo la novela, es la primera en revelar que quien se había robado la carta había sido la mucama, aunque no tenía idea de su contenido.

En el último capítulo, se transcribe textualmente la última carta escrita por María Correa, aquella tan detallada y pormenorizada, lo que permite al lector redondear, ya sin fisuras, qué fue lo que sucedió realmente en aquellos días de 1955.

Premios[editar]

Referencias[editar]